En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Improbable Venezuela

Sin pruebas.
VenezuelaElla estaba en un aeropuerto. Esperaba para salir a Bogotá. El vuelo se retrasaba y por el altavoz les daban dos opciones a los pasajeros: pernoctar en un hotel en la ciudad o ir en un vuelo a conocer Venezuela. Ella eligió ir a conocer Venezuela. El avión partía en seguida y bordeaba un mar oscuro, donde no se diferenciaba los límites entre el agua y la tierra. Llegaba a un lugar desolado, con un mar sucio y una ciudad vacía. Iba a conocer una comuna, guiada por una señora que le mostraba las calles con grafitis y los animales flacos y luego chozas y entablados de gente pobre. Toda esta pobreza, musitaba la señora, como lamentándose o avergonzándose de lo que las rodeaba. Ella mientras tanto pensaba: Tengo que tomar una foto y ponerla en Facebook, para que me crean. Pero su celular no tenía memoria suficiente para tomar más fotos. Apurémosle, porque tengo que volver a Colombia hoy mismo, le dijo a la señora. La otra mujer ahora decía: Yo también, cuando llegué, pensaba que iba a volver pronto a Colombia, pero ya me quedé. De camino se encontraron con otra mujer. La mujer quería llevarla a ver el mar. Se encaminaban entonces hacia unas montañas donde se estrellaba el mar contra la tierra. En las montañas habían unas mansiones burguesas sombreadas por árboles. Mansiones solitarias también, pero donde se vivía un sosiego aparente, como si las casas estuvieran vacías. Quería tomar una foto para compartirla con sus amigas colombianas en Facebook, pero otra vez fallaba el teléfono. Recurría entonces a la mujer para que le tomara una foto con su celular y luego se la reenviara por Whats App. La mujer tomaba una foto de la montaña y otra del mar, donde aparecía ella. Se las mostraba para que las aprobara y quedaba de enviárselas luego, en el transcurso del día, cuando tuviera acceso a señal de internet. En la orilla de aquel mar oscuro se bañaban las piernas. El agua estaba saturada de objetos, desechos, envolturas y enlatados viejos. El agua era muy fría. Luego las dos mujeres la acompañarían  al aeropuerto mientras la otra le contaba también que había llegado de Colombia alguna vez hacía años y no se había querido ir, por el coronel y las arepas, pese a que la situación se hubiera tornado tan oscura en los últimos tiempos cuando empezaron a irse en masa los habitantes de la ciudad. Se despidieron en un aeropuerto vacío, con beso en la mejilla, y regresó a Bogotá antes del anochecer. Ya en la casa de sus padres, les confesó que se había demorado todo el día en llegar porque había ido a conocer Venezuela y que no les trajo nada porque todas las estanterías que vio estaban vacías. El padre se mostró incrédulo. Ella le contó los pormenores, el retraso del vuelo, la oportunidad de viajar a Caracas, las señoras que le hicieron de guías por la ciudad. Ante la mirada atónita del padre, decidió enseñarle las fotos que conservaba en Whats App. El padre observó las fotos de cerca y le devolvió el celular con un golpe de dados de tahúr: Esta no es usted. Ella tomó la pantalla diminuta, observó el mar mugroso, las casas en la montaña, las calles desoladas y descubrió que la mujer que figuraba no era ella, no se parecía, y la mujer a la que pidió el favor no había tomado una foto en donde se pudiera ver bien su rostro o su perfil. De modo que no tengo cómo probar que estuve, y que así está Venezuela. Comprobó las fotos compartidas en Facebook y descubrió que no habían sido comentadas por ninguna amiga. Entonces decidió borrarlas de su teléfono celular.

Comentarios