Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Despilfarro y decadencia en el MET

Cedo la palabra a Catalina López Arango

El despilfarro y la decadencia de la bacanal del MET de NY no deja ninguna duda ni sobre la escasa inteligencia de los asistentes, organizadores, patrocinadores, divulgadores y seguidores, ni tampoco sobre el nivel de compromiso real con el medio ambiente.

La bacante, la directora e impulsadora de tal despilfarro, la señora que organiza semejante desperdicio y atentado contra la sensatez, debería ser expulsada de todos los eventos y alejada como peste abominable de las personas que quieren influir positivamente en la divulgación del mensaje de “vivir una vida más sostenible”, basada en pautas y costumbres de reciclaje, con un uso más inteligente de las cosas, cuidando los recursos naturales.

Esa noche se recordará y pasará a la historia por haber sido la pasarela más ridícula de cuantas haya habido en eventos similares; se recordará como la gala donde los vestidos-disfraces se caracterizaron por:
– Ser prendas de un único uso, prendas que nadie volverá a ponerse, y que permanecerán exhibidos o guardados en clósets y cajas muy exclusivas, en cuartos y salones, que a su vez tendrán condiciones artificiales de humedad y temperatura controladas por aparatos eléctricos que expulsan compulsivamente partículas contaminantes.
– Haber sido elaborados con materiales que tardarán siglos en descomponerse.
– Estar cubiertos y repletos de brillos, escarcha, canutillos y lentejuelas que terminarán en el océano, sofocando, asfixiando y perjudicando aún más el ecosistema acuático.
– Haber costado miles, millones de dólares. Gasto superfluo e irresponsable.
– Ser una muestra pública de soberbia, una muestra de desconocimiento e indiferencia de Hollywood frente a las nuevas pautas de vida sostenible
– Por haber consumido cientos o miles de horas en transporte aéreo para el desplazamientos de este equipaje, por supuesto, voluminosamente adornado y confeccionado
– Haber dejado una cantidad alarmante y despreciable de huella contaminante de carbono que podría haberse evitado.

Qué no sean tan hipócritas ellos y tan tontos los demás, o sea nosotros, como para que el día de mañana alguno de esos personajes se convierta, increíblemente, en abanderado y vocero de campañas ¡a favor de la naturaleza, o en contra de la deforestación de los bosques de Sumatra o la Amazonía!

Participando en ese circo, publicitaron ante millones de espectadores su forma de vida irresponsable. En esa feria de las vanidades, la oportunidad de verlos como seres comprometidos con el cuidado de la naturaleza quedó irremediablemente sepultada bajo metros y metros de poliéster, plumas, abalorios, espejuelos, afeites, alfombras rojas sintéticas, capas de maquillajes, cientos de pares de pestañas postizas, miles de gramos de silicona deformantes, broches de bisutería, pelucas, tacones acrílicos y, por supuesto, de lentejuelas y canutillos.

Brillo y artificialidad de poner para luego botar. Estos despilfarros no deberían tener cabida en un mundo que dice sentir repulsión por el sufrimiento que causamos diariamente a los demás seres vivos del planeta. Se siente vergüenza. Se siente que el compromiso ineludible y urgente que tenemos millones de personas de ser agentes del cambio, no será suficiente. Se siente que no podremos alcanzar las metas establecidas para los años venideros. Lo grave, lo reamente grave y preocupante, es que no todos seamos conscientes de que estamos viviendo ¡una extinción masiva de las especies, de proporciones catastróficas! sin precedentes en la historia, de la cual somos responsables colectivamente y ¡Hollywood dando este ejemplo!

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