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Y como dicen por ahí: La realidad supera la ficción

El fin de semana pasado estaba viendo la película Titanic. Creo que la he visto más de 100 veces y cada vez que la veo reparo en algo que no había caído en cuenta antes.  Aparte de la historia de amor, la fotografía, los actores etc, la tragedia de la película muestra diferentes tipos de personas y cómo actúan frente a una crisis. Termina siendo una radiografía de los seres humanos. 

Está el que siempre quiere sacar provecho y ganar dinero con todo, así estén en medio de una tragedia. El que en medio del hundimiento del barco, trata de sacar beneficio monetario, así afecte a otras personas. 

Están los que solo les interesa salvarse ellos mismos.  Como los que pagaban por viajar en el barco con su equipaje primero, antes que llevar a otra persona. 

Los que hacen división entre gente de primera y gente de tercera clase. Como el que a pesar de que el barco se estaba hundiendo, le exige a un mesero que le lleve un té caliente. Como si el mesero no fuera un ser humano y también tuviera que salvar su vida. 

Están los que en medio de la tragedia critican todo: que el barco es lo peor, que el barco no está preparado, que no hay suficientes botes salvavidas y son felices alebrestando al resto, para crear un descontento general y que todo se salga de control. 

Están los que siguen instrucciones y hacen su parte. Les dicen que hagan fila para ir llenando los botes y hacen caso. Que se pongan los chalecos salvavidas y lo hacen. 

Están los que a pesar de la tragedia no pierden la alegría, como los músicos del barco que siguen tocando hasta el final. 

Y no podía faltar el “si tu saltas, yo salto” esa frase que revela el amor, que no es otra cosa que en términos menos románticos y más realistas: Estamos juntos en esto. 

Frente a la crisis que está viviendo el mundo con la pandemia del Coronavirus, se encuentra gente exactamente igual o un tanto peor que en la película, como siempre: La realidad supera la ficción. 

Están los que aprovechándose de la crisis, compraron cientos de cajas de tapabocas y los venden a precios absurdos. En mi facebook me encontré con personas que teniendo una profesión, un empleo, que nada tiene que ver con esto, promocionan su “negocito”, vendiendo lo que antes costaba $300 pesos, ahora lo venden a $1.300. Sin importar que esto afecte a la gente o la economía. No, solo les importa ganar dinero, aprovecharse de la crisis. Hay quienes dicen: business are business… pero para mi, es gente que le faltan valores y sentido de vivir en sociedad. 

En esta pandemia están los que solo quieren salvarse ellos mismos. El viernes pasado fui a una droguería a comprar gel antibacterial. Una señora estaba comprando 5, los ultimos 5 que habían. Aún no los había pagado y le propuse que si ella compraba 4 y me dejaba uno, a lo que respondió que no.  Solo piensa en el bienestar personal.

Esos que dicen “todos somos iguales” pero obligan a los empleados a ir a trabajar teniendo la posibilidad de que trabajen en casa,  en otras palabras no les importa si alguien termina con el virus, teniendo en cuenta que la mayoría de gente se transporta en servicio público.  O incluso decirle a la empleada del servicio que tiene que ir si o si, como si por unos cuantos días que le tocara a uno hacer oficio, se le fueran a caer las manos.  Ahí están las divisiones. Esto que está pasando nos afecta a todos. Pero como en la época del Titanic, todavía hay quienes piensan que hay gente de primera y de segunda clase. 

Los que alebrestan a la gente, para indignarse: que Colombia no está preparada para esta pandemia, que las EPS son los peor, que el presidente hizo mal, difunden noticias falsas para crear un pánico económico, entre otras cosas. En este grupo están algunos medios de comunicación, algunos periodistas y políticos felices con el tema, porque “divide y reinarás” y los idiotas útiles replicando en redes sociales que se dejaron alebrestar. En vez de unir, hacer un llamado a la serenidad, porque todos los sectores están haciendo el mejor esfuerzo. Y la clave está en guardar la calma.  

Cada uno de nosotros tiene un rol ante la crisis que vive el mundo y podemos elegir qué papel queremos dejar en la historia.  

Yo les confieso que esta semana estaba cansada, aburrida y como tensa con la situación que vive el mundo, creo que todos estábamos igual, sintiendo la misma energía pesada. El viernes en la noche todo cambió,  recibí un mensaje de uno de mis grupos favoritos de Whatsapp, ahí escribió mi amigo, el Dr. Sebastián Quintero, que nos contaba que hacía pocos minutos estaba haciendo compras en el supermercado Jumbo de Santa Ana y de un momento a otro necesitaban un médico, fue a ver y era una señora que estaba dando a luz y asistió a la señora en el nacimiento de su hijo (Aquí pueden ver el video).  En medio de la situación difícil, por todo lo malo siempre algo bueno vendrá. Y así como es importante no dejarnos contagiar del Coronavirus, también es importante no dejarnos contagiar del virus del pánico, del desasosiego, de la negatividad. 

En el Titanic, cada uno pudo haber hecho las cosas diferentes y así salvarse todos o tal vez no, hasta Rose se pudo haber corrido y hacerle un campito a Jack en la tabla… pero bueno, eso ya es otra historia…

Así como en el Titanic, por más oscura que sea la noche, todo termina pasando y saldrá nuevamente el sol. Y será un capítulo en nuestra historia donde recordaremos qué clase de personajes fuimos.

Y como dicen en aquella escena: Que Este Día cuente!

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