Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

El peligro de la cocaína

La droga destroza la vida de algunos que se han atrevido a consumirla; aunque no todo el mundo es igualmente propenso a las adicciones. La cocaína, el opio, la heroína y las anfetaminas se parecen a esos cuentos infantiles en los que existe un amenaza, como la de voltear a mirar hacia atrás, y quedar condenados para siempre. Todos hemos sido advertidos de sus peligros, hasta el cansancio, y sin embargo, la curiosidad lleva a muchos “ensayarlas”.

El gran peligro radica en la manera peculiar como aprenden algunos cerebros, y no se puede saber de antemano cómo aprende el de uno. La genética es un factor muy importante: si padre o madre han mostrado tener alguna adicción, la posibilidad de llegar a ser un adicto es mayor. Pero no lo es necesariamente; también sin adictos en la familia, el cerebro puede “aprender” a serlo. Las particulares circunstancias en las cuales consumimos la droga y la manera como en determinado momento de la vida las captamos nos hace menos o más susceptibles a la adicción. Un cerebro adolescente o un adulto con estrés crónico son especialmente vulnerables a sufrir un cambio genético en las células de sus cerebros.

La cocaína altera la forma como responden las células del cerebro a los estímulos. Una sola dosis de cocaína puede ser suficiente para activar o desactivar algunos genes. Liberar y reconocer neurotransmisores es lo que las células especializadas hacen, ya sea que se produjeron como respuesta a situaciones ambientales o situaciones físicas internas. La cocaína activa los centros de recompensa del cerebro y lleva al consumidor durante unas horas a la euforia. Cuando el efecto pasa, el cerebro se reacomoda, pero en algunas personas el efecto no “pasa”, pues el cerero se ha trasformado durante la experiencia.

Algunos genes se desensibilizan con la exposición continuada a las drogas, en ciertas personas; en otras ocurre lo contrario: se hipersensibilizan. Esto quiere decir: recuerdan, por así decirlo, el efecto que la droga produce, al tiempo que obtienen de esta aún más placer. El centro de recompensa del cerebro reacciona a una variedad enorme de estímulos, desde la comida hasta el sexo, y manipular o afectar la actividad de las neuronas en este centro, se ha comprobado en experimentos con ratas, puede cambiar fundamentalmente el comportamiento del animal. Esta hipersensibilización pavimenta el camino de la adicción. Aunque la mitad del riesgo de sufrir adicción a las drogas es genético, el ambiente como se ha demostrado ejerce una presión enorme en el aprendizaje y cambio neurológico convirtiéndonos en adictos.

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