Catrecillo

Publicado el Ana Cristina Vélez

Un ejército de ácaros vive contigo

Aceria anthocoptes. Tomada de Wikipedia.
Aceria anthocoptes. Tomada de Wikipedia.

Existe más de un millón de especies de ácaros. ¿Qué pensarán los creacionistas de este hecho? (que a Dios le fascinan). Son monstruosos, dan alergia, tumban las pestañas, dan rasquiña y son prácticamente imposibles de desalojar. Son tan diminutos que una docena de estos demonios puede bailar en la punta de un alfiler. Como hogar, los ácaros adoran los folículos pilosos, allí donde el pelo sale, las plumas, el polvo, los animales, los tejidos.

Evolucionaron para resistirlo todo: cambios de temperatura, sacudidas, agua, viento. Pero son parásitos que viven, se alimentan y abusan de sus huéspedes, casi siempre seres vivos, que además actúan como medios de trasporte, que los llevan a colonizar otros nichos. Los ácaros viven en donde uno ni se imagina: la tráquea de las abejas, los anos de las tortugas, las plumas, los sistemas digestivos de los erizos de mar, los pulmones de las serpientes, los globos oculares de los murciélagos, las fosas nasales de los colibríes, los oídos de polillas, las patas traseras de una cierta especie de hormiga, pero también en todo lugar que proporcione alimento, como hojas de plantas, cortezas de árboles, agua de charcos y estanques, en nuestra cama y en nuestra cara y cabeza.

La diversidad de las formas y diseños de los ácaros es sorprendente. Poseen todos los mecanismos de anclaje que conocemos los humanos, para aferrarse al anfitrión y no caer ni en los más ajetreados momentos, ni por causa del agua ni por causa del viento. Son capaces de romper, penetrar, abrir, socavar, hendir, tallar, perforar y hasta de alterar químicamente cuerpos y sustancias. Hay quesos como el Mimolette que necesitan de un cierto ácaro para desarrollar su inconfundible sabor. Y es que la naturaleza por ensayo y error explora, con creatividad desbordada, las posibilidades de subsistencia; y si la vida es breve, más rápidamente ocurren los cambios que llevan a nuevos diseños.

Sobre nuestras caras y cabezas viven dos tipos de ácaros, se esconden en los folículos pilosos, a veces irritan los párpados, y una manera de combatirlos es lavando con champú de bebé y agua tibia las pestañas, tres veces al día. Lo que no conviene saber, porque es asqueroso, es que caminan y se aparean sobre nuestra piel, pero no solo eso: los ácaros no tienen ano, así que después de comer pedazos de piel y grasa durante unas cuantas semanas mueren porque explotan, cuando no les caben más heces dentro de su cuerpo, y todo eso pasa ante nuestros ojos literal y físicamente, y sin que lo percibamos. Sí que es cierto y más en este caso, que ojos que no ven corazón que no siente.

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