El rincón de JJ

Publicado el Jhon Jaime Osorio

Tour 2020 – Día 6: Lutsenko en Lusette, sin batallas por la clasificación general

Los caminos de Hérauld y Lozere fueron escenarios de guerras en el pasado. Allí se vivieron entre 1562 y 1598 varios conflictos civiles que comenzaron con las rencillas entre católicos y los protestantes calvinistas. Las «guerras de religión», las llamaron. Asuntos del lejano pasado de Francia. El presente es otra cosa. En estas campiñas, entre praderas y montañas, rodeadas de parque naturales, ya no hay batallas; ni siquiera en el ciclismo, donde los combates son una metáfora. Hoy pasó por allí la sexta etapa del Tour de Francia y los candidatos a ganar la carrera no gastaron una sola bala. Afortunadamente hubo una fuga, que se encargó de las escasas emociones.

Thomas Hobbes dijo que «la guerra no consiste sólo en la batalla sino en la voluntad de contender». Hoy el deseo de lucha estuvo presente en los ocho hombres que se lanzaron en la aventura del día cuando apenas habían rodado cuatro kilómetros. Herrada, Roche, Cavagna, Van Avermaet, Pawless, Boasson Haguen, Oss y Lutsenko. Ocho hombres, ocho equipos diferentes. En los 150 kilómetros planos, trabajaron para la causa. Llegaron a tener 6:30 a su favor. La coalición se rompió cuando llegó la montaña; entraron en refriega. Cada uno fue por los suyo. Los ataques los lanzó Powless, del EF, que estaba celebrando su cumpleaños 24; pero la fiesta la hizo el kazajo Lutsenko. El del Astana mantuvo firme su paso y llegó solitario a la meta para conseguir su primera victoria en el Tour.

Las guerras de religión de Francia fueron ocho. No solo se enfrentaron los creyentes. Algunas casas nobiliarias como los Borbón y los Guisa, e incluso otros países, aportaron tropas y recursos. Hoy en el Tour se esperaban varias batallas. La etapa tenía 191 kilómetros. Salía de Le Tiel y llegaba a Mont Aigoual. Recorría una llanura de casi 150 kilómetros y luego encontraba tres premios de montaña encadenados, dos de tercera y uno de primera categoría, este último a 14 kilómetros de la meta y con bonificaciones como plus. En el papel era una etapa hermosa. Prometía mucho, pero cumplió muy poco. Las únicas «hostilidades» se dieron entre los hombres de la fuga. En el grupo principal, el Ineos puso un paso constante, que no hizo una gran selección y que tampoco recortó la diferencia de los punteros de manera significativa. Llegaron a la meta casi tres minutos después de Lutsenko.

Ninguno de los favoritos se movió en el Col de Lussete. En el grupo principal solo se vio un tímido movimiento de Fabio Aru, que no prosperó. Los demás subieron a un solo ritmo. Eso sí, todos salieron ilesos. La clasificación general no se alteró en sus primeros 25 puestos. Las armas de los escaladores se guardaron para el fin de semana en los Pirineos. Para llegar allá, deben sortear los 168 kilómetros de mañana en una etapa de perfil accidentado y con la amenaza de un fuerte viento que generalmente azota la región.

No hubo guerra ciclística. Las de la religión fueron en el siglo XIV. Estas últimas terminaron cuando Enrique de Navarra, líder de los hugonotes (así les decían a los protestantes), se convirtió en rey de Francia, se adhirió al catolicismo y les otorgó la libertad de culto a los practicantes de su anterior credo. Las guerras del Tour no han comenzado.

Comentarios