Hundiendo teclas

Publicado el Carlos Mario Vallejo

Todo tan así: 14 citas de La posibilidad de una isla de Michel Houllebecq

Por:  Carlos Mario Vallejo

El ánimo aleccionador, el permanente sentar cátedra de Houllebecq lo agradecí hasta cierto punto en que empezó a abandonar la historia de Daniel, un cómico famoso y aventurero sexual que envejece y encuentra en la clonación y en una promisoria religión una posibilidad de inmortalidad que le llama vagamente la atención. Cháchara y teoría en una novela que opta por prescindir de la acción y prevalecer los diálogos, la reflexión filosófica sobre la eficacia narrativa.

La visión intelectual, pornográfica y vitalista que el francés imprime a su protagonista llevan a que el libro enganche a pesar de la escasez de giros argumentales y la abundancia de citas filosóficas y literarias (soy del tipo de lectores que agradecen estas citas). La prosa zambulle en la naturaleza del ser humano y las dichas expresivas aparecen como mínimo cada tres párrafos. Y entre línea y línea uno dice: sí, todos es así, pero por qué tanto.  Es la reverberación vital de la prosa del francés lo que acongoja, pero a la vez esperanza, como cuando se pisa el escalón del logro pero una vez obtenido pierde su brillo consagratorio, si bien no deja saborearse como el regusto perdurable de algunos chicles.

1. “A fin de cuentas, la mayor ventaja del oficio de humorista, y más generalmente de la actitud humorística en la vida, es poder portarse como un cabrón con toda impunidad, e incluso rentabilizar cómodamente la abyección, tanto en éxito sexual como económico, todo ello con la aprobación general”.
2. “Esta vez hubo preguntas. La mayoría se referían a la pedofilia, tema por el que los elohimitas habían tenido pleitos: pero ¿quién no ha tenido un pleito por el tema de la pedofilia en nuestros días? La postura del profeta, que Odile recordó a los asistentes, era extremadamente clara: hay un momento en la vida humana llamado pubertad en el que aparece el deseo sexual: la edad, que varía según los individuos y los climas, suele estar entre los once y los catorce años. Hacer el amor con alguien que no lo desea o que no está en condiciones de dar un consentimiento bien informado, ergo un prepúber, está mal; lo que pueda ocurrir después de la pubertad, evidentemente, no está sujeto a ningún juicio moral, y poco más había que decir sobre el asunto”.
3. “A partir de cierta edad, la vida se vuelve, sobre todo, administrativa”.
4. “Es sencillo definir el amor, pero se prodiga poco en la secuencia de los seres. A través de los perros rendimos homenaje al amor y a su posibilidad. ¿Qué es un perro sino una máquina de amor? Le ponen delante a un ser humano, le encargan la misión de amarlo y, por poco agraciado, perverso, deforme o estúpido que sea el ser humano, el perro lo ama”.
5. “—No son Lolitas de verdad… — dije al final—. Tienen dieciséis o diecisiete años.
—Sí —concedió ella—. Nabokov se equivocó en cinco años. Lo que le gusta a la mayoría de los hombres no es el momento que precede a la pubertad, sino el que viene inmediatamente después. De todas formas no era muy buen escritor…”.
6. “En retrospectiva, lo que me impresiona cuando vuelvo a pensar en Isabelle es la increíble franqueza de nuestra relación desde el primer momento, incluso en temas sobre los que normalmente las mujeres prefieren conservar cierto misterio, con la errónea idea de que el misterio añade un toque de erotismo a la relación, cuando la verdad es que a la mayoría de los hombres les excita violentamente un acercamiento sexual directo. «No es muy difícil hacer que un hombre se corra…», me había dicho ella durante nuestra primera cena en el restaurante tibetano, «en cualquier caso, yo siempre lo he conseguido». No mentía. Tampoco mentía al afirmar que el secreto no tiene nada de especialmente extraordinario o extraño. «Basta con recordar», continuó ella, suspirando, «que los hombres tienen cojones. Las mujeres saben que los hombres tienen polla, lo saben demasiado bien; desde que los hombres han quedado reducidos a la condición de objeto sexual ellas están literalmente obsesionadas con sus pollas; pero nueve veces de cada diez, cuando hacen el amor olvidan que los cojones son una zona sensible. Ya sea para una masturbación, una penetración o una mamada, hay que llevar la mano de vez en cuando a los cojones del hombre, bien rozando, acariciando, bien presionando con más fuerza; te das cuenta según los cojones estén más o menos duros. Y eso es todo.”
7. “ …me abstuve de precisar que la noche que acabábamos de pasar era, con muchísima diferencia, la mejor; sentía que ella lo sabía. No por fanfarronada o por una exagerada vanidad: sólo por intuición, por sentido de las relaciones humanas; también por una apreciación exacta de su propio valor erótico”.
8. “Si el hombre ríe, si es el único, en el reino animal, que muestra esa atroz deformación facial, es también porque, superando el egoísmo de la naturaleza animal, es el único que ha alcanzado la fase infernal y suprema de la crueldad”.
9. “Lo único que consigue dar al traste con tus últimas ilusiones sobre la humanidad es ganar rápidamente una importante suma de dinero; entonces ves llegar a los buitres hipócritas. Para que se te abran los ojos, es fundamental ganar esa suma de dinero: los auténticos ricos, que nacen ricos y nunca conocen más ambiente que el de la riqueza, parecen inmunizados contra el fenómeno, como si junto con la riqueza hubieran heredado una especie de cinismo inconsciente, reflejo, que les advierte desde el primer momento que casi todas las personas que conozcan no tendrán otro objetivo que sacarles dinero por todos los medios imaginables; así que se comportan con prudencia, y mantienen su capital intacto”.
10. “(…)durante esos mismos años aparecieron en Florida las primeras childfree zones, residencias de alto standing para treintañeros sin complejos que confesaban sin rodeos no poder soportar los alaridos, la baba, los excrementos, en fin, los inconvenientes medioambientales que suelen ir unidos a la prole. Así que la entrada a las residencias estaba, lisa y llanamente, prohibida a los menores de trece años”.
11. “En pocos minutos revisé el conjunto de mi carrera, sobre todo cinematográfica. Racismo, pedofilia, canibalismo, parricidio, tortura y barbarie: en menos de una década, había escogido la flor y nata de la casi totalidad de los mercados rentables. De todas formas era curioso, me dije una vez más, que a los medios cinematográficos les hubiera parecido tan novedosa la alianza de la maldad y la risa; en la profesión no debían de leer mucho a Baudelaire”.
12. “Tenía cuarenta y siete años, hacía treinta que me había propuesto hacer reír a mis semejantes; y estaba acabado, hecho mierda, inerte. La chispa de curiosidad que subsistía en mi forma de mirar el mundo se apagaría pronto y sería como las piedras, con el añadido de un vago sufrimiento. Mi carrera no había sido un fracaso, al menos en términos comerciales: si agredes al mundo con suficiente violencia, él te acaba escupiendo su cochina pasta; pero nunca, nunca te devuelve la alegría”.
13. “ El amor que enseñaba el profeta, y que recomendaba practicar, era el amor verdadero, el amor no posesivo: si uno amaba de verdad a una mujer, ¿no debía alegrarse de verla gozar con otros hombres? ¿Y no se alegraría ella también, sin reservas mentales, de ver al hombre que amaba gozar con otras mujeres? En el fondo, desde luego, podría haber formulado objeciones, por ejemplo que el amor no posesivo sólo se podía concebir cuando uno vivía en un ambiente saturado de placeres y sin el menor temor, sobre todo al abandono y a la muerte; que ese amor implicaba como mínimo, entre otras cosas, la eternidad; en resumen, que no había condiciones para él”.
14. “(…)el humor y el sentido del ridículo (a mí me pagaban, y me pagaban estupendamente, por saberlo) sólo pueden lograr una auténtica victoria cuando atacan blancos desarmados de antemano, como la religiosidad, el sentimentalismo, la abnegación, el sentido del honor(…)”.

«El humor y el sentido del ridículo…sólo pueden lograr una auténtica victoria cuando atacan blancos desarmados de antemano, como la religiosidad, el sentimentalismo, la abnegación, el sentido del honor».

 

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