En contra

Publicado el Daniel Ferreira

El álbum de Tony Lafont

Según Lichtemberg, el hombre vive en tres lugares distintos: el presente, el pasado y el futuro. Y es desdichado cuando percibe que uno le falta. Algunos, para no caer en esa desdicha, hemos optado por ignorar el futuro. En no pensar lo que será la vida, este mundo, en unos años. Y vivir siempre aquí, en el pasado. No quiere decir por eso que no haya futuro. Y que una persona no se enfrente cada día a las tres experiencias simultáneamente.

Tony Lafont es el fotógrafo que delimitó el mundo a su medida. Un mundo donde había una selección de instantes que debían ser capturados para entender el cosmos. Con una cámara de fotos Polaroid (el libro es en el fondo un homenaje a la instantánea) tiene el proyecto de realizar 5 años de fotografías en la vida cotidiana de un hotel barato de Cartagena. Lafont captura los rostros de la gente. La luz en el interior de los cuartos o sobre la piel de las mujeres. Fotografía aquello que constituye el ajuar íntimo, a veces dispuesto o tan solo olvidado, por los clientes del hotel: calzones, sábanas, toallas, camisas, huellas del amor en los rincones. Su intención es reunir más de tres mil fotos para el álbum Lafont y eso será la vida para él.

Aquellos que empiezan a aparecer en las fotos, pronto empezarán a creer en el proyecto, y aquellos que no están y saben que está en marcha, quieren figurar también en ese álbum. Son ellos los que cuentan la historia. Son ellos los que hablan de Lafont. Los extranjeros le consideran un fotógrafo genial y envían regalos y delegados, insumos y dólares para que los fotografíe también. Lo adopta el dueño del hotel, Charlie, que se convierte en el albacea de las instantáneas. Lo recuperan para el recuerdo los hipi-koguis que venden artesanía y fuman budismo zen y marimba de la Sierra en las terrazas del hotel. Lo evoca la funámbula que lo busca desde los espacios etéreos donde penetra la luz del crepúsculo.

La bella historia de El hombre de la cámara mágica está contada a tres voces, y con múltiples estilos. Esa multiplicidad hace un salto en la realidad del relato: el libro posee flujos de conciencia, vínculos profundos, y un mundo paralelo donde hay otro tiempo y un hotel paralelo en que todo lo que quieren y buscan y sueñan quienes habitan el de Cartagena ha dejado de ser solo un ideal y se ha convertido en la realidad.

Mientras tanto, del otro lado de agujero de gusano, todo lo que se sabe de Tony Lafont, lo sabemos por persona interpuesta, o por el diario del Álbum de aquellos cinco años de instantáneas que se han interrumpido por una tragedia que cambió todo para Lafont.

El esfuerzo de Pedro Badrán es idéntico al de su personaje: consiste en capturar el presente del habla de una ciudad y de una época y trasladarlo a una novela. Un esfuerzo verbal que además conserva la prueba más difícil de la inteligencia (el humor): en este caso el humor del lenguaje caribe, quizá la región que ha logrado maquillar la desolación de la vida en literatura feliz.

El intento de Lafont era ese que imaginamos al fin: un álbum de fotografías que durara para siempre. Una fotografía que fuese como una transición infinita. El misterio y la captura de la transición hace que la foto dure más que la vida, y eso solo, paradójicamente, lo consiguen las palabras. Por eso Lafont solo nos parece vivo cuando alguien lo evoca. Cuando la ahogada recuerda al fotógrafo Lafont en ese juego de espejos en que la muerte es parte de la vida. Cuando el enfermo terminal pasa al otro lado del tiempo y ve la destrucción del hotel e imagina que sigue en pie, y que cada huésped sigue tan vivo como en las fotos cuando las hizo Tony Lafont. Tambien sentimos que existe cuando se describe el antes y el después de cada foto, el antes y el después del hotel. Cuando entendemos la transición y el sentido de una pasión y pensamos que solemos fantasear en paraísos prometidos para el más allá y nos olvidamos de estar en el momento presente.

¿Dónde está el álbum de Tony Lafont?  Quizá solo en las palabras de Pedro Badrán.

Libro: El hombre de la cámara mágica, Pedro Badrán. Literatura Random House.

Foto: Danny Lyon en Cartagena, Magnum.

 

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