BLOGS Actualidad

01
03
2015
catrecillo

Aproximaciones a la realidad

Por: Ana Cristina Vélez

El método científico es hasta ahora la mejor forma que tenemos de conocer la realidad. Implica aguda observación, utilización de instrumentos, originalidad de pensamiento, capacidad de ir contra lo establecido, acumulación de evidencias y capacidad de síntesis. Hay que empezar por enamorarse de la búsqueda de la verdad, aunque el enamorarse conlleve en sí sus fantasías. El método científico arroja conocimientos con los cuales se pueden hacer predicciones acertadas de los distintos fenómenos, pero es fundamental por otra razón: nuestras maneras de pensar y nuestras costumbres han cambiado en aras de un mayor bienestar para todos debido a esa fantástica herramienta.

Las verdades de la ciencia han ido poco a poco destruyendo la aceptación de ese mundo injusto, instintivamente estratificado, producto de la religión y la filosofía. Como dios y sus súbditos están organizados a imagen y semejanza del hombre, el pensamiento religioso tiende a dar distintas jerarquías, no solo a las habilidades y al conocimiento, sino también a los elementos del Universo; un modo de pensar la realidad que impide llegar a un punto de vista evolutivo (sin propósitos ni finalidad).

Cuando la “realidad” aceptada es producto solo de la imaginación es peligrosa, pues cualquier cosa inventada puede sustentarse con otra fantasía. Que desde el nacimiento sufrimos el Complejo de Edipo es lo mismo que decir que desde el nacimiento portamos el Pecado original, ambas pertenecen a la misma categoría de ideas absurdas e inútiles, con repercusiones nefastas.

En contra de la filosofía y de las “narrativas” con las que se han explicado los fenómenos naturales, el método científico se caracteriza por su independencia: no importa quién haya propuesto la teoría, esta tiene que resistir el examen, pasar las pruebas y mantenerse erguida. Los postmodernos consideran que ciencia y religión no son más que productos histórico- sociales, y que creer en uno u otro depende de las contingencias históricas, niegan que haya aproximaciones mejores a la comprensión de la realidad, y olvidan juzgar la “historia”, para evaluar las consecuencias terribles causadas por las malas ideas.

Utilizando, sin saberlo, el método científico, hace 6.000 años los caldeos observaron las estrellas con el cuidado y rigor necesarios para llegar a poseer unas tablas con horarios y calendarios que calculaban la longitud del año con similar precisión que la de los astrónomos del siglo 19 (que utilizaban telescopios). No se predice con suposiciones presuntuosas, sino con observaciones detalladas de los hechos. 600 años antes de Cristo, para Tales de Mileto la Tierra era un disco que flotaba en el agua, para Platón, 200 años más tarde, la realidad no era más que una copia borrosa del mundo perfecto de las ideas. La idea de Platón de que el mundo tenía que ser una esfera y todo movimiento debía darse en círculos perfectos y a una velocidad uniforme, no fue solo errónea, sino dañina: costó dos mil años de atraso científico. Los pobres seguidores se desgastaron tratando de acomodar todas sus observaciones a estas ideas (dejando la honestidad y el rigor a un lado). Y Aristóteles sí que fue un mal científico: convirtió la idea del movimiento circular en un dogma. El prestigio de los dos hombres detuvo el conocimiento sobre el mundo cósmico durante siglos. Triste es pensar que antes de estos, Eratóstenes había calculado el diámetro de la Tierra en 12 560 kilómetros, con un error insignificante; Hiparco había estimado la distancia a la Luna en treinta y un cuarto de diámetros de la Tierra; y Aristarco había proclamado que el sol gobernaba el movimiento de los planetas, todos trabajando dentro de los  parámetros de la ciencia. Las buenas observaciones habían flotado en el aire, pero nadie, con la fuerza suficiente, les dio la unidad que se necesitaba para que las fichas fueran a parar a su sitio; por el contrario, los filósofos se encargaron de dislocarlo todo. Las opiniones, vengan de quien vengan, sin respaldo experimental, sin discurso coherente, sin apoyo empírico y sin lógica no dejan de ser opiniones (o trabajo de filósofos).

Pongámosle el nombre que queramos a la ciencia, pues ahora se discute sobre si se debe ampliar a la idea de “conocimiento” o “caminos de la razón”, y confiemos en que si en este enfoque prima la lógica y la evidencia vamos por buen camino. La verdad se va colando como los rayos de luz en la oscuridad, pensamos algunos; otros insisten en que lo iluminado es producto de otro tipo de fantasía iluminada por una loca pirotecnia y que la realidad seguirá siendo inalcanzable.

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08
02
2015
catrecillo

Lo que se espera al visitar un restaurante

Por: Ana Cristina Vélez

El cliente que visita un restaurante quiere vivir unas horas agradables, disfrutar de una buena compañía y, por supuesto, comer bien en un espacio placentero. No sobra añadir que también espera que la relación precio- beneficio sea la correcta. Esta es una relación delicada, veamos por qué.

El dolor del pago (los sicólogos aseguran que pagar produce una especie de dolor) debe verse recompensado por el placer que otorga el restaurante; por la suma de aspectos que entran en el campo de la recompensa.

Empecemos por el menú y los alimentos. Cuando escogemos un restaurante estamos soñamos con una experiencia donde comida y espacio forman un “tándem”. Existen expectativas que deben ser satisfechas. Si vamos a Kokorico no esperamos encontrar truchas, pero sí pollo; cuando visitamos un restaurante hindú, queremos encontrar curris, chapati, naan y no sushi. Los restaurantes fusión ofrecen esos platos creativos que incluyen las recetas tradicionales de alguna parte del mundo “criollizados” o fusionados con un ingrediente regional, resultando una combinación sofisticada y al mismo tiempo familiar. La cultura culinaria de cada región está conformada por unos platos clásicos que se repiten, no importa en qué parte del mundo estemos, y el cliente espera encontrarlos y reconocerlos por su nombre.

Garantizar productos frescos, preparados higiénicamente, es una obligación; pero, las cantidades, el tamaño de las porciones, en cambio, parecen ser una decisión caprichosa del dueño. El cliente no quiere ver una montaña de comida en su plato, pero tampoco quiere ver una cantidad diminuta. Solo en el caso de la bandeja paisa esperamos que el plato sea muy grande, como para dos comensales; es cultura antioqueña; por tanto, una mini bandeja paisa puede hasta ofender. En algunos restaurantes, que siguen tendencias parisina, neoyorquinas o nórdicas sorprenden las diminutas porciones y la “avaricia” en las porciones de las guarniciones: tres alverjas con cuatro 4 centímetros de zanahoria (dizque plato acompañado de verduras) o tres tajadas de papa. El cliente sabe que la proteína es la parte costosa del plato y se conforma con una cantidad razonable de esta, pero que los acompañamientos sean ínfimos da rabia. La proteína anunciada debe siempre ir acompañada de una buena cantidad de frutas o verduras y algunos carbohidratos.

En los restaurantes no tradicionales se espera otra cosa: el cliente va a pagar por un conjunto de platillos que serán servidos uno seguido del otro, hasta llegar a los postres, y pagará por ese menú. Menú que debe juzgarse con otros criterios.

Es bueno sentir un ambiente de generosidad: que al llegar te pongan cositas para comer, además, pan, mantequilla o aceite, y agua fresca. La avaricia es que no te pongan ni agua, y que te la cobren si la pides. Otro asunto es que te pregunten si quieres agua Perrier o con gas, en ese caso estarás dispuesto a pagar por ellas. Deben siempre ofrecer gaseosas; es tonto no hacerlo. Lo mismo aplica a los postre. En general son costosos, comparados con el precio de los platos, y muchas veces son muy pequeños. El cliente que pide postre quiere recibir una porción de buen tamaño (pues la mayoría de las veces piensa compartirlo).

La carta debe ser amigable: legible y comprensible. Son ridículas esas cartas pretenciosas, que utilizan palabras extranjeras con platos de nombres impronunciables, intimidantes, que te obligan a preguntar el significado; peor aún las poéticas.

A los restaurantes les conviene ofrecer platos del día, recetas nuevas, que solo se ofrecen ese día. Es una forma de garantizar novedad, pues la repetición cansa. Esto invita a regresar al restaurante.

El valor del plato de un restaurante incluye muchos otros bienes, además de los alimentos: la vajilla, los cubiertos, la calidad de los manteles y servilletas, la iluminación, la temperatura, la belleza del lugar y sus alrededores, la comodidad de las mesas y de las sillas, la atención de los meseros, el techo, los pisos, la aireación, el ruido, la limpieza y el parqueadero; todo eso cuesta y lo pagamos en el plato. Algunas veces pagamos por la novedad, la extravagancia, la exclusividad, el estatus o la privacidad; son otros costos que eventualmente pueden entrar.

Los restaurantes son sitios al comensal e le pueden ocurrir ideas, proyectos, alianzas, negocios, viajes, consejos, confidencias, etc. ¿Acaso no sobra la música? Para la mayoría, el restaurante es un sitio para comer y conversar, siendo el conversar una parte importantísima de esa reunión, con amigos para la cual nos citamos allí. Además, la música es muy personal, es como el cepillo de dientes. ¡La música que a uno no le gusta es ruido! Y cada uno de los lectores tendrá un pequeño cambio para sugerir.

En resumidas cuentas, a un restaurante se vuelve cuando su acceso es fácil, pues cuenta con parqueaderos, cuando es limpio y aireado, silencioso, las sillas son cómodas y blandas, la atención es amable y eficiente, la calidad de la comida es buena, la cantidad es suficiente, con tendencia a la abundancia, y el precio es justo.

 

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25
01
2015
catrecillo

Cambios pequeños con buenas consecuencias. Defectos de diseño en los mercados

Por: Ana Cristina Vélez

A los diseñadores les debemos muchas de las comodidades del mundo moderno. Entrenar la mente para idear cambios en los diseños es algo que se debería enseñar en los colegios. Se trata de ser críticos, de ser creativos respecto a los objetos que nos rodean, se trata de adiestrar la capacidad de hacernos preguntas: cuál es la función de este objeto, cómo se limpia, cómo se comunica conmigo: qué tan sencillo o complicado es de operar, qué espacio ocupa, qué tan resistente o frágil es, cuáles son sus puntos débiles. Así, de cambio en cambio, puede mejorar nuestra relación con los objetos, con los espacios, con los servicios; así estamos prestos a hacer variaciones cada vez que el entorno lo demande. Para los dueños de los negocios el ojo crítico es una necesidad en un mundo cada vez más competido. (más…)

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18
01
2015
catrecillo

El diseño nada inteligente del cuerpo y de la mente humanos

Por: Ana Cristina Vélez

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Que estamos mal diseñados, que más parecemos la obra chapucera de un inexperto arquitecto que la de un dios que nos hubiera hecho a su “imagen y semejanza” es lo que nos muestra con detalles el libro Imperfecciones corporales. Una visión evolutiva, escrito en conjunto por el matemático Antonio Vélez y el médico William Álvarez. Los autores se pusieron en la tarea de buscar en cada sistema del cuerpo las partes que fallan por deficiencia en el diseño. (más…)

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30
12
2014
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Veinte preguntas para conversar en las fiestas

Por: Ana Cristina Vélez

En estas épocas de fiestas y reuniones familiares nada mejor que tener buenas conversaciones. Es una delicia descubrir historias que no habíamos oído nunca, de personas que creemos conocer a la perfección. Aquí una sugerencia de preguntas para abrir el tema y tener una buena velada. (más…)

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14
12
2014
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¿Eres un Zombi?

Por: Ana Cristina Vélez

En los rituales del vudú, el sacerdote encargado cree que puede meter su alma dentro del cuerpo de otra persona, no sin antes inducirle la muerte, una clase de muerte no definitiva, pues solo “entra” transitoriamente en el cuerpo, con el fin de dominar su alma, para luego resucitarlo. La palabra “zombi” tiene su origen en una palabra africana “Nzambi”, que significa “espíritu de una persona muerta”. (más…)

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07
12
2014
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Llorar, sollozar o gemir

Por: Ana Cristina Vélez

El primer gesto que hacemos en la vida después de respirar es llorar. De inmediato se comunican mamá y bebé: el bebé llora y la mamá responde al instante: socorre, abraza, alimenta y cuida a su bebé. En la infancia, se llora para pedir auxilio, se llora por hambre, dolor, incomodidad o para llamar la atención y recibir otros cuidados. (más…)

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30
11
2014
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Abrázame y no me digas nada…

Por: Ana Cristina Vélez

Gustav Klimt

Solo abrázame, como dice la canción, porque el lenguaje del cuerpo, el de los gestos es mucho más antiguo que el de las palabras. Nacemos superdotados para entenderlo. Las mamás abrazan naturalmente a sus bebés, los cargan, los besan. La falta de caricias en los primeros meses de vida produce anormalidades en la personalidad y predisposición a la depresión en los años futuros. Es fácil recordar la sensación de bienestar que el abrazo maternal o paternal producía después de la caída, o del aporreón. La caricia del sana que sana, culito de rana es mágica, pues realmente disminuye el dolor. El dolor puede variar según la expectativa, según la actitud y el conocimiento, según el miedo, el valor o la distracción. (más…)

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22
11
2014
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Cómo identificar aves, un problema de ornitólogos

Por: Ana Cristina Vélez

Los ornitólogos discuten entre ellos. Algunas veces, el ave pasa tan rápidamente como una exhalación, y en esos casos poco hay que hacer. Cuando se tuvo la suerte de haber tomado una fotografía o de haber filmado un corto video, al menos, el asunto puede ponerse ante los ojos de muchos, y que la discusión empiece. Ni años de experiencia garantizan la certera identificación de un ave.  Identificar es aplicar un conocimiento previo de patrones, y combinarlos.  Para las aves se trata de una serie de patrones de muy distinta índole, que posiblemente van de lo grueso o macro a lo delicado o micro. (más…)

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16
11
2014
catrecillo

Marcela Cárdenas invitada a Arcomadrid 2015

Por: Ana Cristina Vélez

Marcela Cárdenas es una antioqueña, joven creadora con una obra artística asombrosa. Fue invitada recientemente a la feria Arco, en Madrid, seleccionada por el curador Juan Gaitán, dentro de los artistas que representa la galería Nueveochenta, en Bogotá.  Juan Gaitán es el comisario para esta feria Arcomadrid 2015; al final del artículo está su selección.

Desde sus primeras obras, la calidad técnica salta a la vista. Marcela trabaja poniendo cuidado a los detalles. Aunque todo su trabajo artístico se caracteriza por un innegable sentido estético, es bello, no se queda allí, siempre comunica sobre algún asunto profundo, va más allá de darle gusto a la percepción y nos hace pensar.

Su trabajo más reciente titulado: Disecciones. Estudio de anatomía botánica, es el trabajo que expondrá en noviembre en la  galería Nueveochenta; y a la feria de arte en Madrid irán variaciones sobre el tema. La exposición contará con siete esculturas de tamaño mediano, mesa de exposición y cinco grabados impresos sobre seda.

La obra Disecciones. Estudio de anatomía botánica conjuga una serie de intereses que han estado siempre latentes durante la trayectoria e historia de la artista: la biología y el arte. Marcela ha coleccionado desde niña libros de ciencia y enciclopedias. Recordemos que el dibujo anatómico no copia la realidad, la codifica de una manera que la haga comprensible. En los dibujos de la Expedición Botánica, la planta escogida para estudio no se muestra dentro del paisaje, no; se la ha aislado, se la ha disecado, aplanado, se la ha seccionado en todos sus componentes, para distinguirlos, para enseñarlos, para poder reconocerlos con base en criterios muy estandarizados y claros. De ese código se apropia Marcela Cárdenas para hacer su trabajo tanto bidimensional como tridimensional.

Disecciones. Estudio de anatomía botánica

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Dentro del código utilizado en sus grabados se aprecia la contracopia, que nos lleva a pensar en las imágenes usadas en el test de Rorschach, esa simetría lograda por la impresión especular, sobre el eje vertical, de una imagen. Una simetría que se presenta en la naturaleza, en muchos de sus órganos: riñones, pulmones, cerebro, brazos, piernas. También la presencia del plato de laboratorio en la parte inferior de la composición nos habla sobre el código. El plato contiene la semilla: como semilla y como origen de lo que luego se ha desarrollado, y que vemos en la parte superior de la seda impresa.

La obra exige del espectador un esfuerzo, pues no describe ni animal ni planta conocidos. Cada grabado y cada escultura se componen de piezas muy escogidas y pensadas, dispuestas de tal forma que se imponen como una unidad orgánica-onírica. Los “órganos” que las componen nos llevan a otro tipo de reconocimiento. No son objetos biológicos los que tenemos que entender, sino todo lo contrario; estos híbridos de partes humanas, animales y plantas evolucionan solo en el juego de la imaginación y de las creaciones de la ciencia. Marcela Cárdenas recrea artísticamente lo que hace el científico en el laboratorio cuando introduce en un tomate (los larga vida) el gen que le permite no congelarse a un cierto pez que vive en las aguas polares, y por tanto a los tomates, el resistir cambios de temperatura sin dañarse. En estos “órganos” reconocemos metáforas de los procesos de la vida en evolución, a escala humana y a escala molecular, que nos hace pensar en las estructuras que dan soporte a la vida, y la hacen posible.

Las imágenes de Cárdenas son finamente poéticas. Las piezas tridimensionales, a pesar de recordar los órganos metidos en frascos con formol, que habitualmente encontramos en los laboratorios, a pesar de la constancia de la “muerte”, de que no quedan señales de vida en esos órganos, ni el rojo de la sangre ni el verde de la clorofila, no sentimos en ningún momento repulsión; es más, sentimos atracción, pues también nos acerca mentalmente a los productos del pastillaje (trabajos en azúcar para pastelería) y a la belleza y delicadeza de la porcelana.

Disecciones. Estudio de anatomía botánica

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En la mesa diseñada por Cárdenas (es fácil reconocer en toda la obra el criterio de diseñadora profesional, carrera que estudió antes de entregarse al arte) y en los objetos que dispone en ella apreciamos el espíritu coleccionista de botánica y de artista. Su trabajo Disecciones. Estudio de anatomía botánica requirió una previa búsqueda de semillas, raíces, troncos y materiales; además, una investigación sobre resinas, cauchos, gomas, plásticos para su producción. Ahí están algunos de ellos, dispuestos en la mesa, como parte del proceso de esta fantástica obra. Y digo fantástica, porque mueve con fuerza la fantasía del espectador.

A Cárdenas le interesan los límites entre los reinos: mineral, vegetal, animal, y los límites entre lo inerte y la vida. Algunos virus se comportan como cristales que un día reviven y empiezan a replicarse y a actuar. Las instalaciones con piezas de cristal en forma de diamante, rellenas de pelo, son una materialización de esta idea. Las formas geométricas encarnan las estructuras moleculares, y el pelo encarna la vida, lo que ya ha evolucionado.

Transicionales

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Antes de Transicionales (los cristales rellenos de piel) surgió Flora y fauna. Esos dibujos de mujeres en cuyos cuerpos habitan animales y plantas, que nos hablan del misterio de lo que somos: seres habitados por fantasmas; manifestaciones de vestigios genéticos de reptiles y de peces en nuestro ADN y en nuestro comportamiento. En el trabajo de Marcela uno constata su capacidad de concentración. Se podría decir que mira el mundo desde una habitación privada, como aguda observadora, que, rodeada de sus juguetes personales, recrea con ellos la realidad externa. La obra de Marcela Cárdenas parece hecha para sí misma, está desligada de lo que se pone de moda.

Flora y fauna

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Pensemos en su Taxonomía de fauna doméstica o en sus Paisajes domésticos. Sin salir de casa ha encontrado un mundo rico en formas, texturas y relaciones. Casi puede uno contar la historia de lo que sucede entre los objetos, como si estos tuvieran una vida secreta, que Marcela conoce y nos deja intuir. Veamos Estudio para perforar una zorra y nos daremos cuenta de que la zorra es de cuento, que posiblemente habitaba, desde hace mucho tiempo, la biblioteca de Marcela Cárdenas. Ella parece extraerla del libro e infundirle vida, para jugar con ella un juego sofisticado, donde los efectos gráficos son efectos juguetones que momentáneamente, pero de manera muy sutil, se convierten en símbolos horribles de nuestro proceder con los animales. Al mismo tiempo nos damos cuenta de que también se trata de una representación de la zorra- mujer, pues el trabajo sugiere distintas lecturas.

Paisajes domésticos.

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Su trabajo Botánica celeste exige del espectador un contexto más amplio. Es coherentey  responde contundentemente a una investigación que hizo la artista sobre John Cage. Una vez se conoce el contexto, el trabajo parece apuntar al espacio microscópico y al cósmico, a uno de esos misteriosos lugares que Borges llamó el Aleph, donde cabe todo. La metáfora en la obra de Marcela Cárdenas es la constante; esta siempre será de dimensiones variables, según la experiencia del espectador.

Estudio para perforar una zorra

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Botánica Celeste

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La selección de Juan Gaitán:

ArcoColombia: diez galerías, veinte artistas
CASAS RIEGNER (Bogotá). Ícaro Zorbar / Liliana Sánchez.
DOCE CERO CERO (Bogotá). Edgar Jiménez / Suntuosa.
EL MUSEO (Bogotá). Manuel Calderón / Jorge Magyaroff.
INSTITUTO DE VISIÓN* (Bogotá). Carlos Motta / Carolina Caycedo.
JENNY VILÀ (Cali). Ricardo León / Mónica Restrepo.
LA GALERÍA (Bogotá). David Peña / Adriana Marmorek.
LA OFICINA (Medellín). Iván Hurtado / Pablo Gómez.
NUEVEOCHENTA (Bogotá). Jaime Tarazona / Marcela Cárdenas.
SEXTANTE (Bogotá). Angélica María Zorrilla / Catalina Jaramillo.
VALENZUELA KLENNER (Bogotá). Edwin Sánchez / Liliana Angulo.

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