En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Operación Tatiana

Digamos que se llama Yadira. Digamos que aspira un trabajo para el que necesita tener no más de 25 años. Digamos que tiene 32. Digamos que su hermana menor se muere. Digamos que tiene 23 al morir. Digamos que se llama Tatiana. Digamos que entonces a la mayor se le ocurre la forma de burlar el sistema que exige tener 25 para su aspiración laboral: radióloga en una institución del Estado. Digamos que decide añadir el nombre de su hermana a su propio nombre. Pero no es tan fáci como escribirlo. El orden correcto es añadir su nombre a los documentos ya existentes de su hermana. Habla con el notario y con la dueña del despacho parroquial. Con una inversión en dinero bajo la manga a los funcionarios pertinentes de aquel pueblo tan emprendedor añade el nombre al registro civil y a la partida de bautizo. Como posee la cédula de su hermana, todo resulta fácil. Se presenta a la convocatoria del trabajo y es aceptada porque ahora tiene la edad de su hermana. Sin embargo, Yadira adquiere de repente los hábitos de la difunta Tatiana. Incluso sale a bailar. Conoce a un hombre. Se casa con ese hombre. Tienen dos hijos. Pasan los años. Se jubila.

Tatiana Yadira digamos que se llama ahora, aparenta más edad de la que sus documentos oficiales dicen que tiene. El marido abre un baúl en la casa vieja y encuentra la partida de bautizo original donde consta que su mujer tiene 10 años más de lo que él pensaba antes de casarse. Empieza a indagar. Se entrevista con el padre (aún vive) que todo el tiempo estuvo enterado de la «operación Tatiana» y admira a su hija mayor por el ingenio heredado de él. El padre se siente orgulloso y considera que se le iluminó el cerebro con esa magnífica idea que le permitió trabajar por tantos años para el estado y jubilarse con una buena pensión.

El marido vuelve a casa y le pide el divorcio. Ella exige una explicación. Él le dice que se siente estafado: se casó con ella pensando que tenía 24 pero en realidad se estaba casando con una de 33.

(Desde ese momento Yadira -digamos que se llama así, con un nombre de esa época- vuelve a ser ella misma. Entonces va al cementerio a visitar a su hermana Tatiana, muerta de leucemia, y llora y le pide perdón por suplantarla.)  

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