En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Enciclopedias en extinción

Un día no tenía trabajo y al otro día se había convertido en vendedor de enciclopedias y estaba subiendo una cuesta para su primera jornada laboral. Aún no sabía que sería también la última. Iba con otros cuatro vendedores a cubrir un barrio de clase media. Contaban historias del desempleo y chistes verdes para romper el hielo y él les contó que acababa de tener a su primer hijo. Los demás vendedores se fueron repartiendo las calles y al final continuó a pie hasta lo más alto de la cuesta con una compañera de ruta que tampoco había imaginado nunca vender enciclopedias por la vida. Bromearon con la idea de que era algo obsoleto, que internet las había convertido, a las enciclopedias, en algo mitológico o inservible. Caminaron despacio con el insoportable peso del morral de 15 kilos que era lo que pesaba cada enciclopedia al hombro. Al comienzo, iban juntos a la misma casa para ofrecerla, pero luego ella decidió que se dividieran los andenes para poder abarcar más casas y oportunidades de venta. Ella le cedió la siguiente casa y cruzó la calle. Ya iba acabando el día, cuando abrió la puerta una mujer canadiense. La mujer se sorprendió de lo que le ofrecía aquel hombre: la misma enciclopedia que ella tuvo de niña en Canadá, pero traducida al español. Decidió comprarla y pagó en riguroso efectivo. Era un regalo para su hija recién nacida. Él le contó que también acababa de ser padre y que su hijo se llamaba Robinson y ella incluyó una generosa propina en el pago para que le comprara algo al pequeño Robinson «Crusoe». El vendedor de enciclopedias regresó a la oficina y se reencontró con los otros vendedores. La sorpresa fue que había sido el único que consiguió vender una enciclopedia en aquel barrio de ricos. Le dieron el 30% de la venta. Él lo quiso compartir con su compañera, por haberle cedido la calle ganadora. Ella se negó. “La vendiste solo, sin mi ayuda. Además: lo necesitas más que yo: tienes que ahorrar y trabajar duro por tu hijo”. Al día siguiente el vendedor de enciclopedias volvió a la oficina para recoger el morral con 15 kilos de peso, pero no pudo entrar al trabajo que había conseguido en la bolsa de empleo porque la policía había allanado el local. Las enciclopedias habían sido robadas en un atraco al camión contenedor que las traía del puerto. Su patrón estaba esposado y los policías lo llevaban a una patrulla que despedía destellos de colores en la calle, frente al centro comercial.

(Ya no vende enciclopedias. Atraviesa el país conduciendo un contenedor con mercancías. Cuando llega al puerto una mano mecánica alza el contenedor lleno y pone sobre el camión un contenedor vacío y otra vez tiene dos noches para atravesar el país. En las manos tiene una gran cicatriz queloide, porque se accidentó. Cuando pasamos por la curva donde se accidentó, dice que la mano se le salvó de milagro. “¿Qué hubiera sido de mi vida sin esta mano?, se pregunta y aferra el timón como si se tratara de un salvavidas.”)

Imagen: Bibliodyssey

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