Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

El señor que tocaba el piano

Y bueno, estimada grey lectora, hoy ya es Miércoles de Ceniza, se acaba el carnaval y me gustaría pensar que muchos de ustedes -además del lector o lectora «mkam» (ver el post anterior)- acertaron a quitarle el antifaz al personaje de mi adivinanza.

Por cierto que la semana pasada les dije que les acababa de facilitar una pista valiosísima al preguntar que quién fue ése, a pesar de todo, feliz mortal. Fue una de las muchas que les di, según «mkam». Demasiadas, tal vez. Pero ahora lo que cuenta es el procedimiento para seguirlas.

Y así, también les conté que cuando nuestro personaje fue por primera vez al teatro, Arthur Rimbaud pudiera haber cumplido, de haber vivido todavía, los 62 años, y recuerden que también les dije que ese personaje nuestro nació el mismo día que Rimbaud, es decir un 20 de octubre. Basta buscar en un buen calendario de efemérides para ver quienes nacieron en esa misma fecha, y con seguridad que encontrarán ahí el nombre del personaje en cuestión.

Pero es que además les dije que murió a los 62 años de edad de la misma enfermedad que alguien que lo admiró irrestrictamente y que le siguió a la tumba veinte años y treinta días después. Relacionando este dato con el anterior de Rimbaud podemos establecer perfectamente bien el marco temporal en que vivió nuestro hombre. Rimbaud nació en 1854, y si hubiese vivido 62 años nos encontraríamos en el 1916, que es cuando nuestro personaje va por primera vez a un teatro y ya lleva cinco años estudiando piano. Eso significa que nuestro personaje debió nacer entre 1900 y 1905 y que por consiguiente debió morir entre 1962 y 1967, de tal manera que su irrestricto admirador tuvo que morir entre 1982 y 1987.

Es, como ven, sólo cuestión de relacionar detalles.

De ese su admirador irrestricto, a su vez, les dije que fue uno de los autores más admirados y revolucionarios del idioma, y añadí que si yo les insinuase, sólo les insinuase, de qué va en su libro más conocido y siempre codiciosamente releído, por cualquier página donde se abra, ustedes sacarían enseguida la primera punta del ovillo.

Un libro siempre codiciosamente releído, por cualquier página donde se abra, y obra de un autor revolucionario¿no les huele que debe ser Rayuela, la obra maestra de Julio Cortázar? 

Por las palabras suyas que cité se enteraron de que vivía en Ch**** en diciembre de 1939, y en cualquier biografía de Cortázar podrán ver que por aquellas fechas él vivió en Chascomús, que es una población del centro de la Argentina, en la provincia de Buenos Aires. O sea, el autor de esas palabras debe de ser él, cuyo violín de Ingres, dicho sea de paso, era la trompetay hay una foto suya muy famosa en la que se le ve, grandote como una sequoia, siguiéndole los pasos a Louis Armstrong.

Hagamos, pues, la prueba con Cortázar. Que murió el 12 de febrero del 84. Veinte años y treinta días antes habría muerto nuestro personaje misterioso, es decir, el 13 de enero de 1964, y murió además a los 62 años, o sea que debió nacer en 1901 ó 1902, según los meses respectivos de nacimiento y defunción. Todos los datos coinciden hasta ahora.

Y sabemos además que su fama no la alcanzó con sus conciertos de piano, y que se casó nada menos que cinco veces. Pensemos en qué razones podría tener Cortázar en quererlo haber conocido cuando vivía en Chascomús. Lo más inmediato que se nos ocurre es que se tratase también de un escritor, con quien poder conversar de todo lo divino y todo lo humano (y ustedes disculpen el pleonasmo).

¿Les empieza a sonar ahora en los oídos, insistentemente, lo que dije la semana pasada acerca de este, a pesar de todo, feliz mortal?  ¿No recuerdan ningún escritor de la zona rioplatense en cuyo nombre intervenga la palabra “feliz”, aunque sea con otra ortografía? 

¿Por ejemplo, Felisberto Hernández, el uruguayo que se casó cinco veces, que se ganó la vida como concertista de piano, que no pasó a la historia como tal sino como uno de los escritores más personales y originales de su tiempo, que nació un 20 de octubre, como Rimbaud, pero en Montevideo, y que a los 37 tocó a Stravinski en la megalópolis al norte del lugar de su nacimiento, es decir, en Buenos Aires, que aunque no lo parezca sí se encuentra al norte de Montevideo?  

Pues sí, estimada grey lectora, Felisberto Hernández es la solución de la adivinanza. Y colorín colorado, la charada se ha acabado.

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