Con los pies en la tierra

Publicado el Observatorio de Tierras

‘Lo que provoca la coca’

Por: Laura Carolina Rodríguez

Hace 10 años circulaba en radio y en televisión nacional una campaña publicitaria sobre “La mata que mata”, esta hacía referencia a la mata de coca: planta ancestral y sagrada para las comunidades indígenas que el narcotráfico usa como insumo en la larga cadena de producción del clorhidrato de cocaína. La campaña tuvo que ser retirada de los medios vía fallo judicial porque contribuía a la estigmatización y satanización de una planta que en su estado natural es inofensiva y que sí hace parte del legado cultural de los pueblos indígenas.

Hace pocos meses el Gobierno Nacional lanzó una campaña similar con un tono caricaturesco y repulsivo sobre “Lo que provoca la coca” en términos medioambientales y de salud pública. A pesar de que la campaña resalta la toxicidad de elementos presentes en la producción de la cocaína, sigue sin hacer distinción entre la coca y la cocaína, señalando a la coca como el “sujeto” culpable de los fenómenos enunciados en esta publicidad negativa, dejando en segundo plano la cadena de producción y las estructuras armadas que operan el negocio del narcotráfico.

El lenguaje institucional empleado en las campañas permite comprender que en la política contra las drogas se le ha dado prioridad a atacar la cadena del narcotráfico desde su eslabón más débil: la hoja de coca, y consigo a los pequeños campesinos que ven un su cultivo más sostenibilidad económica que en el agro. Este lenguaje también ha extendido la creencia de que los principales responsables del fenómeno del narcotráfico son los campesinos e indígenas por cultivarlos, y quienes al hacer el llamado a no estigmatizar a la planta o a rechazar el uso del glifosato, son doblemente acusados de promover y justificar el narcotráfico.

La campaña del Gobierno se enmarca en el actual debate político sobre la viabilidad de retomar la aspersión aérea con glifosato como principal instrumento de la política contra las drogas, mostrando al herbicida como el único elemento capaz de acabar con la coca y “lo que provoca”, a pesar de los efectos nocivos que representa para la salud, para el medio ambiente y para los cultivos lícitos, además de su ineficiencia en acabar con los cultivos ilícitos.

Además, esta pugna por retomar la aspersión aérea trata de invisibilizar el éxito que representó la sustitución de cultivos de uso ilícito durante el tiempo que se impulsó, pues mientras el Gobierno Nacional ha insistido en que no hay financiación para incluir a nuevas familias en el programa, sí asumiría los gastos de la aspersión con glifosato.

Es necesario destacar que el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos Ilícitos (PNIS), estipulado en los Acuerdos de Paz, representó una alta efectividad evitando la resiembra de cultivos de uso ilícito y las conflictividades socioambientales que se ocasionan al erradicar de manera forzada. De acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), el 97% de las hectáreas inscritas en el programa fueron efectivamente eliminadas para iniciar proyectos productivos legales.

Debido a que la sustitución voluntaria va ligada a la formalización de tierras, a compromisos de índole legal, a estímulos y a asistencia técnica para emprender proyectos productivos, este programa representa una solución sostenible a largo plazo para atender a la expansión y persistencia de los cultivos ilícitos. Sin embargo, a la fecha el programa parece estancado: solo el 6% de las familias inscritas ha iniciado proyectos, no se ha vinculado a más familias y este no se ha extendido a más municipios, todo bajo la premisa de que no hay recursos suficientes y que el programa fue mal estructurado por el anterior gobierno. Esta situación está generando que las familias recurran a otros negocios ilegales o se desplacen para cultivar ilícitos nuevamente, motivados por la necesidad económica.

De tal manera, es válido preguntarse por qué no se encuentran recursos para un programa que ha presentado resultados y puede ser sostenible a largo plazo, pero sí se debe acudir a un método como la aspersión aérea que ha mostrado su ineficacia en combatir el problema de las drogas. El debate actual debería girar en torno a lo que provoca no garantizar la sustitución de cultivos ilícitos.

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