Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Una ruleta interminable

Por: Laura Sánchez Dávila

Algunos días siento tanto peso, que apenas si puedo respirar. Una presión en el pecho, angustia, miedo.

Al salir de casa mi mamá recibo la bendición de mamá, digo Amén, salgo y cierro la puerta aunque por mi mente pase: «Sí mami, que Dios me bendiga pero más que a mí, que te bendiga a tí, a mi papá y a toda la familia«.

Camino aproximadamente 7 u 8 cuadras desde mi casa hasta al hospital. Mientras lo hago veo a la gente en su cotidianidad, algunos haciendo filas sin distanciamiento, otras con el tapabocas a medio poner, como también a algunos cuidadosos en todo.

Llego al hospital y el panorama no es el mejor. Cada que voy a ingresar me encuentro con personas llorando, abrazándose y lamentando la pérdida de su ser querido, casi todos por esta época a causa del maldito virus. Misma escena, todos los días, pero con diferentes personajes. Y digo «maldito» porque estas muertes pesan en el alma. Quienes lo hemos vivido entendemos cómo duele perder alguien importante en la vida.

Un día de tantos vi cómo tres mujeres corrían hacia un hombre de aproximadamente 40 años, lo abrazaron y le dijeron: «se nos fue, ahora usted es el hombre de la casa, no nos deje«.

Qué podemos esperar, si todos corremos peligro. Estamos en una ruleta; hoy vivimos, estamos sanos y mañana no sabemos, nos contagiamos ¿y? ¡Dios, hasta cuándo!

Confieso que le tengo miedo al Covid-19. Me da pánico pensar que me puedo contagiar y a su vez contagiar a quienes viven conmigo. No quiero perder a alguien más por esto, no quiero volver a pasar por este dolor que ni siquiera he podido superar, y el que creo me acompañará por mucho tiempo.

Saber que hay personas que me juzgan por tenerle miedo al virus, como si no entendieran la gravedad del asunto. ¡Hey! Se nos están muriendo nuestros seres más queridos antes de tiempo, y lo único que hacemos es criticar al otro por si se cuida o no.

Yo, que trabajo en un hospital, veo la lucha incansable por salvar la vida de los pacientes. Qué pesar me da saber que pocos son los que se cuidan de verdad. Qué ignorancia y falta de empatía, cuando apenas está empezando el proceso de vacunación. Falta mucho camino por recorrer y no se puede bajar la guardia.

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