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Piedritas en el alma

Un señor de aproximadamente 65 años durante la pandemia del Covid-19 poco a poco fue cambiando su manera de ser, andaba de mal genio, por todo se sulfuraba, le alzaba la voz a su hija y a su esposa. Se volvió huraño y poco a poco, cada día era más difícil convivir con él.

Un día estaba en el trabajo y colapsó, comenzó a decir incoherencias y se desmayó.  Lo llevaron a la clínica y seguía con su carácter fuerte, le contestaba mal a los médicos, a las enfermeras y por momentos perdía la noción de la realidad. Su esposa, quien siempre estuvo a su lado, a pesar del mal carácter, trataba de entenderlo, pero sufría, no aguantaba más los tratos y el mal carácter de su esposo y una mañana decidió no ir a la clínica a verlo, pues necesitaba tomar aire, descansar, porque a pesar del amor que le tenía, sentía que no podía más con la situación, pues le afectaba mucho ese mal trato.   

Luego de varios análisis los médicos llegaron a la conclusión que esos cambios de humor y de conducta estaban relacionados con la enfermedad de Alzheimer, la cual estaba avanzando rápidamente.  Al recibir la noticia, los médicos le hablaron muy compasivamente, le explicaron lo que se venía para la vida de él y de su familia. 

Él mientras procesaba la noticia, le preguntó a su hija por su esposa, pues se sorprendió que no estuviera ahí a su lado. Ella le dijo que su madre estaba devastada, que ella lo amaba pero que tenía que tomar aire para volver a su lado en unas horas, pues él había sido muy agresivo con ella los últimos años. Él se quedó en silencio y comenzó a pensar acerca de lo que habían sido estos años y solo recordaba haber sido muy agresivo con su esposa, no valorar nada sino desquitarse con ella por cualquier cosa.  Con eso, sumado a la enfermedad que ya se presentaba, le pidió a su hija que la llamara y le dijera que fuera a verlo, pues necesitaba hablar con ella, decirle lo mucho que la amaba y pedirle perdón antes de que comenzara a olvidarla por la enfermedad.   

Esta historia hace parte de un capítulo de la segunda temporada de Doc, Una nueva Vida, una serie de Prime Video, que a propósito la recomiendo. Y me pareció que esas cortas escenas tenían un significado enorme, pues a veces nos desquitamos con quienes sabemos que nos aman y nos aguantan, nos toleran únicamente por amor… 

Y eso a todos nos ha pasado en algún momento, si estamos de mal genio, si algo del día no nos gustó, si estamos frustrados por algo, siempre quienes están a nuestro alrededor pagan los platos rotos, bien sea con una mala actitud, con una mala contestación, entre otras cosas.  

Me pareció supremamente profunda la frase: tengo que decirle lo mucho que la amo y pedirle perdón antes de comenzar a olvidarla. Y es que nadie está exento de que llegue una enfermedad que jamás desaparezca, que nos haga perder la realidad. Nadie tiene la certeza de viajar y hacer el camino de regreso. La vida es un mar de incertidumbres. Por eso creo, entre mi inmensa ignorancia como ser humano, que todos los días debemos tener un polo a tierra que nos de un corrientazo cada vez que estemos en el diario vivir tratando mal a otros seres.  

Si supiéramos que hoy vamos a comenzar a olvidarnos de la realidad, a irnos de este mundo, por una enfermedad o que vamos a partir pronto, con toda seguridad le diríamos a nuestros seres amados esa frase de esa escena. 

Todos tenemos malos días, malos ratos pero es un reto para cada uno de nosotros mantener y trabajar las emociones con inteligencia. Las discusiones, los malentendidos, que cada que nos vayamos a dormir no tengamos deudas pendientes con nadie… Uno cree que una mala contestación es algo menor, pero no es así… son pedacitos que van quedando ahí y se acumulan en el corazón de las personas, basta con ver la mirada de alguien a quien hemos tratado mal, por más amor que nos tengan, eso va quedando, como una piedrita en el alma. 

Lo más curioso de esto, es que con la gente que recién conocemos o la gente de afuera, somos más cuidadosos que con la gente de nuestra familia o amigos cercanos, porque sabemos que nos toleran y pase lo que pase van a estar ahí. Y no debemos abusar de ese amor, de ese lazo, de ese vínculo.  

Por eso antes de explotar con quien nos ama, contestarle mal, tener una mala actitud…  respiremos y pensemos si queremos incrustarle una piedrita en el alma.  

 

En Twitter: @AndreaVillate

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