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¿Cómo puedo ayudar?

Foto de mi amiga del colegio, María Carolina Tovar Devia

Un médico que dirigía un hospital, tenía la costumbre que frente a cada situación que se presentaba en el lugar, con alguna dependencia, primero escuchaba los problemas y luego formulaba la pregunta ¿Cómo puedo ayudar?  Y de esta manera rápidamente las cosas funcionaban mejor. 

Un día realizarían en el Hospital un trasplante en cadena:  Seis pacientes recibirían trasplantes hepáticos de seis donantes vivos.  Cada uno de los pacientes no halló un donante compatible en sus propias familias, así que ellos mismos acordaron que sus familiares le donarían a alguien más que pudiera ser compatible con ellos.  El hermano de un paciente le donaría una parte de su hígado a otro paciente y el familiar de ese paciente receptor, sería quién le donará a otro y así sucesivamente completarían la cadena. Todo estaba perfectamente armado.  En uno de los análisis psiquiátricos que le hacían a los donantes, para tener claridad que lo hacían por voluntad propia y que nada los está presionando, encontraron que una de los donantes no estaba segura, tenía dos hijas y tenía miedo de que algo le pasara y desistió de ser donante.  Con esta situación se rompía la cadena. 

En esas llegó a la sala de urgencias un señor con su hija, quien tenía problemas muy graves de pulmón necesitando rápidamente un donante.  El padre no era compatible con su hija, pero le contaron la situación que tenían en el Hospital y accedió a donar parte de su hígado para continuar con la cadena de trasplantes, casualmente era compatible con quién había desistido.  Gracias a la ayuda de todos no consiguieron un donante para la niña sino doce.  Doce personas estaban dispuestas a donar un lóbulo de su pulmón para la niña. El padre, muy emocionado, agradeció el gesto y de nuevo, la cadena de trasplantes volvió a estar en pie.   

Horas antes de comenzar a hacer el trasplante en cadena, el estado de salud de la niña se fue deteriorando, su corazón estaba fallando y ya iba a hacer imposible, por lo menos por ahora, que fuera apta para un trasplante.  Con eso se caería nuevamente el trasplante en cadena, pues pensaron que, igual que los demás, que si su familiar no recibiría la donación, no lo iban a hacer por otro.   Sin embargo el padre de la niña sorprendió a todos, dijo que él seguiría en pie con la donación, pues había doce personas desconocidas para él que habían tenido el gesto altruista de donar para su hija y que él no los iba a abandonar.   

El trasplante funcionó perfecto para las seis familias y la hija del señor estaba mejorando y en los días siguientes le harían el trasplante de pulmón. 

Esto hace parte de la serie New Amsterdam que estoy viendo en Netflix y les confieso que no hice más que llorar en este episodio por varias razones. Hace un poco más de tres años escribí en estas páginas acerca de la donación altruista de órganos, desafortunadamente en nuestro país la reglamentación es muy clara y no permite la donación altruista para evitar que se utilice con otros fines. Triste, pero entendible.  Tampoco contamos con bancos de órganos donde podamos donar, por ejemplo, la médula ósea o estar en una lista si alguien lo requiere, como lo hacen en países como España y Estados Unidos.  

Tal vez esta historia de la serie no pasa con frecuencia  en la vida real, pero creo que las podríamos hacer realidad. Ser donantes vivos es dar un regalo para que otro viva. ¿A cuántas personas podemos ayudar sin saberlo? Ojalá algún día nuestro país pueda adelantar la donación altruista de órganos en vida.

Este episodio me recordó algo que con frecuencia olvidamos y lo resumo en una frase “NOBLEZA OBLIGA”.  Si uno ve que una persona ha sido buena, generosa, amable con uno, lo mínimo que uno puede hacer es devolverle lo mismo.  

Esta serie me encanta y la recomiendo. Desde el primer capítulo sienta un mensaje profundo en lo que es la relación entre todas las personas con una simple pregunta ¿Cómo puedo ayudar?. Es como ese mensaje oculto del universo que nos pone en el lugar correcto, con las personas indicadas, a la hora precisa, es estar en la vida de alguien para hacerla mejor.

“Lo que me gusta de la ayuda recíproca y desinteresada entre dos personas es la incertidumbre de no saber, al final, quién tuvo la suerte de conocer a quién”

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