El Último Verso

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Un dibujo para Carolina

 

Ilustración de Sara Herranz

 

Carolina siempre elije la calle vacía, el boulevard donde solo las hojas criadas en otoño hacen fiesta. No frecuenta algunos pasajes para no tener que empolvarse las sandalias de recuerdos, o peor aún, tener que toparse con alguno de ellos. Sonríe para que el pasado no pueda dejar su perfume de nuevo impregnado entre sus brazos, el sabor de algún nombre entre sus dientes.

No hay vicio más recurrente que desear reencontrarnos con algunos fantasmas. Nos gusta esa batalla del ya no puedes conmigo. Ahora es más sensata, concibe el amor como un espectáculo que va más allá de las palabras. Carolina huye de los hábitos, solo para no acostumbrar a la memoria. Deja citas inconclusas, conversaciones pendientes, sonrisas en los buses y paradas que en algún momento piensa corresponder, cuando terminen las fiestas en el boulevard.

Carolina sabe que las palabras siempre son una pretensión implícita de placer. No creas en nada, se repite a sí misma. Solo existen dos tipos de hombre; los que quieren follar y follar, y los que quieren follar mucho más que los primeros, y si se puede, amar.

Los deseos van más allá de lo que un hombre pueda entender, más allá de sus victorias o derrotas, más allá de su propio corazón, que a fin de cuentas, es lo único que intenta entender. De nada sirve contemplarse en fotografías, recordar abrazos, mimos, de nada sirve retornar a los lugares que aún confiesan perfumes..  El tiempo nos hace tan distintos que parecemos el recuerdo de alguien más. Y uno lo va entendiendo de a poco; la gente al final hace lo que quiere. Y en ocasiones lo que quiere es destruirse, lo que quiere es no querer.

Pavel Stev

Ilustración: Sara Herranz

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