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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 26 Jul 2026 14:01:17 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Todos los resultados de blogs de paramo de chingaza | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Colombia: la consulta por Ley de Páramos devela los retos de protegerlos sin afectar a sus comunidades</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/mongabay-latam/colombia-la-consulta-por-ley-de-paramos-devela-los-retos-de-protegerlos-sin-afectar-a-sus-comunidades/</link>
        <description><![CDATA[<p>La&nbsp;protección de los páramos de Colombia&nbsp;—ecosistemas de alta montaña tropical estratégicos para regular y proveer agua— entró en una nueva etapa, luego de que el Gobierno nacional terminó una&nbsp;consulta pública para definir qué actividades agropecuarias de bajo impacto pueden realizarse en estos complejos. Con este proceso, el Ministerio de Ambiente busca establecer las reglas para [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li><em>Una consulta pública puso a consideración la propuesta de autoridades de Colombia para delimitar las actividades agropecuarias en los páramos, ecosistemas clave para el abastecimiento de agua y refugio de la biodiversidad.</em></li>



<li><em>Especialistas y campesinos consultados destacan los riesgos de implementar una reglamentación en páramos donde históricamente ha habido actividad humana.</em></li>



<li><em>Las principales actividades que ponen en riesgo a estos valiosos ecosistemas son la ganadería, la agricultura a gran escala y la minería.</em></li>



<li><em>Tras el cierre de la consulta pública, autoridades ambientales sostendrán mesas de diálogo para renovar o sustituir actividades agripecuarias</em></li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">La&nbsp;<strong>protección de los páramos de Colombia</strong>&nbsp;—ecosistemas de alta montaña tropical estratégicos para regular y proveer agua— entró en una nueva etapa, luego de que el Gobierno nacional terminó una&nbsp;<strong>consulta pública para definir qué actividades agropecuarias de bajo impacto pueden realizarse en estos complejos</strong>. Con este proceso, el Ministerio de Ambiente busca establecer las reglas para delimitar prácticas en territorios altamente frágiles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, la protección o regulación de qué se puede hacer y qué no en los páramos históricamente ha generado tensión, pues mientras algunas actividades agrícolas y ganaderas representan un impacto para estos ecosistemas, comunidades campesinas han abogado por sus derechos y por el sustento de sus hogares.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Colombia tiene el 50 % de los páramos del mundo, con&nbsp;<strong>37 complejos en el territorio, los cuales proveen el 70 % del agua potable nacional</strong>, actúan como santuarios naturales de la biodiversidad y juegan un papel clave contra la crisis climática como grandes sumideros de carbono.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay un consenso en que estos ecosistemas deben ser protegidos, sin embargo, las reglas, la implementación y la gobernanza para su cuidado son temas que aún están por definirse. Especialistas, campesinos, organizaciones y autoridades consultadas por&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>&nbsp;explican los retos y oportunidades para garantizar la protección de los páramos y de quienes habitan en ellos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/09/paramos-manglares-humedales-turberas-pastos-marinos-heroes-invisibles-contra-crisis-climatica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Páramos, manglares, humedales, turberas y pastos marinos: los héroes invisibles contra la crisis climática</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270244"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/05135232/paramos-colombia-retos-reglas-comunidades-3.jpeg" alt="Adulto y niño en zona de agricultura dentro de páramo" class="wp-image-270244" /><figcaption class="wp-element-caption">La reglamentación permitirá actividades agropecuarias de bajo impacto dentro de los páramos: Foto: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>De la prohibición a permitir algunas actividades en los páramos</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las principales&nbsp;<strong>amenazas contra los páramos están la ganadería, la agricultura a gran escala y la minería.</strong>&nbsp;La&nbsp;<a href="https://www.minambiente.gov.co/consulta/por-la-cual-se-define-y-adopta-la-metodologia-para-la-determinacion-de-actividades-agropecuarias-de-bajo-impacto-en-paramos-y-se-toman-otras-determinaciones/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">propuesta que autoridades ambientales desarrollaron, junto con el Ministerio de Agricultura</a>, y que sometió a consulta pública incluye criterios como la conservación de cobertura vegetal, manejo sostenible del agua y suelo, la prevención de erosión, prácticas agroecológicas y protección de la biodiversidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este proceso responde a un artículo de la Ley 1930 de 2018, que permite —bajo estándares estrictos— actividades agropecuarias de bajo impacto en páramos, luego de años de prohibición que provocó conflicto entre los intereses de conservación con las actividades de comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Juan Carlos Benavides, profesor de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Pontificia Universidad Javeriana, destaca que&nbsp;<strong>la metodología propuesta no se concentra en las actividades que se realizan, sino en sus impactos en la calidad del agua o en la diversidad y en cómo medirlos.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Si los impactos son altos, bajos o medios, acorde a la legislación, se determina si el tipo de actividad puede o no ser realizada. También se priorizan diferentes aspectos del páramo, hay unos que están completamente protegidos, mientras otros sectores se consideran más resilientes a las actividades humanas y permiten un poco más de actividad”, explica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin embargo, Benavides también destaca desafíos para esta reglamentación en los páramos, pues más allá de que hay un reconocimiento en la elaboración de la norma, dice que&nbsp;<strong>no cuenta con indicadores sólidos para determinar objetivamente las actividades de un bajo impacto ambiental.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_235839"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2022/08/04012213/IMG_1226-768x512.jpg" alt="Frailejones. Especie insignia de los páramos colombianos. Foto: cortesía Adriana Sánchez." class="wp-image-235839" /><figcaption class="wp-element-caption">Frailejones, especie insignia de los páramos colombianos. Foto: cortesía Adriana Sánchez</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“La manera en que está escrita no tiene indicadores cuantitativos claros, son muy de opinión y puede haber escenarios donde si el personal técnico que hace la evaluación tiene un conflicto de intereses o no tiene capacidad técnica suficiente o el día no es el adecuado, porque no se especifica la temporalidad de estos monitoreos, se pueden tomar decisiones no tan acertadas”, dice el especialista a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras el cierre de la consulta pública, la directora de Bosques, Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos del Ministerio de Ambiente de Colombia, Natalia María Ramírez Martínez, señala que durante el ejercicio&nbsp;<strong>se recibieron cerca de 160 comentarios de diferentes actores, como corporaciones ambientales, comunidades indígenas y organizaciones civiles.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Ahora estamos con mesas de trabajo conjuntas con Agricultura para identificar cómo o en qué se debe ajustar esta propuesta normativa. Aún no hemos culminado el análisis y el balance de estos comentarios. Tenemos dos semanas para realizarlo y llegar a una resolución que recoja toda la participación incidente”, dice la funcionaria a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_199441"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2018/08/26033347/P%C3%A1ramos-de-Boyac%C3%A1-44-768x512.jpg" alt="El páramo de Pisba alcanza una altura de 3800 metros sobre el nivel del mar. Foto: Jarlin Bejarano." class="wp-image-199441" /><figcaption class="wp-element-caption">El páramo de Pisba alcanza una altura de 3800 metros sobre el nivel del mar. Foto: Jarlin Bejarano</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Para Paola Echeverri, coordinadora regional de Andes en WWF Colombia, la reglamentación propuesta por autoridades permitirá tener un diagnóstico inicial en las diferentes regiones de páramos para entender mejor los diferentes impactos de ciertas actividades agropecuarias en los ecosistemas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>El foco es diferenciar la agricultura intensiva de la agroecología de bajo impacto y garantizar la permanencia de los habitantes tradicionales</strong>&nbsp;que toda la vida han estado allí, permitir que estén en esas zonas y promover esos medios de vida que tienen, pero regulando esas actividades”, señala la especialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Como organización que colaboró en el proceso de consulta, la integrante de WWF también advirtió en el ejercicio la necesidad de mecanismos financieros y de monitoreo para dar seguimiento a la reglamentación propuesta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No solamente no basta sacar normas, sino que cada uno de esos procesos normativos debe ir acompañado de un&nbsp;<strong>mecanismo financiero que permita su implementación, pero además de un mecanismo de monitoreo que permita ver en el tiempo cuál ha sido el impacto o las contribuciones</strong>&nbsp;de la aplicación de esas normas”, sostiene.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_199438"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2018/08/26033222/P%C3%A1ramos-de-Boyac%C3%A1-3-768x512.jpg" alt="El frailejón es una especie típica de los ecosistemas de páramo. Foto: Gobernación de Boyacá." class="wp-image-199438" /><figcaption class="wp-element-caption">Imagen de referencia del frailejón. En los páramos se han promovido viveros comunitarios con especies nativas de páramos como esta planta. Foto: Gobernación de Boyacá</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">De acuerdo con la especialista, estos mecanismos permitirán armar una línea base y también ofrecer mejores condiciones para que quienes dependan de actividades críticas en los páramos puedan reconvertir o sustituir sus oficios, especialmente en ganadería y cultivo de papa, que es el más común en los páramos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benavides también coincide en la necesidad de incluir mecanismos de transparencia en el proceso para mejorar la implementación de la norma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“La autoridad ambiental tiene que fortalecer su mecanismo de transparencia y de capacidad técnica para hacer evaluaciones que sean creíbles, porque si estas evaluaciones van en contra de las percepciones de las personas o de otras visiones técnicas se genera un problema de gobernanza al no tener una autoridad, un respaldo técnico con otras metodologías”, agrega.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2025/09/colombia-comunidades-cientificos-restauran-paramos-enfrentar-crisis-climatica/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Colombia: comunidades y científicos restauran páramos fundamentales para enfrentar la crisis climática</a></strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270242"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/05135225/paramos-colombia-retos-reglas-comunidades-.jpg" alt="Panorámica de páramo en Colombia" class="wp-image-270242" /><figcaption class="wp-element-caption">Los páramos de Colombia son ecosistemas estratégicos para el abastecimiento de agua y refugio para la biodiversidad. Foto: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible</figcaption></figure>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>“Aspiro a vivir dignamente en el páramo”</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Alméciga Castro es campesino y guía ecoturístico en el&nbsp;<strong>Páramo de Chingaza,</strong>&nbsp;situado en la cordillera oriental, en los departamentos de Cundinamarca y Meta, y clave para el abastecimiento de agua para Bogotá, la capital colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para Alméciga, es importante que haya una regulación clara en las actividades que puede haber dentro de los páramos, pues reconoce que son muy frágiles e importantes, pero que en su cuidado se ha desplazado a las comunidades campesinas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>El campesino realmente no tiene una garantía de que sus derechos se sostengan,</strong>&nbsp;se ve muy vulnerado porque literalmente está perdiendo su tierra de una manera, diría, legal. Están sacando comunidades para engrosar las filas de ciudades como Bogotá, Medellín, Bucaramanga. Están engrosando los cinturones de pobreza”, dice el Alméciga a&nbsp;<strong>Mongabay Latam</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El campesino, quien paulatinamente ha transitado más hacia el ecoturismo dentro de la región, insiste en que debe haber una administración con las comunidades que históricamente han habitado estos territorios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“No hay una gobernanza, no hay una socialización clara, una participación activa de la comunidad paramuna en la forma en que se está planteando la Ley de Páramos”, advierte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuenta, por ejemplo, que cuando se declaró el Parque Nacional Natural Chingaza, en 1977, no hubo un proceso de socialización con las comunidades que estaban dentro del páramo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“<strong>Una noche nos acostamos siendo legales y a la noche siguiente, cuando se declaró como Parque Nacional Natural Chingaza, amanecimos como colonos y como invasores,</strong>&nbsp;siendo propietarios éramos intrusos en un territorio donde las comunidades llevan más de 150 años establecidas”, sostiene el habitante del municipio de La Calera, en Cundinamarca.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270245"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/05135235/paramos-colombia-retos-reglas-comunidades-4.jpg" alt="Los páramos son ecosistemas de alta montaña tropical" class="wp-image-270245" /><figcaption class="wp-element-caption">El Parque Nacional Natural Chingaza es uno de los 37 complejos de páramos de Colombia. Foto: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Alméciga dice que no estaba enterado del proceso de consulta anunciado por el Ministerio de Ambiente para la limitación de actividades. Sin embargo, considera que sí debe haber un cambio para la conservación de estos ecosistemas.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>«Estamos haciendo un cambio de vocación de ganadería extensiva por turismo de naturaleza y conservación</strong>. No debería haber actividad económica aparte del turismo de naturaleza, investigativo, el trabajo con universidades, que la comunidad tenga acceso a esos recursos y a un sistema de pagos por servicios ambientales”, sostiene el campesino y guía.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluso, comenta que tarde o temprano, las actividades agropecuarias deben salir de ciertos páramos con una compra justa y alternativas para subsistir.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>“Yo sí aspiro a vivir dignamente este territorio que tengo,</strong>&nbsp;no ser desplazado, no ser sacado por el Estado, pero que viva dignamente, eso es lo que quiere la mayoría de habitantes de Páramo”, afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benavides señala que los páramos también han convivido históricamente con algunas actividades humanas, por lo que suspender todo uso en estos territorios puede ser perjudicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Son comunidades que llevan 100, 200 años usando la tierra de la misma manera y que la norma les caiga encima sin una transición es muy difícil”, advierte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El profesor advierte que hay regiones críticas en el país, donde la implementación de esta reglamentación será un reto “gigante”, como en el Complejo de Páramos Las Hermosas, el segundo más extenso de Colombia, o el Páramo de Sumapaz, considerado el más grande del mundo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Benavides advierte que a la hora de ejercer la norma,&nbsp;<strong>el desafío será un conflicto por lo que también pide echar mano de herramientas que ya existen y fortalecer la transición de comunidades.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Hay que pagar costos de oportunidad, costos de transición, programas de reeducación, de reasentamiento, porque no se puede sencillamente sacar a la gente bajo una norma. Hay unos instrumentos, lo que falta es fortalecerlos a través de inversiones específicas”, sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Leer más |&nbsp;<a href="https://es.mongabay.com/2016/03/nueva-ley-contra-la-mineria-en-los-paramos-colombianos-podria-generar-una-primera-demanda/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Nueva ley contra la minería en los páramos colombianos podría generar una primera demanda</a></strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Participación comunitaria es clave</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Echeverri destaca casos de éxito en la conservación de páramos como los del&nbsp;<strong>Parque Nacional Natural Los Nevados</strong>, ubicado entre los departamentos de Risaralda, Quindío, Tolima y Caldas, y donde se logró la&nbsp;<strong>restauración de 258 hectáreas que forman parte de cerca de 7000 que estaban críticamente degradadas.</strong></p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_199437"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2018/08/26033154/P%C3%A1ramos-de-Boyac%C3%A1-1-768x512.jpg" alt="Los campesinos han convivido durante siglos con este ecosistema. Foto: Gobernación de Boyacá." class="wp-image-199437" /><figcaption class="wp-element-caption">Los campesinos han convivido durante siglos en los páramos, ahora se abren nuevos retos para esa convivencia. Foto: Gobernación de Boyacá</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">“Se han hecho trabajos para vincular un sistema como el desarrollo del ecoturismo o turismo de naturaleza, promover la sustitución de unas actividades productivas y que permite también generar ingresos a esas comunidades”, explica la especialista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, agrega que se han promovido viveros comunitarios con especies nativas de páramos como el frailejón, planta emblemática de estos ecosistemas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También menciona la dificultad para sustituir una actividad productiva de un día para otro. “Sustituir la ganadería por una actividad de bajo impacto requiere tiempo, esfuerzo y recursos económicos para establecer esos procesos”, expone.</p>



<figure class="wp-block-image" id="attachment_270243"><img decoding="async" src="https://imgs.mongabay.com/wp-content/uploads/sites/25/2026/03/05135228/paramos-colombia-retos-reglas-comunidades-2-768x512.jpeg" alt="Frailejones en páramo de Colombia" class="wp-image-270243" /><figcaption class="wp-element-caption">Colombia tiene el 50 % de los páramos del mundo. Foto: Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Ramírez dice que se trata de una oportunidad para que las autoridades trabajen en el territorio con las comunidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Debemos tener apertura conjuntamente en las visiones hacia una conservación del ecosistema, hacia un uso sostenible, mirar lo que le vamos a dejar a las siguientes generaciones. El diálogo es fundamental, no partir de posiciones rígidas que van a afectar el mismo desarrollo y la inversión de recursos en el manejo de gestión, no solo de las comunidades, sino del resto de la población que nos beneficiamos de los servicios ecosistémicos del páramo”, reconoce.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En tanto, Benavides señala que más allá de la reglamentación que se decida,&nbsp;<strong>hay un avance en la protección de los páramos a nivel cultural entre la población.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">“Muchos de estos páramos ahora están en parques nacionales, parques regionales, áreas protegidas y la gente se cuida de su intervención. Hay un camino ganado muy grande en su protección, que es una parte de la cultura ciudadana. Ahora hay un camino diferente, más legal, un desafío diferente”, sostiene.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Imagen principal:</strong> los campesinos han convivido durante siglos con los páramos, que representan menos de 3 millones de hectáreas en un país de 115 millones de hectáreas, pero pueden albergar el 20 % del carbono del país. <strong>Foto:</strong> Gobernación de Boyacá</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>El artículo original fue publicado por <a href="https://es.mongabay.com/by/gonzalo-ortuno-lopez/">Gonzalo Ortuño López</a> en Mongabay Latam. <a href="https://es.mongabay.com/2026/03/paramos-colombia-retos-reglas-comunidades/">Puedes revisarlo aquí</a></em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Si quieres leer más noticias ambientales en Latinoamérica,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/?s=&amp;formats=post+custom_story+videos+podcasts+specials+short_article" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes revisar nuestra colección de artículos.</em></a><em>&nbsp;Y si quieres estar al tanto de las mejores historias de Mongabay Latam,&nbsp;</em><a href="https://es.mongabay.com/boletin-de-noticias/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>puedes suscribirte al boletín aquí</em></a><em>, unirte a nuestro&nbsp;<a href="https://whatsapp.com/channel/0029VaHRw3ULI8YUpy3Iyc0m">canal de WhatsApp</a>&nbsp;o seguirnos en&nbsp;</em><a href="https://www.facebook.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Facebook</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://twitter.com/MongabayLatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>X</em></a><em>,&nbsp;</em><a href="https://www.instagram.com/mongabaylatam/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Instagram</em></a><em>,&nbsp;<a href="https://www.tiktok.com/@mongabaylatam">Tiktok</a>&nbsp;y&nbsp;</em><a href="https://www.youtube.com/channel/UCCZH55oRbWMJoH3L2JmSItQ/" target="_blank" rel="noreferrer noopener"><em>Youtube</em></a><em>.</em></p>
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        <author>Mongabay Latam</author>
                    <category>Mongabay Latam</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=126682</guid>
        <pubDate>Mon, 09 Mar 2026 16:24:49 +0000</pubDate>
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        <item>
        <title>Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/las-guerras-del-agua-en-bogota-relato-apocaliptico/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá adquirió el calificativo de tierra caliente y el hedor cundía por todas partes. Lo peor estaba por suceder. Cuento distópico de una ciudad apocalíptica.</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-right has-vivid-red-color has-text-color has-link-color has-large-font-size wp-elements-7dccfacff8bf8fdd350bbd39bc3e2ae8 wp-block-paragraph"><strong>&#8220;Cuando los ángeles lloran, lloverá&#8221;</strong> (Grupo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=IRMrqO03pik"><em>Maná</em></a>)</p>



<p class="has-text-align-right wp-block-paragraph"><strong>Advertencia: </strong>Este cuento contiene escenas que pueden herir la sensibilidad del lector. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Los ángeles habían dejado de llorar sobre la ciudad. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Se levantó a las 6:00 a.m. como de costumbre, y, tras observar que el bebé dormía plácido, fue directo al baño. Abrió el grifo para lavar sus dientes y pegó un grito de los mil demonios cuando vio que no salía ni gota de agua. De la rabia, se arrancó un poco de pelo. La boca seca le sabía a sangre, se sentía como la superficie de una lija. Sudó frío y secó el sudor con un pañuelo sucio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través del espejo inteligente, un artefacto de última generación comprado por <em>Amazon</em>, constató la noche de perros que pasó. Apenas durmió tres horas mal dormidas; era evidente que estaba flaco, ojeroso, cansado pero todavía con ilusiones. Saldría, como siempre, a las siete menos cuarto para enfrentar la monotonía de los horribles días grises bogotanos. Era un lunes 31 de agosto del año 2099.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sobre el mismo espejo, tras un chasquido de dedos, proyectó la primera plana de <strong>El Espectador</strong>, para ver qué decían las noticias. Y las noticias decían que el Alcalde Mayor huyó la noche anterior con su amante ante la amenaza de linchamiento por la mala gestión del racionamiento del agua. Con Bogotá al garete, las autoridades ofrecieron una jugosa recompensa por la captura del burgomaestre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De la noche a la mañana, la capital de Colombia retrocedió 200 años y las costumbres de antes estaban de vuelta. En hogares y baños públicos se instalaron  letrinas secas, que en vez de agua funcionaban con tierra. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En otras noticias, la periodista Victoria Devil, tataranieta de la “reina amarillista”, Viqui Devil, anunciaba que el calor y la sequía seguían matando bogotanos y que de China venía un barco cargado de bacinillas a bajo costo, porque también las <em>micas</em> estaban en tétrico furor. El contenedor traía además un ejército de robots de compañía, a tamaño real, para personas solitarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El mayor problema de la metrópoli eran la escasez de agua, los calores intensos que sancochaban gente en vivo y en directo, y los colados en el recién inaugurado servicio público de carros voladores autónomos. Desde 2080, la temperatura era de 30 grados centígrados. Bogotá era tierra caliente y la gente cubría sus vergüenzas con cualquier trapo. Se lamentaban de la ineptitud de sus antepasados, pues nadie hizo nada para impedir este infierno ambiental. La muerte acechaba a los dos millones de habitantes. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Si bien en 2050 se encontró una cura para el cáncer, ahora la gente moría, principalmente, por olas mortales de calor y afecciones cardiopulmonares, debido a la alta concentración atmosférica de ozono tóxico. Un dispositivo acoplado al torrente sanguíneo monitoreaba la salud en tiempo real, pero los médicos no podían salvar a nadie a distancia, ya que la corrupción mantenía a Bogotá en el atraso. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ancianos morían en la calle de agotamiento por calor; los paros cardiacos y los accidentes laborales se volvieron frecuentes entre quienes debían trabajar al aire libre. Los trabajos en vía pública solo se hacían de noche y la vida se volvió&nbsp;nocturna. Daba pavor salir de día a la calle. </p>



<p class="wp-block-paragraph">En otros países, se crearon centros de enfriamiento: los pacientes eran sumergidos en tinas heladas o acostados sobre bloques de hielo para bajarles la temperatura antes de que el golpe de calor los matara. O se les aplicaban inyecciones de fluidos fríos. En Bogotá, un lujo así estaba a años luz, gracias a la burocracia y el desgreño.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Con todo, nadie sospechaba que lo peor estaba por suceder.&nbsp;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los páramos Chingaza, Guerrero y Sumapaz, se transformaron en semi-desiertos, y los embalses tenían menos del 10% de reservas para salvar a los últimos sedientos. Ni el <em>Indio Amazónico,</em> que atendía desde el más allá con sus menjurjes y charlatanería, revivido por la Inteligencia Artificial, pudo ver la doble tragedia que se venía. En cuestión de días se desataría el acabose.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—No quedará piedra sobre piedra, ni <em>cachaco</em>, ni <em>rolo</em>, ni forastero como testigo, presagiaban los catastrofistas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A través del espejo, Alejandro Olmos observó con desdén las bacinillas chinas y recordó que debía comprar la suya. La quería blanca y esmaltada, en contra de su voluntad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así, sin bañarse los dientes, sin beber su café diario y sin preparar el primer tetero del día, se vistió rápidamente, se sentó en la sala, se puso las gafas de última generación que reemplazaron los teléfonos móviles, y se conectó con el supermercado más cercano. El bebé seguía durmiendo como un bebé. Eran él y el niño, pues su pareja se había largado un mes atrás, sin dar explicaciones. La señora de por días no llegaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin necesidad de abrir la boca, pidió un litro de agua, pero el dependiente, sin necesidad de abrir la boca, le hizo saber que solo podía venderle una botella de las pequeñas y nada más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Una por día, una por persona. Nada más. El decreto es claro —le gritó. Y pase por ella, porque el domiciliario murió ayer de insolación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">—Tocará, respondió de mala gana Alejandro Olmos. Los 350 mililitros de agua debían alcanzar para cepillarse los dientes, bañarse las partes nobles, preparar el tetero y hervir el tinto para mojar el pan duro que guardaba desde hacía quince días.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Olmos se dirigió a su biblioteca y vio que allí estaban su viejo revólver, su máscara antigás y la biografía del poeta José Asunción Silva. Agarró primero la máscara. Los dos círculos de vidrio a la altura de los ojos funcionaban como cámara a control remoto para controlar las cosas de la casa. Un filtro al interior de la máscara permitía respirar aire limpio, y un diafragma de voz circular de metal permitía comunicarse con otras personas, además de que un pequeño tubo, conectado a un botellín, dispensaba agua, eso cuando podía llenarlo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ajustó la máscara a la cabeza como casco y salió de su apartamento en Chapinero Alto. Observó la misma escena: gente de todas las edades yendo de un lado hacia otro, conectada al mismo artefacto incómodo, como si la ciudad estuviera en medio de una guerra química.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mañana de aquel lunes lucía letalmente tranquila. Bogotá estaba irreconocible, toda gris: el cielo, el suelo y los rostros de las personas. Grises también los cerros orientales, convertidos en un peladero, por los sucesivos incendios forestales del último medio siglo. El cielo azul se transformó en naranja a causa del fuego y el humo formó nubes negras, como en la canción de <em>Los de adentro</em>, que ya nadie cantaba. El verde desapareció, y ahora el aspecto lúgubre y desértico de Bogotá daba miedo. Parecía, en parte, el escenario de <em>Mad Max Fury Road</em>, sin los mutantes. Algunas familias pudientes se largaron a tiempo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Donde alguna vez estuvo la iglesia de Monserrate, se instaló un Gran Ojo para monitorear el cambio climático; pero eran mentiras, porque más que nada se usaba para vigilar secretamente a los ciudadanos; solo a las autoridades les estaba permitido el acceso al lugar. Desde el cerro, el Gran Ojo lo sabía todo, incluso si alguien había cambiado de sexo, porque tenía el poder, mediante escáner, de ver su presente y el pasado de las personas, algo realmente perturbador.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después de una fila de hora y media en el supermercado, la cajera leyó el chip en el brazo izquierdo de Alejandro Olmos y, muy enojada por hacerle perder el tiempo, le informó que con ese número de registro alguien más reclamó la dosis diaria del preciado líquido. Con el pañuelo sucio limpió el sudor frío. Su chip fue <em>hackeado</em>. Los hackers encontraron en las guerras del agua un negocio lucrativo, pues mediante el robo de información obtenían agua suficiente para sobrevivir y la de sobra para revenderla a las <em>Mafias del Agua</em>, una red peligrosa que se extendió por todo el continente, fundada por los disidentes del <em>Tren de Aragua</em>. El agua se vendía hasta cinco veces más de su valor real, que de por sí era impagable para los más vaciados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Angustiado, el hombre empezó a andar sin saber hacia dónde. Le echaba un ojito al bebé a través del visor de la máscara. Observó que la criatura seguía durmiendo y la señora de por días no daba señales de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió caminando. Se hizo leer el chip en otros lugares y la respuesta fue la misma: —<em>“No nos haga perder el tiempo, señor”. </em>En muchos negocios, a puerta cerrada, colgaron el mismo letrero: <em>“No hay agua, no insista”. </em>Pero las neveras estaban repletas de gaseosas y jugos artificiales. Las únicas autorizadas para disponer de agua y desperdiciarla a su antojo eran las empresas embotelladoras, que pagaban impuestos altos para permitirse tal desfachatez en medio de aquel caos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En cuestión de días los bares quebraron y no hubo una gota de licor más. La sobriedad empeoró el drama, y ya no hubo agua ni para preparar guarapo. Chicha tampoco<strong>. </strong>Se dieron cuenta que a palo seco, y sin literatura, la vida era  desdichada. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Ofreció su reloj ultra inteligente a cambio de una botella de agua a quienes llevaban la suya con recelo. No consiguió más que insultos. Ya nadie robaba celulares o billeteras. Los ladrones en moto despojaban&nbsp;del agua a quien daba <em>papaya.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">—<em>Tengo un bebé por Dios,</em> suplicaba Olmos, sin recordar en su desespero que invocar a Dios servía de poco, pues en el año 2040 los científicos probaron su inexistencia, y en adelante curas y pastores debieron buscar otros oficios para no morirse de hambre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin un lugar para Dios sobre la Tierra, los capitalinos volvieron a adorar <em>Chibchacum</em>, el <em>dios muisca de la lluvia y el trueno</em>, al cual le levantaron un monumento y un altar en el centro de la plaza de Bolívar, en lugar de la estatua del Libertador, de quien ya nadie recordaba por qué era famoso. <em>Chibchacum, </em>enfermo de los oídos, no escuchó sus ruegos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Siguió caminando, cual zombi, hasta llegar al Nuevo Parque Nacional, donde los árboles fueron reemplazados por columnas de cemento que funcionaban como fuentes de agua.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa Bogotá, que otra vez se asemejaba a una aldea, la vida ya no tenía sentido. Sonrió sin muchas ganas cuando un ex sacerdote, en mitad del parque, aseguró ser la reencarnación del padre Francisco Margallo. El hombre batió su sotana negra percudida y maloliente en medio de aquel calor infernal antes de escupir una profecía: <em>“El 31 de agosto de un año que no diré sucesivos terremotos destruirán Santafé”. </em>Con las insolaciones aumentaron los trastornos mentales y ocurrió lo impensable: las iglesias se transformaron en manicomios, donde los ex curas, convertidos en loqueros, cuidaban de los enfermos pero de lejitos.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">Sin agua para preparar los alimentos, cundió la inanición.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como alma que lleva el diablo, Alejandro Olmos continuó hacia el sur por la desierta Avenida Circunvalar.&nbsp; De vez en cuando se detenía para observar al bebé que nada que se despertaba. Y la señora de por días nada que llegaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se respiraba un aire nauseabundo, de halitosis y sobaquina, que empeoraba con el hedor de la caca humana, pues mucha gente defecaba en la calle ante las largas filas en las letrinas públicas. De niño, los abuelos le contaron a Alejo que en otro tiempo llovía tanto en Bogotá que la gente era feliz empapándose en las calles, los adultos cantaban bajo la lluvia, las niñas hacían figuritas con el granizo y los niños construían barquitos de papel, que navegaban desde Chapinero hasta Ciudad Bolívar, y viceversa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Otros, sin embargo, renegaban por las inundaciones.&nbsp; Los que más odiaban aquellos diluvios eran los pobres, porque sus casas de pobres se inundaban y perdían sus corotos de pobres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo era distinto ahora. Imagínese: No llovía desde la muerte del último Papa, que murió de pena moral cuando le dijeron que Dios fue inventado por el hombre, y no al revés. Las lluvias tropicales se habían desplazado hacia los países del norte. Los arco iris se borraron para siempre y una granizada era prehistoria faltando poco para la llegada del año 3000. En Navidad ya nadie podía mirar los peces bebiendo en el río, porque los peces y el río se murieron con la última lluvia ácida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El río Bogotá corrió la misma suerte de los demás: fue canalizado cuando se secó. La muerte, al igual que la porquería y los olores irrespirables, aparecían por doquier, en el norte y en el sur, al oriente y al occidente. Donde ricos y donde pobres.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad estaba irreconocible, pero los políticos mañosos no. Esa gentuza traficaba votos por agua. Se hicieron gestiones ante la NASA con el fin de adquirir la tecnología necesaria para bombardear las nubes y hacer llover, con tan mala suerte que se robaron los equipos al llegar al aeropuerto.&nbsp; En 1948, se provocó artificialmente la lluvia por vez primera, por medio de anhídrido carbónico, el cual disparado a la nube producía su enfriamiento y condensaba el vapor de agua, haciendo llover. &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alguien propuso crear unos “pozos romanos”, como lo hicieron veintiún siglos atrás en la Antigua Roma. Tocaba excavar sobre las rocas de los cerros orientales para obtener y almacenar el agua lluvia… pero entre tanto anémico no hubo quien hiciera esa tarea. &nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105603" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193955/APOCALIPSIS-PORTADA-3.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">—¡Maldita sea! ¡A ningún alcalde se le ocurrió desarrollar sistemas para almacenar la lluvia cuando la hubo! —refunfuñaba Alejandro Olmos, que se rasgó la camiseta de la Selección Colombia, rojo de la ira. El año anterior ganamos la <em>Copa Universal de Fútbol </em>por primera vez en la historia, durante el campeonato que se realizó en la Luna en el año 2098. Los hinchas colombianos se pusieron eso de ruana por allá.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pocos ricachones que quedaban en Bogotá, recibían el agua a domicilio, gracias a un decreto del alcalde marrullero ahora en fuga. Los que no tenían en qué caerse muertos debían&nbsp;recogerlas en las pilas, y no siempre alcanzaba para todos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">También por decreto se transformó la razón social de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado, pues el agua dejó de llegar a las casas y a los conjuntos residenciales, así que baños e inodoros pasaron a mejor vida, así también en escuelas públicas y hospitales. Se prohibió la irrigación de sembrados y cultivos dentro del Distrito, el riego de árboles y plantas en jardines, antejardines y zonas verdes y el lavado de vehículos automotores en residencias, estaciones de servicio, fábricas y centros comerciales. Se decretaron multas y arrestos para los infractores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quienes no perdieron el empleo, ahora debían vigilar las fuentes de agua, con apoyo del SMAD para evitar alteraciones del orden hídrico. De esa manera revivió el oficio&nbsp;de los aguadores y prosperó el negocio de la cría de burros para cargarla. Reinó la envidia. Los envidiosos les disparaban adentro a los burros, metiéndoles el revólver por el culo, como si hubieran tomado la idea de <em>La mala hora</em>, una novela que en otro siglo escribió un tal Gabriel García Márquez, del que nadie sabía nada, porque la gente se olvidó de los libros, ¡qué desgracia tan grande! &nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los <em>avivatos</em> hicieron su agosto de enero a diciembre. Se disparó la venta de abanicos y ventiladores para sofocar los fuertes calores a la sombra, la venta de pañuelos especiales para reutilizar el sudor y la venta de sombrillas con pequeños chorros de aire para protegerse de las altas temperaturas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esas alturas el agua era ya un bien suntuoso, más caro que la gasolina, más caro que cualquier cosa. Las señoras lavaban la ropa en lavaderos comunales y a la intemperie bañaban a los niños menores de cinco años, una vez por semana, como mucho. Tocaba madrugar para coger turno; quien no madrugaba por pereza pagaba para que le guardaran el puesto, en los lavaderos y en las pilas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Secretaria de Obras autorizó la construcción de duchas públicas y canales en las calles para que circularan los desechos humanos, a la vista de todos, como antaño, pues no todas las casas contaban con letrina. La gente debía hacer filas enormes desde las 4:00 de la mañana para acceder a las duchas, usando el sistema de pico y placa por reconocimiento facial. La lucha de clases se libraba ahora en estos lugares. La gestión clasista del agua privilegió a los ricos sobre los pobres: los primeros se “duchaban” cada quince días con totuma y los segundos cada mes sin totuma. De resto, cada quien debía ingeniárselas para bañarse lo esencial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los carrotanques daban prioridad a los barrios ricos, y si quedaba, que no quedaba, se pensaba en los demás. Se pagaban cifras astronómicas por botellas de agua y hasta el sexo se usó como moneda de cambio, un lujo reservado para la gente adinerada, aunque con los malos olores el sexo dejó de ser una prioridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al principio, los ricos tenían duchas aparte de los pobres y por lo general cercanas a sus residencias, pero los pobres se juntaron al grito de <em>“El pueblo unido jamás será vencido”</em> (una consigna que no se escuchaba desde tiempos inmemoriales) y a la gente de bien le tocó de mala gana juntarse con la plebe.</p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-left">El precio de los limones, usado ahora como desodorante, se puso por las nubes, y se acudió a los sahumerios y las hierbas aromáticas para mantener aireadas las casas, que por lo general olían a diablo.</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La Secretaría de Salud ordenó esterilizar a todas las mascotas para controlar la población y dar prioridad a los humanos con un mínimo vital de agua por familia. Un concejal del Partido Anti-Animalista, presentó un proyecto de acuerdo para poner a dormir a perros y gatos, pues le parecía inaudito que en los albores del siglo veintidós fueran más importantes los animales que las personas, pero los del Partido Animalista se rebelaron, encadenándose, para impedir la matazón. Ganó la ultraderecha. Y no se salvó ni la perra del alcalde, a la que abandonó en su huida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La verdad es que había mil problemas en qué pensar: por ejemplo, definir el manejo que se le daría al espacio aéreo con la llegada de los primeros autos voladores para evitar atascos y accidentes. Entonces, Monserrate fue habilitado como aeropuerto privado destinado a las primeras aeronaves autónomas.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="585" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg" alt="" class="wp-image-105602" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1024x585.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-300x171.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-768x439.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2-1536x877.jpg 1536w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/20193848/APOCALIPSIS-PORTADA-2.jpg 1600w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Como consecuencia del excesivo calor, la sequía y las aguas contaminadas, la peste mental cayó sobre la ciudad. La población parecía loca, yendo de un lado a otro, con angustia reactiva y depresión. La agresión y psicopatías complejas se apoderaron de los habitantes, y los que no morían por la peste, morían a manos de los otros desquiciados. Las ratas sedientas empezaron a salir de sus nidos para morir en calles y avenidas, y el olor a cadaverina empeoró la epidemia. De los dos millones de personas, se pasó a 120.000, hasta que la población se redujo a tres mil, que ese era el número de habitantes hacia 1623. Ningún anciano y ningún niño quedó vivo. &nbsp;El Estadio <em>El Campin</em>, <em>Corferias </em>y el <em>Movistar Arena</em> se transformaron en hospital, morgue y cementerio, respectivamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por pura intuición masculina, Alejandro Olmos pensó que era buena idea subir a Monserrate, a pesar de que el acceso estaba restringido a particulares. A 3152 metros de altura, la muerte no lo alcanzaría, pensó. Quitándose la máscara antigás, emprendió el ascenso a pie. Exhausto, sudando a cántaros, con muchos kilos de menos y las piernas temblando, llegó hasta la cima del cerro, más cerca de las estrellas y del cataclismo,&nbsp;y vio que allí estaba el Alcalde Mayor de Bogotá bebiendo <em>Coca Cola</em> en bermudas, guayabera y gafas de sol de las costosas, tomado de la mano de su esposo, el de Alejandro, del que no tenía noticias desde hacía un mes.</p>



<h2 class="wp-block-heading">—No me crean tan marica —exclamó con evidente rabia, y ambos se percataron de su presencia antes de que pudieran abordar el avión de pasajeros impulsado por motores de hidrógeno, que los llevaría al desierto amazónico brasileño. &nbsp;</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Alejandro Olmos recordó la jugosa recompensa por entregar al funcionario, pensó que era dinero suficiente para garantizarse agua para el resto de su vida y la del bebé que adoptaron en un viaje a Palestina. Y hablando de la criaturita, se colocó de afán la máscara antigás y observó a la señora de por días, una mujer menuda y de baja estatura con el niño en brazos, gritando enloquecida, como si el pequeño estuviera muerto. Y en efecto el pequeño ya estaba en el más allá. Murió deshidratado de tanto llorar. Cuando Olmos creía que él dormía, en realidad veía una imagen congelada, pues también hackearon su máscara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se despojó de ella otra vez. Con ira e intenso dolor, sacó su revólver <em>Smith &amp; Wesson</em>, y verificó el número de balas. ¡Dos! Disparó primero la del alcalde. Sudó frío y limpió el sudor con el pañuelo, antes de disparar la segunda bala en su propio corazón,&nbsp;emulando a Silva, su poeta favorito. Eran las seis de la tarde de ese jueves 31 de agosto, la hora en que se cumplió la maldición del padre Margallo. <em>&#8220;Entonces hubo relámpagos, voces y truenos, y un gran temblor de tierra. ¡Nunca antes, desde que la humanidad existe, había habido un&nbsp;terremoto&nbsp;tan grande!&#8221;</em>. (Apocalipsis 16:18). </p>



<p class="wp-block-paragraph">De los tres mil habitantes de Bogotá, ninguno sobrevivió, salvo quien esto escribe. Siri me despertó a tiempo de aquella pesadilla. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Entonces, encendí la radio: el alcalde Carlos Fernando Galán anunció el regreso de los cortes diarios de agua, debido al bajo nivel del embalse de Chingaza por los calores intensos. Me metí a la ducha; tan de malas, que se fue el agua. Mojado y enjabonado, me asomé a la ventana y el único burro al que vi fue al vecino que lavaba su carro con manguera, mientras que la pareja del 405 se alejaba, tomados de la mano, con el bebé palestino en su cochecito. En ese momento quitaron la luz. Y aquí estoy, en el peor de los mundos, preguntándome por qué los ángeles no quieren llorar sobre Bogotá.</p>



<p class="has-medium-font-size wp-block-paragraph">(TODAVÍA NO ES EL <strong>FIN&nbsp;</strong>PERO ESTÁ CERCA SI NO HACEMOS LO CORRECTO)</p>



<p class="has-text-align-right has-secondary-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-7f472a40ea1b005c182cbb55b919546d wp-block-paragraph"><strong>Nota: Este autor no utiliza inteligencia artificial (IA) en la escritura de sus textos. Sin falsas modestias, con mi IN (Inteligencia Natural) me basta. Todavía soy un humano que escribe para humanos. Ejerzo mi derecho a pensar y por lo tanto me niego a que una máquina remplace mi cerebro. Las imágenes de este relato sí fueron creadas con ayuda de IA.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
]]></content:encoded>
        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105598</guid>
        <pubDate>Sun, 22 Sep 2024 13:01:52 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Las guerras del agua en Bogotá: Relato apocalíptico]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Los ‘ríos voladores’ amazónicos: fuente de vida</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/el-bosque-es-vida-iri-colombia/rios-voladores-amazonicos/</link>
        <description><![CDATA[<p>La urgencia de preservar el bioma amazónico va más allá de su papel como sumidero de carbono. De su existencia depende el agua que se suministra a buena parte del continente. El científico Germán Poveda nos explica cuál es la importancia hídrica de la Amazonia y cómo trabaja para asegurar que más de cincuenta millones [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<h4 class="wp-block-heading"><em>La urgencia de preservar el bioma amazónico va más allá de su papel como sumidero de carbono. De su existencia depende el agua que se suministra a buena parte del continente. El científico Germán Poveda nos explica cuál es la importancia hídrica de la Amazonia y cómo trabaja para asegurar que más de cincuenta millones de personas en Suramérica cuenten con agua potable para su consumo. </em></h4>



<p class="wp-block-paragraph">La cuenca hidrográfica amazónica es la más grande del planeta. Abarca 7.4 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales 476.000 están ubicados en nuestro país. Produce la mayor cantidad de agua dulce del mundo y gracias a que está ubicada en pleno trópico americano, con un bosque tropical lluvioso, sus ríos alcanzan los caudales más altos del mundo. El Amazonas, por ejemplo, en su desembocadura llega a los 250.000 metros cúbicos por segundo. Germán Poveda, docente e investigador de la Universidad Nacional de Colombia, en Medellín, y experto en hidrología, climatología y cambio climático nos explica porqué la Amazonia es vital para el suministro de agua en todo el continente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuál es el papel de los bosques amazónicos en el ciclo hidrológico?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los bosques favorecen la infiltración de agua en el suelo a través de las raíces, permeando las capas más bajas del mismo y alimentando el agua subterránea almacenada en los acuíferos. Aunque en Colombia no es común, porque tenemos muchas aguas superficiales –de las quebradas y ríos–, en la gran mayoría de los países del mundo el agua que se consume proviene de éstos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al contribuir con la infiltración del agua, los bosques también impiden que ésta escurra por las laderas e incremente el volumen de los ríos, regulando la magnitud de las inundaciones extensivas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, poseen un sistema de raíces que puede bajar hasta 10 metros de profundidad y funcionan como mecanismo de adaptación biológica, extrayendo agua del suelo en épocas de sequía. Hay un transporte de agua entre las subterráneas y las superficiales, de manera que cuando no llueve, los acuíferos proporcionan agua a los ríos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, los bosques amazónicos funcionan como una bomba de succión que absorbe humedad (vapor de agua) del océano Atlántico hacia el continente, contribuyendo a la formación de los ríos voladores o aéreos.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="486" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115946/Render-vista-aerea-Amazonia-1024x486.jpg" alt="" class="wp-image-103294" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115946/Render-vista-aerea-Amazonia-1024x486.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115946/Render-vista-aerea-Amazonia-300x142.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115946/Render-vista-aerea-Amazonia-768x365.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115946/Render-vista-aerea-Amazonia.jpg 1500w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>Vista aérea de la Amazonia. Foto: Freepik.</em></figcaption></figure>



<div style="height:43px" aria-hidden="true" class="wp-block-spacer"></div>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué son los ríos voladores?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Son grandes corrientes de vientos que transportan vapor de agua desde el Océano Atlántico hasta la Cordillera de los Andes. Al llegar allí, viran hacia el sureste para terminar en el río de la Plata, es decir, el sureste de Brasil e incluso Buenos Aires y Montevideo. Gracias a los bosques de la Amazonia se produce este círculo virtuoso, del cual tomamos agua todos los que vivimos en Suramérica. Si los cortamos colapsaría este circuito de producción y de transporte de vapor de agua.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cómo es la dinámica de este gran flujo de agua?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La humedad viene desde el océano Atlántico, donde el agua se evapora, y gracias a los vientos Alisios que la transportan al interior del continente, entra por la Orinoquia, la Amazonia de las Guyanas y del Brasil.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la Amazonia cae como agua lluvia y el bosque vuelve a evaporar esa humedad. Esa evapotranspiración asciende a la atmósfera, donde se enfría, se condensa en las nubes y vuelve a llover. Este proceso se repite tres o cuatro veces y se le llama lluvia reciclada, porque tiene origen en la evaporación del mismo lugar donde cae. De esta manera, los vientos Alisios transportan esa humedad desde la baja Amazonia hasta el piedemonte andino donde, por efecto de la topografía, se ve forzada a ascender. Al hacerlo se enfría, se condensa y llueve de nuevo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre la Amazonia y los Andes hay una relación de doble vía: la baja Amazonia exporta a los Andes vapor de agua a través de los ríos aéreos que se convierte en lluvia y alimenta los caudales de los ríos. A la vez, los Andes exportan agua a la baja Amazonia por los caudales de los ríos andinos, que además transportan sedimentos y nutrientes. Una de las razones por las cuales el bosque amazónico es tan biodiverso es precisamente por estos nutrientes. La deforestación de la baja Amazonia o de los Andes, que también estamos devastando de manera esquizofrénica, puede hacer colapsar este círculo virtuoso de retroalimentación.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="858" height="473" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115948/Ruta-rios-voladores-01.jpg" alt="" class="wp-image-103296" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115948/Ruta-rios-voladores-01.jpg 858w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115948/Ruta-rios-voladores-01-300x165.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115948/Ruta-rios-voladores-01-768x423.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 858px) 100vw, 858px" /><figcaption class="wp-element-caption"><br><em>Simulación del flujo diurno de humedad en la Amazonia –desde la evaporación y la transpiración, hasta que cae como precipitación–, desarrollada por la científica Francina Domínguez, hidroclimatóloga y profesora del Departamento de Clima, Meteorología y Ciencias Atmosféricas (Climas) de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign.</em></figcaption></figure>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué pasaría con toda esa humedad si desaparece la Amazonia?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El agua se redistribuiría de manera distinta en otras partes del planeta. Llovería menos en la Amazonia, porque habría menos evaporación y por tanto menos influjo de humedad para formar la lluvia que, al disminuir, haría que los caudales de los ríos, la humedad del suelo y las aguas subterráneas, todo lo relacionado&nbsp; con el ciclo hidrológico, también reduzcan. Esto tendría consecuencias muy negativas en Suramérica porque se perdería la capacidad de formar los ríos aéreos y el bosque tropical lluvioso de la Amazonia se convertiría en un ecosistema más seco y más caliente, como el de una sabana.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuáles son las consecuencias de la desaparición de los ‘ríos voladores’?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Todas las lluvias que caen en los Andes provienen de la Amazonia, gracias a los ríos aéreos. Si estos desaparecen colapsaría el suministro de agua para grandes regiones de Sur América, incluyendo los Andes. Bogotá, por ejemplo, toma su agua de los páramos de Sumapaz y de Chingaza, cuyas aguas son puramente amazónicas, traídas por los vientos alisios desde la Amazonia hasta la cordillera oriental colombiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si yo fuera gerente del Acueducto de Bogotá estaría invirtiendo en la reforestación del bosque amazónico, porque el agua de la capital depende de la Amazonia. Si colapsa o se deforesta, se pone en riesgo el suministro de agua para muchos propósitos, incluyendo agricultura, generación de electricidad y suministro de agua para ciudades tan importantes como Bogotá, Lima, La Paz, Quito, Montevideo, Buenos Aires e incluso para São Paulo. Estamos hablando del suministro de agua para un continente.</p>



<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="884" height="472" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115947/Rios-voladores-Windy.jpg" alt="" class="wp-image-103295" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115947/Rios-voladores-Windy.jpg 884w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115947/Rios-voladores-Windy-300x160.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115947/Rios-voladores-Windy-768x410.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 884px) 100vw, 884px" /><figcaption class="wp-element-caption"><em>En la imagen se observa cómo la humedad ingresa a través de las Guyanas y de Brasil, llega hasta los Andes y desciende hasta el Río de la Plata.</em></figcaption></figure>



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<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿De qué manera incide la evapotranspiración del bosque amazónico en el cambio climático?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El 20% de los gases de efecto invernadero son causados por la deforestación, que no solo contribuye al cambio climático porque se deja de almacenar el carbono en la materia orgánica de los árboles, sino porque al no existir, los árboles dejan de evapotranspirar, un proceso termodinámico de enfriamiento. Un bosque enfría el ambiente no solo por el efecto de sombra que da, sino también porque la evapotranspiración funciona como si hubiera un aire acondicionado prendido todo el día. Es decir que los bosques prestan un servicio ecosistémico de refrigeración. Al desaparecer el bosque, desaparece ese ‘aire acondicionado’, contribuyendo también al calentamiento global.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, al contribuir con el calentamiento global se exacerban los eventos hidrometeorológicos extremos, es decir, sequías más frecuentes y más largas, y tormentas más frecuentes y más intensas. Al mismo tiempo esto incide en las inundaciones, las crecidas de los ríos, los deslaves y los deslizamientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué pasaría si desaparece una parte de la Amazonia, de tal manera que se vea afectada su conectividad?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos modelos físicos y matemáticos muy sofisticados indican que si la Amazonia excede el umbral del 25% de deforestación,&nbsp; podría colapsar totalmente y dejaría de ser un bosque húmedo tropical para convertirse en una sabana, es decir, un ecosistema con un clima más caliente y más árido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos procesos, conocidos como “transiciones de fase”, son muy comunes en la naturaleza. Ocurre, por ejemplo, cuando la temperatura del agua excede un cierto valor crítico límite y se evapora o se congela. Lo mismo va a pasar con el bosque amazónico, que puede desaparecer abruptamente si se deforesta más del 25%.&nbsp; Ya vamos en el 20%, estamos muy cerca de ese punto crítico. Estamos jugando a la ruleta rusa.&nbsp;</p>



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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><strong>Germán Poveda</strong> <br>Ingeniero civil, magíster en Ingeniería de Recursos Hidráulicos y Ph.D. en Ingeniería. Desde hace 32 años es docente de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, en Medellín, donde desarrolla labores de docencia e investigación en hidrología, recursos hídricos, climatología, cambio climático y salud humana, entre otros temas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante 17 años formó parte del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés; ha sido investigador de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) y del International Research Initiative on Adaptation to Climate Change (IRIACC), en Canadá; y miembro del comité de dirección científica del Experimento de Gran Escala en la Biósfera y la Atmósfera de la Amazonia, un programa de investigación liderado por Brasil, que investigaba el funcionamiento hidrológico, climático y biogeoquímico de la cuenca amazónica.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Texto publicado en: El bosque es vida, Edición 10.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lea más de la Iniciativa Interreligiosa para los bosques tropicales en&nbsp;<a href="https://colombia.interfaithrainforest.org/">https://colombia.interfaithrainforest.org/</a></strong></p>
]]></content:encoded>
        <author>IRI Colombia</author>
                    <category>El bosque es vida- IRI Colombia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=103292</guid>
        <pubDate>Sun, 21 Jul 2024 13:00:00 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/07/18115951/Vista-aerea-Amazonia-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Los ‘ríos voladores’ amazónicos: fuente de vida]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">IRI Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Todos somos Chingaza</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/ciencia-para-el-buen-vivir/todos-somos-chingaza/</link>
        <description><![CDATA[<p>En enero de este año, los capitalinos presenciamos con dolor la muerte de miles de plantas, animales e insectos que habitan los cerros orientales de la ciudad. Según datos reportados por la Alcaldía Mayor de Bogotá, se registraron 136 incendios, de los cuales los más graves correspondieron al cerro El Cable, los alrededores de la [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">En enero de este año, los capitalinos presenciamos con dolor la muerte de miles de plantas, animales e insectos que habitan los cerros orientales de la ciudad. Según datos reportados por la Alcaldía Mayor de Bogotá, se registraron 136 incendios, de los cuales los más graves correspondieron al cerro El Cable, los alrededores de la quebrada La Vieja y el parque Entre Nubes. Cientos de personas, dirigidas por los Bomberos, la Defensa Civil, Policía, Ejercito y Cruz Roja, hicieron frente a las llamas que devoraban con agresividad todo lo que se oponía a su paso. La solidaridad y la acción ciudadana fueron determinantes para enfrentar la emergencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las altas temperaturas que registró la capital en el mes de enero continuaron fluctuando en febrero, marzo y persistieron en abril. Esto es una clara muestra de los efectos locales del cambio climático. La temporada de lluvia que anualmente solía presentarse en estos meses es cada vez más escasa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La afectación a la calidad del aire de la ciudad fue evidente, y la pérdida de biodiversidad dejó daños irreparables. Sin embargo, en medio de las cenizas poco a poco se comenzó a observar la recuperación de la capa vegetal de las zonas afectadas. Según los especialistas, su plena recuperación puede tardar más de 30 años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá no acababa de reponerse de todas las consecuencias ambientales de los incendios, cuando emerge otra crisis, en este caso por abastecimiento de agua, debido a los bajos niveles de los embalses que proveen la capital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incendios y falta de agua son problemas comunes a la crisis ambiental que se agudiza día a día y que pondrá en peligro la vida de miles de especies, incluyendo la humana. El agua que hace posible la existencia de más de ocho millones de habitantes de Bogotá proviene en gran parte del complejo Chingaza, que en la lengua muisca corresponde a Chim-gua-za, significa “Serranía del Dios de La Noche”, representa el centro de un espléndido territorio sagrado de nuestros antepasados, quienes consideraban el agua como el elemento sagrado de donde proviene la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la modernidad, Chingaza es un sistema natural complejo, delimitado mediante la resolución 710 de 2016 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, con una extensión de 111.667 hectáreas. Específicamente, el área de Parque Nacional Natural (PNN) fue establecida en 1977 y abarca 76.600 hectáreas, que comienzan en las lagunas de Siecha y se extienden hasta el pie de monte llanero. El PNN Chingaza se prolonga por 8 municipios del Departamento de Cundinamarca (Guasca, La Calera, Fomeque, Choachí, Gachalá, Junín, Medina y El Calvario) y por 3 municipios del Departamento del Meta (Cumaral, Restrepo y San Juanito). </p>



<p class="wp-block-paragraph">Gran parte del PNN Chingaza se ubica sobre los 3300 metros de altitud, considerado un inmenso páramo que, por sus características climáticas y ecológicas, constituye un gran reservorio de agua. Su vegetación, en gran parte endémica, retiene el líquido preciado y luego es permeado lentamente hacia sectores bajos de las cuencas de ríos y quebradas. El 99% de este Parque Natural conserva las cuencas altas de los ríos Guatiquía, Guacavía, Guayuriba, Guavio y Humea, que forman parte del complejo hídrico que alimenta el Embalse Chuza. Este, junto con el embalse San Rafael, proveen la mayor cantidad de agua (70%) que consume la población capitalina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según datos de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), para el 18 de abril el Embalse Chuza registró un 14% de su capacidad y el San Rafael un 20%, presentando un comportamiento descendente pese a los racionamientos de agua y las ligeras lluvias. Los críticos niveles son los más bajos de los últimos 40 años, y así llueva por meses seguidos, difícilmente se recuperará su máxima capacidad. Todo esto apunta a evidenciar que los efectos del calentamiento global se expresan en el complejo Chingaza. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Según un reporte editado por Patricia Bejarano, Alfred Grünwaldt y Angela Andrade sobre adaptación al cambio climático en la alta montaña colombiana, se prevé en Chingaza en el 2040 un incremento de 1°C, para el 2070 las variaciones serán superiores a 1.3°C y para finales del siglo, en el escenario más pesimista, el cambio de temperatura puede estar por encima de 3°C. En cualquier caso, los datos evidencian la clara afectación del Parque Natural por efectos del aumento de temperatura, y con ello, los impactos serán notables en la disponibilidad del agua y en la afectación de la biodiversidad. La falta de agua será más frecuente, los racionamientos aumentarán y los conflictos por el agua empezarán a estallar en distintos escenarios. Todo esto hace parte del resultado del desarrollo económico que hemos construido en la civilización proveniente de occidente y que debe repensarse y transformarse con urgencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Alineados por la concepción antropocéntrica, los ciudadanos prendemos las alarmas por los racionamientos de agua, pero poco pensamos que todas las formas de vida que habitan el territorio sagrado de Chingaza sufren y padecen los efectos del calentamiento global, la agricultura, la ganadería extensiva, la deforestación, la sobreexplotación hídrica, la caza, entre otras actividades humanas que han arrebatado espacio a la vida hace años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de enfrentar las raíces del cambio climático arraigado en el extractivismo y el uso de carbón y petróleo, es necesario reconstituir nuestro encuentro con la naturaleza de Chingaza, aprendiendo de su importancia ecológica, social y cultural.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las acciones ciudadanas en defensa del agua deben comprender desde el nivel macro hasta el micro, exigiendo un nuevo ordenamiento territorial que respete las dinámicas propias de la naturaleza y el agua. Esto implica repensar estructuralmente el manejo sanitario de los residuos que producimos desde el ámbito doméstico hasta el nivel industrial, dando un vuelco radical construyendo sistemas secos. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de las medidas de ahorro de agua que todos conocemos en nuestras actividades cotidianas, como duchas cortas y estrictamente necesarias, reparación de fugas, instalación de sistemas ahorradores, entre otros, debemos avanzar en la recolección de agua de lluvia para el consumo doméstico, reciclar intensivamente el agua para labores de limpieza y, sobre todo, emprender labores organizativas y comunitarias orientadas a enfrentar los conflictos socioambientales que aún persisten alrededor del agua. De esta manera, se construirán nuevas formas de gobernanza que coloquen en el centro la vida en lugar del  hiperconsumo y el desenfrenado crecimiento económico.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Leonardo Fabio Martínez Pérez</author>
                    <category>Ciencia para el buen vivir</category>
                    <category>Ciudad Sostenible</category>
                    <category>Medio ambiente</category>
                    <category>Voces por el Ambiente</category>
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        <pubDate>Sun, 21 Apr 2024 03:31:15 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Todos somos Chingaza]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Leonardo Fabio Martínez Pérez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Bioma Amazónico, vital para el equilibrio climático del planeta</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/medio-ambiente/el-bosque-es-vida-iri-colombia/bioma-amazonico-vital-equilibrio-climatico-del-planeta/</link>
        <description><![CDATA[<p>Texto publicado en: El bosque es vida, Edición julio-septiembre de 2023. Lea más de la Iniciativa Interreligiosa para los bosques tropicales en&nbsp;https://colombia.interfaithrainforest.org/recursos/el-bosque-es-vida/ “No solo el suministro de agua de la capital colombiana depende de la supervivencia del bosque amazónico. Si éste desaparece se pondría en riesgo el suministro de agua para casi todo el continente [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image alignleft wp-image-98430 size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="697" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-1024x697.jpg" alt="Amazonia y sistema climatico global" class="wp-image-98430" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-1024x697.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-150x102.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-300x204.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-768x523.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3-1200x817.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-3.jpg 1417w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Freepik.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><em><strong>Texto publicado en: El bosque es vida, Edición julio-septiembre de 2023.</strong></em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Lea más de la Iniciativa Interreligiosa para los bosques tropicales en&nbsp;<a href="https://colombia.interfaithrainforest.org/recursos/el-bosque-es-vida/">https://colombia.interfaithrainforest.org/recursos/el-bosque-es-vida/</a></strong></p>



<h1 class="wp-block-heading"><em><strong>“No solo el suministro de agua de la capital colombiana depende de la supervivencia del bosque amazónico. Si éste desaparece se pondría en riesgo el suministro de agua para casi todo el continente suramericano”, Germán Poveda.</strong></em></h1>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">El bioma amazónico ha perdido el 18% de su cobertura forestal y en la actualidad enfrenta la amenaza de llegar al umbral crítico del 25% de deforestación, poniendo en riesgo su permanencia como selva tropical y el equilibrio del clima a nivel mundial. Te explicamos cuál es el papel que cumple la Amazonia en el sistema climático global.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">De acuerdo con el artículo Elementos de inflexión en el sistema climático de la Tierra, producto de una investigación realizada por un grupo de expertos en cambio climático y publicado en la revista científica PNAS, existen 15 elementos de inflexión, es decir, componentes a gran escala del sistema terrestre que podrían traspasar un umbral crítico –punto de inflexión– en el que una pequeña perturbación puede alterar el estado o el desarrollo del sistema.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">Algunos de ellos son el hielo marino ártico, la capa de hielo de la Antártida Occidental, el fenómeno de El Niño, el monzón indio de verano, el monzón de África Occidental, el bosque boreal y la Amazonia, donde la deforestación y el cambio de uso del suelo, por sí solos, podrían llevar la cubierta forestal a un punto de no retorno.</span></p>



<div class="mceTemp">&nbsp;</div>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">Los científicos<strong> Daniel Hernández Deckers</strong>, Ph.D. en Geociencias con especialidad en Modelamiento Climático, y <strong>Germán Poveda,</strong> Ph.D. en Ingeniería y experto en cambio climático y la cuenca amazónica nos explican qué es el sistema climático global y porqué la Amazonia juega un papel vital en la conservación del equilibrio climático del planeta.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Doctor Hernández, ¿qué es el sistema climático global?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>D.H.D.:</strong> Hoy en día se habla del sistema terrestre porque intervienen muchos factores que abarcan todo el planeta. El clima global&nbsp; es el resultado de las interacciones entre estos componentes. El primero es la atmósfera. Lo que experimentamos día a día en términos de clima está asociado principalmente con lo que ocurre allí; pero ésta no se puede entender sin el océano, que cubre casi 70% de la Tierra, pues interactúan de manera constante intercambiando calor mediante la evaporación y la precipitación: el agua del océano se evapora y al condensarse en las nubes libera el calor latente y calienta la atmósfera. Otra forma de interacción es por los vientos, que constantemente empujan al océano y generan corrientes en el agua que determinan la dinámica del mismo.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">Otro elemento es la litósfera. Todo lo que ocurre en el suelo, en la parte continental, impacta la atmósfera. Por ejemplo, qué tanta radiación solar y radiación infrarroja proveniente de la atmósfera absorbe la superficie, depende de cómo esté cubierta, si es un espacio urbano, un cultivo, un bosque o un desierto.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">También está la biósfera, es decir, todas las actividades biológicas que hay en el océano o en la misma vegetación, que incide en la atmósfera mediante la evapotranspiración y el calor sensible. A su vez, las condiciones atmosféricas determinan el tipo de vegetación que puede vivir en un lugar, qué especies crecerán más rápido o mejor que otras. Por último, está la criósfera, es decir, los glaciares, las superficies cubiertas por hielo tanto en los polos y en el mar, como en la parte continental. Este componente tiene su propia dinámica, pero también interactúa con la atmósfera, el océano y la litósfera.</span></p>



<div class="mceTemp">&nbsp;</div>



<h1 class="wp-block-heading"><em><strong>“A una escala de miles de años el clima no es estable. El Sahara antes era un bosque y el Amazonas seguramente no siempre ha sido una selva tropical sino que ha pasado por otros estados”, Daniel Hernández Deckers.</strong></em></h1>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Se podría decir que el sistema climático global es la interacción entre todos estos elementos?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>D.H.D.:</strong> Sí, el primer proceso que define todo es la interacción entre el Sol y la Tierra, determinada por la distancia entre ellos y la cantidad de radiación que nos llega del Sol. Luego están todos esos componentes del sistema que regulan lo que ocurre internamente. Por ejemplo, aún con la misma relación entre la Tierra y el Sol, si se acumula más CO2 en la atmósfera, aumenta la temperatura de la superficie. Esto es lo que ocurre en la actualidad.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué se considera un sistema climático global estable?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>D.H.D.:</strong> Si pensamos en una escala de tiempo geológica, de millones de años, el clima no tiene por qué ser estable. Puede haber cambios por razones naturales, como las variaciones pequeñas en la órbita terrestre que ocurren de forma natural y desencadenan alteraciones en las concentraciones de CO2.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">El clima ha estado relativamente estable durante los últimos 7.000 años y la civilización humana ha podido florecer y desarrollarse justamente gracias a esto. Cuando hablamos de la estabilidad del clima nos referimos a una escala de tiempo relevante para el ser humano –de unos siglos–, en la que no ocurran variaciones demasiado abruptas que nos generen problemas como civilización. Por ejemplo, si debido al cambio climático el nivel del mar sube dos metros, será un riesgo muy grande para todas las poblaciones costeras en el mundo.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿El cambio climático puede modificar el sistema climático global?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">D.H.D.: El sistema climático global está siempre cambiando, en diferentes escalas de tiempo. El calentamiento global actual, ocasionado por la quema de combustibles fósiles, es un ejemplo de esto. A diferencia de los cambios climáticos ocurridos en el pasado, éste es ocasionado por el ser humano y ocurre muy rápidamente a escala geológica. Las glaciaciones, por otro lado, son un ejemplo de cambio natural, que&nbsp; ocurre en periodos de cientos de miles de años.&nbsp;</span></p>



<figure class="wp-block-image alignnone size-large wp-image-98429"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="684" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-1024x684.jpg" alt="Amazonia y sistema climatico global" class="wp-image-98429" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-1024x684.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-768x513.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-2-1200x801.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: FreePik.</figcaption></figure>



<h1 class="wp-block-heading"><em><strong>“Después del último máximo glacial, el nivel del mar estaba a unos 120 metros por debajo de lo que está hoy en día”, Daniel Hernández Deckers.</strong></em></h1>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Amazonia vital para la estabilidad del clima global</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">De acuerdo con el experto en modelamiento climático, si una región tan extensa como la Amazonia deja de ser selvática y se convierte en una sabana, cambiarían los patrones del clima a nivel regional, debido a que es una fuente de reciclaje de humedad muy importante y regula la temperatura de la superficie. “Cambiaría la temperatura y, con esto, los vientos, la precipitación, toda la circulación. En este momento es imposible saber cómo sería. Para saberlo están las simulaciones numéricas que se hacen del clima y que pueden hacer ese tipo de experimentos”, señala Hernández Deckers.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Doctor Poveda, la Amazonia es clasificada como uno de los elementos de inflexión del sistema climático global, ¿por qué su conservación es indispensable para mantener el equilibrio del clima en todo el planeta?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> En general, si la Amazonia se perturba, se desestabiliza o se causa un colapso en el funcionamiento de alguno de esos elementos, el clima de todo el planeta puede alterarse de manera muy drástica. La Amazonia es uno de ellos debido a dos factores: su localización en pleno trópico americano, lo cual quiere decir que son regiones muy lluviosas, y su tamaño, pues mide más de siete millones de kilómetros cuadrados.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Cuáles serían las consecuencias climáticas de acabar con la cuenca amazónica?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">G.P.: Si se deforesta más allá del 25% de la Amazonia -y ya vamos más o menos en el 17 o en el 18%-, el bosque amazónico podría colapsar totalmente y convertirse en un ecosistema mucho más seco y mucho más caliente, algo así como las sabanas de los Llanos Orientales. Investigaciones científicas han evidenciado que acabar con la cuenca amazónica puede conducir a que ésta no solo deje de cumplir este papel tan importante en el control del clima de todo planeta, sino que el clima y el suministro de agua de Suramérica se puede alterar por completo.</span></p>



<figure class="wp-block-image alignnone size-large wp-image-98432"><img loading="lazy" decoding="async" width="1024" height="683" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5-1024x683.jpg" alt="Amazonia y sistema climatico global" class="wp-image-98432" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5-1024x683.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5-768x512.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-5.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Freepik.</figcaption></figure>



<h1 class="wp-block-heading"><em><strong>“No es necesario deforestar el 100% del bosque amazónico para que la cuenca se convierta en un ecosistema más árido, si sobrepasamos este umbral del 25% podría colapsar”, Germán Poveda.</strong></em></h1>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>De llegar a ese punto crítico, ¿cómo afectaría el clima a nivel global?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> Cuando tiras una piedra en un estanque, ésta desata un tren de ondas que empiezan a desplazarse. En la atmósfera sucede lo mismo. Para que llueva se necesita que haya suficiente vapor de agua en la atmósfera, que éste ascienda –por boyancia o por turbulencia atmosférica– desde las capas más bajas de la atmósfera hacia las más altas para que se enfríe y pase de estado gaseoso al estado líquido. Este proceso se llama condensación y, por razones termodinámicas, se calienta la atmósfera. Una nube es más caliente por dentro, que las partículas de aire que están por fuera de ella a la misma altura. Cuando llueve, todo ese calor liberado es la ‘pedrada en el estanque’. Es como si estallara una bomba en la atmósfera, que desata un patrón de ondas –llamadas Rosby–. Estas se trasladan de la Amazonia hacia otras partes del mundo, incluso África, Norteamérica o el océano Atlántico tropical. Si se deforesta la Amazonia, disminuirían las lluvias en la región, lo cual puede alterar esas ondas. Es por esta razón que la Amazonia tiene influencia climática de orden planetario y lo que pasa allí repercute en otras regiones del mundo.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué tipo de efectos podríamos esperar?&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> Por ejemplo, pueden llegar a ocurrir sequías en el cinturón agrícola de Estados Unidos o alterarse la producción de alimentos o de maíz, en ciertas regiones de este país.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Qué tan grave sería ese impacto a nivel regional?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> Mucho, porque la evapotranspiración de los árboles de la cuenca amazónica produce vapor de agua, que es redistribuido por los vientos de todo el continente hacia otras regiones del mismo. La deforestación del bosque amazónico puede poner en peligro el suministro de agua para ciudades tan importantes como Bogotá, Quito, La Paz e incluso Lima. Las aguas que nutren los páramos de Chingaza y de Sumapaz, donde Bogotá toma el agua para su consumo, son de origen amazónico. Estos ‘ríos aéreos o ríos voladores’ son los encargados de transportar el vapor de agua a través de todo el continente americano, incluso a ciudades como Buenos Aires, Montevideo y la zona industrial grande de Brasil, en la región de San Pablo. Las lluvias de todas estas regiones dependen de la estabilidad del bosque amazónico.&nbsp;</span></p>



<figure class="wp-block-image alignnone wp-image-98431 size-large"><img loading="lazy" decoding="async" width="796" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4-796x1024.jpg" alt="Amazonia y sistema climatico global" class="wp-image-98431" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4-796x1024.jpg 796w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4-117x150.jpg 117w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4-233x300.jpg 233w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4-768x988.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-4.jpg 1000w" sizes="auto, (max-width: 796px) 100vw, 796px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Freepik.</figcaption></figure>



<h1 class="wp-block-heading"><strong><em>“La superficie cubierta por hielo es muy reflectiva, por eso buena parte de la radiación solar que llega se refleja y no la calienta. Si los glaciares desaparecen la superficie absorberá más radiación y habrá un proceso de retroalimentación positivo que puede generar mayor calentamiento del planeta”, Daniel Hernández Deckers.</em></strong></h1>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿De qué manera incide la deforestación de la Amazonia en el sistema climático global?&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> La deforestación tiene efectos hidrológicos, climáticos y biogeoquímicos innegables, que ya se viven en la misma cuenca amazónica, sobre todo, en las regiones más deforestadas. Esas son evidencias reales de los impactos de la deforestación sobre la estabilidad del clima natural. Ejemplo de ello es que las temporadas de lluvia o de sequías se vuelven más largas. En la Amazonia se demora en llegar la estación seca o se reducen las lluvias y se amplifican los caudales extremos, tanto los máximos como los mínimos.&nbsp;</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>¿Por qué la deforestación contribuye al calentamiento del clima?</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;"><strong>G.P.:</strong> Como explicaba antes, la condensación es un proceso de calentamiento de la atmósfera. La evaporación, por el contrario, es un proceso de enfriamiento. De día, los árboles del bosque hacen fotosíntesis –transforman la energía radiante del sol en energía química, para convertirla en materia orgánica– y evapotranspiran agua. Este proceso funciona como si estuviera activo un aire acondicionado natural, debido a que la evaporación es un mecanismo de enfriamiento natural de la atmósfera que nos regala la madre naturaleza. Si desapareciera el bosque se apagaría ese aire acondicionado natural y, por tanto, el clima se calentaría más. Por esta razón, la deforestación también contribuye al calentamiento global, no sólo porque el bosque deja de secuestrar el dióxido de carbono en la materia orgánica, sino porque además colapsaría este aire acondicionado gratuito que nos refrigera de día, cuando los árboles hacen la fotosíntesis.</span></p>



<figure class="wp-block-image alignnone size-large wp-image-98428"><img loading="lazy" decoding="async" width="943" height="1024" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-943x1024.jpg" alt="Amazonia y sistema climatico global" class="wp-image-98428" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-943x1024.jpg 943w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-138x150.jpg 138w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-276x300.jpg 276w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-768x834.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/02/Amazonia-y-sistema-climatico-global-1-1200x1303.jpg 1200w" sizes="auto, (max-width: 943px) 100vw, 943px" /><figcaption class="wp-element-caption">Foto: Freepik.</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Daniel Hernández Deckers</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">Físico y magíster en Meteorología, de la Universidad Nacional de Colombia; Ph.D. en Geociencias, con especialidad en Modelamiento climático, del Instituto Max Planck de Meteorología, de Hamburgo. Permaneció en Australia durante 3 años, tiempo durante el cual realizó un posdoctorado sobre Convección tropical en el Climate&nbsp; Change Research Center de la Universidad New South Wales, y en la actualidad es docente de la maestría en Meteorología y director del grupo de investigación en Ciencias Atmosféricas de la Universidad Nacional de Colombia.</span></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Germán Poveda</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"><span style="font-weight: 400;">Ingeniero civil y magíster en Ingeniería de Recursos Hidráulicos, es el primer doctor en Ingeniería graduado por una universidad colombiana. Desde hace 33 años es docente en el Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad Nacional, sede Medellín. Durante 17 años formó parte del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Ha sido investigador visitante en el Centro Nacional de Investigaciones de la Atmósfera (NCAR), en Colorado (Estados Unidos), así como en el Centro de Hidrología y Ecología en Wallingford (Reino Unido) y en el Instituto Max Planck de Biogeoquímica, en Jena (Alemania). Hizo parte del comité de dirección científica del Experimento de Gran Escala en la Biósfera- Atmósfera de la Amazonia (LBA), y actualmente de diversos programas científicos como la Misión de Medición de la Lluvia de la NASA y el Panel Científico por la Amazonia.</span></p>



<h1 class="wp-block-heading">¿Qué es el clima?<span style="font-weight: 400;"> &#8220;</span><span style="font-weight: 400;">Son las condiciones atmosféricas&nbsp;</span><span style="font-weight: 400;">–en términos de variables de temperatura, presión atmosférica, vientos, humedad relativa– predominantes en un lugar. Estas cambian todo el tiempo por distintas razones, naturales o antropogénicas. Para determinarlas se estudia un período de 30 años&#8221;, Daniel Hernández Deckers.</span></h1>



<h1 class="wp-block-heading">¿Qué pasaría si no hubiera gases de efecto invernadero en la atmósfera? &#8220;<span style="font-weight: 400;">La atmósfera está compuesta por nitrógeno, dióxido de carbono, oxígeno, ozono, metano, vapor de agua, entre otros gases. Estos han formado parte de ella desde que se creó el Sistema Solar. Si no estuvieran allí, la Tierra sería una bola de nieve, pues su temperatura promedio sería de 18°C bajo cero. Difícilmente habría vida en las condiciones que la conocemos hoy en día y la biodiversidad que tenemos sería impensable.</span></h1>



<h1 class="wp-block-heading"><span style="font-weight: 400;">Este efecto invernadero natural calienta la Tierra y nos mantiene abrigados. Sin embargo, el ser humano con sus actividades aumenta la concentración de estos gases de efecto invernadero y por eso se calienta todo el sistema climático global&#8221;, Germán Poveda.</span></h1>



<div class="mceTemp">&nbsp;</div>
]]></content:encoded>
        <author>IRI Colombia</author>
                    <category>El bosque es vida- IRI Colombia</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98427</guid>
        <pubDate>Wed, 28 Feb 2024 15:01:18 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-2.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Bioma Amazónico, vital para el equilibrio climático del planeta]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">IRI Colombia</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>“Este libro es una carta de amor a Colombia”: Wade Davis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/este-libro-una-carta-amor-colombia-wade-davis/</link>
        <description><![CDATA[<p>Wade Davis, el reconocido antropólogo y etnobotánico, recorrió durante 5 años el río Magdalena escuchando a comunidades, reconstruyendo la historia del país y tratando de comprender su compleja geografía. Hace poco publicó el libro que resume esa travesía: Magdalena. Historias de Colombia.  Por: Daniela Quintero Díaz (@DanielaQuinterd / @BlogElRio) Fotos: Cortesía Xandra Uribe y Wade [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><em>Wade Davis, el reconocido antropólogo y etnobotánico, recorrió durante 5 años el río Magdalena escuchando a comunidades, reconstruyendo la historia del país y tratando de comprender su compleja geografía. Hace poco publicó el libro que resume esa travesía: Magdalena. Historias de Colombia. </em></p>
<p><figure id="attachment_86030" aria-describedby="caption-attachment-86030" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86030 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/chingaza-2.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86030" class="wp-caption-text">Wade Davis recorrió por cinco años la cuenca del Magdalena. En la foto se encuentra visitando el PNN Chingaza. / Xandra Uribe</figcaption></figure></p>
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<p><strong>Por: Daniela Quintero Díaz (@DanielaQuinterd / @BlogElRio)</strong><br />
<strong>Fotos: Cortesía Xandra Uribe y Wade Davis</strong></p>
<p>La primera vez que Wade Davis pisó Colombia tenía 14 años. Su madre, una profesora en Canadá, había hecho todos los esfuerzos para mandarlo a estudiar español, “el idioma del futuro”. Mientras sus compañeros de viaje canadienses se instalaron en los barrios más ricos de Cali, Davis llegó a una casa de campo en las montañas de Dapa, un pequeño corregimiento del municipio de Yumbo, en el Valle del Cauca. Allí, cuenta, lo recibieron con la calidez de una familia típica colombiana. Un padre tranquilo y cariñoso, una madre que siempre estaba esperando por él, una abuela amante de su jardín de flores y unos hermanos alcahuetas que le permitieron darse cuenta de que había encontrado su lugar en el mundo.</p>
<p>Luego de volver a su país, y de convertirse en un antropólogo cansado de leer sobre los indígenas en sus libros de Harvard, decidió cruzar una vez más el continente para llegar al Amazonas colombiano. Siguiendo los pasos de Richard Evans Shultes, un legendario explorador y botánico que dedicó gran parte de su vida a estudiar nuestra selva, publicó en el año 2002 El río, su primera obra sobre Colombia.</p>
<p>Mientras el país firmaba el Acuerdo de Paz, en un período de optimismo y esperanza, nació la idea de hacer un nuevo libro. Uno que contara la historia (y las historias) de un país único, atravesado por la guerra, que empezaba a renacer. Durante cinco años Davis se dedicó a recorrer en moto las trochas y las veredas, a ponerse las botas de caucho para subir a páramos y montañas, a andar por los caminos de los arrieros a lomo de mula y a navegar por los brazos y ciénagas del Magdalena, viendo en el río el reflejo del espíritu de Colombia.</p>
<p><figure id="attachment_86032" aria-describedby="caption-attachment-86032" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86032 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/cienaga-tabacuru.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86032" class="wp-caption-text">Para Wade Davis, el libro &#8220;Magdalena. Historias de Colombia&#8221; es una carta de amor para un país que fue la fundación de su vida. / Foto: Xandra Uribe</figcaption></figure></p>
<p><em>Magdalena. Historias de Colombia</em> (sello editorial Crítica), como tituló su última obra, es un viaje por más de 1.500 kilómetros desde el macizo colombiano hasta Bocas de Ceniza, que pasa por nuestros períodos de Conquista e Independencia, de esclavitud y de palenques, por las caucherías del Amazonas y José Eustasio Rivera, por las épocas más oscuras del conflicto y la violencia, y por la sabiduría de las comunidades ancestrales que son ejemplo de respeto por la naturaleza. Todo está conectado por el gran río. (Le recomendamos: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/fragmento-del-libro-magdalena-historia-colombia-wade-davis" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fragmento del libro «Magdalena. Historia de Colombia» de Wade Davis</a>)</p>
<p>Como él afirma, el libro es una carta de amor para un país que fue la fundación de su vida. “Colombia”, dice, “es un regalo del río Magdalena. Y el río Magdalena es la historia de Colombia”.</p>
<p><figure id="attachment_86036" aria-describedby="caption-attachment-86036" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86036 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/con-mamos-en-bocas.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86036" class="wp-caption-text">Wade Davis con el Mamo Camilo y Jaison Pérez Villafaña en Bocas de Ceniza. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure></p>
<p><strong>¿Por qué el río Magdalena?</strong></p>
<p>Algo muy curioso es que cuando presentamos al mundo la riqueza de Colombia solemos hablar de los ríos y los bosques del Amazonas. Los ríos Caquetá, Putumayo, Vaupés y Guaviare. Y nos olvidamos que el río más importante es el Magdalena. Es como si hubiera una amnesia generalizada sobre el río en el que no solo viven cuatro de cada cinco colombianos, el corredor del comercio y la fuente del 80 % de ingresos de la nación, sino el que también es la fuente de la cultura colombiana. La madre de los 1.025 ritmos musicales de Colombia.</p>
<p><figure id="attachment_86027" aria-describedby="caption-attachment-86027" style="width: 1488px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86027 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Un-pescador-en-la-ciénaga-de-Tabacurú-una-de-cientos-que-hay-en-la-parte-baja-del-río-Magdalena..jpg" alt="" width="1488" height="1002" /><figcaption id="caption-attachment-86027" class="wp-caption-text">&#8220;Cuando yo estuve viajando por la cuenca durante cinco años siempre hubo un tema muy profundo, desde los pescadores, hasta los poetas, hasta los políticos, y era que para limpiar nuestra alma y para alcanzar un sueño nuevo de país teníamos que limpiar el río. Es que el río es el país y el país es el río&#8221;, Wade Davis. / Foto: Wade Davis.</figcaption></figure></p>
<p><strong>Para los que vivimos en el centro o en las grandes ciudades el río no ha sido tan cercano a nosotros. Nos hemos acostumbrado a darle la espalda. Sin embargo, el libro nos muestra cómo todo está interconectado&#8230;</strong></p>
<p>Siempre he dicho que la geografía de un país traza su propio destino. Y gran parte de los desafíos de Colombia se deben a su topografía, que es casi imposible. En el siglo XIX, cuando Bogotá era llamada la Atenas de Suramérica, todo lo que entraba a la capital -la maquinaria, los objetos de valor, los pianos, todo- tenía que llegar cargado a lomo de mulas. Esas mulas y sus arrieros recorrían caminos entre las montañas que eran como cordones umbilicales que conectaban a las ciudades con el río Magdalena, y que les permitieron a los colombianos establecerse en una tierra de montañas. Por muchos años las ciudades principales de Colombia se conectaron con el mundo a través del río Magdalena, pues era la única forma en la que los productos colombianos podían salir del país, y otros podían llegar a Colombia. Pero lo curioso es que para los colombianos se trataba más como de una frontera, y no de una arteria principal y la conexión con el resto del mundo, que es como lo vemos desde afuera. (Le puede interesar: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/colombia-tendra-una-comision-accidental-del-agua-se-trata" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Colombia tendrá una Comisión Accidental del Agua. ¿Por qué es un paso muy importante?</a>)</p>
<p><strong>¿Esa geografía casi imposible de Colombia es también lo que lo hace un país único?</strong></p>
<p>Esa geografía es la que hace a Colombia el país más diverso en el mundo, ecológicamente hablando. No hay lugar en el país que quede a más de un día de cada nicho ecológico conocido en la Tierra. Solo en Colombia se puede pasar por una costa desértica, caminar por humedales tan brillantes como el cielo, ver cómo los bosques tropicales se unen con los valles vírgenes templados, encontrarse con una selva amazónica sinfín y llegar a las planicies eternas de los Llanos. Es un territorio bucólico que nunca encontrarías en el Viejo Mundo. Y lo más bello es que esa diversidad de su topografía y geografía encontraron su espejo perfecto en el espíritu de Colombia. Por momentos plácido y calmo, en otros tiempos explosivo y violento, como una montaña que se sacude y se desmorona al mar.</p>
<p><figure id="attachment_86038" aria-describedby="caption-attachment-86038" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86038 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Honda.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86038" class="wp-caption-text">Wade Davis tomando apuntes para su último libro en Honda, al lado del Río Magdalena. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure></p>
<p>Para mí, Gabriel García Márquez, que regaló al mundo y a la literatura el realismo mágico, más que un escritor de ficción, fue un periodista que se dedicó toda su vida a escribir lo que vio. Lo maravilloso fue que vivió en un país en donde el cielo y la tierra convergen de manera regular para revelar destellos de lo divino. Esto es lo que hace a Colombia tan hermosa y tan sublime, la riqueza de los paisajes y la belleza de su diversidad. Es como si la cordillera de los Andes, tras levantarse, se encontrara con el espíritu colombiano y se detuviera. No puede llegar más allá. Entonces se condensa en este accidentado nudo de montañas, el Macizo colombiano, desde donde nacen las cinco arterias fluviales más importantes del país: los ríos Magdalena, Cauca, Putumayo, Caquetá y Patía; y las tres cordilleras que corren y se desvanecen hacia el norte.</p>
<p>Cuando caminas los antiguos caminos precolombinos que cruzan el macizo hay un punto en el que, dependiendo del lado del Magdalena en el que estés, puedes literalmente estirar un brazo y tocar el nacimiento de la cordillera Oriental. O con la otra mano tocar el nacimiento de la cordillera Central. Es increíble, porque de verdad puedes tocar los orígenes geográficos de la que yo creo que es la nación más maravillosa del planeta.</p>
<p><strong>El recorrido por el libro es también una muestra de la violencia que el país ha atravesado durante su historia…</strong></p>
<p>Todos los grandes ríos se convierten en metáforas de la historia de la nación. Y, en muchas formas, el Magdalena ha visto y ha vivido todos los capítulos de la historia de Colombia. Por eso el título del libro es Magdalena: historias de Colombia, porque más allá de mostrar el río, estuve tratando de encontrar colombianos que tenían algo que decir, y que el mundo tenía que escuchar y entender. Mi intención fue tratar de presentar una imagen de Colombia distinta. Claro que ha habido 50 años de conflicto, claro que hay 260.000 muertos y siete millones de desplazados. Los ríos y las quebradas se llenaron de sangre, y el río Magdalena se convirtió en el cementerio más grande del país. Pero Colombia es mucho más que eso. Es un país de colores y cariño.</p>
<p>Lo que también hay que gritarle al mundo es que ese conflicto de 50 años fue totalmente un conflicto por la cocaína, y que la responsabilidad sobre eso la tiene el resto del mundo.</p>
<p>Ya vimos que la guerra contra las drogas no funcionó, y que solo resultó en más cultivos y más personas consumiendo como nunca antes. Para mí, la salida está en descriminalizar las hojas de coca y crear un mercado sobre lo benigno, lo nutritivo, que ha sido usado por más de 500 años por las comunidades indígenas sin evidencia de toxicidad o adicción. El problema que tenemos con la guerra contra las drogas es que ninguno de los lados quiere que se acabe, ni los carteles ni los oficiales antidrogas de Estados Unidos.</p>
<p><figure id="attachment_86046" aria-describedby="caption-attachment-86046" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-86046" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/puerto-wilches.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86046" class="wp-caption-text">Wade Davis, Juan Gonzalo Betancur y Xandra Uribe en Puerto Wilches, Santander. / Foto: Cortesía</figcaption></figure></p>
<p><strong>¿Ese río al que le hemos dado la espalda y hemos contaminado, pero sigue corriendo en búsqueda de vida, podría ser también una muestra de la resiliencia de los colombianos?</strong></p>
<p>Sin duda solo los colombianos podrían sobrevivir a un conflicto así de duro. Para mí es impresionante ver cómo con medio siglo de guerra el país ha logrado mantener su democracia, su sociedad civil, su cuidado y conservación de la naturaleza con tantos Parques Nacionales Naturales. Creo que con el río pasa lo mismo. Durante toda nuestra historia ignoramos el río, y en los tiempos más oscuros del conflicto lo convertimos en el cementerio de la nación. Sin embargo, él siempre siguió corriendo, como un río de vida, y nunca nos abandonó. Nos dio en cambio la pulla, la cumbia, la tambora, la cultura, la literatura, la poesía, la oración. Ya es momento también de devolverle eso al río y dejar que se depure de todo lo que lo ha mancillado.</p>
<p><strong>Aunque por años los científicos y las comunidades llevan diciéndonos que somos un país de agua, un país anfibio, parece que aún no hemos aprendido lo que significa. Actualmente hay muchas propuestas que podrían afectar el Magdalena. ¿Cómo conectar esos conocimientos con quienes toman las decisiones?</strong></p>
<p>Gran parte de la grandeza del Magdalena es que es un río funcional, de trabajo, y siempre lo ha sido. Es la fuente de la energía que ilumina a las grandes ciudades de Colombia, y de recursos que se necesitan para la economía. Aunque Colombia tiene que compensar sus necesidades, es importante que esas necesidades tengan en cuenta que la preservación es la esencia de este país. Hay que encontrar un punto medio, un balance. El problema con las represas del Magdalena, por ejemplo, es que no fueron pensadas para permitir la migración de peces, y eso es increíble. En términos de planes futuros, los colombianos tendrán que decidir si lo que quieren es responder a intereses de grandes empresas que quieren construir 12 represas en el Magdalena o conservar su patrimonio más grande, que también le ayudará a compensar sus necesidades.</p>
<p><strong>El libro dice que el atributo más grande de Colombia es su naturaleza, ¿por qué?</strong></p>
<p>Colombia, más que ninguna otra nación, fue concebida con una visión desde la naturaleza. Simón Bolívar odiaba a los españoles, pero lo que más odiaba era su falta de voluntad para permitir que las colonias prosperaran, basada en un modelo extractivo en el que sacaron, sacaron y sacaron. Esa violación del paisaje se convirtió en un sinónimo de los personajes rapaces de España, por lo que, contrariamente, Bolívar vio en la protección de los paisajes la esencia de Colombia. Y eso lo aprendió de Alexander von Humboldt. Para Bolívar, la riqueza natural de la nación era una expresión de vitalidad, de libertad y de independencia. Y desde ahí están los cimientos de este país.</p>
<p><figure id="attachment_86045" aria-describedby="caption-attachment-86045" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86045 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/la-mina-antioquia-1.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86045" class="wp-caption-text">Wade Davis en La Mina, Antioquia, junto a una estatua de Simón Bolívar. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure></p>
<p>Recuerdo un personaje que me gustó mucho en el libro: Morita, el guardián de los manatíes. Era un hombre muy humilde y trabajador que se enamoró de los manatíes y se convirtió en su protector. Los quería tanto que los buscaba y los cuidaba en tiempos de sequía, si estaban en riesgo los protegía, y eran también su fortaleza cuando tenía que enfrentarse a los actores del conflicto. Una vez, alrededor de una ciénaga muy pequeña, me contó que trabajando con los alumnos de un colegio de su pueblito encontraron allí 75 especies de mariposas, todas distintas. Me pareció increíble. En Canadá, mi país, que es enorme, tenemos quizás 150 o 200, y ustedes tienen 75 ahí mismo. Y él me respondió algo que me encanta. Me dijo: “Hermano, tiene que entender que en Colombia las mariposas son sencillamente una flor que puede volar. Por eso tenemos tantas”. Para mí esa es la esencia de este país.</p>
<p><figure id="attachment_86037" aria-describedby="caption-attachment-86037" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86037 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/con-Morita-Cienaga-de-Paredes.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86037" class="wp-caption-text">Wade Davis con Jose “Morita” Manuel Zapata, el cuidador de los manatíes, en la Ciénaga de Paredes. / Foto: Xandra Uribe</figcaption></figure></p>
<p><strong>¿Cómo podemos volver a conectar a Colombia con el río que le dio vida?</strong></p>
<p>En los cinco años que duré recorriendo la cuenca, una de las cosas que más me sorprendió fue que cada persona con la que hablaba me transmitía la misma idea. Me decían: para limpiar nuestras almas tenemos que limpiar el río, y para limpiar el río tenemos que limpiar nuestras almas. Y esa no era una expresión que iba buscando, sino que me la entregó cada persona que conocí. Una idea de limpiar un río como símbolo de resiliencia y del renacimiento a una nación.</p>
<p>Limpiar el río no es tan difícil. El río Hudson, al lado de Nueva York, o el río Temes, en Londres, estaban hace unos años mucho más dañados que el río Magdalena. Estaban totalmente muertos. No había ninguna percepción de vida. Pero se pusieron en la tarea de recuperarlos, y lo lograron. Los ríos tienen una capacidad de recuperarse enorme, entonces, si queremos limpiar el Magdalena lo que tenemos que hacer es dejar de arrojarle toda la basura y la mierda al río.</p>
<p><figure id="attachment_86028" aria-describedby="caption-attachment-86028" style="width: 1494px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86028 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Atardecer-en-el-Magdalena-río-arriba-de-La-Gloria..jpg" alt="" width="1494" height="1006" /><figcaption id="caption-attachment-86028" class="wp-caption-text">Atardecer en el Río Magdalena, aguas arriba de La Gloria. / Foto: Wade Davis</figcaption></figure></p>
<p>Lo que a mí me parece clave en el Magdalena es que entendamos que el río es como el corazón del país, y que limpiarlo no es solo un tema ambiental, sino un acto patriótico. Si los ríos, las ciénagas, los páramos y los bosques son la riqueza del país, quienes los están dañando están atentando contra el país mismo. Si eso se entendiera, quizá podríamos conseguir la ayuda de todos los colombianos, campesinos, pescadores, del norte, centro y sur del país, de izquierda, de derecha. Porque todos los colombianos sienten amor por su país. Como me lo dijo alguna vez el mamo Camilo, de la comunidad arhuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta: “La paz no vale nada si es solamente una manera en la que los varios lados del conflicto se unen para mantener una guerra contra la naturaleza”. Hoy, tras el Acuerdo de Paz, Colombia tiene una oportunidad única de tomar decisiones, basadas en el conocimiento científico, sobre el destino de su naturaleza y de sus tierras, a las que durante años no se pudo acceder por el conflicto.</p>
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<p><em>Video: Cortesía. Realizado gracias al apoyo de la Embajada de Canadá en Colombia y a la editorial Planeta. Crédito: Cauca, Atlas de los Andes, 2014 @camiloechavarría_</em></p>
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        <author>Blog El Río</author>
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        <pubDate>Sun, 05 Sep 2021 00:22:13 +0000</pubDate>
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