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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
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	<title>Todos los resultados de blogs de ladrido | Blogs El Espectador</title>
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        <title>Bogotá está hecha una caca… de perro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/cura-de-reposo/bogota-esta-hecha-una-caca-de-perro/</link>
        <description><![CDATA[<p>Bogotá está en pleno festival (de popó) de canes, y no hablemos ya de otros excrementos. En la ciudad hay un problema serio de excretas —y no precisamente por esa gente que habla mucha shit—, lo que agrava la contaminación y es una amenaza para la salud pública. </p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El que quiere al perro, quiere su caca y la recoge.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bogotá está hoy en manos del hampa y del popó de perros. Pero, de una vez aclaro, no tengo nada en contra de los animales para que los animalistas no se vayan a quejar. Mi rabia tiene que ver con los otros animales, los de dos patas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mis tiempos a la gente mala gente le decían: <em>“¡Usted es una caca!”. </em>Eso son hoy muchos ciudadanos con la ciudad y con sus mascotas. Felices paseando con sus perros y muchos —porque los he visto— haciéndose los desentendidos a la hora recoger sus inmundicias. Disimulan que hablan por celular. Viéndolos desde la ventana, me pregunto: ¿así son en sus casas&#8230; o peor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Miran hacia todas partes, haciéndose los locos, como si buscaran <em>pispirispis</em> en el ambiente –no sé qué es eso, pues tampoco los he visto- y cuando ven que nadie los observa… ¡saz! Huyen de la escena dejando la <em>plasta</em> como prueba del crimen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque no recoger el excremento es un crimen penalizado con multa económica (alrededor 170 mil pesos, más cinco fines de semana de trabajo comunitario), no con cárcel (por ahora). Es lo que establece el Código Nacional de Policía y Convivencia en su artículo 124.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Hay sobrepoblación animal en Bogotá, además de la humana?</strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Señor alcalde Galán: ¿A qué organismo de la Alcaldía le podemos preguntar cuántas toneladas de excremento de perros se producen a la semana o al mes en la capital? Otra duda: ¿Hay más perros que humanos en la ciudad? Pareciera que sí. Por donde vivo hay gente con tres, cuatro ¡y hasta cinco mascotas en apartamentos de menos de menos de 60 metros! ¡Dios mío: comparo eso con el hacinamiento carcelario ¿Hay sobrepoblación animal en Bogotá, además de la humana?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por donde pase, señor alcalde, hay caca de perro. Dese una vueltecita y verá. Aquí abro paréntesis: Noto muy ansioso al burgomaestre por ser él quien estrene el metro de Bogotá y se tome la primera foto (en las cuentas alegres, la fecha es el 14 de marzo de 2028, lo que significa que no será él quien lo estrene (de ahí la importancia del autobombo mediático que vemos por estos días hasta en la sopa), distrayendo la atención sobre&nbsp;problemas urgentes que tiene la ciudad, como el del popó, por ejemplo. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Deposiciones en el parque, en la acera, en las áreas verdes, incluso en las zonas comunes de edificios y conjuntos residenciales. Nadie se compadece de las señoras del aseo que deben lidiar con la caca ajena. Ya no se puede ir a un parque porque están minados. Es un peligro echarse sobre el pasto con la novia, porque se corre el riesgo de quedar vuelto miércoles un domingo. En las excretas o heces fecales conviven microbios, parásitos y huevos de parásitos causantes de enfermedades, lo que hoy es un problema de salud pública invisibilizado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En otra época uno mataba el tiempo en los parques porque no había dinero para mejores planes. Ese plan era de los más románticos. No deberíamos permitir que se extinga. ¡Recojan la popó, carajo, no sean caca!</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un artículo de <strong>El Espectador</strong> (2023), refiriéndose a <a href="https://www.elespectador.com/salud/bacterias-fecales-en-las-aceras-estarian-contaminando-los-hogares-de-nueva-york/">Nueva York</a> informaba que en la caca de los perros –y supongo que en los orines también- hay bacterias que ingresan a nuestros hogares a través de la suela de los zapatos. Quienes hicieron el estudio recomiendan a la gente dejar los zapatos a la entrada, algo que hicimos en la pandemia, ¿se acuerdan? O podemos convertirnos al budismo que invita a quitarse los zapatos al ingresar a lugares sagrados. Y la casa de uno lo es.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph">El otro día, mientras veía en Netflix la serie “Maniac” —muy buena por cierto, sobre enfermedades mentales, la recomiendo— me pareció hasta tierno ver, al principio y al final, un robot recogedor de popó. ¿Por qué aquí a nadie se le ha ocurrido la idea para ahorrarles la fatiga a los propietarios de canes? ¡Qué se compren un perro y a la vez un robot! Los podrían adquirir los consejos de administración de la Propiedad Horizontal con cargo al bolsillo de los tenedores de mascotas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Medellín ya existe una empresa que convierte esos desechos en <a href="https://www.agronegocios.co/tecnologia/eco-poop-convierte-los-desechos-de-mascotas-en-abono-organico-2899601">abono orgánico</a>. Recolectan e inactivan los patógenos contenidos en los excrementos. <em>“Capturamos 2200 Kg de gas carbono, liberando 63 Kg de oxígeno por tonelada de excremento procesado, ayudando así a la disminución del calentamiento global”, </em>dicen en su página web.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Señores concejales: Hagan algo para poner orden en la ciudad. &nbsp;¿Qué está haciendo la Alcaldía de Bogotá? ¿Qué tienen que decir las secretarías de Salud y de Medio Ambiente al respecto? ¿Cuál es el papel de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos, UAESP, en esta materia (en esta materia fecal)? ¿Hay alguna competencia del Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal, IDPYBA?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque, me cuentan, las peleas entre vecinos han llegado a límites absurdos. <em>“Con mi perro nadie se mete”</em>, gritan algunos justificándose, desentendidos con la indirecta.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pregunta un vecino afligido en internet: <em>“Si el perro del vecino siempre que lo suelta se caga en la puerta de mi casa, y él la recoge porque yo le digo, pero se repite la situación casi todos los días, ¿Qué se puede hacer?”.</em></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>Estamos llegando al punto en que los derechos de los humanos acaban donde empiezan los de las mascotas. </strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una amiga me cuenta que en un festival gastronómico, al norte de la ciudad, vio situaciones que le dañaron el fin de semana: perros haciendo sus necesidades al lado de quienes se alimentaban, perros olisqueando mesas, (algo parecido sucede en ciertos restaurantes); niños haciendo fila para usar el rodadero, lo mismo que amos para lanzar a sus perros. Estamos llegando al punto en que los derechos de los humanos acaban donde empiezan los de las mascotas. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que debería ser un plan de disfrute y esparcimiento en familia termina convertido en pelotera de vecindario. <em>“Tenemos inteligencia artificial, pero no inteligencia ciudadana. Tenemos normas de convivencia pero no sabemos convivir”,</em> me dice ella, atrapada en su indignación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé si gente energúmena envenene perritos hoy para vengarse de los malos vecinos. Recuerdo que eso ocurría en el barrio de mi infancia. A <em>Lassie</em>, que era un alma de Dios, chiquitita ella, la loca de la cuadra le echó algo en una comida. Otro crimen impune. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Sale este titular en la prensa: <em>“Estudiante de Bogotá podrán prestar su servicio social ayudando animales”.</em> Ojalá no pongan a esos muchachos a recoger la caca de los perritos a cambio de una nota. Que la ayuda consista en educar a los amos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tener un perrito me parecía encantador cuando era niño y ahora me parece un encarte porque, me confieso, no tengo paciencia, ni tiempo para cuidarlos. Comprar o adoptar uno para someterlo al estrés del encierro me parece inhumano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, los ladridos son otro lío por contaminación auditiva en horas impropias, con afectación de la tranquilidad y el sueño ajenos. &nbsp;A la hora de mis lecturas, hay concierto perruno, mezclado con lamentaciones, y todo lo que puedo hacer es preguntarme qué estoy pagando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los perritos no tienen la culpa. Son inocentes de cualquier cosa que se les acuse. Yo los absuelvo de todo pecado pero no me pongan a cuidar uno. Los animales son los otros, ya lo dije. Con un chasquido de dedos el perrito o el minino entienden.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las personas, en cambio, necesitan un policía ahí, encima a toda hora, porque el sentido común no les alcanza para actuar debidamente. Es cuestión de civilidad, lógica e higiene, todo lo cual forma parte de habitar con otros un mismo territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero este es el mundo al revés y por eso mismo en Alcázares (localidad de Barrios Unidos), pusieron este aviso: <em><strong>“¡Señor perro: eduque a su amo!”.&nbsp;</strong></em></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="768" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-1024x768.jpg" alt="" class="wp-image-111544" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-1024x768.jpg 1024w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-300x225.jpg 300w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES-768x576.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2025/02/12143345/ALCAZARES.jpg 1040w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></figure>
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        <author>Alexander Velásquez</author>
                    <category>Actualidad</category>
                    <category>Cura de reposo</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=111510</guid>
        <pubDate>Wed, 12 Feb 2025 12:48:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Bogotá está hecha una caca… de perro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Alexander Velásquez</media:credit>
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        <title>Feliz cumpleaños a mi Laroussito verde</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/cultura/hundiendo-teclas/feliz-cumpleanos-laroussito-verde/</link>
        <description><![CDATA[<p>Soy de los que aún intentan preferir, cada vez con menos éxito, el diccionario físico. Sé que me ahorraría tiempo valioso yendo directo al DLE punto com, pero me pasa lo mismo que con el periódico impreso: no solo leo el artículo en cuestión: también consumo breves, notículas, columnas secundarias, y demás subsecciones de la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><figure style="width: 206px" class="wp-caption alignleft"><img decoding="async" src="https://historiasdelascosas.files.wordpress.com/2020/04/92298303_527168287940771_8666396992827555840_n.jpg?w=840" alt="92298303_527168287940771_8666396992827555840_n" width="206" height="275" /><figcaption class="wp-caption-text">El diccionario, remendado en su lomo con tela y cinta Tesa por mi mamá, pasó de sus manos a las más hace 22 años.</figcaption></figure></p>
<p>Soy de los que aún intentan preferir, cada vez con menos éxito, el diccionario físico. Sé que me ahorraría tiempo valioso yendo directo al DLE punto com, pero me pasa lo mismo que con el periódico impreso: no solo leo el artículo en cuestión: también consumo breves, notículas, columnas secundarias, y demás subsecciones de la sábana… “Yo leo hasta las esquelas”, como dice la salsa Y no hago más na&#8217;.</p>
<p>De modo que al hojear y ojear las páginas amarillentas de mi Larousse veinteañero, el añadido estriba en el hallazgo de voces inéditas, que aparecen de arriba abajo, a diestra y siniestra de la búsqueda inicial.</p>
<p>Como minero que rastrea su oro tierra adentro, me veo buceando largo rato las aguas profundas del idioma en mi ya vetusto diccionario Larousse.</p>
<p>Recuerdo que en el colegio, armado de una grapadora y montones de hojas arrancadas de los cuadernos de matemáticas, fabricaba talonarios que iba llenando con novedades extraídas de mi infaltable Larousse verde, si bien las olvidaba una vez transcritas. Pero fue Lichtenberg quien dijo: “Olvido la mayoría de cosas que he leído, como olvido lo que he comido; pero sé muy bien, no obstante, que ambas cosas contribuyen al mantenimiento de mi espíritu y de mi cuerpo». Mario Jursich, empedernido lector del diccionario, recordó el año pasado en Facebook sus primeros romances con el gran libro. “Su solo sonido —el de la palabra curricán: una red, un aparejo de pesca— me transportaba hasta lugares magníficos del diccionario”. Si Bertrand Russell consideraba esencial que se enseñara a los jóvenes el arte de leer el periódico “para promover la capacidad de pensar libremente”, también debería cultivárseles el de leer el diccionario.</p>
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<div id="atatags-26942-711520" data-adtags-width="840">Y sí que han contribuido (o enturbiado) mis textos las palabras que logran sobrenadar en el estanque del olvido. Ah, pero siempre me han aparecido, como ladrido de perro funerario, blandiendo bolillos policivos, los defensores del lenguaje sencillo: “Ah, lo suyo es puro grecoquimbayismo, germanespinosismo, guillermovalencianismo, frustrado rococó”. Y han llevado la razón: mi rebusque de palabras ha estribado en el envanecimiento. En buscar impregnarme del estilo de estos autores. Pero también, y principalmente, por honrar a mi entonces juvenil Larousse verde. En mi defensa, siempre he recorrido a leguleyadas idiomáticas: “no no, lo mío es simple democracia lexical: ¡Todas las palabras tienen derecho a aparecer!».</div>
</div>
<p>Este grueso diccionarito es el de toda la vida, si bien he tenido mejores. Mi hoy veinteañero hijo, ha sobrevivido con un injerto de tela en el lomo con el que mi madre volvió a unir las partes que se habían despegado, como suele pasar, a la altura de la letra eme. Esto fue hace 18 años, cuando el texto llevaba dos bajo mi custodia.</p>
<p>Feliz cumpleaños a mi viejo, leal y cada vez más amarillento diccionario básico Larousse.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Carlos Mario Vallejo</author>
                    <category>Hundiendo teclas</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=98468</guid>
        <pubDate>Sat, 02 Mar 2024 06:03:08 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Feliz cumpleaños a mi Laroussito verde]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Carlos Mario Vallejo</media:credit>
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                            </item>
        <item>
        <title>Usted no Existe. (Yo tampoco)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/usted-no-existe-tampoco/</link>
        <description><![CDATA[<p>Ahora viven en algún lugar del Alto Magdalena. Después de habitar por años una capital, hallaron refugio en un bello lugar cerca de una ciudad pequeña que le sirve de puerta a una inmensa zona agropecuaria. Sus próximos les avisaron que la adaptación iba a ser larga y difícil. Y están aprendiendo, a veces con [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Ahora viven en algún lugar del Alto Magdalena. Después de habitar por años una capital, hallaron refugio en un bello lugar cerca de una ciudad pequeña que le sirve de puerta a una inmensa zona agropecuaria.</p>
<p>Sus próximos les avisaron que la adaptación iba a ser larga y difícil. Y están aprendiendo, a veces con gozo, otras con impaciencia.</p>
<p>Observando, hablando, escuchando y pensando, entre otras, han reforzado sus dudas sobre el valor que tendría seguir preservando la bucólica vida del campesino pobre de Colombia.<a href="#_edn1" name="_ednref1">[i]</a></p>
<p>Escenario de una violencia que comenzó con decenas de guerras libero &#8211; conservadoras, el agro colombiano ha sobrevivido entre la riqueza de su flora y fauna y la sangre derramada por los seres humanos.</p>
<p>En él conviven la extrema pobreza del campesino minifundista, agarrado de las montañas andinas desde el Nudo de los Pastos hasta la baja Guajira, con gamonales agropecuarios que explotan los fecundos valles del Magdalena, del Cauca y la Altillanura.<a href="#_edn2" name="_ednref2">[ii]</a></p>
<p>Las sensaciones gratificantes para los ayer citadinos han sido numerosas; sobre todo a sabiendas de que, como casi todos sus pares, apenas reconocen los suburbios de Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali o Medellín.<a href="#_edn3" name="_ednref3">[iii]</a></p>
<p>Esta miopía citadina, piensan hoy, impediría ponderar la fuerza del transporte y el comercio o la, muchas veces ejemplar red educativa y de salud de pequeñas ciudades que se nutren (tanto como depredan), los ríos Magdalena, Cauca o Meta, entre otros.</p>
<p>Sus pintorescas plazas de mercado; sus amplios terminales y redes de transporte y una red de carreteras que hoy enlaza los cuatro puntos cardinales, prueban una fortaleza económica que conviene apreciar en su exacta dimensión.<a href="#_edn4" name="_ednref4">[iv]</a></p>
<p>Y por supuesto que les ha resultado difícil aceptar los hábitos sociales de la región.</p>
<p>Sin generalizar, porque dan cuenta de honrosas excepciones, la mezcla entre el miserable minifundista expulsado y el violento gamonal explotador, habría lanzado a las ciudades intermedias y pequeñas a una masa humana cuyos presente y futuro eran y siguen siendo precarios.</p>
<p>Y si a lo anterior se le suma la trashumancia de hordas turistas que, por temporadas, huyen de sus capitales para <em>desocuparse </em>en el campo al ritmo de alcohol, insomnio y músicas estridentes, el impacto estaría siendo más grave.</p>
<p>El ayer campesino minifundista, harto de ordeñar la misma vaca, de subemplear a su decena de familiares en el fundo y ver a sus hijos lejos de la educación termina, ora subempleado por los gamonales latifundistas ora “haciendo de todo” en las ciudades pequeñas.</p>
<p>O sea, apabullado por la miseria y la soledad.</p>
<p>Ese campesino y su pareja que sobrevivían aislados en su fundo, ahora sobreviven aislados en el suburbio que les recibe como inmigrantes.</p>
<p>Allá en las montañas, alejados físicamente de sus vecinos, apenas tienen por interlocutor el mugido de su vaca, el rebuzno de su asno el ladrido de su perro o el relincho de su caballo (cuando pueden comprarlo).</p>
<p style="text-align: left">A duras penas las parejas dialogan, ocupadas como están en el cuidado del fundo desde la madrugada hasta el anochecer.</p>
<p style="text-align: left">Muy de vez en cuando, sus vecinos cruzan por el rancho lanzándose un lastimero <em>¡Buenos días!</em></p>
<p style="text-align: left">Ocasionalmente él o ella bajan al mercado del pueblo, sea para vender el magro producto de su fundo (cuando las inclemencias del tiempo no lo han secado o inundado) sea para abastecerse de los bienes que les permitan sobrevivir otros días más.</p>
<p style="text-align: left">Si llegan a toparse con algún vecino en la plaza de mercado, se hunden entre la cerveza y el ruido de las pianolas.</p>
<p style="text-align: left">En medio de ese ruidajo beodo no cabe diálogo alguno (como no sea el de los machetes&#8230;). No existe Él. Tampoco Yo.</p>
<p style="text-align: left">Esta sospechosamente llamada <strong><em>vida</em></strong> campesina estaría lastrada por la soledad interior y la pobreza exterior.</p>
<p style="text-align: left">Por el aislamiento y el silencio que, por obligatorios, les enfrentan al rudo dilema de huir a la ciudad o meterse a la guerrilla.</p>
<p style="text-align: left">Esa precaria vida, la campesina, estaría marcada por un Yo cuyo Otro no existe. En suma, por un Yo que tampoco existe.</p>
<p style="text-align: center">• ¿Lo anterior explicaría que los citadinos del cuento se hayan chocado con el silencio, la indiferencia o apenas un murmullo como respuesta a sus saludos?&#8230;<br />
• ¿De qué se ríen? (¿Se preguntarán los campesinos?)…<br />
• ¿Explicaría lo difícil que ha sido construir alguna cooperación social entre los campesinos?&#8230;<br />
• ¿Justificaría la tarea de rescatar al campesino de su soledad (y su miseria)?<br />
• ¿Explicaría que la local sea una politiquería corrupta impulsada por microempresas gamonales? …<br />
• ¿Será por eso, que debemos reformar a los reformistas agrarios que, sentados en sus sillas burocráticas de Bogotá, Nueva York o Bruselas, justifican sus robustos salarios ideando cómo mantener activo un campesinado que se muere miserable y sin remedio?&#8230;</p>
<p><strong>Congótica</strong>. “La (agricultura minifundista)… es incompatible con… la economía capitalista, … esto es, con la división del trabajo y con las técnicas de producción modernas.” [vii]<br />
<strong>Congótica 2</strong>. “… (de la parcela) …se forma la gran masa… por la simple suma de unidades del mismo nombre, al modo como, por ejemplo, las patatas de un saco forman un saco de patatas. Por cuanto existe entre los campesinos parcelarios una articulación puramente local… la identidad de sus intereses no engendra entre ellos ninguna comunidad, ninguna unión nacional y ninguna organización política; no forman una clase&#8230;” [viii]</p>
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1">[i]</a> <a href="https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/acabemos-la-miseria-agropecuaria">https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/acabemos-la-miseria-agropecuaria</a>   Febrero 07 2022.</p>
<p><a href="#_ednref2" name="_edn2">[ii]</a> Congote Ochoa, B. y García Sierra, J. (2014). Dos hipótesis sobre el efecto que tiene en la forma de explotación agropecuaria aplicar subsidios a sistemas de riego. El caso del Alto Chicamocha (Boyacá, Colombia). Cuadernos de Economía, 33(62), 259-295, Universidad Nacional de Colombia. (Paréntesis del bloguero).</p>
<p><a href="#_ednref3" name="_edn3">[iii]</a> Probablemente con excepción de los medellinenses que siguen cuidando su centenar y más pueblos colgados de la Cordillera Occidental.</p>
<p><a href="#_ednref4" name="_edn4">[iv]</a> Panorama que excluye a la Costa Atlántica gracias al atraco de cuello sucio que ha significado la sufriente Ruta del Sol entre el Magdalena Medio y Santa Marta.</p>
<p><a href="#_ednref5" name="_edn5">[v]</a> <a href="https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/acabemos-la-miseria-agropecuaria">https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/acabemos-la-miseria-agropecuaria</a>   Febrero 07 2022.</p>
<p><a href="#_ednref6" name="_edn6">[vi]</a> <a href="https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/elecciones-locales-microempresas-corruptas">https://blogs.elespectador.com/politica/bernardo-congote/elecciones-locales-microempresas-corruptas</a>   Octubre 25 2023.</p>
<p><a href="#_ednref7" name="_edn7"><sup>[vii]</sup></a> Congote et. Al. Cit., Pg. 263 (Citando a Contreras).</p>
<p><a href="#_ednref8" name="_edn8"><sup>[viii]</sup></a> Ídem. Cit., Pg. 270.</p>
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        <author>Bernardo Congote</author>
                    <category>Bernardo Congote</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97193</guid>
        <pubDate>Sat, 11 Nov 2023 22:01:36 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Usted no Existe. (Yo tampoco)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Bernardo Congote</media:credit>
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