Las palabras también son víctimas. Víctimas de la estupidez humana. Abusamos de las palabras y del lenguaje, usando tanto algunas de ellas que les quitamos su valor, las exprimimos tanto que les quitamos su jugo y su trascendente significado. Empleamos las palabras simplemente porque están de moda, porque nos hacen sentir inteligentes, espirituales o cualquier otra tontería. Es como si de tanto usar algunas palabras -sin comprender su poderoso significado- las desgastáramos y les robáramos su esencia.

Cuanto más de moda se vuelve una palabra, más vacío y superficial se vuelve su significado. La palabra y su significado se reducen, la comprensión del mismo se esfuma, hasta que la palabra se banaliza y se convierte en una moda tonta, una tendencia vulgar, casi como si vandalizáramos su significado.

Personalmente, comienzo a sentir fastidio hacia las palabras que se banalizan al convertirlas en modas. Hay muchas palabras que actualmente me caen mal, siento lástima por ellas y por lo bajo que han caído (aunque no es su culpa), por lo banal en lo que se han convertido. Estas palabras son nuestras víctimas. A veces, no se trata solo de una palabra, sino de una frase o un conjunto de palabras, y eso es aún peor, porque esos nuevos términos me causan un terrible fastidio. Algunas de estas palabras y frases son: resiliencia, empoderamiento, empatía, autenticidad o auténtico, responsabilidad afectiva, tóxico/a, superación, patriarcado, brillar, sé luz, vibrando alto, amén, tu mejor versión, sororidad, namasté… la lista es larga.

Cuando estas palabras se vuelven moda, comienza la pesadilla de los memes y los mensajes “edificantes” y de superación que las utilizan. Las frases con esas palabras invaden las redes sociales, los TikToks o los reels, donde nos presentan mensajes reflexivos sobre ellas, como:

“¿Tu pareja tiene responsabilidad afectiva? Descúbrelo aquí.” “No más relaciones tóxicas, aprende cómo salir de ellas.” “Siempre sé auténtico.”

¿Por qué diablos están tan de moda estas palabras? ¿A qué se debe? ¿Quién las inventa? ¿Y de dónde salen? Son preguntas que me planteo cada vez que escucho a alguien soltar un “literal”, “hater”, “total” o “cool”. Es como si hubiera un comité secreto de palabras de moda que se reúne en un búnker subterráneo para decidir qué términos van a invadir nuestras conversaciones y redes sociales.

Ya en serio, es desde la filología, que podemos analizar este fenómeno de la moda lingüística desde varias perspectivas. La filología nos permite comprender cómo las palabras nacen, se transforman y mueren, y cómo se relacionan con la realidad que expresan. Una de estas perspectivas es la sociolingüística que nos dice que el lenguaje es un ser vivo que muta y se adapta a los caprichos de los hablantes. Así que estas palabras de moda son una especie de tatuaje temporal que revela los gustos, la identidad y hasta la moda de los grupos sociales que las usan.

La pragmática, por su parte, nos explica que estas palabras de moda tienen un propósito comunicativo muy concreto. Sirven para expresar emociones, actitudes, valores y hasta juicios; para crear vínculos o diferencias con otros hablantes; para llamar la atención o causar impresión. Son como las señales luminosas en un concierto de rock, donde puedes mostrar si estás en la onda o si eres un espécimen en vía de extinción. ¡Ahí es donde entra en juego el famoso “cool”!

Otra perspectiva para abordar el tema es desde la lingüística cognitiva, que investiga cómo el lenguaje refleja y moldea nuestra forma de pensar y percibir el mundo. Las palabras que se ponen de moda pueden revelar aspectos de nuestra cognición, como nuestra imaginación, nuestra memoria, nuestra creatividad o nuestra capacidad de razonar. Y las palabras que se ponen de moda pueden ser metáforas, analogías, neologismos o palabras prestadas de otros idiomas que nos ayudan a comprender y expresar mejor nuestra realidad.

Haciendo una analogía de esas que me gustan, las palabras tendencia (según la lingüística cognitiva) son como las gafas de sol de la moda que distorsionan nuestra percepción y nos hacen creer que somos más interesantes de lo que realmente somos. ¡Ah, la magia del “empoderamiento”!

Y aunque me fastidie mucho que las palabras se vuelvan moda y se desgasten de tanto usarlas, en realidad, las palabras que se ponen de moda son mucho más que simples modas. Son el resultado de procesos lingüísticos, sociales y cognitivos complejos y dinámicos, que nos muestran cómo el lenguaje está vivo, respira al unísono con los hablantes, pero en ocasiones se llena de virus y mata fulminantemente algunas palabras.

Y así, mientras las palabras caen víctimas de la moda y la superficialidad, nos encontramos inmersos en un desfile de banalidades lingüísticas. Es como si estuviéramos en un juego de palabras al estilo de ‘Adivina la moda literaria’.

La resiliencia, ese término de moda que nos invita a ser tan fuertes como Hulk, capaces de enfrentar cualquier adversidad sin despeinarnos. Empoderamiento, la palabra que nos hace sentir tan poderosos como los líderes de una revolución, aunque luego volvamos a nuestras aburridas rutinas cotidianas. Y qué decir de la autenticidad, el concepto de moda que nos anima a ser tan genuinos como Pegasos en un mundo lleno de ovejas.

Pero no nos olvidemos de la responsabilidad afectiva, el código moral de las relaciones modernas, donde nos convertimos en “expertos” en evaluar y etiquetar emocionalmente a nuestras parejas. Y, por supuesto, no puede faltar el concepto de toxicidad, esa etiqueta que usamos para señalar a cualquiera que no se ajuste a nuestras expectativas o nos genere incomodidad.

Ah, y no olvidemos las frases motivacionales que nos llegan a través de los memes y los videos de TikTok, donde nos dan lecciones profundas y reveladoras ¡Todo en menos de 15 segundos! Porque, claro, la sabiduría instantánea es la tendencia del momento.

Así que a brillar y nunca olvidar la premisa del momento: sé la mejor versión de ti mismo. Vibra tan alto que tus chakras se conviertan en linternas mágicas. Y recuerda siempre decir ‘amén’ después de cada frase, como si estuvieras en un congreso espiritual de memes.

En este circo de palabras vacías, me pregunto si alguna vez recuperaremos el sentido real del lenguaje o “se verán cosas peores”. Mientras tanto, seguiré contemplando con resignación cómo las palabras se convierten en víctimas de nuestra propia estupidez.

¿Por qué no jugar con las palabras, experimentar con ellas, aprender palabras nuevas y no acabar hasta a agonía las palabras tendencia?

Y tú cuéntame, ¿qué palabra te gusta usar más? ¿Qué te dice sobre ti? ¡Namasté!

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