Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Abrázame y no me digas nada…

Gustav Klimt

Solo abrázame, como dice la canción, porque el lenguaje del cuerpo, el de los gestos es mucho más antiguo que el de las palabras. Nacemos superdotados para entenderlo. Las mamás abrazan naturalmente a sus bebés, los cargan, los besan. La falta de caricias en los primeros meses de vida produce anormalidades en la personalidad y predisposición a la depresión en los años futuros. Es fácil recordar la sensación de bienestar que el abrazo maternal o paternal producía después de la caída, o del aporreón. La caricia del sana que sana, culito de rana es mágica, pues realmente disminuye el dolor. El dolor puede variar según la expectativa, según la actitud y el conocimiento, según el miedo, el valor o la distracción.

Los grandes simios se abrazan y se reconcilian con abrazos. El abrazo es un gesto animal, que consideramos exclusivamente humano, equivocadamente.

Los abrazos van disminuyendo con los años, se van contando en los pocos que recibimos y damos a la pareja, familiares y amigos. Pero el abrazo sigue siendo, para la mente adulta, una fuente de confort, felicidad y sanación. El masaje y el baile son formas de abrazar, de acariciar, cuyos beneficios son los mismos: liberación de oxitocina y placer. Conviene que saber el papel importante que juega esta hormona en la vida, en nuestra mente, en nuestra personalidad.

La oxitocina es la hormona que se libera abundantemente con la lactancia y el orgasmo. No es exclusivamente femenina, en la sangre de los hombres hay oxitocina. Nos hace a ambos más confiados y seguros. Es la hormona rompe hielo, cuando se la administra artificialmente se puede detectar un cambio en la personalidad del que la ha tomado: abierto con los extraños, más amable, más social, menos cuidadoso o prevenido y más generoso. En la mente de la madre, su función es la de estrechar los lazos que la unen al hijo. El mismo beneficio muestra entre dos que apenas se conocen: a mayor oxitocina mayor familiaridad, y a menos cantidad, mayor distancia.

La oxitocina es la hormona de la empatía, la hormona moral, según Paul Zak: la que nos hace sentir los percances del otro como si fueran propios. Es bueno saber que un 5% de la gente no la libera y no siente empatía ni cercanía ni compasión, son simplemente personajes peligrosos. La testosterona es casi antagonista, puede afectar su producción. Pero cuando los hombres están en compañía de sus mujeres: mamás y novias, liberan bastante oxitocina. La oxitocina nos hace sentir bien y una manera fácil de conseguirlo es la de abrazarnos más.

En el poema de Ana Vivero Megias podría cambiarse besarte por abrazarte, y así sería factible hacerlo, sin meternos en líos:

Me gustaría abrazarte besarte.
Abrazarte Besarte sin el compromiso de tener que seguir abrazándote besándote siempre.
Abrazarte Besarte tan solo porque me nace abrazarte besarte.
Así, con la necesidad de hacerlo sin demora.
Y la libertad de no volver a hacerlo nunca más.
O quizá, seguir abrazándote besándote eternamente.

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