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El poder de la ternura

Egipto – Foto de Adriana Vega

La mañana del viernes estaba paseando a Copito en el parque y me encontré con un adulto mayor paseando también a su perrito. El señor se veía muy tierno, caminando lentamente y el perrito le seguía el mismo ritmo, disfrutando del paseo. Cuando nos cruzamos le di los buenos días al señor y ambas mascotas se olfateaban, luego de unos cuantos segundos el señor le dice a su perrito con una voz muy dulce -Despídete de tu nuevo amigo, otro día lo volverás a encontrar-  El perrito, como si entendiera, se da media vuelta, olfatea a Copito y continúa su camino.  Me pareció tan tierno el señor.  De regreso a casa pensaba en esos instantes de ternura que vemos en las personas.  

Siempre he pensado que la ternura viene de adentro, del niño interior que todos llevamos dentro. No se puede planear un instante de ternura, sino surge de forma genuina cuando algo toca nuestras fibras de manera amorosa.  El escritor Miguel Ruiz, autor del libro “Los cuatro acuerdos” decía que el verdadero ser de cada uno es un niño que nunca creció. Y  que en algunas ocasiones cuando nos divertimos, estamos felices, pasamos momentos cercanos con nuestros seres amados, jugamos, paseamos y algo nos produce ternura y la dejamos salir, ese niño reaparece y esos son, precisamente, los momentos más felices cuando dejamos salir ese niño y no nos importa el pasado y no nos preocupamos por el futuro. Entonces somos como un niño que expresa su amor y su ternura sin más.  

Por ejemplo cuando veo personas comiendo helado recuerdo mucho las palabras de una de mis hermanas que en alguna ocasión me decía que las personas cuando comen helado vuelven a ser niños y se ven felices y con un halo de ternura en la mirada, la expresión de la cara, esa tranquilidad y sí, lo que veíamos era dulzura en las personas, como si volvieran a ser niños.  Al final todos terminamos, por momentos, siendo niños. 

En momentos difíciles también la ternura hace su aparición, un momento conmovedor de ver a otro ser pasando por un momento doloroso, hace florecer un sentimiento de compasión, de querer estar presente, de escuchar, de abrazar, son actos de ternura y entrega.  Les habrá pasado alguna vez que ven una historia en las noticias de algún sufrimiento y sienten por dentro que se les arruga el corazón y duran varios días pensando en eso… Por eso cuando dicen que la especie humana cada vez está peor, yo no creo en eso, creo fielmente que si todos dejamos aflorar la ternura que hay en nosotros mismos, todo sería un poco mejor. 

 La ternura es una expresión serena, firme y genuina del amor. Es el reconocimiento de cariño puro y noble expresado desde el interior hacía algo o alguien, con palabras, con un gesto, con caricias, según dice la definición en el diccionario. 

La enfermera Elisabeth Kübler-Ross, quien fundó el movimiento Hospices que acompaña a pacientes con enfermedades terminales en su proceso hasta el final, escribió muchas de sus experiencias con los pacientes en sus libros donde contaba que los recuerdos que acompañan a las personas al final de la vida, no eran de momentos de victoria, de éxito, de belleza, de obtención de títulos, de metas alcanzadas,  sino de momentos de ternura con otros seres, encuentros profundos de amor e intimidad, de amistad o de fraternidad. Instantes profundamente sencillos, de una caricia, un abrazo, un te quiero, un perdón, un momento de gratitud, de risa natural o de un beso. Decía Kübler-Ross que sus pacientes le habían demostrado que al final solo los momentos profundos de ternura vividos a través del afecto y del cuidado son los que quedan grabados en la memoria y en el corazón. 

Yo quiero invitarlos a que expresemos lo que sentimos, dejemos salir al niño que hay dentro de cada uno, que no piensa en sí una caricia estará de más, que si un beso sobra, que si un te quiero es demasiado, solo expresa lo que siente sin pensar en nada más. Al final lo que tendremos en la memoria son esos instantes de amor y de ternura que permanecerán con nosotros hasta el final de nuestros días.  Nunca una caricia, un beso, un abrazo, estará de más. 

“En el arte como en el amor es la ternura lo que da la fuerza” Oscar Wilde. 

 

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