Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

Un nuevo cuento de José María Ruiz P.

No es la primera ni será la última vez que le cedo este espacio a una de mis amistades para que publique un texto de su autoría. Lo hago por puro egoismo, para que mi blog mejore su nivel.

Hoy quiero ofrecerles un breve relato de mi amigo y compinche en Twitter, José María Ruiz Palacio, poeta y tuitero (@josetenene) antioqueño. El cual, según él mismo cuenta, nació «como era de esperarse, en una fría y lluviosa noche de Octubre de 1951, en La Vereda La Miel, del Municipio de Caldas, más conocido como Cielorroto». Su relato me lo envió hace un par de días y mi reacción automática y espontánea fue pedirle permiso para publicarlo acá. Y como es un alma de Dios, me concedió el permiso y eso salen ustedes ganando. Voilá!

 

NO NACER ERA LA OPCIÓN

“Lloré y gemí al abrir los ojos
por tener que nacer allí”

Pentti Saarikoski

Como a eso de la 4ª semana de gestación, intuí mi futuro y lo descubrí para mí mismo, basado en la experiencia adjunta a mi código genético, que me contaba sin mucho detalle de dónde venía cada cromosoma y lo implícito en él.

Transcurrido  algún tiempo y aunque demasiado pronto como para entender algunos de los insertos en cada capítulo de lo estudiado, vi que mis anteriores yoes habían llegado a la etapa final de su gestación sin mucho tropiezo.

De lo ocurrido posteriormente a la culminación del dicho proceso no había datos confiables. Tocaría entonces buscar otros datos y referencias sobre lo que acaece después de abandonar el habitáculo gestatorio. ¿Fuentes? Por lo pronto y desde  el haber intuido mi futuro, tenía a mi alcance las vibraciones emanadas desde mi fuente nutricia, vía cordón umbilical, que eran suaves y armónicas.

Ya más adelante empecé a recibir desde afuera sonidos armoniosos a veces, otras no tanto, pero nada que me sacara del normal transcurrir del proceso.

De pronto, ya por allá por las 28 semanas, unos ruidos inusitados y violentos me alertaron de que algo extraño ocurría afuera. Una desagradable sensación llegó por el cordón umbilical para confirmar que algo malo se cernía sobre mi futuro. Puse atención en medio del sobresalto e indefenso como estaba, procuré estar calmado.

De nuevo los ruidos y la voz de la que me llevaba en su vientre, que ya reconocía por entre los demás sonidos, sonaron alterados. Otra voz, que a veces escuchaba distante, de pronto se elevó por encima de las demás y un sacudón nos estremeció a la portadora y a mí, hasta el punto de ella cambiar su habitual posición violentamente y quedar como durmiendo, pero no de la manera calmada y normal, sino de golpe. Me sentí desamparado…

¿Qué pasó? nunca lo tuve claro. A partir de ese día los sacudones y las malas vibraciones eran recurrentes, los sonidos que me llegaban eran estremecedores y tuve mucho miedo.

Se acercaba el momento de terminar mi proceso gestatorio. Nada hacía pensar que cambiarían para bien las cosas. Muy al contrario, una sensación de pérdida angustiosa me inundaba y por el cordón umbilical me llegaba la misma desagradable energía. Algo andaba mal.

Cumplidos los tiempos, el habitáculo gestatorio ya resentido y cansado empezó su labor de expulsión y algo me decía que no debería dejarme sacar de su tibia protección y sin embargo era inevitable hacerlo. Así y todo me rehusé a colaborar. De pronto, una luz venida desde una abertura que apareció sobre mí, rasgó la penumbra y una mano o garra mejor, me tomó violentamente desde la abertura por la que penetró la luz…

“Lloré y gemí al abrir los ojos
por tener que nacer allí”

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