La realidad para dummies

Publicado el Nicolás Acosta

Petro el Domador

Si algo no se puede negar es que el tipo es un artista. En tan solo 2 meses y medio ha tratado de hacerle creer a la gente que toda crítica a su mandato hace parte de un plan para desprestigiarlo, ha logrado basar sus decisiones en meras improvisaciones sin que nadie diga ni mú y ha logrado hacer pasar de agache su falta de conocimiento, cubriéndose bajo la manta de la participación ciudadana. Esto que Petro está haciendo acumula gravísimos peligros para la ciudad.  Le cuento los principales.

El primer peligro está en su discurso. Un discurso, en su forma, igualito al de Chávez. Su premisa principal es que todo aquel que lo critique es un desalmado que está proponiendo barbaridades para oprimir y afectar a los más pobres de la ciudad. Mire usted, por ejemplo, el discurso de posesión. “….cuando el señor poderosos dice no más impuestos, le está quitando el dinero para llevar la educación, el amor, la salud a 360 mil bebes, que es a donde queremos llevar prioritariamente el dinero de la ciudad de Bogotá”. Dicho de otra forma: si a usted le parece que la forma de desarrollar la ciudad es no imponiendo más tributos para que se dinamice la economía, usted no es un sujeto que opine diferente. Usted, según Petro, es un criminal que le está quitando el pan de la boca a los niños en Bogotá. Esto es un peligro porque pasa el debate de las ideas de un plano democrático y confrontacional a un plano donde no se permite la oposición, so pena de terminar encasillado en el grupo de los apátridas.

El segundo peligro es su improvisación. Puedo nombrarle decenas de ejemplos pero para mencionarle sólo uno, mire usted el caso de la Empresa de Energía de Bogotá. Al alcalde se le ocurrió la genial idea de salir a decir que iba a coger una empresa exitosa que cotizaba en bolsa (la EEB), la iba a fusionar con otras que sólo dan pérdidas y las iba a volver rentables juntas. Dicho de otra forma: “señores accionistas de la EEB, voy a coger sus utilidades y voy a cubrir las pérdidas de otras empresas”. No se necesita ser ingeniero de la NASA para saber que, de inmediato, todos los dueños de la empresa exitosa van a vender sus acciones.

El tercer peligro es que Petro descontextualiza el sentido de la democracia participativa. Una cosa es que podamos elegir funcionarios públicos para que hagan. Otra que podamos participar en la toma de algunas decisiones cuyas posibilidades de éxito son viables en términos técnicos de cualquier forma. Y otra, muy grave, que el mandatario electo deje que ciudadanos inexpertos que depositaron su confianza en él, sean quienes tomen decisiones que le deben su eficacia a estudios, cifras y apreciaciones de expertos. ¿El perfecto ejemplo? La Avenida Longitudinal de Occidente (ALO). Nuestro alcalde quiere preguntarnos a nosotros qué nos parece la posibilidad de construir dicha vía como si la decisión fuera un tema de opinión y no de demanda de movilidad, problemas ambientales o desarrollo de la ciudad. Todos elementos técnicos que deberían definir los estudios y no la opinión de las personas.

El cuarto y último peligro tiene que ver con la incapacidad de Petro de pensar en grande y en el largo plazo.  Todo es en chiquito, todo es conceptual, todo es por ahora y mientras “la voluntad popular decide”. El gerente, el soñador, el planeador que la ciudad necesita se quedó guardado en el cajón. Bogotá necesita revolucionarse en todos sus aspectos. Nada se ha dicho sobre modernización y construcción de nuevas vías, poca preparación se ve para implementar el Sistema Integrado de Transporte (SITP), nada se ha hecho para promover proyectos masivos de renovación urbana, ya el alcalde se echó para atrás en sus propuestas de educación que parecían tan ambiciosas y le ofreció puestos a los concejales contrariando su bandera de “cero clientelismo” que tanto pregonó en campaña.

En Bogotá ya no hay espacio para 4 años más de malas decisiones. Si no hay un revolcón en la forma de administrar ya, la ciudad se va a volver completamente inviable. ¿Qué hacemos entonces?. Creo que lo primero es no meternos en el discurso de Petro. Lo segundo, con inteligencia, no quedarnos callados como lo hicimos los pasados 4 años. Tenemos que protestar, opinar, apoyar y proponer manteniéndole una lupa a cada decisión de Petro. Con Bogotá no se puede jugar más.

Twitter: @nicolasacosta33

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