Ciclismo con J

Publicado el Jhon Jaime Osorio

Giro 2022 – Etapa 1: los puncheurs se citaron frente al castillo de Visegrad

El castillo de Visegrad, en la legendaria «rodilla del Danubio», tiene una historia gloriosa.  Desde su construcción en el siglo XII, esta ciudadela amurallada ha sido sitio de encuentros importantes y batallas memorables. En el pasado, allí se dieron cita reyes y presidentes. Hoy, en la Grande Partenza del Giro de Italia fue el escenario de la primera lucha entre los rematadores explosivos. Los denominados «puncheurs» disputaron la  significativa primera «maglia rosa».

El encuentro en Hungría para la apertura por décimo cuarta ocasión por fuera de la bota itálica estaba pactada para el 2020, pero por causa de la pandemia solo pudo cumplirse dos años después. La etapa salió de Budapest y recorrió la Llanura del Norte, bordeando la frontera con Eslovaquia.   Los primeros 195  kilómetros de la edición 105 de la carrera italiana tenían un recorrido ondulado y guardaron la emoción para los 5500 metros finales, en un premio de montaña de cuarta categoría marcado en la línea de meta, junto en las puertas del castillo.

La fuga del día fue corta en conformación pero larga en distancia recorrida. Cinco kilómetros después de bajarse la bandera, Mattia Bais y Filippo Tagliani emprendieron la excursión.  Los dos corredores del Drone Hopper – Androni Giocattoli cabalgaron al frente de la carrera 180 kilómetros. En ese recorrido recogieron las puntuaciones mayores del primer sprint intermedio en Szekesfehavar  y los segundos de bonificación en el paso por Esztergom.  En la primera meta volante los esprinters calentaron piernas y se repartieron las puntuaciones menores, siendo Giaccomo Nizzolo el más veloz. Después del segundo paso intermedio, a 27 kilómetros del final, tomaron la vía paralela al Danubio hasta buscar la meta en Visegrad. Allí el ritmo del grupo principal fue otro. A 10 de meta absorbieron la fuga y en los 5 finales disputaron la victoria parcial.

El castillo en la colina fue construido por el rey Bela IV como línea defensiva contra las incursiones de los mongoles. Años después, se convirtió en el palacio favorito del gran rey renacentista Mathias Corvino. En 1335 se reunieron allí el Rey de Bohemia Juan de Luxemburgo; el de Hungría, Carlos I, y el de Polonia, Casimiro II,I para acordar la cooperación entre vecinos. Seis siglos y medio después, en 1991, se sentaron en el gran salón del castillo Vaclav Havel, presidente de Checoslovaquia; Lech Walesa, presidente de Polonia, y el anfitrión, el primer ministro húngaro Jozsef Antall, para trazar líneas de trabajo después de terminada la dominación soviética. Hoy, en la ciudad histórica, el ciclismo citó  a los especialistas en rematar etapas en subidas cortas.

A falta de 3,5 kilómetros quiso sorprender Lawrence Naesen, del AG2R. A 2 kilómetros contraatacó Lennard Kamna, del Bora. A uno de la meta, el Alpecin – Fenix ordenó su tren para lanzar a Mathieu Van Der Poel. La resistencia directa la hizo el joven Biniam Girmay, del Intermarche, y entró a terciar Caleb Ewan, del Lotto Soudal, el  único esprinter puro con resistencia para colarse entre los puncheurs. Este último se sobró de rueda cuando intentaba meterse por un rincón y se fue al piso. Van der Poel cruzó la línea y se vistió de rosa, de azul y de ciclamino, pues tomó el liderato de la clasificación general, de los premios de montaña y de la clasificación de puntos. Grimay fue segundo en la meta y se convirtió en el primer eritreo en vestirse con la camiseta blanca de mejor joven del Giro. Pello Bilbao fue tercero y consiguió 4 segundos de bonificación. Los ocho primeros, entre ellos Kelderman, Carapaz y Mollema marcaron 4 valiosos segundos sobre el grupo principal.

Mañana la cita es con el cronómetro en Budapest. Serán 9,2 kilómetros planos con 1.300 metros de subida al  final. Otro día en el corazón de Europa, por las calles de la llamada «Perla del Danubio» para hablar y hacer cuentas de segundos preciados.

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