Relaciona2

Publicado el

Mañana, tal vez por mi…

 

La semana pasada Alexandra Barrero estaba almorzando en el Centro Comercial Gran Estación y luego iba a ir a pagar el  recibo del gas que tenía en su bolsillo, junto con el dinero para pagarlo.  Cuando fue a buscar el recibo se le había caído.   Trató de buscarlo, recorrió los caminos por los que había pasado por si lo veía, pero nada, no lo encontró.  Resignada, fue a pagarlo en la tarde y sorpresa: el recibo fue pagado.  Ella incrédula, fue a otro lugar a intentar pagarlo,  pues tenía la duda si la señorita que la había atendido había digitado mal los números pero, en efecto el recibo había sido pagado.    Qué buena acción la que hizo esta persona que se encontró el recibo de Alexandra,  se tomó el tiempo de buscar un lugar, hacer fila y pagar el recibo y tras de todo… algunos días después, la persona que se lo pagó, le dejó el recibo con el sello de pago en la portería de su edificio.

Hablando de esto con mis hermanas, Angélica me contó que una vez estaba en Bucaramanga por trabajo.  Debía ir a un almuerzo antes de irse al aeropuerto.  Se bajó del taxi y dejó su maleta con el computador.  Cuando se dio cuenta que había dejado su maleta en el taxi, ella no sabía a quién recurrir, pues no había anotado las placas, no se acordaba el nombre de la compañía de taxis, nada.   Luego de unas cuantas horas llega el señor taxista al restaurante a buscar a mi hermana y entregarle la maleta intacta.   Y disculpándose por la tardanza en devolverla, porque le había salido otra carrera. Un compañero de trabajo de mi hermana, que presenció la situación y totalmente asombrado por el gesto, quería darle una remuneración de dinero por la buena actitud pero el señor taxista le decía que no era necesario.

¡Estas historias me encantaron! Estas son las noticias que vale la pena registrar, son dignas de difundir.  Es curioso  que si en el caso de Alexandra quien se encontró el recibo con el dinero se quedara con la plata, esa noticia sería algo normal y se esparciría o, si la historia de mi hermana que el taxista se quedó con la maleta, sería noticia, porque estamos acostumbrados a los temas de inseguridad de la ciudad, de la falta de solidaridad pero, casos como estos pasan.

Creo que deberíamos  difundir cuando estos casos ocurran, ver el lado de bueno de la gente anónima que se cruza por nuestro camino. O tal vez nosotros somos esa persona anónima que puede darle la mano a alguien.

Hace muchos años mi papá estaba liderando una campaña “casa, carro y beca” en el Banco de Colombia. Eran unos premios que por medio de rifas les otorgaba el Banco a clientes  y  les regalaba una casa.  En una oportunidad se ganó la casa una persona, pero nada que la encontraban, había abierto su cuenta de ahorros, pero los datos que ahí registraban ya no coincidían con la persona. Tal vez se había mudado y en ésa época nada de celulares, mails ni nada de eso, así que era  difícil encontrar a alguien.  El caso es que daban un tiempo estimado para que la persona que había ganado la casa se acercara al Banco por el premio de lo contrario lo perdería.  Así que mi papá al ver que pasaban los días y nada que encontraba la persona, se dedicó el mismo a la tarea de dar con el paradero del ganador.  Luego de semanas de búsqueda por cielo y tierra, logró encontrar al feliz ganador de la casa y resultó que era un señor celador, que no tenia casa pues vivía en una habitación, por eso nunca lo encontraban.  Valió la pena el esfuerzo. Y es que a veces se trata de ponerse en el lugar del otro.  Si yo me ganara algo, me gustaría que me encontraran.

Le escuché decir a alguien que “Ayudar puede ser algo tan simple como recoger una basura” y creo que es cierto.

Mi hermana Sandra, mi cuñado y mi sobrinita cuando salen a pasear a la perrita que adoptaron en enero pasado, recogen los desechos no solo de la perrita sino de cualquier perrito que sus dueños fueron incapaces de recoger. Mi hermana fue quien comenzó a hacerlo, indignada de ver la actitud de la gente, luego vio a un vecino también hacerlo  y le siguieron mi cuñado y mi sobrinita. Porque los buenos actos son contagiosos.

A veces el concepto de ayudar se queda en ayudar a los más necesitados y resulta que hacer algo por alguien tiene múltiples opciones.

El sentido de la vida radica en lo que hacemos por los demás.

En Twitter: @AndreaVillate

En Facebook: AndreaVillatePeriodista

Comentarios