Tejiendo Naufragios

Publicado el Diego Niño

No reside destinatario

Hola.

Me gustabas. Incluso creo que había algo más que gusto: puede que existiera un sentimiento, un querer, un amor que rebasaba lo físico. Había algo que me unía a ti de una manera que no podría explicar. De vez en cuando pensaba en ti. Un par de veces al mes. Quizás tres. A partir del año pasado, te recordaba cuando cruzaba el puente de la ochenta con Boyacá. El puente en el que te vi sobre una bicicleta (el cabello revoloteando, las manos aferradas al manubrio, la sonrisa a toda vela).

A partir de la semana pasada te pienso con más frecuencia. Especialmente en ese puente. No creas que no me pregunto por qué lo hiciste, qué te empujó a hacerlo. Parecías tan llena de vida y de alegría que es difícil imaginar que decidieras suicidarte. Esa vida, esa alegría, era una de esas cosas que me gustaban de ti. También me gustaban tus abrazos fuertes y tu sonrisa sincera. Y me encantaba que me dijeras señor Diego. Lastimosamente no te dije que me gustabas. Este sentimiento quedó sin oficio y sin destinataria como esas cartas que no llegan a ninguna parte.

Sé que esa confesión te haría sonrojar, quizás reír, tal vez enojar. Pero no me habría importado la respuesta: habría salido de la confesión como se sale de las cosas que son bonitas pero que incomodan (no sé si me explico). Obviamente no aspiraba a que tuviéramos un romance. Quizás tuve la posibilidad cuando tenías dieciocho años y yo treinta y uno. Incluso cuando tenías veintiún y yo treinta y cuatro. Después se acabó mi oportunidad contigo. Y está bien. La amistad siempre será mejor que una relación amorosa. Los noviazgos joden muchas cosas. Casi todas. Pudo dañar esa amistad que debí cuidar más: uno cree que la gente vive eternamente. Incluso tenemos la certeza de que cada uno de nosotros es eterno. Pero no es así: la semana pasada descubriste que eres efímera como las mariposas que revolotean en los jardines. Sólo se necesita determinación y una pizca de suerte. O de mala suerte. A veces no se necesita nada para abandonar este lodazal de vanidades, este océano de injusticias.

Sólo eso quería decirte. Eso y que te querré eternamente.

Va un abrazo desde el planeta que te extraña. Feliz Viaje.

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