En contra

Publicado el Daniel Ferreira

El escritor de culto, Rafael Gutierrez

Reseña. El escritor de culto, guía rápida. Autor: Rafael Gutiérrez. Edita: Universidad de Antioquia. 2013.

El escritor de culto es el que puede cobrar caros sus libros, porque tiene pocos lectores. Corrijo: no tiene lectores, tiene fanáticos. Como Philip K. Dick. Como Bukowski. Como Salinger. Tiene correligionarios, que son capaces de rastrear su obra y empeñar lo poco que tienen para hacerse con un ejemplar. El escritor de culto no necesita publicarlo todo, en vida. Porque una obra inacabada presupone un significado oculto que solemos magnificar. El escritor de culto no necesita figurar, subir a estrados; lo usual es que provoque en torno a su ausencia un sanedrín, una casta sacerdotal, que se dedique a buscar sus rastros dispersos y a construir un mapa imaginario de su obra. No necesita vender miles de copias ni tener un millón de lectores; le basta con dos lectores críticos, influyentes, en cada generación. Mientras que en la realidad lo que da la fama no es el talento sino las relaciones sociales, el propósito del autor de culto es alcanzar la reputación sin cumplir los códigos aceptados, las convenciones, las formas y modos de su época; es decir que la base de su fama es la fuerza moral que tuvo para oponerse a los canales del sistema, de la consagración, de la edición, de la cultura de masas. Para ello suele sacrificar el ectoplasma de la fama fácil. El objetivo es que sus lectores acepten su ideal de distinción y ponderen su oposición a las normas sociales como una crítica reveladora del carácter. El escritor de culto se borra, tras diseminar algunas pruebas de su obra, para provocar la necesidad de su presencia.

Tomás Saenz (seudónimo) es el escritor de culto. Autor de El dinosaurio que nunca dormía (1975). El amor es una fábula (1977). Guía rápida para ser un escritor de culto (1985). El sagrado libro antioqueño de la creación (1986). La no tan divina comedia 1988, bajo el seudónimo Dante Rodriguez). La segunda parte de la Galatea (1989, por entregas, seudónimo Cide Hamete Benengeli. King Uribe the Last, Please (1990, texto desaparecido). La muerte de Iván Ilich (1991, seudónimo León Jimenez). Sthepen Pépalus (1992, seudónimo Jayme José) Continúa el proceso (1993, seudónimo Max Brod). Guía para ser escritor de culto –tercera parte- (1996); Cartas de amor cruzadas (1997, escrito a dos manos con la poeta Pazirnikov, publicado en Buenos Aires). Imperfecto equilibrio (2002, seudónimo, Hanif Xolar, editado en Río de Janeiro). Hojas escritas en la escalera (2004, seudónimo Robert Hans, Insomnia editorial). Un salto al vacío (2008, seudónimo Sofía Auerbach, ed. Anagrama). Caminando sobre flores muertas (2010, seudónimo Tomas Sáenz). Entrevista en The New Yorker, 2017. Después fallecerá junto a su esposa, en un incendio doméstico en Tabio, Cundinamarca, en 2020 y así fundará su leyenda.

Ya no nos basta con el realismo. Ahora el relato debe incluir la crítica o la parodia de la realidad. En este libro las explicaciones de la obra están dentro de la obra misma. Este libro contiene su crítica y sus fuentes. Tiene un capítulo sobre las ambiciones literarias frustradas por el sistema de la fama. Tiene un capítulo que ironiza sobre la trampa de la competencia entre colegas en el mundo parroquial de una provincia. Tiene un método para parodiar géneros y trucos varios para actualizar las obras clásicas de la tradición a la época actual. Contiene las síntesis enciclopédicas de los libros extraviados del escritor de culto. Contiene las reticencias de la familia y de la sociedad ante un arte que no da dividendos. Incluye una farsa sobre la vida de los mercaderes y verdugos de la literatura: sus autoridades y sus guardianes, los académicos y los críticos, que están en el centro de la sacralización de los libros y exponen a los autores al linchamiento (aquí el linchado será el crítico). Es una ironía sobre lo que un autor quiso ser y lo que consiguió ser. Es un libro sobre la lucha incesante entre el competidor y el artista. Que los artistas sean buenos o malos no tiene importancia para el autor de El escritor de culto, Rafael Gutiérrez. Lo que importa es su obsesión irrefrenable. El texto está encarnado en el personaje. Y tal vez en este disparo de Borges: “Cuidar la fama fue lo que no hizo célebre a Bianco”.

2-15-1-860-1_L

Comentarios