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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de mercado publico santa marta | Blogs El Espectador</title>
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        <title>! QUE VIVA LA COCA VITAL !</title>
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        <description><![CDATA[<p>¡QUE VIVA LA COCA VITAL! Hernando Llano Ángel. Ya los principales medios de comunicación reaccionan indignados frente al anuncio del gobierno de Petro de limitar a solo 20.000 hectáreas la erradicación de los cultivos de coca en el 2023, sin utilizar el potencialmente cancerígeno glifosato. Incluso, algunos consideran que dicha decisión es una prueba inocultable [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><strong>¡QUE VIVA LA COCA VITAL!</strong></p>
<p style="text-align: right">Hernando Llano Ángel.</p>
<p>Ya los principales medios de comunicación reaccionan indignados frente al anuncio del gobierno de Petro de limitar a solo 20.000 hectáreas la erradicación de los cultivos de coca en el<a href="https://www.eltiempo.com/justicia/conflicto-y-narcotrafico/reduccion-en-meta-de-erradicacion-de-cultivos-de-uso-ilicito-genera-debate-732994"> 2023</a>, sin utilizar el potencialmente cancerígeno <a href="https://www.greenpeace.org/mexico/blog/9205/glifosato-herbicida-agente-cancerigeno/">glifosato</a>. Incluso, algunos consideran que dicha decisión es una prueba inocultable del carácter mafioso de este gobierno, que consolida así su alianza con el crimen organizado. Los más radicales dirán que estamos frente a un narcoestado. Para reafirmar ese cargo y deslegitimar el gobierno del Pacto Histórico y su ambicioso proyecto de Paz Total, suman a sus argumentos la disposición de la ley 2272 del 2022 que, en su artículo 2, abre la posibilidad de “(ii) acercamientos y conversaciones con grupos armados organizados o estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto, con el fin de lograr su sometimiento a la justicia y desmantelamiento. Se entenderá por estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto, aquellas organizaciones criminales conformadas por un número plural de personas, organizadas en una estructura jerárquica y/o en red, que se dediquen a la ejecución permanente o continua de conductas punibles, entre las que podrán encontrarse las tipificadas en la <a href="//www.itrc.gov.co/observatorio/convencion-de-las-naciones-unidas-contra-la-delincuencia-organizada-transnacional-y-sus-protocolos/">Convención de Palermo</a>, que se enmarquen en patrones criminales que incluyan el sometimiento violento de la población civil de los territorios rurales y urbanos en los que operen, y cumplan funciones en una o más economías ilícitas. Se entenderá como parte de una estructura armada organizada de crimen de alto impacto a los exmiembros de grupos armados al margen de la ley, desmovilizados mediante acuerdos pactados con el Estado Colombiano, que contribuyan con su desmantelamiento”.</p>
<p><strong>El crimen sí paga políticamente</strong></p>
<p>Sin duda, una filigrana legal nada novedosa para desactivar estructuras criminales de alto impacto, pues se inscribe en el modelo de <a href="https://verdadabierta.com/la-ley-de-sometimiento-a-la-justicia/#:~:text=La%20pol%C3%ADtica%20de%20sometimiento%20a%20la%20justicia%20propon%C3%ADa%20que%20a,para%20quien%20se%20entregara1.">“sometimiento a la justicia”</a>, implementado por el expresidente César Gaviria para la entrega de Pablo Escobar y sus temibles “extraditables”. Todos recordamos que, en un principio, fue un éxito sin precedentes, pues desembocó en la entrega de Escobar y su combo criminal, al tiempo que la Asamblea Nacional Constituyente aprobaba el artículo 35 “prohibiendo la extradición de colombianos por nacimiento”. Fue un éxito efímero que logró salvar un número significativo de <a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/la-historia-no-contada-del-dia-en-que-se-entrego-pablo-escobar/202128/">vidas</a>, evitando que los extraditables continuarán sembrando nuestras calles con policías asesinados por sus sicarios  o despedazando civiles con bombas detonadas al azar. Efímero, pues Escobar desde su Catedral siguió oficiando como gran cardenal del narcotráfico, incluso asesinando y descuartizando en dicho templo a sus socios traidores, los <a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/asi-alerto-rodriguez-orejuela-la-masacre-de-la-catedral-por-la-que-se-fugo-pablo-escobar/202237/">Moncada y Galeano</a>. Y, cuando lo considero necesario, abandonó su trono y volvió el terror a nuestras ciudades. Luego caería abatido en Medellín, gracias a la coalición criminal de los <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Pepes#:~:text=La%20muerte%20de%20Pablo%20Escobar,(Autodefensas%20Unidas%20de%20Colombia).">Pepes</a>, tanto o más violenta que los extraditables, producto del pragmatismo del César que permitió el actuar de los hombres de los Rodríguez Orejuela de Cali junto al Bloque de Búsqueda de la Policía Nacional, el DAS y agencias norteamericanas como la DEA y la CIA. Esta nefasta historia conviene recordarla para que, en nombre de la Paz Total, no se repitan episodios semejantes y evitar a toda costa una metamorfosis del crimen tan atroz como la que engendraron los Pepes, trasmutados al poco tiempo en<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Autodefensas_Unidas_de_Colombia"> AUC</a>, con sus cabecillas principales: <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Casta%C3%B1o">Vicente </a>y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Casta%C3%B1o_Gil">Carlos Castaño</a>; <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Fernando_Murillo">Diego Fernando Murillo</a>, más conocido como Don Berna y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Salvatore_Mancuso">Salvatore Mancuso</a>, para solo nombrar los protagonistas de cientos de masacres, desplazamientos y despojos de millones de hectáreas a campesinos, indígenas y comunidades negras. Eran tiempos en que el crimen pagaba muy bien, política, social y económicamente. Tanto que Salvatore Mancuso pronunció en el Congreso un impecable e implacable <a href="https://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/1326/Anexo11.pdf?sequence=13">discurso</a> sobre la “heroica gesta” de las AUC contra la subversión, como lo registró el<a href="https://www.youtube.com/watch?v=oUfGUDcZSq0"> Canal Institucional </a>el 28 de julio de 2004, con el beneplácito del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, que no vetó la presencia de Mancuso en el “templo de la democracia”. Luego sería rápidamente extraditado con toda la cúpula de las AUC por atreverse a contar, el 28 de abril de 2008, en el noticiero estelar de RCN al periodista judicial Juan Carlos Giraldo, la verdad sobre la infiltración de los paramilitares en “todas las <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sf4XNpHbwOk">instancias del poder</a>. De manera, pues, que el crimen si paga selectivamente. Permite alcanzar objetivos políticos y luego extraditar la verdad sobre aquellas alianzas y coaliciones que catapultaron exitosas carreras políticas, hoy en declive. Tal es la verdadera trama de nuestra política nacional, en algunas ocasiones públicamente develada, como en el <a href="https://www.senalmemoria.co/proceso-8000-historia-politica">proceso 8.000 </a>y la<a href="https://verdadabierta.com/de-la-curul-a-la-carcel/"> narcoparapolítica</a>, en otras apenas vislumbrada como la <a href="//es.wikipedia.org/wiki/%C3%91e%C3%B1epol%C3%ADtica">ñeñepolítica</a>, pero todas ellas recubiertas por una densa capa de ritos electorales y legalismos que pomposamente llamamos democracia, Estado de derecho y separación de poderes públicos. Dicha trama la hemos empezado a ver con mayor claridad desde el Acuerdo de Paz con las FARC-EP, gracias al trabajo exhaustivo y riguroso de instituciones como la<a href="https://www.jep.gov.co/Paginas/Inicio.aspx"> JEP</a> y la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición con su informe final <a href="https://www.comisiondelaverdad.co/hay-futuro-si-hay-verdad">“Hay futuro si hay verdad”.</a> Ambas instituciones nos han revelado las atrocidades de todas las partes, empezando por el Secretariado de las <a href="https://www.jep.gov.co/macrocasos/caso01.html#container">Farc</a>, continuando con miembros de la <a href="https://www.jep.gov.co/Sala-de-Prensa/Paginas/La-JEP-hace-p%C3%BAblica-la-estrategia-de-priorizaci%C3%B3n-dentro-del-Caso-03,-conocido-como-el-de-falsos-positivos.aspx#:~:text=019%20de%202021-,La%20JEP%20hace%20p%C3%BAblica%20la%20estrategia%20de%20priorizaci%C3%B3n%20dentro%20del,nacional%20entre%202002%20y%202008.">Fuerza Pública</a> y tangencialmente los máximos responsables políticos, los expresidentes de la República, que han pasado de agache, justificando sus actuaciones ante la Comisión de la Verdad con coartadas institucionales que les brindan total impunidad.</p>
<p><strong>Criminalidad de cuello blanco </strong></p>
<p>Y, paradójicamente, la principal coartada ha sido siempre la lucha contra el narcotráfico, que aparece como el chivo expiatorio de todos nuestros males, cuando no es más que una consecuencia. Una consecuencia, en primer lugar, de la política prohibicionista y su fallida expresión militar de “guerra contra las drogas”. No está de más repetir la contundente apreciación de <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Milton_Friedman">Milton Friedman</a> premio nobel de economía en 1976, según la cual: <strong><em>&#8220;si analizamos la guerra contra las drogas desde un punto de vista estrictamente económico, el papel del gobierno es proteger el cartel de las drogas. Eso es literalmente cierto&#8221;</em></strong>. Sin duda, es la ilegalidad el rey Midas del narcotráfico, pues aumenta sideralmente las ganancias de los capos, como también las que recicla con creces el sector financiero. Incluso el Banco de Occidente, buque insignia del próspero grupo AVAL, fue multado por “el lavado de más de <a href="https://www.semana.com/nacion/articulo/la-punta-del-iceberg/11643-3/">1.200 millones de dólares entre 1987 y 1988</a>”, en la operación “punta del Iceberg”, encabezada por “el procurador general de los Estados Unidos, Richard Thornburgh. En rueda de prensa Thornburgh calificó como &#8220;el mayor golpe dado por nuestro gobierno al lavado de dólares provenientes del narcotráfico&#8221;. Volvería a ser sancionado el Banco de Occidente, pero esta vez por la  “Superintendencia Financiera con una multa de 500 millones de pesos por eludir obligaciones en el control de lavado de activos y ocultar a las autoridades información sobre esa materia…Esta fue la décima segunda sanción de este tipo que recibe en Colombia el Banco de Occidente entre 2001 y 2020”, según <a href="https://www.riskglobalconsulting.com/co/blog/multado-banco-del-grupo-aval-por-faltas-en-el-control-de-lavado-de-activos-del-crimen/">Risk Global Consulting</a>. Sin dejar de mencionar el Banco de Colombia, sucursal principal en Cali, casa matriz del proceso 8.000, pues desde la cuenta “Export Café Ltda” se giraron numerosos cheques para la segunda vuelta de la campaña presidencial de Ernesto Samper, según declaración del tesorero de los Rodríguez, Guillermo <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Pallomari">Alejandro Pallomar</a>i ante la justicia norteamericana. Toda la razón tenía el escritor siciliano<a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Leonardo_Sciascia"> Leonardo Sciacsia</a>, considerado la <strong><em>&#8220;conciencia crítica de Italia&#8221;</em></strong> por su implacable denuncia de la corrupción política y de la violencia mafiosa”, cuando afirmó que “<strong><em>el capitalismo es una mafia legal y la mafia un capitalismo ilegal”</em></strong>. De allí que sea el Estado de derecho el llamado a controlar y contener ambas mafias. Para ello es imperioso que asuma su regulación y sanción legal, arrebatando a la criminalidad del narcotráfico y a todo el entramado de blanqueadores del mercado, como la banca y el sector inmobiliario, sus fabulosas y sangrientas ganancias. Parece una quijotada, pero no lo es, pues fue precisamente lo que hizo el estado norteamericano en 1933, derogando la enmienda del prohibicionismo del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_seca_en_los_Estados_Unidos">licor</a>, más conocida como Ley Seca. Claro que en el caso de la coca el prejuicio prohibicionista es más fuerte y de carácter global, imbuido por los intereses geopolíticos de Estados Unidos en la región andina y con fundamento en las Convenciones internacionales bajo el auspicio de las Naciones Unidas contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes y Sustancias <a href="https://www.tni.org/es/publicacion/las-convenciones-de-drogas-de-la-onu">Sicotrópicas</a>. Lo anterior demandará, obviamente, un enorme esfuerzo político doméstico y diplomático internacional (“<a href="https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0185-013X2017000100005">interméstico”</a>), para superar la estigmatización y demonización de una planta maravillosa como la<a href="https://www.tni.org/es/primer/hoja-de-coca-mitos-y-realidad"> coca </a> y que transite por la senda de la marihuana, que pasó de ser una yerba maldita a convertirse en planta bendita en virtud de sus propiedades terapéuticas para el tratamiento del dolor y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Cannabis_medicinal">diversas enfermedades</a>.</p>
<p><strong>¡Viva la Coca Vital!</strong></p>
<p>Incluso hay más y mejores argumentos para que la coca deje de ser “la mata que mata” &#8211;estigmatizada así por los fundamentalistas prohibicionistas que solo creen en la pedagogía del miedo y el castigo&#8211; y sea reconocida como una planta vital, la &#8220;Mama Coca&#8221;. Bastaría retomar el culto que le rinden los pueblos andinos originarios, con sus múltiples usos medicinales, alimenticios y rituales. Y para quienes los desprecian y llaman “indios atrasados al servicio de los narcos”, recomiendo que consulten las investigaciones científicas sobre <strong><em>“El potencial de la hoja de coca en la <a href="https://www.fitoterapia.net/php/descargar_documento.php?id=7115&amp;doc_r=sn&amp;num_volumen=46&amp;secc_volumen=7584">medicina actual</a></em></strong>” y la “<strong>I<a href="https://cesed.uniandes.edu.co/investigacion-de-los-usos-licitos-de-la-hoja-de-coca/">nvestigación de los usos lícitos de la hoja de coca”</a></strong> del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (CESED) de la universidad de los Andes, en curso,  adelantada por David Restrepo, Sioly-Rodríguez, Beatriz Ramos y Pablo Zuleta. El mayor desafío es, entonces, restituir a la hoja de coca su portentosa dimensión vital y convertirla en una fuente de ingresos de la economía campesina y nacional, en lugar de erradicarla y mucho menos dejarla en manos de narcos y criminales de cuello blanco. Hay es que sembrarla y transformarla en productos elaborados por la industria nacional farmacéutica, de bebidas y alimentos, confiriéndole el valor añadido necesario, respetando y retomando el saber y el sabor ancestral que los <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ekdWUcYbDa4&amp;feature=youtu.be">pueblos originarios</a> reconocen y tributan a la Mama Coca, como la aromática <em><strong>NASA EshS </strong> </em>y  <strong><em>“HAPPYCOCA</em><em>,  </em></strong>una cerveza artesanal tipo pale ale, elaborada con hoja de coca y agua mineral de la sierra nevada de Santa Marta por Nevada Cervecería en Minca, un corregimiento de <a href="https://blog.escuelacervecera.com/2017/11/07/cerveza-de-hoja-coca-hecha-en-colombia/">Santa Marta Magdalena</a>”. Solo así podremos liberarnos del yugo y la codicia del narcotráfico con sus testaferros y blanqueadores criminales, quienes no gratuitamente suelen ser acérrimos enemigos de la regulación legal y del control estatal de la hoja coca, materia prima de sus letales fortunas. Dejaríamos de ser los mayores exportadores mundiales de cocaína y quizá nos convertiríamos en <strong><em>“potencia mundial de la vida”,</em></strong> gracias al estímulo prodigioso de la coca y sus <a href="https://docs.bvsalud.org/biblioref/2018/07/907030/metabolitos-detectados-en-las-hojas-de-erythroxylum-coca-lam.pdf">compuestos</a>, más energizantes y saludables que el mismo café. <strong><em>¡Que viva la Coca-Vital!</em></strong> <strong><em>¡La Coca-Vita!, </em></strong>una nueva, refrescante y verde bebida, con mejor sabor y energía que la adictiva, azucarada y peligrosa Coca Cola. Ojalá esto no fuera un delirio imaginario y se convirtiera algún día en una realidad comercial para conquistar legalmente, sin las secuelas del crimen y la violencia, el mercado mundial de bebidas que hoy nos arrebata imperialmente Coca Cola. Tenemos todo el potencial para hacerlo, solo falta voluntad política, ofensiva diplomática y emprendimiento económico, que ya despliegan comunidades indígenas como los Nasa con su refrescante <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-59676649"> Coca Pola</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Hernando Llano Ángel</author>
                    <category>Calicanto</category>
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        <pubDate>Sat, 14 Jan 2023 14:55:13 +0000</pubDate>
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        <title>“Este libro es una carta de amor a Colombia”: Wade Davis</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/este-libro-una-carta-amor-colombia-wade-davis/</link>
        <description><![CDATA[<p>Wade Davis, el reconocido antropólogo y etnobotánico, recorrió durante 5 años el río Magdalena escuchando a comunidades, reconstruyendo la historia del país y tratando de comprender su compleja geografía. Hace poco publicó el libro que resume esa travesía: Magdalena. Historias de Colombia.  Por: Daniela Quintero Díaz (@DanielaQuinterd / @BlogElRio) Fotos: Cortesía Xandra Uribe y Wade [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><em>Wade Davis, el reconocido antropólogo y etnobotánico, recorrió durante 5 años el río Magdalena escuchando a comunidades, reconstruyendo la historia del país y tratando de comprender su compleja geografía. Hace poco publicó el libro que resume esa travesía: Magdalena. Historias de Colombia. </em></p>
<figure id="attachment_86030" aria-describedby="caption-attachment-86030" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img fetchpriority="high" decoding="async" class="wp-image-86030 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/chingaza-2.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86030" class="wp-caption-text">Wade Davis recorrió por cinco años la cuenca del Magdalena. En la foto se encuentra visitando el PNN Chingaza. / Xandra Uribe</figcaption></figure>
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<p><strong>Por: Daniela Quintero Díaz (@DanielaQuinterd / @BlogElRio)</strong><br />
<strong>Fotos: Cortesía Xandra Uribe y Wade Davis</strong></p>
<p>La primera vez que Wade Davis pisó Colombia tenía 14 años. Su madre, una profesora en Canadá, había hecho todos los esfuerzos para mandarlo a estudiar español, “el idioma del futuro”. Mientras sus compañeros de viaje canadienses se instalaron en los barrios más ricos de Cali, Davis llegó a una casa de campo en las montañas de Dapa, un pequeño corregimiento del municipio de Yumbo, en el Valle del Cauca. Allí, cuenta, lo recibieron con la calidez de una familia típica colombiana. Un padre tranquilo y cariñoso, una madre que siempre estaba esperando por él, una abuela amante de su jardín de flores y unos hermanos alcahuetas que le permitieron darse cuenta de que había encontrado su lugar en el mundo.</p>
<p>Luego de volver a su país, y de convertirse en un antropólogo cansado de leer sobre los indígenas en sus libros de Harvard, decidió cruzar una vez más el continente para llegar al Amazonas colombiano. Siguiendo los pasos de Richard Evans Shultes, un legendario explorador y botánico que dedicó gran parte de su vida a estudiar nuestra selva, publicó en el año 2002 El río, su primera obra sobre Colombia.</p>
<p>Mientras el país firmaba el Acuerdo de Paz, en un período de optimismo y esperanza, nació la idea de hacer un nuevo libro. Uno que contara la historia (y las historias) de un país único, atravesado por la guerra, que empezaba a renacer. Durante cinco años Davis se dedicó a recorrer en moto las trochas y las veredas, a ponerse las botas de caucho para subir a páramos y montañas, a andar por los caminos de los arrieros a lomo de mula y a navegar por los brazos y ciénagas del Magdalena, viendo en el río el reflejo del espíritu de Colombia.</p>
<figure id="attachment_86032" aria-describedby="caption-attachment-86032" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-86032 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/cienaga-tabacuru.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86032" class="wp-caption-text">Para Wade Davis, el libro &#8220;Magdalena. Historias de Colombia&#8221; es una carta de amor para un país que fue la fundación de su vida. / Foto: Xandra Uribe</figcaption></figure>
<p><em>Magdalena. Historias de Colombia</em> (sello editorial Crítica), como tituló su última obra, es un viaje por más de 1.500 kilómetros desde el macizo colombiano hasta Bocas de Ceniza, que pasa por nuestros períodos de Conquista e Independencia, de esclavitud y de palenques, por las caucherías del Amazonas y José Eustasio Rivera, por las épocas más oscuras del conflicto y la violencia, y por la sabiduría de las comunidades ancestrales que son ejemplo de respeto por la naturaleza. Todo está conectado por el gran río. (Le recomendamos: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/fragmento-del-libro-magdalena-historia-colombia-wade-davis" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fragmento del libro «Magdalena. Historia de Colombia» de Wade Davis</a>)</p>
<p>Como él afirma, el libro es una carta de amor para un país que fue la fundación de su vida. “Colombia”, dice, “es un regalo del río Magdalena. Y el río Magdalena es la historia de Colombia”.</p>
<figure id="attachment_86036" aria-describedby="caption-attachment-86036" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" class="wp-image-86036 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/con-mamos-en-bocas.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86036" class="wp-caption-text">Wade Davis con el Mamo Camilo y Jaison Pérez Villafaña en Bocas de Ceniza. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure>
<p><strong>¿Por qué el río Magdalena?</strong></p>
<p>Algo muy curioso es que cuando presentamos al mundo la riqueza de Colombia solemos hablar de los ríos y los bosques del Amazonas. Los ríos Caquetá, Putumayo, Vaupés y Guaviare. Y nos olvidamos que el río más importante es el Magdalena. Es como si hubiera una amnesia generalizada sobre el río en el que no solo viven cuatro de cada cinco colombianos, el corredor del comercio y la fuente del 80 % de ingresos de la nación, sino el que también es la fuente de la cultura colombiana. La madre de los 1.025 ritmos musicales de Colombia.</p>
<figure id="attachment_86027" aria-describedby="caption-attachment-86027" style="width: 1488px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86027 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Un-pescador-en-la-ciénaga-de-Tabacurú-una-de-cientos-que-hay-en-la-parte-baja-del-río-Magdalena..jpg" alt="" width="1488" height="1002" /><figcaption id="caption-attachment-86027" class="wp-caption-text">&#8220;Cuando yo estuve viajando por la cuenca durante cinco años siempre hubo un tema muy profundo, desde los pescadores, hasta los poetas, hasta los políticos, y era que para limpiar nuestra alma y para alcanzar un sueño nuevo de país teníamos que limpiar el río. Es que el río es el país y el país es el río&#8221;, Wade Davis. / Foto: Wade Davis.</figcaption></figure>
<p><strong>Para los que vivimos en el centro o en las grandes ciudades el río no ha sido tan cercano a nosotros. Nos hemos acostumbrado a darle la espalda. Sin embargo, el libro nos muestra cómo todo está interconectado&#8230;</strong></p>
<p>Siempre he dicho que la geografía de un país traza su propio destino. Y gran parte de los desafíos de Colombia se deben a su topografía, que es casi imposible. En el siglo XIX, cuando Bogotá era llamada la Atenas de Suramérica, todo lo que entraba a la capital -la maquinaria, los objetos de valor, los pianos, todo- tenía que llegar cargado a lomo de mulas. Esas mulas y sus arrieros recorrían caminos entre las montañas que eran como cordones umbilicales que conectaban a las ciudades con el río Magdalena, y que les permitieron a los colombianos establecerse en una tierra de montañas. Por muchos años las ciudades principales de Colombia se conectaron con el mundo a través del río Magdalena, pues era la única forma en la que los productos colombianos podían salir del país, y otros podían llegar a Colombia. Pero lo curioso es que para los colombianos se trataba más como de una frontera, y no de una arteria principal y la conexión con el resto del mundo, que es como lo vemos desde afuera. (Le puede interesar: <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/el-rio/colombia-tendra-una-comision-accidental-del-agua-se-trata" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Colombia tendrá una Comisión Accidental del Agua. ¿Por qué es un paso muy importante?</a>)</p>
<p><strong>¿Esa geografía casi imposible de Colombia es también lo que lo hace un país único?</strong></p>
<p>Esa geografía es la que hace a Colombia el país más diverso en el mundo, ecológicamente hablando. No hay lugar en el país que quede a más de un día de cada nicho ecológico conocido en la Tierra. Solo en Colombia se puede pasar por una costa desértica, caminar por humedales tan brillantes como el cielo, ver cómo los bosques tropicales se unen con los valles vírgenes templados, encontrarse con una selva amazónica sinfín y llegar a las planicies eternas de los Llanos. Es un territorio bucólico que nunca encontrarías en el Viejo Mundo. Y lo más bello es que esa diversidad de su topografía y geografía encontraron su espejo perfecto en el espíritu de Colombia. Por momentos plácido y calmo, en otros tiempos explosivo y violento, como una montaña que se sacude y se desmorona al mar.</p>
<figure id="attachment_86038" aria-describedby="caption-attachment-86038" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86038 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Honda.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86038" class="wp-caption-text">Wade Davis tomando apuntes para su último libro en Honda, al lado del Río Magdalena. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure>
<p>Para mí, Gabriel García Márquez, que regaló al mundo y a la literatura el realismo mágico, más que un escritor de ficción, fue un periodista que se dedicó toda su vida a escribir lo que vio. Lo maravilloso fue que vivió en un país en donde el cielo y la tierra convergen de manera regular para revelar destellos de lo divino. Esto es lo que hace a Colombia tan hermosa y tan sublime, la riqueza de los paisajes y la belleza de su diversidad. Es como si la cordillera de los Andes, tras levantarse, se encontrara con el espíritu colombiano y se detuviera. No puede llegar más allá. Entonces se condensa en este accidentado nudo de montañas, el Macizo colombiano, desde donde nacen las cinco arterias fluviales más importantes del país: los ríos Magdalena, Cauca, Putumayo, Caquetá y Patía; y las tres cordilleras que corren y se desvanecen hacia el norte.</p>
<p>Cuando caminas los antiguos caminos precolombinos que cruzan el macizo hay un punto en el que, dependiendo del lado del Magdalena en el que estés, puedes literalmente estirar un brazo y tocar el nacimiento de la cordillera Oriental. O con la otra mano tocar el nacimiento de la cordillera Central. Es increíble, porque de verdad puedes tocar los orígenes geográficos de la que yo creo que es la nación más maravillosa del planeta.</p>
<p><strong>El recorrido por el libro es también una muestra de la violencia que el país ha atravesado durante su historia…</strong></p>
<p>Todos los grandes ríos se convierten en metáforas de la historia de la nación. Y, en muchas formas, el Magdalena ha visto y ha vivido todos los capítulos de la historia de Colombia. Por eso el título del libro es Magdalena: historias de Colombia, porque más allá de mostrar el río, estuve tratando de encontrar colombianos que tenían algo que decir, y que el mundo tenía que escuchar y entender. Mi intención fue tratar de presentar una imagen de Colombia distinta. Claro que ha habido 50 años de conflicto, claro que hay 260.000 muertos y siete millones de desplazados. Los ríos y las quebradas se llenaron de sangre, y el río Magdalena se convirtió en el cementerio más grande del país. Pero Colombia es mucho más que eso. Es un país de colores y cariño.</p>
<p>Lo que también hay que gritarle al mundo es que ese conflicto de 50 años fue totalmente un conflicto por la cocaína, y que la responsabilidad sobre eso la tiene el resto del mundo.</p>
<p>Ya vimos que la guerra contra las drogas no funcionó, y que solo resultó en más cultivos y más personas consumiendo como nunca antes. Para mí, la salida está en descriminalizar las hojas de coca y crear un mercado sobre lo benigno, lo nutritivo, que ha sido usado por más de 500 años por las comunidades indígenas sin evidencia de toxicidad o adicción. El problema que tenemos con la guerra contra las drogas es que ninguno de los lados quiere que se acabe, ni los carteles ni los oficiales antidrogas de Estados Unidos.</p>
<figure id="attachment_86046" aria-describedby="caption-attachment-86046" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-86046" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/puerto-wilches.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86046" class="wp-caption-text">Wade Davis, Juan Gonzalo Betancur y Xandra Uribe en Puerto Wilches, Santander. / Foto: Cortesía</figcaption></figure>
<p><strong>¿Ese río al que le hemos dado la espalda y hemos contaminado, pero sigue corriendo en búsqueda de vida, podría ser también una muestra de la resiliencia de los colombianos?</strong></p>
<p>Sin duda solo los colombianos podrían sobrevivir a un conflicto así de duro. Para mí es impresionante ver cómo con medio siglo de guerra el país ha logrado mantener su democracia, su sociedad civil, su cuidado y conservación de la naturaleza con tantos Parques Nacionales Naturales. Creo que con el río pasa lo mismo. Durante toda nuestra historia ignoramos el río, y en los tiempos más oscuros del conflicto lo convertimos en el cementerio de la nación. Sin embargo, él siempre siguió corriendo, como un río de vida, y nunca nos abandonó. Nos dio en cambio la pulla, la cumbia, la tambora, la cultura, la literatura, la poesía, la oración. Ya es momento también de devolverle eso al río y dejar que se depure de todo lo que lo ha mancillado.</p>
<p><strong>Aunque por años los científicos y las comunidades llevan diciéndonos que somos un país de agua, un país anfibio, parece que aún no hemos aprendido lo que significa. Actualmente hay muchas propuestas que podrían afectar el Magdalena. ¿Cómo conectar esos conocimientos con quienes toman las decisiones?</strong></p>
<p>Gran parte de la grandeza del Magdalena es que es un río funcional, de trabajo, y siempre lo ha sido. Es la fuente de la energía que ilumina a las grandes ciudades de Colombia, y de recursos que se necesitan para la economía. Aunque Colombia tiene que compensar sus necesidades, es importante que esas necesidades tengan en cuenta que la preservación es la esencia de este país. Hay que encontrar un punto medio, un balance. El problema con las represas del Magdalena, por ejemplo, es que no fueron pensadas para permitir la migración de peces, y eso es increíble. En términos de planes futuros, los colombianos tendrán que decidir si lo que quieren es responder a intereses de grandes empresas que quieren construir 12 represas en el Magdalena o conservar su patrimonio más grande, que también le ayudará a compensar sus necesidades.</p>
<p><strong>El libro dice que el atributo más grande de Colombia es su naturaleza, ¿por qué?</strong></p>
<p>Colombia, más que ninguna otra nación, fue concebida con una visión desde la naturaleza. Simón Bolívar odiaba a los españoles, pero lo que más odiaba era su falta de voluntad para permitir que las colonias prosperaran, basada en un modelo extractivo en el que sacaron, sacaron y sacaron. Esa violación del paisaje se convirtió en un sinónimo de los personajes rapaces de España, por lo que, contrariamente, Bolívar vio en la protección de los paisajes la esencia de Colombia. Y eso lo aprendió de Alexander von Humboldt. Para Bolívar, la riqueza natural de la nación era una expresión de vitalidad, de libertad y de independencia. Y desde ahí están los cimientos de este país.</p>
<figure id="attachment_86045" aria-describedby="caption-attachment-86045" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86045 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/la-mina-antioquia-1.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86045" class="wp-caption-text">Wade Davis en La Mina, Antioquia, junto a una estatua de Simón Bolívar. / Foto: Xandra Uribe.</figcaption></figure>
<p>Recuerdo un personaje que me gustó mucho en el libro: Morita, el guardián de los manatíes. Era un hombre muy humilde y trabajador que se enamoró de los manatíes y se convirtió en su protector. Los quería tanto que los buscaba y los cuidaba en tiempos de sequía, si estaban en riesgo los protegía, y eran también su fortaleza cuando tenía que enfrentarse a los actores del conflicto. Una vez, alrededor de una ciénaga muy pequeña, me contó que trabajando con los alumnos de un colegio de su pueblito encontraron allí 75 especies de mariposas, todas distintas. Me pareció increíble. En Canadá, mi país, que es enorme, tenemos quizás 150 o 200, y ustedes tienen 75 ahí mismo. Y él me respondió algo que me encanta. Me dijo: “Hermano, tiene que entender que en Colombia las mariposas son sencillamente una flor que puede volar. Por eso tenemos tantas”. Para mí esa es la esencia de este país.</p>
<figure id="attachment_86037" aria-describedby="caption-attachment-86037" style="width: 4032px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86037 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/con-Morita-Cienaga-de-Paredes.jpg" alt="" width="4032" height="3024" /><figcaption id="caption-attachment-86037" class="wp-caption-text">Wade Davis con Jose “Morita” Manuel Zapata, el cuidador de los manatíes, en la Ciénaga de Paredes. / Foto: Xandra Uribe</figcaption></figure>
<p><strong>¿Cómo podemos volver a conectar a Colombia con el río que le dio vida?</strong></p>
<p>En los cinco años que duré recorriendo la cuenca, una de las cosas que más me sorprendió fue que cada persona con la que hablaba me transmitía la misma idea. Me decían: para limpiar nuestras almas tenemos que limpiar el río, y para limpiar el río tenemos que limpiar nuestras almas. Y esa no era una expresión que iba buscando, sino que me la entregó cada persona que conocí. Una idea de limpiar un río como símbolo de resiliencia y del renacimiento a una nación.</p>
<p>Limpiar el río no es tan difícil. El río Hudson, al lado de Nueva York, o el río Temes, en Londres, estaban hace unos años mucho más dañados que el río Magdalena. Estaban totalmente muertos. No había ninguna percepción de vida. Pero se pusieron en la tarea de recuperarlos, y lo lograron. Los ríos tienen una capacidad de recuperarse enorme, entonces, si queremos limpiar el Magdalena lo que tenemos que hacer es dejar de arrojarle toda la basura y la mierda al río.</p>
<figure id="attachment_86028" aria-describedby="caption-attachment-86028" style="width: 1494px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-86028 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/09/Atardecer-en-el-Magdalena-río-arriba-de-La-Gloria..jpg" alt="" width="1494" height="1006" /><figcaption id="caption-attachment-86028" class="wp-caption-text">Atardecer en el Río Magdalena, aguas arriba de La Gloria. / Foto: Wade Davis</figcaption></figure>
<p>Lo que a mí me parece clave en el Magdalena es que entendamos que el río es como el corazón del país, y que limpiarlo no es solo un tema ambiental, sino un acto patriótico. Si los ríos, las ciénagas, los páramos y los bosques son la riqueza del país, quienes los están dañando están atentando contra el país mismo. Si eso se entendiera, quizá podríamos conseguir la ayuda de todos los colombianos, campesinos, pescadores, del norte, centro y sur del país, de izquierda, de derecha. Porque todos los colombianos sienten amor por su país. Como me lo dijo alguna vez el mamo Camilo, de la comunidad arhuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta: “La paz no vale nada si es solamente una manera en la que los varios lados del conflicto se unen para mantener una guerra contra la naturaleza”. Hoy, tras el Acuerdo de Paz, Colombia tiene una oportunidad única de tomar decisiones, basadas en el conocimiento científico, sobre el destino de su naturaleza y de sus tierras, a las que durante años no se pudo acceder por el conflicto.</p>
<p><iframe loading="lazy" title="Trailer libro Magdalena. Historias de Colombia de Wade Davis" width="500" height="281" src="https://www.youtube.com/embed/5kdvi68jmpM?feature=oembed" frameborder="0" allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture; web-share" referrerpolicy="strict-origin-when-cross-origin" allowfullscreen></iframe></p>
<p><em>Video: Cortesía. Realizado gracias al apoyo de la Embajada de Canadá en Colombia y a la editorial Planeta. Crédito: Cauca, Atlas de los Andes, 2014 @camiloechavarría_</em></p>
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        <author>Blog El Río</author>
                    <category>El Río</category>
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        <pubDate>Sun, 05 Sep 2021 00:22:13 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[“Este libro es una carta de amor a Colombia”: Wade Davis]]></media:description>
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        <title>Fragmento del libro &amp;#8220;Magdalena. Historia de Colombia&amp;#8221; de Wade Davis</title>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><em>Presentamos el capítulo “Bocas de Ceniza” de uno de los libros más esperados del antropólogo y etnobotánico canadiense que se enamoró de Colombia y sus ríos, Wade Davis: &#8220;Magdalena. Historias de Colombia&#8221;.</em></p>
<figure id="attachment_85575" aria-describedby="caption-attachment-85575" style="width: 4440px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-85575 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2021/08/Magdalena10486.jpg" alt="" width="4440" height="3240" /><figcaption id="caption-attachment-85575" class="wp-caption-text">El libro, que hace un recorrido durante 480 páginas por muchos de los rincones del río Magdalena, fue traducido y publicado en español por la Editorial Planeta. /Foto: Cortesía</figcaption></figure>
<p style="text-align: center;"><strong>Bocas de Ceniza</strong></p>
<p class="4Texto-Primerprrafo" style="margin-top: 0cm; line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">La desembocadura del río Magdalena es del color de la tierra. Hacia el norte, atravesando un mar de nubes de oro, el cielo del Caribe se difumina en el lapislázuli de la luz difusa. Hacia el occidente, el sol se pone sobre el Atrato y los bosques tropicales del Darién, el golfo de Urabá y todos los islotes perdidos de Panamá. Hacia el oriente, las playas y orillas de roca se extienden hasta Santa Marta y más allá, hasta la ciénaga Grande —un vasto humedal que resplandece como un gran espejo del cielo— y hasta las cimas de la Sierra Nevada —la cadena de montañas costeras más alta del mundo—, para llegar finalmente a las arenas de La Guajira, una península desértica donde los colombianos han sobrevivido a punta de dureza, comercio, resiliencia y pasión. </span></p>
<p class="4Texto-Primerprrafo" style="margin-top: 0cm; line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Hacia el sur, río arriba, las luces de Barranquilla relumbran como un halo distante suspendido sobre una ciudad que, desde su nacimiento, le ha dado inexplicablemente la espalda al río que le dio vida. Fundada entre 1627 y 1637, Barranquilla fue una pequeña aldea pesquera hasta que llegaron los buques mercantes en 1824, pero incluso entonces no pudo decidir si ser un puerto sobre el río o una ciudad sobre el mar. La construcción, en 1872, de una vía ferroviaria desde Barranquilla hasta Salgar, abrió el camino para una gran salida marítima hacia el mundo. Y fue así como buques transatlánticos entraron por primera vez a la desembocadura del río, luchando contra una corriente que cargaba el peso y las promesas de toda una nación. De hecho, se podría decir que el Magdalena cargaba con el territorio colombiano en sus aguas, pues en 1883, la acumulación de fango y sedimentos taponó nuevamente el estuario, haciendo innavegable la desembocadura.</span></p>
<p class="4Texto-Primerprrafo" style="margin-top: 0cm; line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD" style="letter-spacing: .05pt;">En 1893, la construcción en Puerto Colombia de uno de los muelles más grandes y sofisticados del mundo en ese entonces, a veinte kilómetros costeros al occidente de Barranquilla, desvió el comercio por más de una década, pero en 1906 se le volvió a prestar atención al potencial que tenía Bocas de Ceniza, la verdadera desembocadura del río. Con el ambicioso plan de drenar el canal fluvial y construir un puerto moderno en Barranquilla, el gobierno contrató una empresa estadounidense en 1907. Luego redirigió el contrato a una empresa alemana en 1912, a un consorcio nacional en 1919 y, finalmente, en 1924, con poco o nada para mostrar, volvió a poner su dinero en manos de los estadounidenses. Puerto Colombia fue abandonado, y su magnífico muelle de hierro y concreto se fue desmoronando lentamente. En 1943, una ley impulsada por turbios intereses políticos de la época prohibió el uso de cualquiera de las instalaciones de Puerto Colombia. Al final, lo poco que quedó fue destruido por el mar. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Entretanto, la desembocadura del río fue reforzada por una larga línea de tajamares que corrían paralelos a la corriente, con la intención de encauzar el Magdalena en un canal estrecho que concentrara su fuerza, de forma que arrastrara los sedimentos hacia el mar. Desafortunadamente, estas barreras de roca, cuya construcción tomó una década de arduo y costoso trabajo, tuvieron el efecto contrario y atraparon los sedimentos en el estuario, taponándolo más que nunca. La crisis económica de 1929 suspendió la obra durante varios años, de tal forma que solo en 1936 el presidente Alfonso López Pumarejo pudo inaugurar oficialmente el nuevo canal (aunque en realidad la obra solo se completó en 1939) y la Terminal Marítima y Fluvial de Barranquilla, al cruzar la desembocadura del Magdalena a bordo de un buque militar, con un cortejo de ministros, almirantes, gobernadores y alcaldes. “Barranquilla”, declaró ese día, “será de ahora en adelante un puerto en el mar”. Tristemente, eso nunca llegó a ser más que la expresión de un deseo. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Durante un tiempo, a principios de 1936, buques cargueros y navíos de gran envergadura pudieron transitar por el río y llegar hasta la ciudad. Pero era una pelea perdida con un río nacido a miles de kilómetros al sur, en el gran Macizo Colombiano, un nudo de montañas que se iza sobre el continente y le da nacimiento no solo al Magdalena, sino también al río Putumayo, al Cauca, al Caquetá y al Patía, por no mencionar que allí nacen también las tres principales ramas de los Andes, que se despliegan por Colombia en gigantescas cordilleras que se extienden hacia el norte, para terminar en la inmensa planicie de la Costa Caribe. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">En el cuerpo de Colombia el río Magdalena podría considerarse su arteria principal. Un río joven —si se lo considera desde la perspectiva de las eras geológicas—, con un sistema de drenaje que abarca un cuarto de la nación y fluye de un extremo del país al otro, atravesando una variedad asombrosamente diversa de paisajes de glaciares y volcanes de picos nevados, bosques de nubes y páramos saturados de lluvia. Alimentado por lagos e incontables arroyos montañosos, el río cae a una enorme llanura que antiguamente estaba cubierta de bosques tropicales, pantanos poblados de caimanes y corrientes habitadas por manatíes. Regados por toda la cuenca de la ribera baja hay literalmente miles de humedales resplandecientes, algunos del tamaño del cielo. De hecho, todo el Bajo Magdalena es un mundo de agua que va y viene con cada temporada, haciendo que el río desborde sus flancos y llegue así a besar tierras que pueden estar a ochenta kilómetros de distancia, mientras que su estuario se expande para abarcar y definir —tanto geográfica como hidrológicamente, por no decir también económica y culturalmente— a toda la costa colombiana. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD" style="letter-spacing: -.05pt;">Los intentos que durante años se han hecho para transformar Bocas de Ceniza en un puerto industrial se han concentrado en reconfigurar la desembocadura e invariablemente han terminado siendo obras quijotescas que desafían a la naturaleza y recuerdan los fútiles intentos del rey Canuto por mantener a raya las olas del océano. Todos los años el río Magdalena lleva, a pesar de su sinuoso vagabundeo, alrededor de 250 millones de toneladas de fango al mar; es como si se vertieran en el delta mil ochocientos camiones llenos de sedimentos al día. A pesar de haber hecho sus mejores esfuerzos, los ingenieros nunca pudieron cumplir su cometido. El nombre de las empresas encargadas de domar el río mediante la construcción de tajamares y drenando el canal fue cambiando cada década, pero ninguna sería capaz de lograr lo imposible. El río se llenó de sedimentos y se estancó en 1942 y 1945, y de nuevo en 1958 y 1963. Millones de dólares se han invertido, y seguramente se seguirán invirtiendo, en nuevos y, quizás, mejores intentos de industrializar la desembocadura del río. Pero al final, el Magdalena seguirá llevándolo todo al mar, fundiendo el cuerpo de Colombia, como canta Shakira, como el de un amante con las aguas del mundo. </span></p>
<p class="4Texttraspausa" style="margin-top: 0cm; line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Desde el poblado ribereño de Las Flores, una vieja aldea de pescadores que hoy en día se encuentra sitiada por los barrios periféricos de Barranquilla, un ferrocarril de vía estrecha corre hacia el norte, a lo largo del Magdalena, pasando junto a astilleros modestos y talleres humildes, restaurantes y muelles, barcazas oxidadas encadenadas a la orilla. Llega a la costa, donde las amplias playas en forma de medialuna están cubiertas de desechos plásticos y algas marinas, y sigue por encima de los primeros tajamares construidos en la década de 1920, una estrecha escollera hecha de piedras desiguales que se prolonga por varios kilómetros dentro del mar. Las bases de roca siguen siendo sólidas, pero la vía férrea, torcida y deteriorada, remendada por tramos con tablas de madera en lugar del hierro original, evidentemente ha visto mejores épocas. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Los trencitos de vagones sin paredes que se atreven a surcarla, mientras sus motores rugen y tosen nubes de humo, con frecuencia se descarrilan y esto suscita una oleada de emoción, mientras los pasajeros se bajan y pequeños grupos de jóvenes se acercan para volver a encaramar las carcazas a los rieles. Cuando dos de estos trencitos se encuentran, yendo en direcciones opuestas por el carril solitario, los pasajeros se pasan de uno al otro con eficiencia cortés y silenciosa, a menos, claro, que en uno de los trencitos haya un radio o una vieja grabadora sonando; entonces todos se olvidan de todo, mientras la gente se mezcla e invariablemente alguien empieza a bailar. Si lo que suena son vallenatos, esos cantos del alma acompañados del gemido quejumbroso del acordeón, la demora suele tomar apenas un momento. Pero si la música que se oye es cumbia, alegre y seductora, y las mujeres comienzan a ondear sus largas faldas alrededor de los talones, entonces no queda de otra que aceptar el nuevo rumbo que ha tomado el día y cambiar de planes.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Bocas de Ceniza es un destino turístico bastante popular, sobre todo entre familias y estudiantes locales. Los rieles llegan casi hasta la mitad de la escollera, una angosta rotonda donde, bajo la mirada protectora de una Virgen blanca puesta sobre una columna de cemento, todo el mundo se baja a caminar. Niños pequeños, impecablemente vestidos, vagan como mariposas por todas partes. Niñas adolescentes de bluyines apretados y <span class="Itlica">tops</span> llenos de pedrería desafían la gravedad al aventurarse en tacones un poco más allá, caminando delicadamente en puntas de pie sobre rocas y viejos vestigios de carrilera. Las mujeres mayores buscan en vano rincones de sombra, para contentarse al final con un raspado, un cono de hielo rallado empapado en jarabes de distintos sabores. </span></p>
<p class="4Textnormal-5" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">La escollera está rodeada, a ambos lados, de pequeñas chozas de madera, hogar de hombres y mujeres que viven en las rocas, pescando de noche y durmiendo de día. Al calor del sol, se siente su ausencia; el espacio se siente baldío y abandonado. La escollera de piedra no llega a tener más de diez metros de ancho en ningún tramo. A un lado está el mar, de agua oscura y turbia, y pequeñas olas que chocan contra las rocas y salpican la tierra. Al otro lado corre el Magdalena, marrón por el fango, demasiado tóxico como para ser potable, contaminado por desechos industriales y humanos que le llegan desde todos los pueblos y ciudades de una cuenca que alberga a cuarenta millones de colombianos. Los pescadores usan el río para lavar la ropa y bañarse en él, pero ni el más valiente entre ellos se atreve a beber de sus aguas. Algunos, atormentados por el recuerdo de días oscuros, cuando veían cadáveres flotando en un río que se había convertido en el cementerio de la nación, se niegan incluso a comer de la pesca.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">La suya parece una existencia precaria, apostada al borde de un estrecho malecón, viviendo en chozas armadas con viejas tablas de madera que el sol ha blanqueado y tornado grisáceas, y expuesta a que una ola acabe con su vida cualquier día. Sin embargo, como si quisieran desafiar el destino a conciencia, rechazando cualquier gesto de lástima, todas las personas que viven allí han pintado sus casas poéticamente, con sencillas declaraciones de fe y satisfacción con la vida, cada una firmada por su autor. “Yo vivo feliz en Bocas de Ceniza”, afirma Wilfrido de Ávila Barrios. “Con lo que he ganado pescando he logrado criar a mis hijos y mantener a mi familia y por eso no me quiero ir nunca de acá. Es lo que quiero yo y lo que quiere mi familia”. Una tabla que cuelga de la fachada de la casa de Gilberto Hernández dice: “Lo que me gusta de este lugar es la paz que sólo se respira aquí, los pescados y el sonido de las olas al romper sobre las rocas”. En otra fachada, propiedad de un apuesto joven de veinte años, soltero y sin interés alguno por casarse, dice: “Acá vive Beethoven. Acá se respira paz, amor y tranquilidad”. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Solo cuando la luz se desvanece, y el alegre y acalorado grupo de turistas se retira en los vagones del trencito que los regresa a la ciudad, vuelve a cobrar vida esta pequeña comunidad de pescadores. Los hombres y mujeres salen, entonces, de sus casas y se reúnen alrededor de fogatas, tomando tinto en pocillos pequeños, alistándose para la noche. Solo trabajan en la oscuridad, en la punta del tajamar, donde sopla un viento feroz que viene del norte. Pescan con cometas hechas con pedazos de plástico y pequeños trozos de madera, que se levantan en el viento llevando sus cordeles cargados con una docena de anzuelos y varias botellas plásticas que flotan adentrándose en el mar. A la luz del resplandor de las linternas que se ponen en la cabeza, se encaraman a las rocas para vigilar sus cordeles, mientras las olas los salpican al chocar contra las piedras, esparciendo chorros de agua salina por todo el malecón. De perfil en el cielo nocturno, su silueta parece casi heroica: desafiante, independiente e incontestablemente libre.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Ese es el verdadero espíritu del lugar, su razón de ser. Entre los más respetados y venerados de los pescadores está el veterano Andrés de la Ossa. Es un hombre delgado con un rostro suave y las manos ásperas de quien ha trabajado toda la vida pescando en el mar. Nacido en Cartagena, Andrés llegó a Bocas de Ceniza en 1962. La escollera ha sido su hogar por más de cincuenta años, un lapso que corresponde a la duración del conflicto interno que ha atormentado a Colombia. En un país asolado por la barbarie, el tajamar siempre ha estado a salvo de la violencia. “Acá no pasa nada”, explica, sacando el cordel para volver a poner carnada en sus anzuelos. “Tenemos una vida normal, la gente viene y habla con uno y se da cuenta de que todo sigue igual a como ha estado siempre. Hay épocas en que la pesca es buena y otras en las que no tanto. Pero el agua está siempre ahí y siempre habrá peces en el mar”. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Al preguntarle sobre el Magdalena, al otro lado del tajamar, él habla del río como si fuera otro mundo, uno de oscuridad y discordia. Las redes se enredan en las piedras del lado del río. El agua no se puede beber. Quienes viven en el tajamar tienen que traer agua potable de la ciudad. Justo el domingo anterior, en el día del Señor, Andrés sacó dos cadáveres del río, un hombre y una mujer envueltos en un tapete. En el peor período de la violencia, dice, el flujo de cuerpos era constante. La mayoría venían decapitados, pero a veces se podía identificar a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (</span><span class="Versalita"><span lang="ES-TRAD">farc)</span></span><span lang="ES-TRAD"> por sus botas de caucho, las mismas que él solía ponerse de niño para trabajar en la huerta que había en la casa de su tío. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Al día siguiente amanecí en un catre de madera en la casa de un hombre a quien recién había conocido. Su generosidad y amabilidad, rasgos comunes en colombianos que aparentemente tienen poco para compartir, no dejaban de asombrarme. Mientras escuchaba las olas chocando contra las rocas a un lado de la cabaña, y al otro, el reflujo tranquilo de un río tan contaminado que no se puede beber de él, pensaba en cómo tanta gente alrededor del mundo da por hecho la existencia del agua, contaminando ríos y lagos, y olvidando que el agua potable es uno de los bienes más escasos y preciados del mundo. Si toda el agua del mundo se vertiera en un recipiente equivalente a un galón, lo que podríamos beber apenas llenaría una cucharita. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Gastamos miles de millones de dólares en enviar sondas al espacio en busca de rastros de agua en Marte, o de hielo en las lunas de Júpiter, y al mismo tiempo despilfarramos la riqueza de las naciones en plantas industriales que ponen en riesgo el suministro de agua potable en nuestro planeta azul. En la fe cristiana, el agua es símbolo de pureza espiritual al bautizar a nuestros hijos con agua bendita, trazando la forma de la cruz sobre sus frentes, o sumergiéndolos en fuentes sagradas, de las que salen dotados de gracia y con la promesa de la salvación divina. Y aun cuando bendecimos a nuestros hijos con esa preciosa sustancia extraída de cuerpos vivos de agua, no nos importa contaminar esos mismos ríos con nuestros desechos, a una escala y de una forma que solo podrían calificarse de vergonzosas. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Vivimos en un mundo de agua. Dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno, multiplicados por el milagro de la física y la química, se vuelven nubes, ríos, lluvia. Una gota de agua se desliza por la palma de la mano, protegida por la tensión superficial, una barrera de átomos de oxígeno. Al caer al suelo, cambia de forma y se ajusta a aquello que toca, aunque en realidad se adhiere y se une solo a sí misma. Solo las singulares propiedades físicas del agua permiten que las lágrimas rueden por la piel, que se formen gotas de sudor en la nuca y que la sangre fluya por el cuerpo. El aliento se condensa, suave como la niebla. El agua lluvia corre por las hendiduras del suelo, formando riachuelos. Los arroyos desaparecen. Los ríos de hielo se endurecen y fluyen. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">El agua es capaz de cambiar de estado, y volverse gaseosa, sólida o líquida, pero su núcleo no puede ser creado ni destruido. El grado de humedad del planeta no cambia con el tiempo. El agua que sació la sed de los dinosaurios es la misma que corre hoy en día al mar, el mismo fluido que ha nutrido toda vida orgánica desde el alba de la creación. El sudor de tu frente, la orina de tu vejiga, la sangre misma de tus venas caerá tarde o temprano al suelo, para hacer parte del ciclo hidrológico, el interminable e infinito proceso de evaporación, condensación y precipitación que hace posible toda existencia biológica. El agua no tiene principio ni fin. Al meter la mano en un río estamos retornando a nuestro punto de origen, atravesamos eones y rozamos el instante primordial, inconcebiblemente lejano en el tiempo, en que los cuerpos celestes, quizás en forma de cometas congelados, entraron en colisión con la Tierra y trajeron el elixir de la vida a un planeta yermo y solitario, que giraba en el vacío terciopelo del espacio.</span></p>
<p class="4Texttraspausa" style="margin-top: 0cm; line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">En la mañana, la pequeña comunidad del tajamar revela otra de sus variadas facetas: todos los pescadores también son, sin excepción, comerciantes, amos de su propio destino, lo cual refleja ese espíritu emprendedor que permite que millones de colombianos sobrevivan, e incluso prosperen, en circunstancias económicas que harían que un pueblo con menos ánimos perdiera toda esperanza. No es casualidad que a Colombia a veces la describan como “la tienda de la esquina”. Los pescadores de Bocas de Ceniza siempre han vivido en la incertidumbre; sus fortunas, al vaivén de los azares que traen el día y la noche. Algunos regresan con cestas llenas de pescado, de sábalo plateado, de corvina, de róbalo, de lisa y burel, y con una sonrisa se dirigen a los mercados de Barranquilla. Otros, habiendo trabajado las mismas aguas, vuelven a su casa sin nada que mostrar tras horas de paciente labor. Una noche de mala suerte, o dos, pueden pasar inadvertidas, pero si al cabo de días los resultados siguen siendo igual de desafortunados, invariablemente se alude a seres místicos como El Mohán, amo de los peces y amante de las aguas, que desde su palacio subacuático de oro castiga a los pescadores que violan a la madre naturaleza. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">La única persona que nunca falla en sacar pescado vive sola en la que alguna vez fue la casa de los que operaban el muelle de Puerto Colombia, una estructura en ruinas decorada con grafitis de ángeles volando y una sirena rubia, cuya cola exhibe todos los colores del arcoíris. Se dice que es un hombre “marcado” y los otros pescadores dicen que su continuo éxito es la forma en que Dios lo recompensa por los males que ha vivido. Una joven estaba explicándome esto, cuando un gigantesco buque mercantil apareció a lo lejos, deslizándose silenciosamente río abajo, justo al otro lado del tajamar, empequeñeciendo con su tamaño las chozas de madera, lo que queda de la casa de los operadores y la Virgen en su columna. Estábamos frente a una clara imagen de lo que significan la industria y el comercio para este país: una nave transatlántica que salía por la desembocadura del río Magdalena, ondeando la bandera de otra nación, y llevándose la riqueza de Colombia hacia el mundo, al igual que lo han hecho millones de barcos extranjeros durante quinientos años, desde el primer momento en que llegaron los españoles y se abrieron camino por las misteriosas costas del Caribe. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Bajo el comando de la Corona española, Rodrigo de Bastidas llegó a las costas de América del Sur en </span><span class="Versalita"><span lang="ES-TRAD">1501</span></span><span lang="ES-TRAD">. Navegando hacia el oeste desde La Guajira, con los ojos clavados en los picos nevados que se alzaban más alto que cualquier otro en el mundo conocido, encontró a los taironas, la civilización más sofisticada con la que se habían topado los españoles hasta ese momento. Deslumbrado por su trabajo en oro, uno de los más bellos jamás producidos en América, estableció una serie de puestos de comercio y luego avanzó en sus exploraciones por el norte del continente. El primero de abril llegó a un río de tal poder, furia y violencia, que lograba descargar grandes cantidades de agua dulce, marrón y llena de sedimentos, varios kilómetros mar adentro. Bastidas describió ese estuario como <span class="Itlica">bocas de ceniza</span>, bautizando a la vez al río con el nombre de Río Grande de la Magdalena, en honor de la santa María Magdalena, cuya conversión se celebraba precisamente el día en que descubrió el río. En su bitácora de viaje anotó que el río era “en efecto, muy grande”. </span></p>
<p class="4Textnormal-5" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Ya existían, por supuesto, otros nombres para el río: Yuma, Guaca-Hayo, Karakalí, Kariguaña y otros que, al igual que estos, aludían a la grandeza de las culturas y los caciques que vivían a lo largo de su ribera, en tierras que permanecieron por el momento fuera del alcance de los españoles. La atención de estos se concentró en consolidar su posición en Santa Marta y pacificar a los taironas, que fue, concretamente hablando, el primer acto de la conquista española. En una guerra tan cruel y salvaje como aquellas que adelantarían luego en México o el distante Perú, los invasores incendiaron cultivos y casas, destruyeron templos y santuarios, quemaron o rompieron objetos sagrados. Los cautivos eran crucificados, o se les dejaba morir de hambre colgándolos de garfios que insertaban entre sus costillas. Se arrestaron sacerdotes para descuartizarlos y sus cabezas fueron puestas en jaulas para que se pudrieran. En obscenos espectáculos públicos, los frailes españoles, o “los sotana negra”, como los llamaban los taironas, usaban perros rabiosos para desmembrar a los acusados de practicar sexo como lo habían hecho siempre los nativos: al aire libre y a plena luz del día, pues creían que los niños engendrados en la oscuridad corrían el riesgo de nacer ciegos. Los taironas que lograron escapar a esa forma de muerte huyeron hacia la costa, retirándose a la altura de los bosques y los valles ocultos de la Sierra Nevada de Santa Marta, una fortaleza natural que llegó a ser conocida por ellos como el Corazón del Mundo. Evitando contacto sostenido con forasteros por más de trescientos años, los sobrevivientes de esta tribu y sus descendientes abrazaron la fortuna que les otorgó la salvación y transformaron su civilización en una cultura devota de la paz. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Al día de hoy los pueblos de la Sierra Nevada —los koguis, los wiwas y los arahuacos— siguen siendo fieles a sus antiguas leyes, los mandatos ecológicos y divinos de la Gran Madre, la Madre Creadora, y siguen siendo guiados e inspirados por una hermandad sagrada conocida como “los mamos”. En su interpretación del cosmos, los seres humanos son esenciales, pues la Madre Creadora solo puede manifestarse a través del corazón de los seres humanos y de su imaginación. Para la gente de la Sierra Nevada, los humanos no son el problema, sino la solución. Ellos se denominan a sí mismos como los Hermanos Mayores. Nosotros, que amenazamos la Tierra debido a nuestra ignorancia de la ley sagrada, somos los Hermanos Menores. Ellos creen, y así lo afirman explícitamente, que son los guardianes del mundo, que sus oraciones y sus rituales literalmente mantienen el equilibrio ecológico del universo. Por generaciones han contemplado horrorizados cómo los extranjeros profanan a la Madre Creadora, deforestando los bosques, que son la piel y el tejido de su cuerpo, y envenenando los ríos, las venas y arterias que le dan vida.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Aunque la desembocadura del Magdalena está mucho más allá de la Línea Negra, con la que marcan la frontera de su territorio tradicional, la gente de la Sierra Nevada se siente responsable por el río, pues reconocen que todas las cosas están conectadas. Cuando sienten que es necesario y espiritualmente beneficioso, se embarcan en peregrinaciones a Bocas de Ceniza para hacer ofrendas, rituales de pagamentos y oraciones. Como me explicó un amigo arahuaco, Jaison Pérez Villafaña, cuando bajé con él y un grupo de veinte hombres y mujeres de la montaña al mar: “Nosotros no llamamos a la Sierra Nevada el Corazón del Mundo porque sea un capricho nuestro, sino porque los ríos que bajan de las montañas se unen con los demás ríos para refrescar el mar. Cada animal que hay en el bosque, en la montaña, en la tierra, existe en parte gracias al mar. Todo se nutre de todo y ese equilibrio es el que conocemos y respetamos. Todo es parte de un balance perfecto. El aire se vuelve viento, el viento se condensa en nubes, la lluvia cae de las nubes y fluye por la tierra a través de los ríos hacia el mar, donde vuelve a ascender en las alas del viento”. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">El hielo se forma para enfriar el mar, pues si no entrara agua dulce, el océano se volvería demasiado caliente. Por otro lado, si el mar se vuelve demasiado frío, dice Jaison, no podrá brindar la energía necesaria para darle luz y vida al mundo. Cuando un río se encuentra con el mar, sus energías se juntan, así como la coca, las hojas sagradas del hayo, se mezclan en el poporo —recipiente hecho de calabaza de la montaña— con la cal, derivada de conchas sacadas del mar. Los ríos son como la gente: cuando están jóvenes, requieren atención; cuando crecen y se juntan con otras corrientes, deben aprender a socializar y llevarse bien; y cuanto más fuertes se hacen, más deben trabajar por el bien de la comunidad, dando parte de su agua, pero no toda. Al envejecer, cuando llegan a sus últimos años al entrar en los océanos del mundo, buscan el modo de retornar a la Madre Creadora, pues el mar es el útero de todo origen. “Sabemos”, concluye Jaison, “mucho más que nuestros Hermanos Menores sobre la vida. Nunca destruiríamos un río, pues al hacerlo nos destruiríamos a nosotros mismos”. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Los arahuacos no distinguen entre el agua que está en nuestro cuerpo y el agua que existe fuera de él. “La sangre que fluye en nuestras venas”, me dijo alguna vez una joven mujer, “no es distinta del agua que fluye a través de las arterias de la vida, los ríos de la Tierra”. Ellos ven una relación directa entre la orina, la sangre, la saliva y las lágrimas, por un lado, y el agua del río, los lagos, el páramo y los manantiales. E, indudablemente, están en lo cierto. Los seres humanos nos formamos en el agua, envueltos en el cómodo capullo del vientre de nuestra madre. Cuando somos bebés, nuestros cuerpos son casi exclusivamente líquidos. Incluso como adultos, apenas un tercio de nuestro ser es sólido. Si se comprimieran nuestros huesos, nuestros ligamentos, músculos y tendones, y se extrajeran las plaquetas y las células de nuestra sangre, se vería que el resto de nosotros, casi dos tercios de nuestro peso, una vez limpiado y enjuagado, fluiría suavemente como las aguas de un río al mar. </span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">De Jaison aprendí, para mi asombro, que los mamos arahuacos solían hacer peregrinaciones no solo a la desembocadura del río Magdalena, sino a su fuente misma. Viajaban kilómetros y kilómetros río arriba, haciendo ceremonias y ofrendas, cantándole al agua, evaluando su salud y bienestar a lo largo de todo el curso. Esa era su manera no solo de cuidar al río, sino de medir qué tan bien habían cumplido con su labor de guardianes cósmicos de la Tierra otras comunidades indígenas. Los ríos, sostienen los arahuacos, son un reflejo directo del estado espiritual de la gente, un indicador infalible del grado de conciencia que posee una comunidad. En otras palabras, los ríos son el alma de la tierra por la que corren.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Cuando los mamos se dirigían a la fuente del Magdalena, viajando durante muchas semanas y meses, lo primero que hacían al llegar a cualquier asentamiento era ofrecer plegarias al río, sondeando el estado en el que se encontraba, al cantar canciones en su honor. Así, según los mamos, para que Colombia pueda liberarse de la violencia que la aflige y limpiar y liberar su alma, también debe devolverle la vida y la pureza a un sufrido río que le ha dado mucho al país. Cuando compartí con Jaison mis planes de dirigirme a la fuente del Magdalena, él solo dijo: “Para limpiarnos nosotros, debemos limpiar el río; para limpiar el río, debemos limpiarnos nosotros”.</span></p>
<p class="4Textonormal" style="line-height: normal;"><span lang="ES-TRAD">Cuando partí de Bocas de Ceniza en dirección al sur, al Cauca, a la primera etapa de un viaje intermitente por todo el Magdalena, la sabiduría de los mamos permaneció conmigo, como siempre lo hace. Cualquiera que sea el peso que uno quiera darles a sus palabras, cualquiera que sea la manera de reconocer, celebrar o, incluso, rechazar sus invaluables contribuciones al patrimonio de la nación, una cosa es cierta e indiscutible: infundirle al agua el sentido sagrado que ellos le dan no es algo contrario a la ciencia, sino, más bien, un reconocimiento de la complejidad y maravilla de los sistemas ecológicos y biológicos que solo la ciencia ha sabido iluminar.</span></p>
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        <author>Blog El Río</author>
                    <category>El Río</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=85574</guid>
        <pubDate>Wed, 11 Aug 2021 21:50:21 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Fragmento del libro &#8220;Magdalena. Historia de Colombia&#8221; de Wade Davis]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Blog El Río</media:credit>
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        <title>Caso Corelca: Luis Orlando Barragán está preso en Venezuela, pero negaron su extradición a Colombia</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/esto-mejora-pero-no-cambia/caso-corelca-luis-orlando-barragan-esta-preso-venezuela-negaron-extradicion-colombia/</link>
        <description><![CDATA[<p>El dueño de la firma Conequipos, en el ojo del huracán del escándalo por este sonado desfalco, fue capturado mediante circular roja de la Interpol, pero una magistrada de Venezuela rechazó la extradición argumentando que es venezolano y no colombiano. El  país fue sorprendido este fin de semana por la captura de 11 personas implicadas [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p>El dueño de la firma Conequipos, en el ojo del huracán del escándalo por este sonado desfalco, fue capturado mediante circular roja de la Interpol, pero una magistrada de Venezuela rechazó la extradición argumentando que es venezolano y no colombiano.<span id="more-54131"></span></p>
<p>El  país fue sorprendido este fin de semana por la captura de 11 personas implicadas en el millonario fraude de Corelca, como se le conoce al desfalco que se registró con la venta irregular de un predio en la zona industrial de Cartagena que debía ser destinado al pago de indemnizaciones de 63 familias de campesinos que se vieron afectadas por la expansión irregular de la extinta empresa de servicios públicos, en el año 98. (http://www.semana.com/mundo/articulo/capturan-11-personas-por-defraudacion-a-campesinos-beneficiarios-de-una-indemnizacion-de-corelca/513554)</p>
<p>Dicho predio, que estaba avaluado en 18 mil millones de pesos, fue comprado en unos procedimientos fraudulentos por un valor de apenas 7 mil millones de pesos, en hechos que involucraron a funcionarios públicos, notarios, registradores, abogados, empresarios y particulares. (http://www.elnuevosiglo.com.co/index.php/articulos/01-2017-otro-escandalo-de-corrupcion-corelca-y-su-lote-en-mamonal)</p>
<p>Sin embargo, en las más recientes capturas <strong>no figuró por ningún lado el nombre de Luis Orlando Barragán Gómez, propietario y gerente en su momento de la empresa Construcciones e Ingeniería y Equipos, Conequipos</strong>, la empresa que estuvo detrás de la compra del predio al precio muy por debajo del valor real.</p>
<blockquote><p>Barragán es un personaje relevante para la opinión pública de Santa Marta, pues aparte de estar enredado en este escándalo de grandes proporciones, era también el representante legal del consorcio Obras y Proyectos del Caribe S.A., concesión que en su momento construyó el Mercado Público de la ciudad, pero luego logró que el Distrito le pagara 10 mil millones de pesos y ahora pretende que se les indemnice con otros 35 mil millones.</p></blockquote>
<p>Este hombre de 68 años y nacido en Bogotá, capital de Colombia, había sido capturado en 2013 para responder por los delitos de concierto para delinquir, prevaricato, falsedad en documento público, peculado y cohecho, pero el 15 de junio de ese año, un juez le negó la medida de aseguramiento, aunque lo mantuvo vinculado al proceso.<strong> Esa oportunidad fue aprovechada por Barragán, quien de inmediato dejó el país y no se supo más de él.</strong></p>
<p>Sin embargo, la medida que había tomado el Juzgado 18 Penal Municipal con Función de Garantías fue revocada en segunda instancia, por lo que se ordenó nuevamente la medida de aseguramiento en contra de Luis Orlando Barragán Gómez, quien ya no estaba en el país.</p>
<p>Tiempo después, en el transcurso de este proceso, el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Cartagena<strong> ordenó el 24 de marzo de 2016 que se emitiera una circular roja de la Interpol</strong> para dar con la captura de Gómez, y llevarlo así a responder por los delitos que se le señalan dentro del escándalo de Corelca.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="imageContent" title="Interpol Venezuela" src="http://www.seguimiento.co/sites/default/files/2017/1/30/imagenes_adicionales/detencion_interpol_vene.jpg" alt="Interpol Venezuela reportó en su página web la captura de Luis Orlando Barragán." width="646" height="346" /></p>
<p><strong>Seguimiento.co</strong> conoció en exclusiva que la captura de Barragán se hizo efectiva el 19 de mayo de 2016 en  Venezuela. En hechos que no fueron registrados por los medios de comunicación en Colombia, una de las piezas clave de este escándalo de corrupción fue detenido a las 10 a.m. cuando salía del edificio en donde residía en el municipio de Valencia, Estado Carabobo.</p>
<p>Cuando los agentes adscritos a la División de Investigaciones de la Interpol se acercaron a Barragán para solicitar sus documentos, este <strong>mostró una cédula de ciudadanía venezolana y se presentó como una persona nacida en Caracas.</strong> Luis Orlando Barragán negó su nacionalidad colombiana.</p>
<p><strong>Venezolano por conveniencia</strong></p>
<p>Desde mediados de 2016, Luis Orlando Barragán libró una batalla jurídica respaldado por tres abogados que se encargan de su defensa, para evitar tener que ser extraditado a Colombia y tener que responder así por el desfalco de Corelca.</p>
<p>Durante seis meses, Barragán, quien <strong>tiene cédula de ciudadanía colombiana número 19.061.861 (comprobar cédula en http://www.seguimiento.co/sites/default/files/luis_orlando_barragan_gomez_colombiano.pdf)</strong> la cual utilizó en este país durante años para hacerse con millonarios contratos públicos, fundamentó su defensa en el hecho de que él no era colombiano, s<strong>ino que era natural de Caracas, donde supuestamente nació el 28 de junio de 1948</strong>. Para demostrarlo, su defensa adjuntó su cédula venezolana, dos licencias de conducir y hasta una supuesta partida de nacimiento del país vecino.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="imageContent" title="Seguimiento.co" src="http://www.seguimiento.co/sites/default/files/2017/1/30/imagenes_adicionales/luis_orlando_barragan_cedula.jpg" alt="La cédula de Luis Orlando Barragán figura en la base de datos de la Procuraduría." width="651" height="249" /></p>
<p>Después de varias audiencias, en medio de las cuales los abogados de Barragán solicitaron que se evaluara su situación de salud, finalmente<strong> la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela profirió la sentencia 501</strong>, con fecha del pasado 6 de diciembre –hace poco menos de dos meses-  en la que <strong>se declaró improcedente la solicitud de extradición que realizó Colombia.</strong></p>
<p>(Leer sentencia http://www.seguimiento.co/sites/default/files/negacion_extradicion_tribunal.pdf)</p>
<p>El Estado venezolano argumentó la negativa en el hecho de que Luis Orlando Barragán era venezolano, y se comprometió con el Gobierno colombiano a realizar los trámites para procesar a Barragán en Venezuela por los delitos de estafa, asociación, uso de documento público falso, forjamiento de documento público y corrupción.</p>
<p>Según la sentencia venezolana, Luis Orlando Barragán Gómez <strong>se encuentra privado de su libertad actualmente</strong>, mientras que el país aún espera poder presentarlo ante la justicia colombiana para que se esclarezca este emblemático caso de corrupción.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-52404" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2016/11/Firma-Polo-Díaz-Granados.jpg" alt="firma-polo-diaz-granados" width="600" height="250" /></p>
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        <author>Polo Díaz Granados</author>
                    <category>Esto mejora, pero no cambia</category>
                <guid isPermaLink="false">http://blogs.elespectador.com/?p=54131</guid>
        <pubDate>Mon, 30 Jan 2017 11:35:13 +0000</pubDate>
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