Corazón de Pantaleón

Publicado el ricardobada

El Quijote, en espanglish

«In un pleicit de La Mancha on juich nombre no quiero rimembrearme vivía, not so long agou, uno de esos yentelmen ju algüeis tienen una lanza in de rek, una bacler antigua, ei skini caballo y un greihaund para el cheis».

Se trata de una cita, concretamente de la traducción del famoso comienzo de Don Quijote de la Mancha a esa mezcla de idiomas que sus hablantes denominan espanglish. Esa mezcla de idiomas que se habla por los hispanos en los Estados Unidos de América del Norte situados entre el Canadá y los Estados Unidos Mexicanos, país al que por abreviar suelo llamar como ellos mismos lo hacen, USA, y a sus súbditos usanos, que fue lo que me enseñó Julio Camba.

Descubrí en su día la noticia de esa novedad editorial mientras surfeaba en internet a la busca de un material que nada tenía que ver con ella. Y es así como me vine a enterar de que el mero anuncio de la traducción, que llevó a cabo el profesor mexicano Ilán Stavans, había desatado una ola de protestas.

En el diario La Opinión, de Los Angeles de California, el profesor Francisco Ramos publicó al respecto un artículo que me ilustró bastante acerca del tema. Me ilustró acerca del grito en el cielo puesto entre otros por algunos miembros de la Real Academia de la Lengua en Madrid, y también de la crítica más personalizada al autor del proyecto, acusándole de querer adquirir notoriedad a costa de una obra maestra y haciendo uso (cito textualmente) de «una jerga racista, como todos los slangs o pseudodialectos nacidos de la vagancia intelectual».

Y me ilustró asimismo acerca de la posición del propio profesor Ramos, que me parece bastante ecuánime porque nos recordaba (una vez más textualmente) que «el lenguaje es un reflejo de la realidad cotidiana y se adapta, cambia, o transforma dependiendo de las necesidades de los interlocutores».

Así es. Y como a mí me encantan estos temas donde los puristas y los heterodoxos nos podemos tirar los trastos a la cabeza, empezaré por afirmar que me parece formidable que el Quijote se tradujera al espanglish. Es más: mal que les pese a los puristas, me parece un escándalo que aún no existan traducciones del Quijote al español nuestro de cada día. ¿O es que alguno de ustedes, exceptuando a los hispanistas especializados en el castellano del siglo XVII, me quiere contar el cuento chino de que lee el Quijote y lo entiende sin necesidad de recurrir a las notas a pie de página?  A otro perro con ese güeso, como diría Sancho Panza.

Y hablando de tutti frutti, como dicen los uruguayos: ¿es que acaso la Real Academia se rasgó alguna vez las vestiduras cuando el Quijote se tradujo al esperanto, un idioma nacido en una probeta, y que en ella sigue, rehén permanente de una alimentación asistida?  Claro está que no. Y si no lo hizo entonces ¿con qué plausible explicación podría oponerse ahora a que fuese vertido a un dialecto, una jerga o lo que sea, pero que es hablado, ha–bla–do, diariamente, por millones de seres humanos?  ¿Con qué criterio excluir de la lectura de esa obra maestra a millones de seres humanos que a lo mejor sólo tendrán acceso inteligible a ella de esa manera? 

Dicho sea de paso, al propio Cervantes no se le caían los anillos a la hora de reproducir el habla popular, e incluso con cierto virtuosismo: baste recordar el episodio del vizcaíno y la miserable sintaxis del castellano que le hace hablar. Así es que créanme si les digo que si el Quijote ha salido indemne de su pelea con los ideogramas del chino, también sobrevivirá al espanglish. Y que se mueran los puristas, pero de muerte lenta y dolorosa: de una úlcera de sintaxis.

A decir verdad, el único problema serio que veo, en una traducción de Don Quijote al espanglish, es la propia figura del hidalgo en un contexto socio–político–histérico (histérico, no histórico, aunque no descarto tampoco la dimensión histórica) como el que viven los USA y los usanos desde su 11-S [mi 11-S no es ese, y de él fueron responsable USA y los usanos].

Créanme también si les digo que cuando apareció esa traducción, agradecí al Todopoderoso que el tal WC Bush no padeciera las funestas manías de pensar y de leer: ¡no había el peligro de que cayera nunca en sus manos un ejemplar del libro de Cervantes!  Y es que si ustedes se ponen a recordarlo, sobre todo los episodios de los molinos de viento, de los batanes, de los galeotes, convendrán conmigo en que para los criterios socio–político–histéricos made in Texas, Don Quijote es un peligrosísimo terrorista. ¡Socorro!Eeeeeeeeeeh, perdón, naturalmente quise decir: Jelp!!!

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