El Último Verso

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Los peligros de escribir en clase.

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Hace mucho tiempo mi  profe de Español me dijo que escribiera un texto sobre lo que quisiera, sobre Lucia, yo le sonreí y le dije que de una! Luego bajé la cabeza a la hoja y como si tuviese uno de esos aparatos donde uno pilla películas, se me atravesó la historia en ese papel, las imágenes chispoteabán en esa hoja blanca. ¿Hermano usted está bien? Me dijo el profe. Sí todo bien, pero yo ya tenía el recuerdo bien incrustado entre ese lápiz y la punta de los dedos. Como es la vida, tanto que nos quisimos y yo acá, con la mitad del odio y el amor por ella bien fresquitos. Recién salidos del horno.

Quien iba a suponer que de una vaina tan hermosa resultaría haciendo esto, casi una confesión, de que me acusa señor profesor, tomé por desgraciado. Cierto huevon, lo fui unas cuantas veces, era como el ají de la empanada en nuestro amor,  siempre se necesita ese arde poquito. Te quiero a ratos. Es más, yo no iba a contar esta historia, pero me cogieron blandito, me cogieron como pan de bono fresco, como masa de pan de 2000 recién hechecita, muy blando mi viejo, y cualquier mínimo frio podría matarme. A mí que cualquier cosa me mataba, a mí que cualquier cosa que no era difícil me mataba, difícil algunas caídas en el andén medio prendo, difícil una carrera para soportar el estereotipo social, difícil amar una mujer que normalmente  te haría de lado sin mayor contemplación que disfrutarte, debe costar  intentar levantarse sin sus cabellos en los hombros y sus senos reposando sobre uno, tiene que ser muy difícil tener que hacer café solo para vos y nadie más.

 

Llegué a creer que podría sacar algo bueno de escribir en clase, exorcizarme, olvidarla, quien sabe, y escribía y escribía como si la estuviese besando, como si fuera el lápiz mi lengua y esas comas y pausas donde el silencio podía ser pezón o cintura, donde borrarla seria lamerla y barrer con el pudor en el asiento de escuela, dejar el pecado en esta historia, redimirme. Y si alguien me preguntase de nuevo, diría que todo fue bonito, pero no rico. Porque lo bonito suele olvidarse, pero lo rico queda con un triste reflejo de estremecimiento, un polvo mental que no tenes como quitarte de encima

 

Terminé, le dije al profe, y entregué mi trabajo. Ese día me gané un 5.0 y aprendí que algunas veces las mejores notas cuestan un gran recuerdo, digo, un gran  esfuerzo, por eso son las mejores. Aprendí que existe una forma hermosa  de recuperar los años, leyendo. Y si existe algún peligro al escribir, es encontrarnos…

 

Pavel  Stev

Ilustración: Sara Herranz

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