Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

El telenoveñol

Snežana Stanojevic es una excelente periodista serbia, gran amiga mía, entre cuyas no menores habilidades se cuentan las de tocar maravillosamente la quena y cantar en quechua: hasta tiene su propio conjunto de música andina nada menos que en Belgrado. Y antes de que me olvide: su nombre Snežana, en serbio significa Blancanieves.

Y hace un tiempo recibí un email de Blancanieves en el que me decía que la televisión serbia transmite algunas telenovelas latinoamericanas, naturalmente subtituladas. Con el resultado de que los serbios se han acostumbrado a emplear en la vida diaria expresiones tales como «hija mía», «lárgate de aquí», «mi corazón», «cierra la puerta, por favor», y muchas más.

Coincidente con el email de Blancanieves desde Belgrado pude leer en el ABC de Madrid una crónica acerca del idioma juvenil en Noruega, donde se habían impuesto términos tales como «adiós», «caramba», «hombre», «salsa», «señorita» y «vale».

Y como ya se sabe, en el año 2002, por primera vez en la historia de los Estados Unidos, dos candidatos a gobernador de un Estado (el de Texas), mantuvieron un duelo televisivo en castellano.

Por si todo esto fuera poco, hace tiempo que vengo observando que las jóvenes generaciones alemanas también emplean con harta frecuencia expresiones de nuestro idioma, diciendo p.ej. «amigo» con la misma naturalidad con la que dicen «Lebensversicherungsgesellschaft», vocablo de 31 letras –de las que sólo nueve, pobrecitas, son vocales– y que no significa otra cosa sino «compañía de seguros de vida».

E imagino que en otros países y otros idiomas la situación debe ser muy parecida: el poder contagioso de nuestro idioma es algo de alquilar balcones, como nos enseña la donosa expresión ríoplatense.

Entonces… Entonces se me figura que debemos ahondar en el tema.

Como el asunto de Serbia me pareció sorprendente, y disponía de una preciosa fuente de información, le pedí a Snežana que se explayara un poco más detenidamente sobre el mismo.

Y entonces, buena periodista que ella es, me envió otro email del que lo primero que se podía deducir es que no son tanto los serbios, sino sobre todo las serbias, y de entre ellas las más jóvenes, quienes iban a la vanguardia del movimiento en pro lo que lo que, para entendernos, llamaremos «el telenoveñol». Y es que la cosa comienza con que, además de telenovelas, la TV serbia transmitía poco antes de las telenovelas, unos cursos de castellano que tuvieron mucho éxito entre las adolescentes del país.

Tres amiguitas de Blancanieves, unas enanitas que responden a los nombres de Xenia, Una y Tiyana, le facilitaron a mi corresponsal la lista de palabras que ya usan entreveradas en el idioma serbio suyo de cada día. Y que eran las siguientes: «buenos días, buenas noches, usted, basta, claro, por supuesto, amor, por favor mi amor, abrázame, diablo, pobre, pobrecita, tu casa, rico, fuerte, cómo estás, embarazada, bandido, gracias, qué haces, tiempo, malo, bueno, niña, mujer, hombre, casada, estrella, por qué, yo soy una mujer, otra vez, muchachos».

Blancanieves añadía a continuación: «Mis tres amiguitas me han prometido comunicarme otras palabras más de las que no se acordaban en el primer momento. Además, me dicen que como muchas de sus amigas de escuela siguen las telenovelas, ocurre que cuando hablan entre sí utilizan las palabras españolas. No me han dicho muchos títulos de las telenovelas, pero te paso algunos: Casandra (parece que es de producción venezolana, no sé), Llovizna (argentina), Esmeralda (quizás mexicana), Abrázame muy fuerte, La esclava Isaura (esta es en portugués brasileiro). Pero curiosamente no saben palabras en portugués, excepto las que coinciden con el español. Yo diría que es más difícil distinguir sólo por el oído las palabras en portugués y es más difícil la pronunciación. Además, me parece que el español que se habla en algunos países de América Latina como por ejemplo México, Argentina o Perú, se pronuncia con más lentitud y más vocalizado y tranquilo, de modo que se percibe mejor. No sería así la cosa con el español cubano, ya que los cubanos se han comido en una fiesta todas las consonantes».

Hasta aquí la larga cita del email de Blancanieves, al que siguió pocos días más tarde otro en el que me hablaba «del telenoveñol, idioma de pocas palabras que se habla entre los estratos jóvenes de la población de edad comprendida entre, digamos, 10 (o menos) y 25 años, aunque se extiende con éxito al parecer entre algunas madres», un idioma, o lo que sea, que entretanto, según mi querida Snežana, incluía también todas estas palabras: «milagro, felicidad, te quiero, usurpadora, casa,  hijo, hija, madre, padre, tía, tío, madrina, maldita, escúchame, por dios».

Arriesgando repetirme, les diré que tengo grandes y creo que fundadas esperanzas en que el castellano se convierta en la segunda lingua franca del futuro. Aunque, por otra parte, pues la verdad es que ello me pone un poco triste. Sí, porque si la Humanidad no remedia de una vez y para siempre sus males, pudiera ser que la última palabra que se escuchase en este planeta fuese una sonora mentada de madre, y nada menos que en nuestro idioma. Una sonora mentada de madre dirigida por millones de seres a quienes pulsen el botón que aniquilará la vida humana y harán cierta una apesadumbrada profecía: aquella según la cual, las estirpes condenadas a tantos cientos de miles de años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la Tierra.

********************************************************

Comentarios