Lloronas de abril

Publicado el Lloronas de abril

Lukas, guerrero en primavera

Por: Adriana Patricia Giraldo Duarte

Estoy vivo aún.  No logro despedirme. Tu llanto agudo y desesperado me ubica en este presente, donde prefiero tu sonrisa.

En esta corta vida, pocas veces vi cómo te derrumbabas.

Lo entiendo, aunque sé que justo ahora estás a la espera de un milagro. Ya te oí en las entrevistas de radio, describiendo nuestro vínculo y llenándome de algunos calificativos, que por fortuna, dijiste a tiempo.

Y ahora, en medio de este ahogo nocturno, no sé cómo lograr que mi voz te alcance.   No pude pedir un minuto extra para los dos.

Te habría dicho una y otra vez que fui tan feliz heredando tu sensatez, autonomía y fuerza espiritual.

La única aprobación que busqué siempre, fue la tuya. Me miraste con la complicidad de madre que en varias ocasiones logré burlar, porque sabía que al final de la noche, regresaba a tu rincón privado y retomabas el control.

Nunca importaron las condiciones.  Tu manto seguro y decidido me acompañó en casa paso, incluso en este último, o quizá, primero, que aspiro dar.

Con el frío que retumba en mis músculos, te observo desde la camilla que me conecta con la vida.  No puedo tolerar más tu lamento.

Entiende que vas a hacer parte de una minoría privilegiada de Dios, capaz de entender y superar las más duras pruebas.

Nada de esto viene a nosotros porque sí. Aún a punto a cruzar esta puerta, escucho los disparos, los gritos solidarios, los helicópteros que inspeccionan si ya estamos muertos.

¡Y estamos vivos, familias!

Yo también vi la historia de Santiago Murillo, antes de escuchar a su madre llorando el cadáver en la madrugada.

Y salí a marchar por los 4, salí a honrar la vida en primavera.

No llores más, no lo soporto.  El tiempo de la paz en la que tú y yo creemos, se ajusta. Y no es con el ruido de las armas que nos separan, es con la magia del amor que nadie va a arrebatarnos.

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