El rincón de JJ

Publicado el Jhon Jaime Osorio

Tour 2017 – Día 18: Vale la pena recordar al segundo, es el que más lucha

La historia es cruel con los segundos lugares.  Les quita el mérito. Los olvida rápido. Privilegia al que levanta los brazos y se olvida del que no los da torcer buscando la gloria sin alcanzarla. Olvida que el primero lo fue gracias a ese otro que lo secundó. La historia es como Wikipedia, se llena de nombres y fechas y no consigna los esfuerzos. Lo triste y cruel es que así somos los seres humanos. Al segundo lo llamamos despectivamente “campeón del casi”, y luego de contar la anécdota lo empezamos a olvidar. En poco tiempo nadie se acordará de Atapuma en Izoard, ni de Atapuma en el Galibier. El nariñense dejó ayer y hoy su sudor regado en los dos premios de montaña más duros del Tour. En ambos cruzó en el segundo lugar.  Ayer, antes del descenso. Hoy, en la meta de la etapa.

No basta con un buen protagonista para garantizar el éxito de una obra. Ese conejo blanco que sostiene el reloj de bolsillo al inicio de Alicia en el país de las maravillas es fundamental. Qué tal el Quijote sin su Sancho. O qué sería de un Sherlock sin su elemental doctor Watson. Afortunadamente el deporte es de esas actividades humanas que nos recuerda este principio al repartir premios y honores no solo para el primero; por eso existe el podio y para eso son las medallas de diferente metal. Sin embargo somos tercos; unos más que otros, y queremos ver como célebre solo al ganador. Vaciamos el vaso. Lo de Darwin Atapuma hoy no fue mala suerte, fue una etapa monumental. No ahogó el grito de independencia, nos lo recordó en cada pedalazo.  No le faltó un kilómetro para hacernos celebrar, le sobró combatividad para servir de florero de Llorente en  la etapa del día nacional.

Hoy en el Tour, Atapuma lo volvió a intentar, como ayer. Barguil lo lo superó en el último kilómetro y se quedó con la victoria. De no ser por el pedalista nariñense, Bardet pudo haber tomado una bonificación mayor sobre Urán. En el grupo de los privilegiados la historia se repite: atacaron a Froome y solo pudieron arrebatarle unos segundos. Esta vez fue Bardet. Quedan solo tres etapas. 222 kilómetros mañana que podrían guardar un ventarrón sorpresivo. Una contra reloj que no se puede sentenciar sin correrla y un paseo de la victoria en París que aún no tiene claro cuál himno hará sonar. Froome tiene su cuarto título cerca, pero no lo tiene seguro. Todavía no se maquiille que falta mucho para la fiesta.

El grito de indepeendencia no fue de Bolívar y Santander. Hay muchos segundones que pusieron sus pulmones y forjaron nuestro presente. Hay muchos que labraron el camino y no quedaron registrados en la historia. Los protagonistas no pueden ser únicamente los seres extraordinarios, fuertes y exitosos que aparecen en los libros. El ciclismo no lo hacen solamente los Cristopher Froome. En el tour fueron 198 los que se inscribieron para intentar ganar. La historia, la vida y el deporte están hechos por personas movilizadas por sus sueños y sus temores, que arriesgan a veces para no conseguir, que luchan por alcanzar la gloria hasta tenerla cerca y verla ir; como el Atapuma de hoy. El mismo Darwin que intentó ganar una etapa el año pasado en el Giro para ser segundo, y que repitió ese libreto en la Vuelta para ver irse la victoria en los metros finales. Ha estado cerca, pero no lo ha logrado. La diferencia entre él y quienes menosprecian su esfuerzo es qué lo intentó. Eso lo hace ganador.

Los que pierden en la raya, los que llegan de segundos, los que no alcanzan la gloria del triunfo, los que huelen el trofeo pero no lo tocan son deportistas especiales. Podrán ser criticados por haberse equivocado en sus decisiones estratégicas, porque les faltó fuerza o condición, o  simplemente por haber sido víctimas de circunstancias particulares dentro de la carrera, que no pudieron eludir. Eso sí, siempre serán admirados por haberlo intentado y por luchar. Esos son los Atapuma con los  que todos podemos identificarnos.  No se crean tan Barguil.

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