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Incertidumbre

Alberta, Canadá – Foto de Henry Cárdenas

Hace un año por esta época estábamos comenzando a atravesar un camino desconocido para todos, lleno de incertidumbre, de incredulidad, de temor, de cambios abruptos que pusieron en pausa la vida de todas las personas que habitamos esta tierra.  Al recordar el principio de toda esta pandemia, llega a mi memoria lo que se decía inicialmente, que la tierra debía descansar de nosotros, del ruido, de los carros, las playas, la naturaleza debía descansar del ser humano, por eso debíamos estar encerrados.  

El confinamiento llegó y con él la virtualidad en el trabajo, en los colegios, en las reuniones, los domicilios y un cambio total de vida. Las cifras de personas que fallecían en el mundo por este virus, sus historias, sus nombres comenzaron a tener relevancia, que el primer médico que murió, que la enfermera, que un paciente, que un hijo, que un esposo, que una madre y así… A las ocho de la noche se aplaudía a los médicos quienes no daban a basto en las salas de urgencias de las clínicas y hospitales.  La compasión por el que sufría así lo viéramos en las noticias, nos tocaba el corazón.  Hasta la manera de llevar el duelo cambió.

Se leían en redes sociales mensajes de paz, de amor, de lo realmente importante en la vida.  

Artistas hacían las primeras transmisiones en vivo por YouTube para acompañar a sus fans con su música. Cientos de charlas motivacionales en Instagram, las empresas comenzaron a mandar planes por correo electrónico para cocinar en casa con los grandes chefs y todo comenzó a cambiar pensando que sería por un tiempo corto.  A muchos en esa época de confinamiento nos cambió el sueño, despertarnos durante la noche se volvió parte de las madrugadas, leer las noticias esperando la que anunciara que esto iba a terminar, pero luego de una cuarentena venía la otra y luego otra y otra. Y con ellas las críticas al gobierno, como si fuera fácil para un mandatario y unos ministros manejar una pandemia. 

Los mensajes de amor de “después de esto seremos mejores”, de la naturaleza descansando, romantizando el confinamiento, pasaron a un segundo plano, la crisis de desempleo, el hambre para quienes trabajaban en las calles fueron fuertemente golpeados, las serenatas en las cuadras se incrementaron con los días y como todo, al comienzo disfrutamos las serenatas y nos compadecíamos de aquellos artistas talentosos, pero luego todo se volvió parte del paisaje. 

Las cifras de muertos seguían en aumento, pero ya no importaba si era Pedro, Ana o José. Eran sólo cifras de una pandemia que seguía extendiéndose y parecía imparable.  Aparecía la noticia en el mundo sobre la vacuna contra el covid19 y todos los países, unos más rápidos que otros comenzaron a gestionar sus pedidos. Luego la apertura gradual se fue dando, los primeros viajes, los protocolos, diciembre y los descuidos preveían un comienzo de año difícil y lo fue. Llegó la vacuna y aquí vamos. 

A todos nos cambió la vida, pero sin duda alguna mucho más a aquellos quienes perdieron un ser querido y están pasando por un duelo difícil sobrellevando una ausencia que no esperaban.  También quienes perdieron sus negocios, sus empleos y hoy están tratando de volver a comenzar. 

Para mi este resumen ejecutivo de lo que fue la pandemia viene acompañado de grandes rostros y actos: Una tarde de abril no hice más que llorar y eso que a penas todo comenzaba y sentí claudicar, pero luego llegué a la conclusión a la que siempre llego cuando hay cosas que no están en mis manos:  Esto hace parte del Destino, todo está en orden de lo que tiene que pasar. 

Tuve la fortuna de tener personas a mi alrededor que hicieron de mi confinamiento algo divertido con los detalles que llegaban a mi casa y las largas charlas. Tuve a mis hermanas quienes nos ayudábamos en cosas tan sencillas que si alguna iba a ir a hacer mercado, preguntaba si alguna necesitaba algo y lo dejábamos en cada casa para evitar salir. Mensajes, llamadas de amigos que aparecían para preguntar ¿Cómo estás?.  Y tuve la oportunidad de adoptar un perrito que ha traído mucha alegría a mi vida. 

En toda esta pandemia tuve estos importantes aprendizajes: 

  1. Me di cuenta que necesitaba menos de lo que pensaba que necesitaba. 
  2. Me di cuenta que cuando se quiere compartir, no se necesita esperar a tener de sobra. 
  3. Me di cuenta que pre-ocuparse es ocuparse antes de tiempo. 
  4. Aprendí lo que mi mamá siempre me decía: Todo pasa y todo cambia. Nada es para siempre, tanto lo bueno, como lo malo.  
  5. Mantenernos aquí y ahora y estar en modo turista viendo cada día como si fuera el primero es un reto, casi como la fe o el amor. Hay que trabajarlo todos los días.
  6. El ser humano solo puede controlar la manera en que reacciona a lo que pasa. 
  7. Aunque este ya lo sabía, pero siempre confirmo, la familia es lo más importante. 
  8. Mientras sigamos abriendo los ojos cada mañana, algo se podrá hacer. 

Bueno, lo único es que todavía no se ha acabado la pandemia entonces se podrán aprender más cosas aún que harán que apreciemos más el hecho de estar aquí y ahora. 

Y tú, al mirar en retrospectiva lo que fue este año de pandemia, ¿Qué aprendiste?

En la vida todo llega, todo pasa, todo cambia

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