Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

La historia detrás de las vacunas para el COVID-19

Esta es una traducción del escrito para la revista Science, del doctor Anthony S. Fauci. Creo que es muy importante saber qué dijo allí.

Science , 09 Abril, 2021:
Vol. 372, Issue 6538, pp. 109
DOI: 10.1126/Science.abi8397

En medio de la asombrosa cantidad de sufrimiento y muerte durante esta histórica pandemia de COVID-19, una notable historia de éxito se destaca. El desarrollo de varias vacunas altamente eficaces contra un patógeno viral previamente desconocido —el síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2 (SARS-CoV-2)—, en menos de un año, desde la identificación del virus, lo cual no tiene precedentes en la historia de la vacunación. Una pregunta que la gente se hace con frecuencia es cómo se pudo haber realizado un logro tan extraordinario en un período de tiempo tan corto, cuando los plazos para otras vacunas no solo se miden en años, sino en décadas. De hecho, la preocupación por este cronograma truncado ha contribuido, en parte, a la vacilación a la hora de aceptar estas vacunas. Lo que la gente no sabe es que el punto de partida del cronograma para las vacunas contra el SARS-CoV-2 no fue el 10 de enero de 2020, cuando los chinos publicaron la secuencia genética del virus, sino que comenzó décadas antes, cuando nadie estaba poniendo atención.

Dos actividades precedieron a las exitosas vacunas para el COVID-19: la utilización de plataformas altamente adaptables para las vacunas, como el ARN (entre otras), y la adaptación de herramientas de biología estructural para diseñar agentes (inmunógenos) que estimulan poderosamente el sistema inmunológico. El enfoque del ARN evolucionó durante varios años debido al ingenio de científicos individuales, incluidos Drew Weissman y Katalin Karikó, y los esfuerzos concentrados de varias compañías biotecnológicas y farmacéuticas.

El descubrimiento de un inmunógeno adaptable a las múltiples plataformas (ARN mensajero y otras) utilizadas para las vacunas COVID-19 fue el resultado de la colaboración entre diferentes subespecialidades científicas. En el Centro de Investigación de Vacunas (VRC) del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE. UU., un grupo dirigido por Peter Kwong, había utilizado durante varios años herramientas de diseño de vacunas basadas en la estructura para determinar la conformación estructural óptima de una proteína trimérica en la superficie del virus (la proteína de la envoltura), que permite que el VIH se una a las células y, en última instancia, desencadene la producción de anticuerpos que neutralizan muchas cepas virales del VIH. Aunque este enfoque sofisticado aún no ha encontrado una vacuna contra el VIH exitosa, llamó la atención de otro investigador de VRC, Barney Graham, quien estaba interesado en generar una vacuna para el virus respiratorio sincitial (VSR). Graham se unió a Jason McLellan (del equipo de Kwong) para adaptar un enfoque basado en la estructura de una vacuna contra el VSR. Identificaron la conformación de prefusión de la proteína de pico viral como altamente inmunogénica, y crearon mutaciones para estabilizar esa conformación para un uso eficaz como inmunógeno. Este fue un gran paso hacia la creación de una vacuna exitosa contra el VSR.

Las vacunas contra el SARS-CoV-2 basadas en el nuevo inmunógeno se movieron rápidamente hacia los ensayos clínicos. Varias de estas vacunas se probaron en ensayos de eficacia de fase 3 en un momento en que el nivel de propagación comunitaria del SARS-CoV-2 era extremadamente alto, lo que permitió alcanzar puntos finales de eficacia de la vacuna de más del 90%, de manera oportuna. La rapidez y la eficiencia con la que se desarrollaron estas vacunas altamente eficaces y su potencial para salvar millones de vidas se deben a un extraordinario esfuerzo multidisciplinario que involucra la ciencia básica, la preclínica y la clínica que se había estado realizando, fuera del centro de atención, durante décadas, antes del desarrollo de la pandemia COVID-19. Es importante que esta historia no se olvide, cuando se escriban las historias y el recuento de esta pandemia, ya que nos recuerda una vez más el valor social de haber dado un apoyo sostenido y sólido a nuestra empresa científica.

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