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Publicado el Ana Cristina Vélez

Las redes sociales están controlando nuestra mente

Que las redes sociales están controlando nuestra mente es lo que explica el profesor de sicología clínica y neurosicología en el Trinity College de Dublin, el doctor Simon McCarthy-Jones, en su artículo “¿Están las redes sociales controlando tu mente?”.

Simon McCarthy-Jones nos asegura que no nos conocemos bien. Incluso, los algoritmos de computador que manejan páginas como Facebook son mejores jueces que nuestros familiares y amigos respecto a nuestros gustos y preferencias. El profesor nos alerta de que los programas de inteligencia artificial sabrán en muy poco tiempo como seducirnos, convencernos y vendernos las ideas o bienes que las grandes compañías quieran.

Se pregunta Simon McCarthy-Jones si Facebook, Instagram y Twitter, empresas dedicadas a capturar nuestra atención, no serán en últimas más deletéreas que beneficiosas, o si el precio personal y político que terminamos pagando por estar en ellas no es demasiado alto. Ya, el gasto en tiempo y en atención consciente lo es de manera innegable.  Y se pregunta todo esto porque cree que estas empresas saben cómo manipular a sus clientes y saben cómo crear adicción a sus páginas.

Tenemos que preguntarnos por qué tiene tanto éxito la “vida social” virtual que esas páginas nos ofrecen. Hasta ahora, los sicólogos lo explican así: dicen que se libera dopamina cada vez que alguien da un me gusta o comenta lo que has puesto. Digamos que en la satisfacción de agradar o interesar hay una liberación pequeña de la hormona del placer. En términos de cazadores- recolectores, ser aceptados por la “tribu” es de vital importancia. Los seres humanos evolucionamos para ser gregarios y jerárquicos. Ser visibles, importar o ser percibidos por el grupo social en el cual nos movemos accionan los mecanismos de recompensa y placer. Nuestra reputación se pone en juego en esas páginas. Incluso, ve uno a algunas personas despellejando y descuartizando a otras. Y también se ve, cómo otros se unen a la faena, de la misma manera que lo hacen los grupos de depredadores en las sabanas africanas. Por supuesto, no todo el mundo es igualmente vulnerable ni al elogio ni al desprecio. Cuánta más necesidad tiene la persona de ser valorada, popular, pertenecer, liderar, más fuertemente responderán sus centros de placer o dolor al eco virtual.

Además, otro aspecto entra en juego: de la misma forma que ocurre en el casino, las apuestas no garantizan el éxito. El éxito de lo que puedes subir a la plataforma es inesperado y aleatorio. A todos nos deja estupefactos ver qué cosas llaman la atención y gustan, y otras veces notar que algo que consideramos muy interesante o hermoso a nadie interesa. Y resulta que el cerebro encuentra muy llamativo lo inseguro, la respuesta positiva, pero aleatoria o impredecible. Cuando las respuestas se pueden predecir se pierde la emoción. Precisamente, el no saber qué puede pasar hace que el sistema emocional responda con fuerza.  Por eso se argumenta que el uso excesivo de las redes sociales, sobre todo en los adolescentes, produce síntomas parecidos a la adicción, como son: utilizar estos sitios para cambiar el estado de ánimo, sufrir estado de abstinencia cuando no se pueden visitar, necesitar visitarlos cada vez más para obtener los mismo efectos de placer que al principio.

Seguramente se necesita más investigación respecto a las consecuencias que las redes sociales tienen en las poblaciones; aunque, puede ocurrir que no sepamos nunca el resultado de esas investigaciones, porque no sea conveniente económicamente para esas empresas el alertarnos. El primer daño y más claro es que nos hacen perder mucho tiempo. Así que debemos regular racionalmente las horas que vamos a gastar allí. Existen aplicaciones para evitar que malgastemos horas en las redes sociales como  FreedomMoment y StayFocusd. Ya decidirá el lector qué hacer con su tiempo.

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