Lloronas de abril

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Un libro vacío

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Por: Diana Marcela Taborda Castaño

SEXO

¿Seca yo?. Seca su abuelita.

Las cosas son de dar y recibir, reciprocidad que llaman.  O se avispan, señores, y recuperan la caballerosidad y galantería que los caracterizaron siempre, o pierden el año. Y ustedes, señoras, si no dejan de actuar como hombres y de creerse una cosa que no son, se las llevó el €£¥βπ.

Esto es un círculo vicioso cada vez más peligroso. O dejamos de competir entre nosotros y a punta de amor le metemos ganas a esto, empezamos a valorar a nuestros niños, a nuestros hombres, a nuestras mujeres, y a los animales.  O cada uno asume su rol y deja de creerse algo que no es, o esta sociedad cae del todo.

Pilas, pobladores de este planeta (en la parte humana, la dizque pensante). La vida las cobra todas.  Vamos directo a una hecatombe muy grande, donde ni la plata servirá para comprar algo tan preciado como el agua, y donde ya ni el amor, el más poderoso sentimiento, fuerza o como lo quieran llamar, nos salvará.

Esto es como crónica de una muerte anunciada.  No de la vida individual, esa vale huevo. La de años y años de evolución, o quizá de involución, pues cada vez estamos peor, vendiendo la patria, vendiendo la vida, vendiendo el alma al mejor postor, creyendo que un dios inventado por nuestra necesidad de creer en algo que nos rescate.

No hagamos algo por un mejor porvenir y veremos cómo mueren más inocentes, y veremos gente tan perversa como los que aún están por ahí exhibiéndose en campañas políticas, o poniendo bombas, o quitando libertades ajenas, en vez de creer que cada uno es tan libre, de la más grande libertad que podamos tener, la de mente.

Cuando por fin la liberemos; cuando entendamos que las fronteras valen nada; que todos los pobladores somos iguales y merecemos el mismo valor, mujeres, niños, hombres, indígenas, negros, blancos, trigueños, americanos, europeos, gays, bisexuales, animales, plantas.

Cuando valga más la vida que el oro y el petróleo, cuando sepamos que la bondad y sólo la bondad es el dios que debemos alabar y al que le debemos la fe, dejaremos de hablar de castigos, de maldades, de sectas, y de escribir en el libro sagrado de las cavernas con ideas idiotas y retrógradas en donde los animales y las mujeres no valen nada.

Dejemos de escribir un libro vacío y lleno de críticas. Actuemos con el corazón y pensando en vivir en un planeta verde y no dorado, sólo ese día avanzaremos.

LO DEL SEXO ERA PA QUE LEYERAN…PEREZOSOS.

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