El ojo de Aetos

Publicado el elcides olaznog

La Selección de Bolillo

No voy a hablar del bochornoso incidente protagonizado por nuestro seleccionador nacional. De ese tema ya se han ocupado la opinión pública nacional y un poco la mundial. De todos modos, mala conducta y mala imagen de Colombia aparte, se debería aprovechar la “coyuntura” y llamar a alguien  que esté por fuera de la contaminación que reina en el fútbol colombiano, para repensar el futuro de la Selección Colombia de cara al Mundial Brasil 2014.

Bolillo y Maturana representan el pasado glorioso del fútbol colombiano, entre otras razones porque le heredaron a Marroquín una pléyade de talentos de talla mundial. Jugadores como el Pibe Valderrama, Tino Asprilla, Valenciano, Tren Valencia, el mismo Leonel, Chicho Serna, etc., no se dan todos los días. Acabada esa generación, Colombia se relegó a su lugar natural: de media tabla para abajo. Por favor, amigo lector, no me vaya a lapidar porque lo que digo es cierto, por más que nos duela. Sólo basta mirar los resultados desde el mundial de Francia – 98.

No sé puede tapar el sol con las manos. Esta frase insulsa y machacada sirve, sin embargo, para radiografiar el momento de la Selección Colombia. La participación de Colombia en la Copa América de Argentina si bien no es definitiva para sacar conclusiones, sí lo es para vislumbrar (visionar, dicen los comunicadores de moda) el tortuoso camino que les espera a los aficionados al fútbol colombiano, es decir, a esa masa ignara de compatriotas ilusionados con ver a Colombia en el certamen a donde sólo van los mejores 32.

Y hablo del tortuoso camino de los aficionados porque de la otra parte están los que nada pierden y sí ganan mucho. Me refiero en primera instancia a los dirigentes (incluido el inefable Pachito Maturana) que viajan por el mundo en primera clase, se alojan en hoteles 5 estrellas, paladean excelente whisky 18 años, disfrutan de las hetairas de la más alta estirpe y andan con abundantes dolaretes en sus carteras, todo por cuenta del bolsillo de los aficionados que pagan por entrar al estadio, que pagan impuestos, y que consumen productos y servicios que anuncia la TV. Y sin más mérito que pertenecer a la elite que maneja el futbol colombiano sin que nadie, ni siquiera el alto gobierno, les pida cuentas. 

También los jugadores ganan porque tienen excelentes sueldos, magníficas primas, viajan por el mundo, etc. Como dice el filósofo de marras, pierden pero ganan un poco.

Una mirada un tanto descorazonadora muestra que para el próximo mundial Colombia entra al baile a disputar un cupo. Ya no hay más. Veamos por qué: participan por Suramérica cinco selecciones en forma directa. Brasil por ser el anfitrión, no participa en eliminatorias; va por derecho propio. Hay tres cupos “fijos” para Argentina, Uruguay y Paraguay. (No abran los ojos que no les voy a echar gotas). Sí, leyeron bien, Paraguay, incluso por encima de Chile, esta vez sin Marcelo Bielsa.

El otro cupo, para el cual se van a emplear poco menos de dos años de falsas expectativas, será para las cenicientas tradicionales (créanme que me duele la expresión): Chile (primera opción, sobre el papel), Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. En este orden y que me perdone don Simón Bolívar por los cinco últimos.

No nos digamos mentiras ni nos rasguemos las vestiduras. Lo que se escribe aquí está apoyado en las estadísticas. Amigo lector: antes de recordarme a mi adorada viejecita, la dulce autora de mis días, recuerde las pasadas tres eliminatorias. ¿Le da pereza recordar? Pues a mí no. Empieza el torneo y Colombia en los tres primeros partidos – dos de ellos de local – logra dos empates. Pero no importa, todavía queda mucho por jugar, dicen Hernández Bonnet y el “profesor” Vélez. Luego gana un partido contra, digamos Bolivia, y la esperanza renace. Pero después toca contra, digamos Argentina, y pasa lo que tiene que pasar. Pero tampoco importa. Ese no es rival directo, como dicen los pontífices del micrófono.

Abreviemos. Pasada la primera parte de la segunda vuelta, en el periodismo deportivo aparecen las calculadoras. “Matemáticamente no estamos eliminados”. Aquí todavía los pontífices hablan en primera persona del plural. Emerge también la filosofía barata: “mientras haya vida ha esperanzas”.

El final ya se sabe. Se oye en la radio: Colombia no clasificó porque bla bla bla bla. Obsérvese que en este momento ya se habla en tercera persona del singular. Mientras haya esperanzas somos todos. Cuando ya está perdido todo son los otros. Y salen los dirigentes deportivos, todavía oliendo a whisky y a jabón chiquito, a decir: “Aún es muy pronto para sacar conclusiones. Nos vamos a sentar con el cuerpo técnico para hacer un balance y establecer responsabilidades”.

Ya veremos por ahí en noviembre o diciembre de 2013, poco después de la debacle: “hay que pensar en un buen técnico para empezar un proceso con miras al mundial 2018. Para ese tiempo, con un trabajo serio y planificado tendremos equipo para estar entre los cuatro mejores del mundo. Nuestra prioridad no es (otra vez la primera del plural) la Copa América ni la Copa de Oro. Nada de eso. A partir de este momento todos unidos sólo pondremos los ojos en el mundial del 2018. Lo van a ver.

Yo, por mi parte, voy a seguir viendo partidos de las ligas europeas. Y me propongo no mezclar a Messi con Choronta Restrepo ni a Casillas con Agustín Julio. Estoy mamao con los dirigentes de Santa Fe y Millonarios, con su subdesarrollo mental.

Colofón: Nuestro problema no es de jugadores. Mal que bien, pese a que ya no estamos en la era Pibe Valderrama – Tino Asprilla, lo que necesitamos es un técnico que en un verdadero proceso nos enseñe a pensar en grande o por lo menos que nos oriente a trabajar en contra de nuestro subdesarrollo mental.

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