En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Los enamoramientos

Los enamoramientos. Javier Marías.
Jupiter y Juno, James Barry, 1790-99

Acercarse a un secreto puede hundirte en el abismo. Si es que tienes solo ideas terrenales de la existencia, pesará tanto, la nave del secreto, que puede anclarte en el fondo de ese mar de engrudo. Si acaso empiezas a sospechar ideas más trascendentes de la existencia, por ejemplo que el destino es una forma de evolucionar (hipótesis) o que a cada acto sigue un efecto de reciprocidad (karma), entonces podrás flotar, ir a la deriva con la corriente del tiempo y poco a poco ver en perspectiva las tramas, subtramas, las consecuencias, los efectos y el beneficio que escondía en su veneno hasta los secretos más pesados, hasta los más vergonzosos. La sociedad secreta mínima es la pareja. Las personas llevan en si las marcas de sus secretos. Los llevan también a la sociedad secreta. Hay una condición para amar, se llama dolor. Hay otra, desconocer. Hay una tercera, sublimar. Estamos en una gran habitación marcada de secretos. Leemos Los enamoramientos de Javier Marías. Encontramos una frase:

“Pasada la desesperación inicial, pasado el duelo, y esas dos cosas duran mucho, sumadas, le daría una pereza infinita todo el proceso. Ya sabes: conocer a alguien nuevo, contarle la propia vida aunque sea a grandes rasgos, dejarse cortejar, ponerse a tiro, estimular, mostrar interés, enseñar la mejor cara, explicar cómo es uno, escuchar cómo es el otro, vencer recelos, habituarse a alguien y que ese alguien se habitúe a uno, pasar por alto lo que desagrada. Todo eso aburriría, y a quién no, si bien se mira. Dar un paso, y luego otro, y otro.”

Enamorarse, desenamorarse. Iniciar, reiniciar. Amar, herir, atar, perder, odiar, sufrir, dejar ir, irse, dejar de ser la quimera de un mal amor a ser la certeza de otro nuevo, distinto. ¿Por qué habría de ser de otra forma? ¿Por qué no habría de ser así? A amar se aprende. Una y otra vez. Un error tras otro, un duelo tras otro, va dejando la marca en la memoria y en el cuerpo. Un secreto que se revela, también se disipa, y te libera, y libra a los demás de llevar también tu carga. Un duelo limpia el caldero del alma y lo dispone de nuevo para el fuego.

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