Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Fútbol y agresión

Otro artículo de fútbol, de Antonio Vélez.

La historia del fútbol es larga, y debe estar surtida de historias extrañas, de situaciones humorísticas, como los goles tontos y las pifias monumentales y, por tratarse de una competencia ruda, de hechos violentos.

Haciendo memoria, aquellos que tuvimos la oportunidad de ver por TV un partido entre las selecciones de Bolivia y Colombia, jugado en La Paz hace ya varios años, nos tocó presenciar en directo y en vivo la agresión bárbara contra uno de los jueces de línea: después de sancionar un fuera de lugar contra el equipo local, una botella de gaseosa lanzada desde la tribuna aterrizó en la cabeza del pobre hombre, y este aterrizó en la gramilla. Por falta de garantías, el partido estuvo a punto de suspenderse. Situación crítica para el juez central, pues en tales casos el equipo local pierde los puntos. Y lo que sucedió en Bolivia, y otros incidentes todavía peores, vienen sucediéndose con relativa frecuencia en los demás estadios del mundo.

Antonio Julio de La Hoz fue un futbolista que militó en el equipo Independiente Santa Fe, hizo parte de la selección colombiana en 1945 y la dirigió en 1966. En un partido del torneo local,  De La Hoz fracturó de una patada salvaje a José Cativiela, jugador del Once Caldas. Carlos Arturo Rueda, el mejor locutor deportivo del momento, describió con palabras de rechazo la acción alevosa del jugador. Días más tarde, el futbolista buscó por las calles de Bogotá al locutor y le propinó una fuerte golpiza. De ese momento en adelante, Carlos Arturo nunca volvió a mencionar en sus transmisiones el nombre del jugador. De la Hoz murió en silencio para los radioescuchas.

Pelé, el rey del fútbol, el rey de ébano, se presentó en el estadio El Campín de Bogotá el 17 de julio de 1968 al comando del Santos, que esa tarde enfrentaba a la selección Colombia. El árbitro designado para tan importante encuentro fue Guillermo ‘Chato’ Velásquez, quien antes de ser árbitro había sido boxeador. Al llegar al minuto 42 del primer tiempo, el Chato sancionó un tiro de esquina a favor del Santos. A Pelé lo marcaba como estampilla Luis ‘Camello’ Soto. En el amontonamiento, tan común en los tiros de esquina, Pelé trató de liberarse de la marca pegajosa del Camello abriendo los brazos, pero este se resistió. En la trabazón de brazos, Pelé se sitió estrujado y pidió al juez que sancionara penalti. El Chato se rehusó mientras decía: “jueguen, jueguen”. En ese instante Pelé se deshizo en insultos contra el juez quien, con toda razón, le ordenó retirarse del campo de juego.

Después de la expulsión, vino la agresión de los integrantes del Santos, quienes, a pesar de saber que el juez había sido boxeador, lo dejaron tendido en la gramilla. En ese momento, uno de los jueces de línea se acercó al caído y le dijo que le habían ordenado remplazarlo como juez principal, que debía reintegrar a Pelé y seguir el juego bajo sus órdenes. Un hecho insólito en el mundo: que los jugadores aporren al árbitro, un árbitro internacional, en su propio país, y que los directivos hagan regresar al jugador expulsado y cambien de árbitro para seguir el partido.

Por la agresión, Velásquez demandó penalmente a la delegación del Santos. Los brasileños estuvieron retenidos en una comisaría y debieron pagarle al árbitro $18.000, además de disculparse en una comunicación escrita, para poder regresar a su país. Por la agresión, el ‘Chato’ estuvo incapacitado durante 25 días. La decisión de permitirle a Pelé entrar de nuevo a la cancha se debió a que, en esa época, Santos estaba considerado como el mejor equipo del mundo y cobraba por partido internacional 100.000 dólares con Pelé y 30.000 sin él.

Luis Moreno, jugador panameño al servicio del Junior de Barranquilla, pateó una lechuza que se posó, herida por un balonazo, en el campo de juego, acción por la que recibió dos partidos de suspensión, multa en efectivo de 560 dólares y una sanción moral de los hinchas. El jugador ofreció disculpas por el acto cometido, pero el público reaccionó con indignación, hasta el punto de que Moreno recibió llamadas telefónicas con amenazas de muerte.

En las eliminatorias para el Mundial de Italia 90, jugaban Chile y Brasil en el Maracaná. Brasil ganaba 1 a 0 cuando fue lanzada una bengala desde la tribuna próxima a la portería custodiada por el chileno Roberto Rojas. El partido se suspendió pues Rojas quedó tendido en el suelo, manando sangre de la frente. Los jugadores chilenos, indignados, abandonaron el campo de juego. Esa misma noche la Embajada de Brasil en Chile fue apedreada. Más tarde se descubrió que todo era un engaño del arquero quien, con un bisturí que llevaba escondido, se había cortado en la frente, buscando que el partido se suspendiera y se jugara en una plaza neutral. Rojas fue suspendido a perpetuidad por la Fifa, aunque en el 2000 recibió una amnistía  luego de reconocer su falta.

Arley Betancur se destacó como volante en Deportivo Cali y brilló en la selección colombiana de mayores. Fue un volante de gran rapidez y habilidad mental, pero tenía una debilidad: era muy conflictivo. Uno de los hechos que marcó para siempre la carrera de Betancur ocurrió en el torneo de fútbol de los Juegos Panamericanos de 1995, realizados en Mar del Plata, Argentina. En el partido contra México, después de ser amonestado por el árbitro, Betancur le respondió con una patada voladora que le rompió el tabique nasal. La Fifa sancionó a Betancur con dos años de inactividad, después de lo cual el jugador fue desapareciendo del fútbol sin dejar ninguna huella.

El defensa portugués del Real Madrid, Kleper Laveran de Lima Ferreira, alias “Pepe”, en un partido contra el Getafe, dio una fuerte patada a Casquero, uno de los jugadores del equipo rival, a continuación le propinó otra patada en la espalda, estando el agredido en el suelo, y cuando este se dio media vuelta lo pisó en el pecho y luego insultó a los jueces. Apenas diez fechas de sanción recibió Pepe por sus actos.

El francés, Zinedine Zidane, durante la final del Mundial 2006 de Alemania, se despidió de su hinchada propinándole un cabezazo en el pecho al italiano Marco Materazzi, quien en ese momento lo hostigaba tirándole de la camiseta y provocándolo con insultos. Zidane perdió la paciencia y eso le costó la expulsión.

Los mordiscos en el futbol no han sido escasos.  Por la Copa Libertadores, en 2012, el brasileño Emerson, del Corinthians, mordió la mano al chileno Matías Caruzzo. Y Oliver Kahn, portero del Bayern Múnich, en 1999 mordió a Heiko Herrlich, jugador del Borussia Dortmund. Las acciones violentas  de Luis Suárez, “Hanibbal” Suárez, jugador de la selección de Uruguay y además su goleador, le dieron siete partidos de suspensión en 2010 por morder en la espalda a Otman Bakkal;  luego, en 2013, recibió  diez fechas de suspensión por morder en un brazo a Branislav Ivanovic,  y ahora, en el mundial 2014, ha recibido veinticuatro fechas por morder en el hombro al italiano Giorgio Chiellini. Pero sus actos violentos van más atrás: un puñetazo  a Gonzalo Jara, jugador de Chile, después de tocarle los testículos; un insulto, con frases racistas, al moreno Patrick Erve, del Manchester United, y una patada al jugador Scott Parker, sin que este estuviese en posesión del balón. Dicen los chistosos que Luis, después del último mordisco, exclamó: “¡Ese hombrillo sudado quedó al dente!”.

 

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