Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Incongruencias morales entre los antiabortistas

“La disparidad en la forma en que la ley trata a los pacientes que van a abortar y los pacientes que buscan la fertilización in vitro revela una verdad desagradable sobre las restricciones al aborto: que a menudo tienen menos que ver con la protección de la vida que con el control de los cuerpos de las mujeres”, Margo Kaplan.  (Bryan Chan / TFW Los Angeles Times)

Las organizaciones antiaborto no atacan las clínicas de fertilización in vitro aunque estas dispongan de más de un millón de embriones fertilizados y congelados que van a ser destruidos más adelante. Para hacer una fertilización in vitro con el fin de concebir bebés se deben extraer óvulos del cuerpo de la mujer, para luego fertilizarlos con los espermatozoides, para luego implantar uno, dos o tres embriones sanos dentro de la mujer. Para hacer esto es necesario fertilizar muchos más óvulos de los que se van a usar, llamados «preembriones». Algunos de los restantes se congelan criogénicamente y otros se desechan, o se donan para investigación científica (lo que resulta en su posterior destrucción).

En muchos estados de USA, cuando una mujer quiere abortar se debe someter a un largo asesoramiento, sesgado con miras a desalentarla de hacerlo, y a una espera de 24 horas antes de proseguir. En algunos estados de USA, se deben soportar innecesarios exámenes de ultrasonidos, también persuasivos de no abortar, y conversaciones donde se exageran los riesgos del procedimiento; ya se sabe con qué objetivo; y además, deben pagar por el procedimiento y por lo que cuestan los días de espera, ya que muchas veces se han desplazado a lugares remotos de sus hogares, donde están las clínicas, pidiendo licencias no remuneradas.

En USA, para la fertilización in vitro, solo hay que firmar un consentimiento. No hay clases obligatorias sobre gestación,  ni se le muestran a la paciente fotos de fetos chupándose el dedo, ni videos de: mírame aquí, me iban a abortar pero me salvé, no existiría, y ahora soy PhD en filosofía, ni charlas de que la personalidad o la mente se producen desde muy temprano. Tampoco hay períodos de espera obligatorios para reconsiderar la decisión. Períodos de espera económica y sicológicamente costosos para la paciente.

Es apreciable la disparidad de la ley frente a la forma en la que trata a los pacientes que desean practicar un aborto contra los que quieren hacer una fertilización in vitro. Es muy claro que el tema de proteger la vida no es el tema de verdadero interés. Lo que sí quieren los antiabortistas es controlar los cuerpos de las mujeres. Recordemos que en ambos procedimientos es obligatorio destruir los óvulos fertilizados, que potencialmente podrían convertirse en personas.

Las restricciones sobre el aborto son una forma de castigo por haber tenido «relaciones sexuales irresponsables». Es en realidad lo que desean muchos religiosos, que son los que siempre están detrás de estas medidas. Es moralina del tipo: “eres impura, ahora soporta dolores, ya que no deberías haber tenido relaciones sexuales recreativas”.

A los antiabortistas no les interesa proteger la vida de las mujeres. En general se oponen a las medidas que promueven la educación sexual y al uso de métodos anticonceptivos. Son los mismos que se oponen a que los gobiernos den cobertura y seguros anticoncepción. Ven los métodos anticonceptivos y el aborto como “licencias” para tener relaciones sexuales sin el fin de la procreación. No olvidemos que el método más eficaz que tienen las religiones de sobrevivir es la producción de más almitas “crecer y multiplicaos”. Las religiones se oponen a la evitación de los hijos. Y son coherentes al no molestar a las mujeres que quiere reproducirse, ya que estas crecerán el número de fieles. El aborto, por el contrario, frustra la idea conservadora de la mujer como esposa y madre. Así que, para ellos, si el embrión está en una placa y el alma se va a la basura, “chao, nos encontramos en la próxima vida”.

Las mujeres sin recursos necesitan el aborto con mucha más frecuencia que las mujeres acomodadas. Muchas veces, ya tiene muchas bocas que alimentar y carencia total de recursos para hacerlo. El hecho de que nazca un niño que va a sufrir, que no va a ser educado como sería lo justo, que va a tener hambre y posiblemente va a sufrir maltrato durante toda su vida, eso no preocupa a los antiabortistas. A ellos les preocupa el momento del aborto, no la vida entera que queda por resolver después, y esto no es más que hipocresía.

Nunca debaten los antiabortistas si no es tortura (y la tortura se supone que es un crimen) dejar nacer un niño que va a sufrir del síndrome de Lesch-Nyhan (detectable antes del nacimiento), uno de los defectos genéticos más horrorosos, pues los niños se automutilan, se arrancan a mordiscos los labios y los dedos. O dejar que nazcan niños anencefálicos, sin ninguna posibilidad de sobrevivir a la infancia, pero que van a dar a sus madres penas morales y físicas inenarrables. O dejar nacer a un niño afectado de epidermolisis ampollosa, enfermedad que cubre el cuerpo de ampollas, que se producen al mero roce. A estos niños no se los puede cargar, pues de hacerlo, en los puntos donde se les haga presión se les desprende la piel. O a que nazcan siameses, torturados de por vida a vivir pegados, sin independencia, sin libertad, en posturas fatigosas, esclavizados unos a otros. Pero siguen insistiendo en que el aborto es lo inmoral: ¡INSOSTENIBLE!

 

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