Mi Opinión

Publicado el Ben Bustillo

La Vorágine de una de mis Memorias II

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En el primer artículo cuando hice la descripción de la casa de mis abuelos maternos, no mencioné el nombre de la abogada. Ella se identificó en uno de los mensajes. Esta continuación se refiere entorno a la misma propiedad, al mismo asunto – algo que ella revolvió – y prefiero continuar sin mencionar su nombre directamente. No por temor a su tal mencionada “denuncia”, sino porque es mi estilo de escribir – en ciertas ocasiones – como esta, porque, al fin y al cabo, es mi prima-hermana.

De todas formas, ante sus amenazas de denuncias penales – a pesar de ser abogada – inmediatamente noté que estaba usando a “su manera” la interpretación del código penal. Primero, la foto es desde lejos; segundo, no mostraba nomenclatura; tercero, mucho menos la placa que ella menciona que tiene en frente de la puerta; cuarto, todo lo que dije, es verdad.

Alegó que había hecho un proceso legal donde se le había adjudicado título de propiedad; le mandé un derecho de petición pidiéndole copia de ese proceso; pasaron los 15 días hábiles, y hasta la fecha, no las ha enviado. Siendo abogada, tiene que saber las consecuencias dobles que significa su negativa: como abogada y como parte civil.

Hace unos pocos días iba caminando y me encontré con otro primo-hermano de ambos, y me tocó el tema, comentando que muchos miembros de la familia quedaron satisfechos de mi intervención por medio del artículo. Que prácticamente todos los herederos de esa propiedad estaban molestos por la forma en que ella (amplío más tarde en este artículo) había adquirido título.

Las razones de la molestia no eran por el dinero, sino por su forma de actuar. Si fuese por dinero, imagínense. Los abuelos tuvieron como 18 hijos, que solo uno vive. De los 17 hijos restantes, cada uno de esos herederos debe tener un promedio de 6 descendientes directos, y de esos descendientes directos debe haber mínimo, otros 40 herederos más. Así mal calculado, los herederos de esa casa deben ser como mínimo, 130 personas. ¿Cuánto le tocaría a cada uno? Es más, un buen lector hubiese notado que la forma en que yo menciono el historial de la propiedad, básicamente cualquier derecho hereditario que tenía, lo estaba dando por perdido. ¡Ya no!

Nuevamente, el dinero no es el motivo principal de la protesta en contra de la abogada. Cuando hablé con ese primo a quien había encontrado caminando, me puso en contacto con otro primo-hermano y de ella también, y corroboró lo que el anterior me había dicho. “Es una gran mayoría,” ratificó. También me explicó que otro primo trató de hacer algo, pero que se contuvo. Le pregunté las razones, y me dijo que por miedo. Así quedó la cosa, nos despedimos y quedamos vernos pronto a tomarnos un café, porque sabe que no tomo alcohol.

En la noche de ese día, reviví la conversación regresando varias veces a su comentario acerca del miedo. A primera hora del día siguiente, lo llamé y le pregunté: “¿A qué te refieres que por miedo nadie hizo algo?” Mi temor era que tuviese nexos fuera de lo común, porque ya había oído comentarios un poco heterodoxos acerca del proceso en que ella representó a varios miembros de la familia en una sucesión por el lado paterno en un lote de 80 hectáreas, donde después de representarlos ante varias diligencias del proceso, se retiró abruptamente. Se originaron rumores y ella hizo varios comentarios al respecto de su decisión. No me preocupa en este momento, pero la investigación está iniciada.

El primo aclaró que el temor era que era pariente, y no querían que se rompiera ese vínculo familiar, tranquilizándome. Seguí con mi investigación y me enteré que el tal proceso donde el título se pasó a nombre de su esposo con el apellido de nuestra familia (no tengo esto corroborado todavía) se hizo cuando su sobrino era alcalde de El Guamo. Pero me aclararon que este muchacho, el ex-alcalde, es sano y que él, no se hubiese prestado para ninguna clase de marranada como la que ella hizo. Lo que sí afirmaron fue que usaron sus influencias que tenían por el muchacho y que uno de los empleados de la alcaldía, los ayudó a finiquitar el sumario.

Los hechos son concretos:

  1. Cualquier traspaso en esta propiedad que se haya realizado en los últimos 100 años, es fraude procesal.
  2. Cualquier proceso en mi contra por estos artículos, son una falsa denuncia y fraude procesal.
  3. La ley colombiana es específica a la inocencia, hasta que se pruebe lo contrario. Abogada, le concedo el beneficio de la duda. Pruébeme lo contrario, o sea, que estoy equivocado.
  4. Por lo tanto, voy a sacar el registro inmobiliario de esta propiedad, dentro de 15 días hábiles, y procederé legalmente en contra de todas las personas involucradas, al tener pruebas fehacientes de lo ocurrido en el traspaso de esta propiedad.
  5. Al igual, debido a la negativa de la abogada de dar copia del proceso donde ella manifiesta ocurrió el traspaso, las buscaré por otros medios y hacerlas pruebas del delito, si lo hubiese.
  6. Continúo guardando información de ella y su esposo en su contra que revelaré en otra ocasión, si fuese necesario.
  7. Denunciaré ante la fiscalía y judicatura el proceder de esta abogada.
  8. Darle la oportunidad a la abogada para que, dentro de esos mismos 15 días, corrija cualquier anomalía legal existente.

Algo que sí tocamos en la conversación con uno de mis primos, fue que, si ella hubiese hecho una corporación, hubiese dado acciones a todos los herederos legales, y hubiese usado el nombre de la abuela materna, Mercedes, en el nombre del hotel, este hecho, hubiese apaciguado a todos los herederos legales. ¡Esa era la forma correcta de proceder, no lo que ella hizo!

Además, que nadie, incluyéndome a mí, quería perjudicarla legalmente. Pero le recalqué que, en mi caso, debido a su reacción amenazante, llevaba este asunto hasta cualquier tribunal civil y/o penal.

Continuará…

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