Tejiendo Naufragios

Publicado el Diego Niño

Pambelé

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Se le ve por la calles de Cartagena o de Bogotá con la cabeza vacilando sobre un cuello delgado, raspando amarguras en cada esquina, alargando el brazo para acopiar las monedas con las que comprará el vicio que lo acorraló en la última esquina del ring. Viejo, cansado y agobiado, transcurre su vida esperando el martillazo que dará inicio a un nuevo round.

Una tarde del 2006 sonó el campanazo.

En esa ocasión el rival era un hombre altanero que le reclamó por saltarse la fila para ingresar al Estadio Once de Noviembre. Después de un intercambio verbal, un par de esguinces y un afortunado golpe en la mandíbula del joven, tuvo que contemplar como este se enardeció y le dio una paliza similar a la que le propinó Aaron Pryor el 2 de agosto de 1980.

En la acera, golpeado, hambriento, la frustración empezó a contar sus derrotas: ¡Una!, ¡Dos!… El universo reía con ironía: el mejor Walter Junior en la historia del boxeo mundial fue vencido por cualquier hijo de vecino. ¡Seis! ¡Siete!… lo mejor que podía hacer era quedarse aferrado al pavimento hasta que la muerte se acordara de él… ¡Nueve!… con el último aliento se levantó y se fue a la esquina de sus viejas glorias, a esperar el momento en el que la campana le dé una nueva oportunidad de ganarle a la vida por Knock Out.

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