En contra

Publicado el Daniel Ferreira

Las mujeres y el dolor

Arquetipos.
masacre mejor esquina- el espectador 1988

A los hombres de la vereda El tigre, en Putumayo, año 1999, los dispusieron en un círculo con las cabezas juntas para después matarlos, decapitarlos y echarlos al río con piedras en el estómago. Las mujeres, que no conocían a las víctimas fueron al río, buscaron los cuerpos, les sacaron las piedras y los cosieron con sus cabezas antes de enterrarlos. Lo hicieron por si los familiares aparecían, para que pudieran reconocerlos. En San Carlos, Antioquia, 2002, una mujer atendió a un paramilitar herido, lo llevó al hospital, lo recibió cuando le dieron de alta, lo llevó a su casa y lo alojó en la habitación de su hijo asesinado. Cuando el paramilitar vio la foto del hijo en la pared empezó a llorar porque lo reconoció como una de las personas que habían matado tiempo atrás. Aún hoy el ex paramilitar sigue visitando a la mujer, Pastora, y tiene la edad que habría tenido el hijo si viviera. En Bojayá, tras la bomba que destruyó la iglesia y mató a 87 personas, una mujer con problemas mentales se encargó de recoger los pedazos de cuerpo y asistir con agua a los moribundos. Solo ella podría haber estado preparada para un momento así. No tenía un problema mental de nacimiento. Adquirió el lenguaje y luego apareció la transformación. No hablaba de forma lógica. Solo monologaba. Como si fuera una pitonisa, como si tuviera el don del oráculo, de hablar con los muertos, como si fuera la templanza del tarot: un ángel que sana, cuida y conduce a los muertos a Dios.

Comentarios