El Cuento

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Los cinco atrasos de Colombia con la vacuna

El presidente Duque se enfrenta a la política pública más importante de su gobierno. El plan de vacunación que liderará su ministro Fernando Ruiz es el equivalente al proceso de paz de Juan Manuel Santos: el todo por el todo. Del éxito o fracaso de este ambicioso programa depende el que podría ser el único legado de Iván Duque. Por lo pronto, no son buenas las señales que se han dado.

Por: Ricardo González Duque

En Twitter: @RicardoGonDuq

Por estos días Bogotá y algunas regiones del país se vuelven a ver desoladas, como en los días increíbles de marzo de 2020 cuando comenzó esta pesadilla llamada pandemia. Calles vacías en las que fugazmente se ve una estela roja llamada TransMilenio, comercios con sus puertas cerradas o rejas abajo, lo que deprime a más de uno que no es necesariamente el dueño del establecimiento, y una que otra persona caminando hacia un supermercado donde lo espera una tediosa fila, es la realidad con la que recibimos el 2021, lejos del bullicio, la fiesta, la euforia, las risas y la parranda que hubo los últimos días de 2020.

Desde el aeropuerto, donde una voz de “gran hermano” dice que “es la herramienta clave para prevenir el contagio” hasta el programa de televisión paisaje del presidente Duque, hablan del “autocuidado”, pero las cifras de la nueva ola o pico del virus parecen demostrar que esa estrategia individualista no sirvió y que hemos tenido que dar reversa hacia los confinamientos distópicos, a merced de patrullas de policía y helicópteros que monitorean nuestros movimientos. La otra salida, por supuesto, es la vacuna, que es la esperanza del nuevo año, pero hay cinco antecedentes que permiten pensar que en Colombia nos podríamos retrasar en cumplir el plan de vacunación que dispuso el Ministerio de Salud:

1 La ley para autorizar la inversión de recursos públicos en vacunas experimentales: fueron algunos congresistas y no funcionarios del Gobierno del presidente Duque quienes se percataron en agosto pasado que la ley estatutaria de salud le prohibía a la Nación destinar presupuesto para la compra de las vacunas que estaban empezando a desarrollar los laboratorios. La ley de 2015 estableció que: “…los recursos públicos asignados a la salud no podrán destinarse a financiar servicios y tecnologías en los que se advierta alguno de los siguientes criterios:

b) Que no exista evidencia científica sobre su seguridad y eficacia clínica

c) Que no exista evidencia científica sobre su efectividad clínica

e) Que se encuentren en fase de experimentación”

Por esa razón, congresistas como los liberales Luis Fernando Velasco y Carlos Ardila y del Centro Democrático, Ricardo Ferro, empezaron a trabajar en la ley que habilitara al Gobierno para hacer esas compras, cuando ya otros países con la autorización legal respectiva habían iniciado las primeras conversaciones con las farmacéuticas. Al Ministerio de Salud se le cuestionó que no incluyera ese artículo dentro de la última emergencia sanitaria declarada a finales de noviembre pasado.

Apenas el 9 de diciembre, después de su trámite en Senado y Cámara, finalmente fue aprobada la ley de vacunas, que no solo dio vía libre a la posible compra, sino que incluyó la gratuidad del medicamento para todos los ciudadanos y la polémica exención de responsabilidad a los laboratorios para que no tuvieran que responder por efectos secundarios en quienes reciban el medicamento. Nueve días después conocimos el primer acuerdo con las farmacéuticas.

2 Las gestiones para participar en algún proceso de la vacuna: salvo las pruebas que realizó en algunos hospitales de Colombia el laboratorio Janssen, que produce la vacuna para Johnson & Johnson, en el país no se adelantaron acuerdos o intercambio de tecnología y servicios con los laboratorios para poder tener beneficios futuros en la adquisición del antídoto. La realización de las pruebas con J&J -que aún continúa en ensayos clínicos en países como España para probar su eficacia y seguridad- llevó a la negociación para comprar solamente nueve millones de dosis para el país.

Otra es la historia en países como México y Argentina, quienes en agosto pasado firmaron con el laboratorio AstraZeneca un convenio para que en ambos se fabricara y envasara hasta 250 millones de dosis. En Buenos Aires, será el laboratorio mAbxience el encargado de la producción y en Ciudad de México, donde llegará el activo biológico a finales de enero, el que participará en el empacado será Liomont. Con esto, según había anunciado en su momento el gobierno argentino, se iba a dar una distribución “equitativa” entre los países de América Latina, que de golpe beneficiaba a Colombia, un asunto del que no se volvió a hablar ante la compleja disputa para adquirir el medicamento.

3 La demora para firmar los acuerdos con las farmacéuticas, que al día de hoy no son públicos: “no quiero alardear con acuerdos que no están listos”, aseguraba a mitad de diciembre el presidente Iván Duque en todas sus declaraciones, mientras en el país crecía la ansiedad y el desespero por la falta de acuerdos concretos con laboratorios que en 2021 aplicaran la vacuna. La esperada noticia llegó el 18 de diciembre, momento en el que un alarmante mapa del periódico El País de España daba cuenta de que a Colombia solo la acompañaban Paraguay, Haití y Belice, como países de la región que no tenían acuerdos listos para vacunar a su población.

La materialización de los acuerdos, sin lugar a dudas, llegó tarde. Quizá porque el Gobierno de Colombia quiso asegurar las vacunas necesarias y los laboratorios idóneos para su aplicación o porque se había demorado en tener la vía libre para usar recursos públicos para adquirirlas. Lo cierto es que a casi un mes de que se anunciaran los acuerdos con Pfizer y Astrazeneca, el país aún no conoce el detalle de los contratos que por transparencia deben ser públicos, para saber las condiciones en que se dio esta transacción. Razón por la cual además han crecido las críticas al ministro de Salud, Fernando Ruiz, quien no ha dado una fecha exacta para el comienzo de la vacunación.

4 La ausencia de un Ministerio de Ciencia que se preguntara qué tan probable era hacer o intentar hacer una vacuna en el país: en Colombia la ministra de ciencia y tecnología, Mábel Torres, no solo ha estado ausente en la firma de los decretos presidenciales que han requerido la participación de todos los ministros. Su liderazgo también ha sido inexistente en la convocatoria de la comunidad científica para estudiar las posibilidades de que en el país se desarrollara la vacuna, aunque de entrada sonara imposible igualarnos a países como EEUU, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Rusia y China que estaban haciendo lo propio.

El objetivo podría verse aún más lejano con el penoso presupuesto destinado al otrora Colciencias que en 2020 fue de 397 mil millones de pesos, mientras para la compra de las primeras 10 millones de dosis de Pfizer se asignaron en una sola firma 437 mil millones de pesos.

5 El inicio de la vacunación: por estos días la agencia AFP publicó un mapa conceptual lleno de círculos, unos más grandes que otros, que representan el porcentaje de su población que hasta ahora han vacunado los países. La figura geométrica más grande es la de Israel que ha aplicado el medicamento al 19.5% de sus ciudadanos, seguido de lejos por Emiratos Árabes con el 9%, Reino Unido con el 1,9% y EEUU con el 1,7%. Aunque en círculos muy pequeños, sí aparecieron otros de la región que a diferencia de Colombia ya iniciaron el plan de vacunación: Argentina 0.09%, Chile 0.06%, México 0.05% y Costa Rica 0.05%.

En Argentina, sin embargo, crece la controversia política y científica por el origen y efectos de la vacuna rusa Sputnik que es la que de momento se está suministrando, pues no había sido recomendada para los pacientes con mayor riesgo, los de más de 60 años de edad. Razón por la cual algunos argumentar para justificar el caso colombiano que “de las carreras no queda sino el cansancio”.

Independientemente de las particularidades, el presidente Duque se enfrenta a la política pública más importante de su gobierno, la apuesta más grande, quizá la única que tenga para mostrar y que se encontró su administración por decirlo coloquialmente “en un paquete de chitos” por fortuna o infortunio. El plan de vacunación que liderará su ministro Fernando Ruiz es el equivalente al proceso de paz de Juan Manuel Santos: el todo por el todo. Del éxito o fracaso de este ambicioso programa que prevé vacunar contra el covid a 3.5 millones de personas al mes (cifra que no han logrado ni siquiera los países más desarrollados) depende el que podría ser el único legado de Iván Duque.

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