En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Memoria histórica in memoriam

La renuncia que le exigen a Darío Acevedo, al oírlo en el debate de control político al que fue citado por los senadores Iván Cepeda y María José Pizarro (y en el que estaban representantes de los colectivos de víctimas de Estado para los que no hubo espacio en las intervenciones), adquiere pleno sentido.

Debería irse porque sus decisiones han puesto en peligro la integridad de las víctimas, y porque justamente garantizar esa integridad (no sus propias opiniones) es su función de ley en el cargo que ocupa. Su censura reiterada de exposiciones y de lanzamientos de informes (hechos durante la dirección anterior y ahora represados por solicitud de “peritos”) lo convierte en efecto en un censor (ya veremos si también tergiversador) de lo que ha sido la construcción de la memoria de los colectivos de víctimas y del grupo de investigadores de planta del CNMH.

No puede estar al frente de procesos de construcción de la memoria de la guerra quien la niega y la desdibuja reduciéndola a una guerra por motivos económicos, ni dirigir investigaciones nuevas alguien que solo confía en sus opiniones y quita la voz a las víctimas para dar la palabra a Colciencias y a los comisarios (mismos a los que sometió a revisión los informes de paramilitarismo que debe publicar). Un director de CNMH como él pone en riesgo la integridad del archivo donde reposan pruebas de violaciones a los derechos humanos y crímenes que también fueron perpetrados por el Estado.

El director del Centro de Memoria Histórica quiere hacer pasar como «opiniones» saludables para la democracia lo que son ataques en sus fundamentos a la Ley de víctimas por la que se creó el CNMH y cuyo principio y finalidad era reparar a las víctimas, acompañar procesos y fijar su memoria. Es justamente en esas «opiniones» (pero convertidas ahora en mandatos expresos en reuniones de trabajo con los investigadores a su cargo) donde lo oímos anunciar el cambio del guión del Museo Nacional de la Memoria. De modo que han dejado de ser «opiniones» para convertirse en lo que son: directrices.

A esa parcialidad insiste en  llamarla “opinión” pasa suavizar su efecto, y así las sigue propagando en redes y estrados y con ellas desafía a sus contradictores a debates en términos académicos y dice que todas tienen asidero en sus estudios y no en sus almuerzos con militares.  Ya en otras de sus «opiniones» nos quedó claro que hay víctimas que no son de su “preferencia” (y que la memoria de los militares y del empresariado y de los terratenientes es la que le parece una memoria democrática) y en otros audios lo hemos oído desfigurar documentos como el Basta Ya, que es el informe general que agrupa las cifras de todas las investigaciones adelantadas por el CNMH y de trascendencia para entender el conflicto armado y donde se ha demostrado que es el Paramilitarismo el principal perpetrador y que el tercer actor es el Estado. Sin embargo, no respondió en el congreso el por qué va a cambiar el guión del Museo nacional de la memoria (aún no se sabe cuál será el nuevo guión pero en los audios que circulan en televisión deja en claro que una metáfora como el río, la tierra y el cuerpo le parecen un chiste, lo que menoscaba la investigación seria conceptual y museográfica que lo sostiene).

En el congreso, sujeto como director del Centro de Memoria al debate de control político, dijo que hay que sacar del campo político un conflicto que se dio justamente en el campo político y redefinirlo por una guerra de motivos económicos no-ideológicos (esa es de nuevo su «opinión» sobre la guerra en Colombia), lo que vuelve a negar las raíces profundas que ha investigado, en una década de estudios sociales basados en fuentes directas, cifras cruzadas, testimonios y confesiones, la entidad que tiene a su cargo (y cuyos objetivos y misiones han sido saboteadas desde que él es el director del mismo).

Para empezar el debate, sugirió que como vivimos en un país democrático donde la opinión era protegida por la constitución él podría perfectamente opinar que no eran víctimas quienes en efecto son víctimas de crímenes de Estado (justamente los senadores que exigen hoy su salida del cargo, y los colectivos de víctimas que rechazan su dirección).

¿Cuál sería el  efecto de sus «opiniones» si no fuera el director del CNMH?

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