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    <title>Blogs El Espectador</title>
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    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Mon, 13 Apr 2026 16:29:31 +0000</lastBuildDate>
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	<title>Robert Max Steenkist, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
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        <title>&amp;#8220;Maniac&amp;#8221; de Benjamin Labatut</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/maniac-de-benjamin-labatut/</link>
        <description><![CDATA[<p>Una mirada a un libro reciente. La literatura suele explorar la frontera entre las capacidades humanas extraordinarias y los poderes sobrehumanos. Lo que marca el paso entre lo mortal y lo divino. Suele marcar el terreno de lo mágico. Canta la línea (muchas veces delgada) que separa los héroes de la fuerza destructora de su [&hellip;]</p>
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<p></p>



<h2 class="wp-block-heading alignwide" id="we-re-a-studio-in-berlin-with-an-international-practice-in-architecture-urban-planning-and-interior-design-we-believe-in-sharing-knowledge-and-promoting-dialogue-to-increase-the-creative-potential-of-collaboration" style="font-size:clamp(27.894px, 1.743rem + ((1vw - 3.2px) * 2.285), 48px);line-height:1.1">Una mirada a un libro reciente.</h2>



<p>La literatura suele explorar la frontera entre las capacidades humanas extraordinarias y los poderes sobrehumanos. Lo que marca el paso entre lo mortal y lo divino. Suele marcar el terreno de lo mágico. Canta la línea (muchas veces delgada) que separa los héroes de la fuerza destructora de su egolatría suicida y destructora. El delirio, la poesía, las artes son maneras usuales de explorarla. <br><br>Ya Labatut ya me había marcado con su monumental “Un verdor terrible”. Me traía mal acostumbrado. Las narraciones de este libro me contaron las proezas de &#8220;Prometeos&#8221; como Fritz Haber, Alexander Grothendieck, Karl Schwarzchild o Albert Einstein. También el inmenso poder de esas creaciones poderosas y los descubrimientos sublimes cuyas consecuencias se extienden hasta lo menos probable de imaginar. Ese &#8220;efecto de mariposa&#8221; es natural en el mundo moderno, tan conectado. las consecuencias incalculables ya se han comprobado como codependencias en tragedias y milagros. Esa intensa hyperconectividad me quedó faltando en este último libro. <br><br>Extrañé en &#8220;Maniac&#8221; el tono de un quiromante que descifra el poder de una magia ajena. Solamente pude ver el de un buen y detallado cronista de fuerzas sublimes. Ojo, extrañar no es sinónimo de desilusión. Sigo dándole seis estrellas (sobre cinco) al trabajo de este autor. En &#8220;Maniac&#8221; también se tejen de manera hermosa diferentes géneros de escritura: el ensayo, el cuento, la biografía y la crónica. Frente al poder y las consecuencias sublimes de quienes protagonizan estas páginas, los géneros literarios se extienden hasta crear nuevas formas para que los efectos de la hybris sean expresados. Cada relato aqui parte de realidades dolorosas e impactantes que causa la ciencia. Muchos descubrimientos se exponen aquí desde el efecto en mentes, corazones y cuerpos de quienes han protagonizado el &#8220;avance&#8221; de las tecnologías. <br><br>Atrás queda el viejo dilema de aprovechar el impulso militar para impulsar los campos de producción y la investigación. Labatut cuenta aquí cómo la mente de los líderes científicos suelen pagar buena parte del precio del desarrollo. Los científicos nos sirven de espejo para reconocer nuestra fragilidad y nuestros alcances. En estas páginas la conciencia de estar sobrepasando límites existenciales se sufre desde diferentes ángulos. <br><br>En estas páginas vemos un vértigo ante lo inconmensurable del potencial destructivo del hombre. Entonces la transformación de los vínculos entre humanos y de estos frente a la naturaleza es una problemática que hermanan los relatos. Oficios de químicos, físicos, matemáticos o programadores ocupan la misma embarcación valiente, pero a la deriva, que flota, se sacude y en ocasiones se hunde.</p>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>Cultura</category>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=101063</guid>
        <pubDate>Mon, 20 May 2024 19:57:20 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[&#8220;Maniac&#8221; de Benjamin Labatut]]></media:description>
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        <title>Llegar a Bogotá (1 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/llegar-bogota-1-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>UNO No importa si llegas en avión, bus intermunicipal, colectivo pirata o carro propio: la ciudad se ha extendido en el mapa como quien rodea a su presa que se mueve sin saber lo que se le viene. Te recibe habiéndote hipnotizado, obligándote ahora a avanzar hacia su abrazo de serpiente. Te atrapa cada vez [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><b>UNO</b></p>
<p><span style="font-weight: 400">No importa si llegas en avión, bus intermunicipal, colectivo pirata o carro propio: la ciudad se ha extendido en el mapa como quien rodea a su presa que se mueve sin saber lo que se le viene. Te recibe habiéndote hipnotizado, obligándote ahora a avanzar hacia su abrazo de serpiente. Te atrapa cada vez más temprano. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Por aire, llegas casi siempre desde el occidente, dejando atrás ese valle ardiente, la planicie dorada que cruza sobre todo un río con pocos asentamientos a sus orillas. De pronto la monotonía de ese calor y esa extensión se corta. Se alza el mundo y las rocas. Pocas carreteras. Muchas líneas de alambre. Empieza la cordillera con sus desfiladeros, una pared hacia el cosmos montañoso; corta el vuelo de los mosquitos, muchas enfermedades, el cantar de las chicharras, la generosidad del oxígeno. Y luego, protegida por la altura, una llanura de verde generoso y dulce. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Aterrizas luego de pasar por encima de extensos techos plásticos que esconden flores en gestación. <a href="https://www.colombiatrade.com.co/noticias/como-funciona-el-sector-floricultor-en-colombia#:~:text=Un%20total%20de%207.700%20hect%C3%A1reas,d%C3%B3lares%20anuales%20en%20fletes%20a%C3%A9reos.">Millones de rosas</a> aquí crecen en silencio hasta irse en contenedores helados a adornar por unos días las mesas de San Valentín o los detalles para las madres de países menos coloridos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Algo de tierra trabajada alcanzas a ver, pero, en su mayoría, las parcelas agrícolas han ido cediendo su espacio a parques industriales, zonas que el plan de ordenamiento territorial ha cubierto de cemento y asfalto para el beneficio, sobre todo, <a href="https://www.pulzo.com/nacion/asi-fue-como-hijos-uribe-hicieron-fortuna-PP470311">de los hijos “emprendedores” de un expresidente investigadísimo</a> y varios políticos que ya <a href="https://www.noticiasdiaadia.com/facatativa/por-volteo-de-tierras-condenan-exconcejales-del-rosal-cundinamarca/">pagan condena</a>. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero en general, debes saberlo, <a href="https://cambiocolombia.com/los-danieles/sigue-siendo-el-rey">nada pasa</a>. En la capital del País de la Impunidad, casi nunca nadie paga por los crímenes. Nadie, al menos, que pertenezca al catálogo de los de cuello blanco. Mucho menos de los imbéciles. Aún puede debatirse: ¿haber asfaltado los suelos agrícolas más productivos del país para instalar neveras infértiles que almacenan alimentos que se producen en suelos menos productivos y cada vez más remotos es una imbecilidad o un crimen? Quizás nunca se resuelva. Lo único que queda claro es que el mayor beneficiado es el precio de la comida.     </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Vuela el avión sobre otro río. Delgado y triste, a pesar de las vacas y los pastos que están a sus orillas. <a href="https://youtu.be/b6ay2lfZwqk">Dicen que se recompone</a>. No es tan clara su sanación. Y en cuestión de segundos ya están las cuadras de cemento y ladrillo, los techos de colores desiguales, barrios rápidos que no le ceden un centímetro a árboles, parques o andenes. Aterrizas frente a las casas y sus fachadas que se han erguido (unas más legales que otras) al lado de la pista. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En otra ciudad, el aeropuerto original hubiera entrado en desuso y sería un parque o un terreno de uso comunitario. Un nuevo aeropuerto se hubiera construido más lejos y la ciudad hubiera encontrado aquí un nuevo servicio. Aquí todavía no pasa eso. Falta, quizás, un alcalde que (como ya se ha visto en la historia de Bogotá) logre convencer al consejo para que le venda ese terreno a él o una de sus empresas y luego permitir que él (o alguna de sus empresas) se lo arriende a la ciudad para garantizar el éxito de la alianza público-privada. El Dorado podría pasar a ser (¿quién sabe?) un parque metropolitano que renovara el verde de toda esta zona o un centro de eventos. O un nuevo estadio de fútbol, que harta falta le hace a una ciudad que tiene dos de las cinco hinchadas más grandes del país. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Mientras tanto, este aeropuerto marca una de las fronteras entre la ciudad ansiosa, contaminada y siempre en obra y un montón de terrenos verdes, privados (obvio) y uno que otro estanque desubicado. Dicen los que dicen saber, que desde las veredas de algunas haciendas cuyo único mérito es haber sido heredadas, se puede acceder a las bodegas y las zonas de carga de los aviones. Dice los que dicen que saben que por esas haciendas pasan kilos de contrabando y drogas y que nadie dice nada porque eso (armas, cocaína, cargas y cargas de flores que no declaran, contrabando) beneficia a “<a href="https://www.wradio.com.co/2023/05/29/caso-narcofinca-en-octubre-arranca-juicio-contra-exembajador-sanclemente/">los mismos de siempre</a>”. Y quizás tengan razón. Por algo esos terrenos permanecen intactos, surcados únicamente por caminos rudimentarios, propios de una finca que se puede dar el lujo de vivir como antes de la revolución industrial y cuyo destino se mantiene inmóvil por un Plan de Ordenamiento Territorial convenientemente siempre ajeno a los debates. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Y quizás esto nunca cambie. A la larga en Colombia (como en cualquier país que vive de la extracción y no tanto de su capacidad de producción) lo que cuenta es la tierra y aún <a href="https://www.lasillavacia.com/red-de-expertos/red-rural/la-concentracion-de-la-tierra-en-colombia-y-la-reforma-agraria-de-corea-del-sur/">algunos</a> pueden darse el lujo de tenerla como parte de su paisaje personal. Pesa más el placer de algunos que el bienestar de millones. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Para los que no cuentan con su paisajito privado, muchas cosas son desde lejos. Se pueden escuchar remotamente. El escuchar algo puede ser una versión resignada de la apropiación. Un consuelo a la falta de propiedad. Por eso quizás entenderás porqué tantas veces y tan seguido siguen resonando los aviones tan cerca sobre toda la ciudad. Y a no mucho les incomoda. No es un debate público. A lo mejor para los bogotanos oír a alguien llegando es un signo de que la ciudad sigue siendo atractiva para alguien. A lo mejor para los bogotanos alcanzar a ver las ventanitas de los aviones es irse un poco, escapar en alguna medida. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=97410</guid>
        <pubDate>Sat, 02 Dec 2023 10:39:10 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Llegar a Bogotá (1 de 4)]]></media:description>
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        <title>Zorrizo-The path of the hedgefox: encuentros y perdón</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/zorrizo-the-path-of-the-hedgefox-encuentros-perdon/</link>
        <description><![CDATA[<p>En agosto de este año la ilustradora Cristina León y yo culminamos un proyecto que me tiene muy orgulloso. Se trata de un libro para niños, que me inventé yo, ilustró ella y editó el Colegio Bilingüe José Max León (institución a la que aterricé de manera inevitable desde antes de nacer). Se llama Zorrizo&#8211;The [&hellip;]</p>
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        <content:encoded><![CDATA[<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-96119" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-1024x791.jpg" alt="" width="840" height="649" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-1024x791.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-150x116.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-300x232.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-768x593.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-1200x927.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1.jpg 1650w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>En agosto de este año la ilustradora Cristina León y yo culminamos un proyecto que me tiene muy orgulloso. Se trata de un libro para niños, que me inventé yo, ilustró ella y editó el Colegio Bilingüe José Max León (institución a la que aterricé de manera inevitable desde antes de nacer). Se llama <em>Zorrizo</em>&#8211;<em>The path of the hedgefox.</em> Sus páginas, y ramificaciones online, se despliegan en varias direcciones:</p>
<p>En primera instancia esperan contar una historia maravillosa&#8230;y no una exclusiva para los lectores menos experimentados. Esos &#8220;raros lugares encantados&#8221;, como los definía Astrid Lindgren, &#8220;a los que podemos ir y encontrar las más raras de las alegrías&#8221; deben seguir siendo el refugio vigente a lo largo de todas nuestras vidas. Cumplirán su propósito si entregan a los lectores las llaves de la sana picardía de la niñez que a veces perdemos a medida que crecemos. Hemos querido honrar también el humor, la sinceridad y la capacidad de sorpresa, todas virtudes que no deberían perder vigencia en lo que consideramos un espíritu sano.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-96122" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-1024x473.png" alt="" width="840" height="388" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-1024x473.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-150x69.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-300x139.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-768x355.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4147-1200x554.png 1200w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>Una mente abierta y un corazón flexible son dos poderes de la mayoría de los niños. De esta capacidad se desprende gran parte del poder humano para una convivencia sana y la generación de una comunidad funcional: el perdón, la solidaridad, la empatía, el diálogo. Por esto también hemos querido generar un libro que juegue con dos idiomas, pero buscando una línea de lectura que ahonde los sentidos de la lectura. Creemos que existen suficientes libros con ejercicios hermosos s de traducción literaria (la maravillosa escuela de Traducción Literaria Antoine Bermann de la Universidad de Antioquia nos ha servido de cómplice en varios proyectos propios) y en cambio pocos malabares con la diversidad de sentidos que esconde el bilingüismo. Recorrer el camino de <em>Zorrizo o The path of the Hedgefox</em> es pasar por entre los mismos árboles, pero concentrarse en diferentes líneas del paisaje: en un idioma se buscan los pájaros, en el otro se cuentan los frutos. O algo así.</p>
<p>Por otro lado, quisimos aprovechar una oportunidad que tiene que ver con la diversidad de formatos, plataformas y canales que ofrecen nuestros días: desde el inicio nos imaginamos un libro impreso que tuviera una extensión en el mundo virtual. Al ser éste un proyecto de la editorial de un Colegio concertamos con docentes y directivos ejercicios y reflexiones que, a través de ese portal multidimensional que puede ser un Código QR, se pudieran ofrecer a niños y adultos. Aún sin haber sido comercializado en librerías, profesores y padres de familia que lo han tenido en sus manos aplauden que los invitemos de manera tan sutil a integrar pantallas y páginas, escritorios de hacer tareas y mesas colonizadas por computadores, en un ejercicio de lectura.</p>
<p>Inculcar la lectura profunda es un ejercicio cada vez más importante en la era de la sobreinformación y la sociedad del cansancio. Lo es también porque muchas jóvenes familias colombianas no están dispuestas (o en capacidad) de destinar parte de su presupuesto a libros. Pueden parecerles objetos caducos y obsoletos por su incapacidad de abrirse como cajas de Pandora en links de vértigo y ventanas hipnotizadoras. O demasiado ineficientes porque piden esfuerzos adicionales a mover los pulgares. Pero sobre todo son caros. Y el palo no está para cucharas.</p>
<p>Por lo anterior, también decidimos que nuestro libro sería aprovechable al máximo, a favor del bolsillo de las familias. Con sus ilustraciones llenas de detalles y códigos secretos, sus dos idiomas recorriendo dos senderos de una misma montaña y su capacidad de integrar el objeto impreso y parte de la inmensidad virtual, <em>Zorrizo</em> también sería un libro que se aprovecharía en al menos tres asignaturas diferentes. Primero un libro extenuado por ser bitácora de tres procesos que una guía de estudio caduca, impecable como peso muerto al final de periodo escolar.</p>
<p>Y finalmente, la razón por la cual creemos que sigue valiendo la pena agregar un libro más a las estanterías y los anaqueles: ofrecemos un espacio para reflexionar sobre algo que no preocupa y nos apasiona. Algo que consideramos urgente y profundo. Se trata de nuestra posibilidad y disposición a los encuentros y al perdón.</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-96129" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-1024x473.png" alt="" width="840" height="388" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-1024x473.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-150x69.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-300x139.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-768x355.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4154-1200x554.png 1200w" sizes="(max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>Los humanos tenemos la posibilidad de construir a partir de contrarios. El método filosófico conocido como dialéctica (dialektiké), nos invita a exponer una idea (tesis), contrastarla con su opuesto (antítesis) y de esta fricción ser capaces de generar una nueva manera, otro símbolo, una tercera opción consensuada (síntesis). Tenemos la posibilidad de construir a partir de contrarios, aunque no sea la decisión más frecuente.</p>
<p>La diferencia que separa a dos opuestos contiene el poder de crear algo que no existía antes. Las fuerzas contrarias pueden generar nuevas formas a partir de la fricción. La destreza para compaginar pacíficamente con otros es lo que diferencia a un gestor de ideas y soluciones de un componente pasivo de la realidad, de algo que destruye.</p>
<p>Este poder solo se despliega a través de la paz y la transparencia que exige un intercambio, en vez de un choque. Tratar de convencer al otro, entender sus argumentos, explicarme para que entienda los míos, son algunas acciones propias de la dialéctica. Implican respeto, flexibilidad, paciencia y creatividad, entre otros valores que son cada vez más necesarios en nuestros días de migraciones, radicalizaciones, imposiciones.</p>
<p>El poeta griego Arquíloco escribió “el zorro sabe muchas cosas, pero el erizo sabe una sola gran cosa”. Retomando esta metáfora, el politólogo y filósofo Isaiah Berlin propone dividir a escritores y pensadores (y quizás a toda la humanidad) en dos categorías generales: están quienes resumen todo a una visión central, a un solo sistema coherente a través del cual piensan y sienten. Aquellos se guían por un principio rector universal. Tienden a ser como los erizos: prudentes, introspectivos, analíticos, mesurados, defensivos…Viven, sienten y crean según lógicas centrípetas: la fuerza de su existencia gira en torno a un centro que nunca deja que sus formas se salgan de los parámetros de lo predecible.</p>
<p>En el otro grupo están quienes siguen la pista de muchos y variados centros, que no necesariamente están relacionados entre sí ni parecen conectados a simple vista. No temen la contradicción. Su pensamiento suele ser disperso, sus movimientos impulsivos. Son dados a la frescura de la improvisación y no al minucioso camino de la planificación. Primero son irresponsables antes de caer en la adoctrinación. Creen que la esencia de las cosas está condicionada por la multiplicidad y el cambio. Su lógica es más centrífuga, usualmente lejos de lo perfecto y lo predecible.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-96124" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-1024x473.png" alt="" width="840" height="388" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-1024x473.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-150x69.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-300x139.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-768x355.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4146-1200x554.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>Una metáfora siempre deja el aire para los matices. No se debe insistir en una clasificación absolutista de la naturaleza, menos de la humana. Es tan compleja y hermosa que escapa a las aspiraciones de un lenguaje determinista (de ahí el valor de la poesía, pero eso es materia de otro escrito). Esta dicotomía nos debe servir apenas como punto de partida para observar y comparar.</p>
<p>Escribir un libro para niños es un reto fascinante: las ideas deben ser sencillas y contundentes. Es necesario modelar con precisión el texto y ser exacto en la escogencia de las palabras. Es falso que uno “vuelva” a la sencillez y a la claridad de los niños. La mejor manera de escribir un libro de estos es aceptar que los mejores lectores son aquellos que, a pesar del paso del tiempo, siguen siendo directos, honestos y exigentes con sus autores y sus ilustradores. La mejor forma de interactuar con niños que leen es aceptar que ellos son los mejores críticos y la mejor influencia. No se vuelve a la sencillez de nadie, se evoluciona hasta volver a lograr algo tan benéfico.</p>
<p>El uso del bilingüismo en una historia sobre dos personajes que chocan y construyen desde sus diferencias me pareció un componente apenas natural en un libro sobre el poder de la dialéctica. Si para construir con el otro debo respetarlo, estudiarlo y tratar de entenderlo, la capacidad de incorporar otro idioma a mi universo es la una habilidad que me lo facilitará.</p>
<p>Trabajar con Cristina León ha convertido la elaboración de este libro en un reto de alegría. Me sentí muy orgulloso por haber encontrado una madriguera que haya resultado inspiradora para una artista de su talla. Cada forma y cada trazo fue un momento que afirmó nuestra amistad. Fue un gusto encontrar de nuevo centros y periferias que nos reciben.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-96132" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-1024x473.png" alt="" width="840" height="388" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-1024x473.png 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-150x69.png 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-300x139.png 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-768x355.png 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_4150-1200x554.png 1200w" sizes="auto, (max-width: 840px) 100vw, 840px" /></p>
<p>Un nuevo libro de ambos que habla sobre el poder de los contrarios sale buscando a sus lectores. Enfrenta un mundo que renueva su vocación tóxica de partirse entre bandos que prefieren el facilismo de la sangre derramada al esfuerzo de la construcción. Las aulas, las bibliotecas, las librerías, los hogares con espacio para la lectura son nuevamente el lugar donde se conservan las tercas formas de la esperanza.</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/IMG_3648.mov">IMG_3648</a></p>
<p>Espero que dentro de poco se ofrezca en las mejores librerías y portales de compra de libros por Internet.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=96020</guid>
        <pubDate>Fri, 01 Sep 2023 15:26:28 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/09/Zorrizo-1-1200x927.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Zorrizo-The path of the hedgefox: encuentros y perdón]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
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        <title> Ontmoetingsgracht o Canal de un encuentro</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/ontmoetingsgracht-canal-encuentro/</link>
        <description><![CDATA[<p>La intimidad de las personas es un activo escaso en los mercados volátiles (y en los retorcidos) de estos días.  Hoy las redes sociales y sus marañas engañosas determinan nuestras rutinas, distorsionan los horarios y se apoderan (usualmente recibiendo pagos nuestros) de todos los secretos. Ya es costumbre exhibirse y adoptar las prácticas de la [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">La intimidad de las personas es un activo escaso en los mercados volátiles (y en los retorcidos) de estos días.  Hoy las redes sociales y sus marañas engañosas determinan nuestras rutinas, distorsionan los horarios y se apoderan (usualmente recibiendo pagos nuestros) de todos los secretos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ya es costumbre exhibirse y adoptar las prácticas de la autopromoción en la pasarela abierta de las pantallas creyéndose inocentemente digno de la atención del mundo. Contrario a lo que se pregona desde el oportunismo y las ventas que apuntan a nuestra impulsividad, las &#8220;comunidades&#8221; que forman las culturas cibernéticas rara vez unen a diferentes seres humanos  con un propósito común. Son grupos ansiosos, motivados por emociones inmediatas, a duras penas clientes que se dejan desangrar por mercados cada vez más invasivos. Perder el contacto entre humanos, pensar que los chats, las redes sociales o los video juegos sustituyen el impacto y el poder educativo de los encuentros físicos es preferir el inmediatismo a la una existencia medianamente regida por planes, sueños y capacidad en el tiempo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Lo anterior lo he escrito escrito en un blog. Eso no deja de ser paradójico. Ningún pregón sirve si no traemos a colación ejemplos que aterricen su tono. Éste lo traigo desde Amsterdam, una de mis moradas que a veces se resiste a narrar a fondo la historia de sus migrantes (de los refugiados, claro, pero también de otro tipo de desposeídos) y que, por ende, se condena a vivir en su pasado.  Algo así diría el novelista Ilja Leonard Preijffer.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-94864" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1024x355.jpg" alt="" width="840" height="291" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1024x355.jpg 1024w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-150x52.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-300x104.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-768x266.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal-1200x416.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-canal.jpg 1366w" sizes="auto, (max-width: 840px) 100vw, 840px" />        </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">No me deja de alegrar que muchos habitantes de los primeros pisos de las casas de esta ciudad decoren sus ventanas para el deleite de los que pasan por la calle. Con objetos delicados, crean narrativas que sugieren algo de su privacidad, como lo hace cualquiera que seduce con prudencia y sabe dosificar su entrega. Como lo hace cualquier belleza que sabe que su paso fugaz es suficiente para retar al amor.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Las piezas de porcelana blancas y azul-Delft (gatos congelados miran hacia la calle, figuras de niños regordetes en vestidos tradicionales mandan un beso al cristal, un jarrón ofrece los colores de los tulipanes al transeúnte desconocido) son las que más se encuentran. Sin embargo, a los caminantes más pacientes y atentos se les revelan plantas exóticas cuidadas con esmero de coleccionista, alguna bandera que anuncia orgullosa todos los colores del arco iris, un barco de madera reconstruido a escala miniatura con nostalgia de relojero…</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Invadida a diario por turistas que hormiguean sus calles y canales con ansiedad voraz, las viejas casas del Jordaan y de otros barrios centrales de La Venecia del Norte ofrecen una generosidad al transeúnte que no he podido encontrar en otra parte. Lo participan de sus orgullos cotidianos, comunican los detalles minúsculos de unas vidas que el visitante logra intuir más no aprehender. Le dan a conocer particularidades de las vidas, pero pasan como pájaros por encima de los siempre afanosos personajes que, con celulares, mochilas y horarios de selfie, siempre serán extraños.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">En las casas de la ciudad también hay espacio para grandes nombres grabados en yeso eterno sobre las paredes. Unos son imponentes heráldicas que anuncian la casa de éste o aquel explorador del siglo de oro holandés. También están los símbolos de un esclavista o el anuncio que se congeló bajo una fragancia remota de faros que arrastró un comerciante desde un mar perdido. Vigentes o no, estos símbolos de poder en los pisos altos o los aros de las puertas, no riñen con las decoraciones que los habitantes del Amsterdam actual ofrecen. Sugieren, nunca cuentan con precisión. De ahí su poesía. </span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94865" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo.jpg" alt="" width="450" height="600" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo.jpg 450w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Adam-Viejo-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 450px) 100vw, 450px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">Cualquier día de estos di con una escena digna de cualquier pintor de la Edad de Oro. Amanecía. La ciudad se desprendía de su niebla con luz blanca y limpia (una que Leonardo Padura nombraría “modesta y serena”). Yo caminaba a orillas de uno de los canales. Desde la ventana de un primer piso iluminaba un color cálido, que parecía hablar de una jornada de trabajo o de actividad hogareña pura y silenciosa. Se anticipaba a los turistas y a sus timbres de bicicletas inexpertas, a los chirridos de sus pedales sobreactuados y al ronroneo mortificante de sus botes con megáfonos pregrabados que se tomarían la ciudad antigua dentro de poco, como todos los días. Alrededor de la luz opaca de ese marco, una negrura tentadora, la oscuridad que invita a cualquier sueño o pesadilla.   </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me acerqué. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Me topé con un viejo en el interior de casa. Lo vi peinado impecable, con los lentes sobre su nariz enorme, leyendo algún periódico. Se veía saludable, salvo por un tubo delgado y amarillento que pasaba por debajo de su nariz. Ni eso le quitaba la pacífica dignidad con la que proyectaba al mundo que despertaba. Me hizo recordar a mi abuelo, para el que, en los últimos años de su invierno, los afanes y las expectativas habían dejado de ser el motor de los días. Alguno de los Pessoas de <i>El libro de desasosiego escribió</i> “Si nuestra vida fuese un eterno estar en una ventana”.</span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94866" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam.jpg" alt="" width="800" height="600" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam.jpg 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-150x113.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-300x225.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Casa-viejas-Adam-768x576.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">La del viejo estaba un poco abierta y, aún con la brisa lejos, reconocí el olor a café fresco que procedía de la casa del señor y su silencio matinal. Lo más seguro es que ya había pasado por su primera taza. En la ciudad se toma un promedio anual de 8.3 kg de café per cápita, unos 22 gramos al día por persona. Es no es errado decir que cada uno de los 724 mil adultos de Amsterdam consume en promedio al menos 3 tazas de café al día. Sin duda este viejo había incorporado el café a su pacto honesto con la soledad de sus despertares.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">La bebida más tomada en el planeta, después del agua, parece tener una historia de amor con Amsterdam. Hay 116 cafés por cada 100 mil personas; esto es un número significativo si consideramos que San Francisco , que es la ciudad de mayor número de cafés en el mundo (235 por cada 100 mil habitantes), tiene 4.6 millones de residentes, mientras que Amsterdam tiene 1.2 millones. Marcas legendarias y nuevas se mueven entre la niebla o el vapor del verano. habitantes, el aroma de granos recién tostados y prestos para moler impide que el humo empalagoso de la marihuana palidezca el aire (aunque, alguien debe decirlo, ambos hagan a veces tan buena combinación). El café, quiero pensar, es a hoy lo que en su momento fueron en la ciudad el olor a cargas frescas de arenque, a granos bálticos, a alquitrán, linaza y madera para construir nuevos barcos, con los que durante breves, pero intensos años del siglo XVII, las compañías navieras holandesas dominaron los océanos del mundo.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Quiero imaginarme que desde el declive de las flotas holandesas, y tras perder tantas batallas contra los ingleses, franceses y españoles, un imperio de sentidos se dobló sobre sí mismo para curar sus heridas. Habrá eligió el silencio, las luces nostálgicas de las farolas y los placeres de tabernas discretas y burdeles intencionalmente mal disimulados. Quiero pensar que desde entonces las ventanas generosas tienen la certeza de ser dignas de una pieza de museo, resistentes a guerras mundiales y a los indicios de una próxima gran extinción motivada por las hordas de personas con afán de selfie y talento nulo para la autenticidad. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Hay presencias que sentimos, a pesar de la distancia. Permanecí inmóvil un rato ante la escena, como queriendo retener la comunión con un mamífero salvaje distraído, tratando de ser discreto desde mis cavilaciones sin desayuno. El viejo me notó en el andén opuesto a su ventana. Se acomodó las gafas sobre los ojos, pues se habían escurrido hasta la punta de la nariz para leer mejor, y me miró unos segundos, como tratando de reconocer a alguien o queriendo entender la razón de mi quietud.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Luego se incorporó con algún esfuerzo y quiso empujar la ventana hacia arriba. Empecé a alejarme por pensar que incomodaba al hombre y creyendo anticipar algún reclamo, pero su voz raspada me hizo volver la mirada. Con un inglés claro, a pesar de los quiebres de su acento, me preguntó: </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; ¿Busca usted algo?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; Viene un amigo, atiné a responder en un holandés que creí digno de esa madrugada. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">El viejo hizo un gesto con la mano, como disculpándose por distraerme de mi espera. Se dispuso acomodarse de nuevo para continuar su lectura, pero antes de cerrar la ventana dijo:</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">&#8211; Si su amigo no llega, me avisa. Yo también puedo dejarlo esperando. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">Se rio por encima de un ataque de tos y repitió la despedida con la mano antes de bajar el marco. Me reí también y lo saludé por última vez. Fingí una llamada a mi celular y avancé hacia el nororiente, rumbo a una de las calles que ya llevaba bicicletas y tranvías hacia el centro de la ciudad.</span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-94867" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro.jpg" alt="" width="493" height="657" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro.jpg 493w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/06/Bicis-y-muro-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 493px) 100vw, 493px" /></p>
<p><span style="font-weight: 400">No recuerdo con precisión el resto del día. Seguro hice diligencias y admiré otras cosas de la ciudad de mis ancestros. Pero saqué una conclusión para el oficio que desempeño en un Colegio. En tiempos donde nadie escucha a nadie, sino prefiere venderse con videos fingidos de levedad insoportable, a lo mejor la educación moderna también deba motivar estos encuentros discretos, desprovistos de protocolos y casi nunca celebrados. Los momentos bendecidos por una marca de intimidad compartida con extraños nos pueden dar un respiro de la lógica de competencia constante y consumo irrelevante, pero responsable de la próxima gran extinción. Un gesto entre dos personas, que posiblemente no se vuelvan a ver, da cuenta de un halo de los humanos que se resisten a resumir la existencia a castigos para la ineficiencia y premios para las ventas. No debemos perder la capacidad de asombro ante los pequeños brillos. No debemos permitir que la automatización de la rutina termine opacando la calidez o las pálidas sorpresas que nos guardan caminatas desprevenidas. </span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400">Ahí quedará el viejo: un refugio discreto para cuando la escoria humana, una vez más, me apriete la garganta. Ese pensionado, lejos de la amargura, mientras se marchita en una relación generosa con el entorno, para mi siempre será consciente de que su intimidad compartida bien vale un espacio destacado en las reservas de las celebraciones.</span></p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=94547</guid>
        <pubDate>Thu, 01 Jun 2023 17:20:00 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[ Ontmoetingsgracht o Canal de un encuentro]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Cuarta cara al suicidio (4 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/cuarta-cara-al-suicidio-4-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte cuatro (viene de la Parte Tres) En su libro El peligro de estar cuerda , Rosa Montero enlista algunos suicidas que recorrieron su vida con intensidad excesiva. Y propone una conclusión: quienes gozan y sufren la vida de manera intensa son más propicio a perder su capacidad de gestionarla. Muchos pasan del hedonismo al [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Parte cuatro</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/tercera-cara-al-suicidio-3-4">Parte Tres</a>)</p>
<p>En su libro <a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-el-peligro-de-estar-cuerda/9786280002361/p/54141125?bmkt_source=google&amp;bmkt_campaign=878570393&amp;gclid=CjwKCAjw5dqgBhBNEiwA7PryaLmOWArmSQaxGfquQVxOyKUyHj9Zy8c1jtVCKtFgyHGjXDG5kSFxTRoCpFwQAvD_BwE"><em>El peligro de estar cuerda</em> , </a>Rosa Montero enlista algunos suicidas que recorrieron su vida con intensidad excesiva. Y propone una conclusión: quienes gozan y sufren la vida de manera intensa son más propicio a perder su capacidad de gestionarla. <span style="font-weight: 400">Muchos pasan del hedon</span><span style="font-weight: 400">ismo al sufrimiento insoportable, de extremo a extremo del péndulo de la existencia, cuyo impulso contrario al éxtasis es la fuerza inevitable de una muerte deseada. </span><span style="font-weight: 400">De cualquier manera, todos ellos evaden la inercia de la indiferencia con la que muchas veces saboteamos el pulso de nuestra existencia. </span></p>
<blockquote><p><em>El poeta dadaísta francés Jacques Rigaut, muerto por un disparo propio, escribía en &#8220;<a href="http://rigaut.blogspot.com/2019/">Todos les espejos llevan mi nombre</a>&#8220;, que &#8220;el suicidio y todas las corrupciones sólo nacen del tedio&#8221;.</em></p></blockquote>
<p>No se trata de una simple pregunta entre locura o cordura, sino de una posición en las temperaturas del universo, una certeza de que no se puede vivir sino desde una pasión particular y propia, sea ésta compuesta por brillos vigorizantes o por la completa oscuridad. Como Don Quijote (¿otro suicida?), que se entrega a la parsimonia y a la simpleza de Alfonso Quijano cuando por fin entiende que su condición de heroico Caballero Andante ya no tiene una segunda oportunidad sobre la tierra.  Sancho, que alguna vez asumió la voz de la aburridísima cordura, al final llora, no al hacendado pasivo y cuerdo, sino al héroe inolvidable de la Triste Figura:</p>
<blockquote><p>&#8220;No se muera vuestra merced, Señor mío (…) porque la mayor locura que pueda hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que la melancolía&#8221;.</p></blockquote>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93416" aria-describedby="caption-attachment-93416" style="width: 455px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93416 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/sanmcho-llora-a-quijote.jpg" alt="" width="455" height="533" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/sanmcho-llora-a-quijote.jpg 455w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/sanmcho-llora-a-quijote-128x150.jpg 128w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/sanmcho-llora-a-quijote-256x300.jpg 256w" sizes="auto, (max-width: 455px) 100vw, 455px" /><figcaption id="caption-attachment-93416" class="wp-caption-text">Sancho Panza, ahora fiel escudero, llora a Don Quijote en la agonía de Alonso Quijano. Grabado de A.B Houghton de <a href="https://www.cervantesvirtual.com/portales/quijote_banco_imagenes_qbi/ficha_imagen/?id=6429">la Biblioteca Cervantes</a>.</figcaption></figure></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un final grandilocuente puede ser la coherencia natural de una vida grandilocuente. Tendemos, y no se puede culpar a nadie por ello,  a ampliar el manto de tragedia sobre quien tomó la decisión de suicidarse hasta opacar una posible coherencia entre su última decisión y el fulgor de su vida. Y quizás resulte sano creer que en muchos casos no había otra opción, que no se trataba de evitarlo, sino de encontrar el momento exacto de una conjunción precisa.</p>
<p>Porque existen predisposiciones, esquemas mentales irreversibles, formas en las que el cableado neuronal se teje para no poder escapar de la idea de aniquilarse. Una <a href="https://www.researchgate.net/publication/350166791_Implication_of_cerebral_astrocytes_in_major_depression_A_review_of_fine_neuroanatomical_evidence_in_humans">investigación</a> reciente de Liam O’Leary y Naguib Mechawar de McGill University de Montreal encontró en la mayoría de cerebros de suicidas menores densidades de astrocitos (las neuronas encargadas, entre otras, de limpiar los desechos del cerebro) en comparación con cerebros sanos. También se encontraron en estos cerebros disminuciones similares en la corteza prefrontal, el núcleo caudado (que ayuda a controlar el comportamiento dirigido a objetivos) y el tálamo (que pasa información sensorial información a la corteza). Si existe una predisposición cerebral, seguramente también la hay en el plano emocional.</p>
<blockquote><p>El amor trágico es otra forma de destino inevitable. No existe el Amor Absoluto, solo actos de amor absoluto que lo hagan real.</p></blockquote>
<p>Así lo veían cientos de amantes que en la década de 1930 decidían subir el Monte Mihara en Japón y se arrojaban a la boca del volcán activo. Y es que el suicidio (sobre todo cuando tiene carga dramática) también es contagioso. De acuerdo a algunos reportes entre 1936 y 1937 más de 1500 personas murieron fusionándose con la lava. Muchas de ellas lo hicieron en pareja en un último gesto de unión que se dio a conocer como <em><a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Shinj%C5%AB">shinjuu</a>, </em>palabra tomada de <a href="https://www.britannica.com/topic/The-Love-Suicides-at-Amijima">una obra</a> de teatro para títeres del siglo XVI. Las autoridades decidieron cercar el borde el volcán, instalar guardias constantes y criminalizar la compra de tiquetes de ferry de trayecto único. Japón, imperio de rituales, no podía escapar de ninguna reflexión sobre misterios y encantos oscuros.</p>
<p>La primera persona de la que se tiene noticia de haberse arrojado por la boca del volcán se llamaba Kiyoko Matsumoto, una estudiante de 21 años que sostenía una relación con su compañera Tomita Masako, a pesar de que el amor entre personas del mismo género estaba severamente prohibido. Decidieron viajar juntas al volcán el 12 de febrero de 1933, pero solo Kiyoko se dejó caer. En su carta de despedida, divulgada por Tomita poco después, como si se tratara de un manifiesto, escribió:</p>
<blockquote><p>&#8220;Amada mía: estoy desconcertada por las incertidumbres de maduración femenina. No soporto más. ¿Qué puedo hacer? Me arrojaré a un volcán&#8221;.</p></blockquote>
<p>Para entonces, ya el suicidio de mujeres resultaba frecuente en Japón.  Iniciativas como las de <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Nobu_Jo">Nobu Jo</a>, con sus <a href="https://news.google.com/newspapers?nid=1734&amp;dat=19310928&amp;id=rNEbAAAAIBAJ&amp;sjid=AVEEAAAAIBAJ&amp;pg=6737,3961664">hogares de paso</a> que brindaban asistencia a las mujeres severamente deprimidas, fueron desplegadas en varias partes del país, sobre todo en áreas rurales. Muchas personas fueron trasladas de manera clandestina a ciudades, pues allí tenían mayores oportunidades de encontrar educación o trabajo y de encontrar parejas.  Pero poco escapa del sino trágico en una cultura que busca la trascendencia en todas sus capas.</p>
<p><figure id="attachment_93417" aria-describedby="caption-attachment-93417" style="width: 265px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93417 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/NobuJoSignboard.jpg" alt="" width="265" height="433" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/NobuJoSignboard.jpg 265w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/NobuJoSignboard-92x150.jpg 92w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/NobuJoSignboard-184x300.jpg 184w" sizes="auto, (max-width: 265px) 100vw, 265px" /><figcaption id="caption-attachment-93417" class="wp-caption-text">Los letreros de las campañas de Nobu Jo se solían desplegar en los lugares que las suicidas frecuentaban como rieles, puentes y terrazas de edificios.</figcaption></figure></p>
<p>Dice Marc Caelles que el suicidio también es un acto de exhibicionismo. Un manifiesto con vocación teatral. La expresión más estruendosa y dramática que alguien pueda dar. También por eso tantos suicidas escogen sitios públicos para hacerlo (puentes, edificios, torres, hoteles bien equipados, etc). Los suicidas saben que su último acto será registrado. Y muchos intuyen que si hay una buena antesala, más vistoso va a ser el cierre.</p>
<p>En 1924 un hombre sombrío se paseaba por los barrios más cuestionados de Tokyo. Prostitutas y maleantes lo veían pasar con recelo. Su rostro, completamente cubierto de polvo blanco, no lograba ocultar del todo su identidad. Algunas lo reconocían como cliente habitual, pero no se atrevían a pasar con él ninguna noche por su aspecto fantasmal.</p>
<p>Ryūnosuke Akutagawa había sido apodado &#8220;Ryūnosuke&#8221; o <i>hijo del dragón</i> por haber nacido el primer día del año de ese animal mitológico. A sus 32 años ya se le consideraba el padre del cuento japonés, pues había escrito piezas tan importantes como &#8220;Rashomon&#8221;, años después <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xCZ9TguVOIA">adaptado para cine</a> por Akira Kurosawa. Era celebrado como un autor que era capaz de fusionar la entonces aún críptica cosmogonía del Sol Naciente con el mundo occidental.</p>
<p>Su cuidadoso maquillaje blanco tenía un objetivo central: que quienes lo conocían tuvieran una antesala de su muerte. En julio de ese año, Akutagawa ingirió una calculada dosis de veronal que lo mató en segundos, pero que no fue suficiente para desfigurarlo o para hacerlo ver menos bello. Desde entonces, fue común ver a jóvenes parejas paseando sus caras blancas por pasillos de universidades y calles de las ciudades, concubinas descubiertas en sus amoríos con hombres de alta sociedad maquillándose antes de perderse para siempre, como última expresión de despecho.</p>
<p>La vida no tiene otra dirección que la eventual separación de todo, la entropía desligará todo hasta el silencio y la distancia. ¿Vale creer, como lo sugieren aquellos <a href="https://www.smithsonianmag.com/smart-news/1500-year-old-chinese-skeletons-found-locked-embrace-180978509/">dos esqueletos abrazados, </a>descubiertos hace poco por el profesor Qian Wang y el Instituto Provincial de Arqueología de Shaanxi, que el amor puede ser un remedio contra el vacío?</p>
<p>&#8220;Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino&#8221;, escribió Viktor Frankl en &#8220;El hombre en búsqueda de sentido&#8221;, pero las personas que me han servido para redactar este texto comparten un mismo pabellón dentro de las voces que me han enseñado. Al abrazar de manera voluntaria la muerte, me dejan sobre todo un mensaje sobre la vida.</p>
<p>Sin que importe el medio o la escena que eligieron, los suicidas me han hablado más sobre lo que necesita ser vivido que sobre lo que podemos esperar de la muerte. A veces su último gesto ha sido confuso, otras veces muy claro, la mayoría críptico. Han buscado redención o venganza contra fantasmas propios y ajenos. Han elegido actos sublimes o impulsos desesperados. De cualquier manera me han resultado inspiradores.</p>
<blockquote><p><em>Nada del suicidio es fácil: ni siquiera hablar desde la posición del duelo lejano, afectado por uno de los aros amplios de su epicentro de tristeza y desconcierto. </em></p>
<p><em><strong>Pero hay que intentarlo.</strong> </em></p></blockquote>
<p>Hace algunos días alguien cercano se quitó la vida. Sin él no hubiera llegado a este texto, sino posiblemente a uno más estructurado y frío. El presente me angustia y me calma al mismo tiempo. Como la vida misma: cruza emociones, contra el viento algunas veces y aprovechando su impulso otras. Me moldea frente a un tema que me ha rondado con el paso de los días. A lo mejor sea esta una fuerza que me sorprenda hasta detenerme algún día, lejano o cercano,  habiendo percibido el puerto final o no. Habiéndolo adelantado o no.</p>
<p>No conozco a nadie que sostenga que la vida nos prepara para la muerte. Al contrario: las personas que me rodean insisten en aplazarla  a toda costa, bien sea con sesiones de gimnasio y visitas cada vez más frecuentes a los consultorios o en salones donde las sustancias aturdidoras y la alegría (muchas veces con demasiado maquillaje) tratan de hacernos olvidar que el barco que nos lleva se hundirá de todas maneras. Si se habla de calidad de vida también deberíamos hablar de calidad de muerte. Sin pasiones, sin morales alquiladas.</p>
<p>Cerrando esta serie siento que la muerte puede enseñarnos a vivir. A lo mejor, si una persona que contempla suicidarse se toma el tiempo y reflexiona sobre esta decisión antes de realizarla, decide aplazarla.  Quizás si alguien escoge un ejercicio de reflexión (como el de estas entregas) logre encontrar una razón apasionante en su cabeza y decida que sin la vida esta reflexión dejará de nutrirle.  Pensar en el suicidio (más allá del morbo, más allá del dolor) es una cuestión apasionante, incluso la han llamado &#8220;el único problema serio de la vida&#8221;. Ese alguien que contempla suicidarse se perdería este debate si se mata.</p>
<p>Durante estas charlas con la muerte yo mismo he pasado noches enteras escribiendo <strong>sobre el suicidio</strong>, mas no <strong>en suicidarme</strong>. Por primera vez, la muerte ha sido mi cálida interlocutora, no algo que me amenaza.</p>
<p>Desde las incertidumbres que aún me abruman y que aún me impulsan quiero honrar por última vez a ese muerto porque ahora él también enriquece todos los veranos que me hacen invencible y le da fuerza reparadora a los inviernos que me esperan para dormir, tarde o temprano, esta intensidad que también me palpita.</p>
<p>Ojalá hasta siempre, JM. Y gracias.</p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93438</guid>
        <pubDate>Thu, 23 Mar 2023 16:16:34 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Cuarta cara al suicidio (4 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Tercera cara al suicidio (3 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/tercera-cara-al-suicidio-3-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Parte tres (viene de la Parte dos) Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Parte tres</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">Parte dos)</a></p>
<p>Las cartas de despedida son quizás la muestra más clara de que quien las escribe no le tiene miedo a la muerte. La ha calculado. La deja venir desde la distancia, como el bañista que se ajusta el traje antes de nadar hacia la cresta del tsunami. El que escribe una carta de suicida recibe la muerte con la frente en alto, así sea desde la esquina herida del que ya no puede alzar los guantes.</p>
<p>Solo un 30% de los suicidas escribe a alguien antes de irse para siempre. <a href="https://www.instagram.com/marccaellas/?hl=en">Marc Caellas</a> ha escrito bien y a profundidad sobre las cartas más impresionantes y legendarias.</p>
<p>Ni siquiera en su inventario extenso y cuidadoso abundan las que revelan una reflexión sobre el momento inmediatamente después de que cesa la vida. Acaso sucede porque lo que guía al suicida (con mayor o menor sufrimiento) es la certeza de que con el punto final de nota llega también el final del libro de su vida. No existen suicidas que crean que con la realización de su última voluntad van derecho a la perdición eterna. Nadie se suicida para seguir sufriendo.</p>
<h3>Para el suicida, como para tantos que elegimos la vida, no es la fé en un futuro paradisíaco o de condena lo que define nuestros actos, sino una realización en el presente que nos afirma y nos reta.</h3>
<p>El legendario y turbado músico Kurt Cobain (1967-1994) escribió su última nota a un amigo imaginario, Boddah. El papel parece desgarrado, el contenido es furibundo hacia él mismo y angustioso para los demás, las letras parecen cruzadas por una inseguridad.</p>
<p>&#8220;<em>Esta nota debería ser muy fácil de entender (&#8230;) Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock&#8217;n&#8217;roll.  Me siento increíblemente culpable (&#8230;) Simular que me lo estoy pasando el 100% bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar (&#8230;) ¿Por qué no puedo disfrutar? ¡No lo sé! Tengo una mujer divina, llena de ambición y comprensión, y una hija que me recuerda mucho como había sido yo&#8221;.</em></p>
<p>Como lo muestra la carta, Cobain fue consciente de que en el presente tenía todo lo que miles personas ansían para su futuro: una carrera exitosa como ícono del género <a href="https://www.youtube.com/watch?v=8--P4o2xVOM">grunge</a>, una familia que lo amaba, fortuna, talento&#8230;pero nada logró alejarlo del desconsuelo total, de un tedio asfixiante.  Si bien fue alabado por los críticos, endiosado por seguidores de todas las edades y aplaudido en los escenarios de mundo, en su interior creció una inconformidad que nubló todas las satisfacciones. En algún lugar de la segunda novela de la serie de aventuras de &#8220;El Capitán Alatriste&#8221; el protagonista dice: &#8220;<em>Un hombre cabal puede elegir el momento de su muerte, pero nadie puede escoger lo que recuerda</em>&#8221; o algo así.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-large wp-image-93415" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-542x1024.jpg" alt="" width="542" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-542x1024.jpg 542w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-79x150.jpg 79w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54-159x300.jpg 159w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/23c16067f0c74f7f08ac301c1df21b54.jpg 564w" sizes="auto, (max-width: 542px) 100vw, 542px" /></p>
<p>El movimiento del grunge nació a finales de década de 1980 y significó un giro del rock, que a ese punto había sido domesticado por peinados elaboradísimos, vestimentas pomposas, espectáculos llenos de luces y extravagancias. Al contrario de los estadios preparados para miles de fanáticos maquillados, los escenarios del grunge en un principio apenas estaban adecuados con tarimas subterráneas, sonido caseros y luces improvisadas. Allí se juntaron pálpitos del punk, estridencias de guitarras setenteras, distorsiones reacias y el vigor de otros géneros que encajaron mejor en los sótanos de la rebeldía que los taquilleros espectáculos del glam.</p>
<p>La vena principal del grunge fue la rabia. La introspección y la angustia formaron sus letras, así como el sentirse a la deriva, las relaciones tóxicas de padres despertados a golpes del sueño americano, una vida monótona en ciudades paralizadas&#8230; En vez de una provocación política o un activismo musicalizado, este género sirvió de expresión a almas solitarias que prefirieron irse de frente contra el mundo desde una coherencia solitaria, sin importar lo complejos o contradictorios que pudieran parecer.</p>
<blockquote>
<h3><b><em>&#8220;Prefiero ser odiado por lo que soy que ser amado por lo que no soy&#8221;, afirmaba Kurt Cobain. </em></b></h3>
</blockquote>
<p>Algunos músicos de la época supieron desde el principio que Nirvana estaba tres o cuatro pasos adelante de los grupos de su época. Ya había tras disqueras y productores solidificando un movimiento, pero el álbum insignia de la banda titulado &#8220;<a href="https://www.nirvana.com/album/nevermind/">Nevermind</a>&#8221;  consolidó el centro gravitacional del género. Su variedad musical (desde el hardcore-punk hasta baladas acústicas), sus letras marcadas por la ironía, la oscuridad y la incómodad despertada al <em>mainstream</em>, lograron que se convirtiera en una especie de estandarte entre quienes apenas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=hTWKbfoikeg">entraban en una adultez</a> que les ofrecía muy poco. Llevó a que, en solo cuatro meses, se vendieran más de 300 mil copias a la semana.</p>
<p>Eddie Vedder, vocalista y uno de los guitarristas de Pearl Jam, sostiene que en la congestionada escena de Seattle &#8220;todos tenían una copia y que era imposible zafarte de las canciones&#8221;. A 1999 este disco había vendido más de 30 millones de copias físicas, sin contar las descargas y las reproducciones en plataformas digitales desde entonces.</p>
<p>Existen <a href="https://www.lavanguardia.com/cultura/20210513/7450787/fbi-desclasifica-informe-muerte-kurt-cobain.html">teorías</a> que ponen un asesinato dentro de las posibilidades de la muerte de Cobain; pierden cualquier solidez cuando consideramos que el disparo a su propia cabeza fue precedido por al menos un plan previo para quitarse la vida. Un mes antes, en una gira por Italia, tomó unas cincuenta pastillas de Rohypnol y quedó inconsciente por unas 20 horas. Y, a pesar de la alarma y el dolor que despertó este intento fallido, todo parecía responder a un desconsuelo imparable que ya había dado ciertos signos de su determinación: &#8220;Una paz total después de la muerte, llegar a ser otra persona es la esperanza más alta que tengo&#8221;, decía.</p>
<p><figure id="attachment_93412" aria-describedby="caption-attachment-93412" style="width: 540px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93412" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg" alt="" width="540" height="720" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain.jpg 540w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain-113x150.jpg 113w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-kurt-cobain-225x300.jpg 225w" sizes="auto, (max-width: 540px) 100vw, 540px" /><figcaption id="caption-attachment-93412" class="wp-caption-text">Carta de despedida de Kurt Cobain, 5 de abril de 1994.</figcaption></figure></p>
<p>El desconsuelo: un valor de esa generación. De acuerdo a <a href="https://faroutmagazine.co.uk/author/tomtaylor/">Tom Taylor</a>, la juventud de la década de 1990 presentó una particular relación con la banda porque la lógica de las urbes en expansión, sin una comunicación tan eficiente como la de hoy en día, aislaba a los individuos, sin opciones para la clase media. La música de este grupo y otros similares tuvo una mayor recepción entre hombres blancos de edad media que habían sufrido una educados pobre y que vivían en centros urbanos ajenos a los booms económicos de malls y condominios autosuficentes, muy golpeados por las recesiones y las crisis sociales. Esta misma población fue la que <a href="https://www.economist.com/leaders/2018/11/24/why-suicide-is-falling-around-the-world-and-how-to-bring-it-down-more">registró una mayor alza de suicidios</a> pocos años después.</p>
<blockquote><p><em>Alarma: en crisis anteriores, como la del 2008, se presentó un incremento de por lo menos 10,000 suicidios en Estados Unidos y en algunos países de Europa. </em></p></blockquote>
<p>Nirvana (y muchos grupos de grunge) les daba <a href="https://www.youtube.com/watch?v=GtBhclCigH0">una salida a una existencia plana</a>, un sentido de comunidad. Quizás no consuelo, pero si una razón colectiva para no sufrir en soledad el hundimiento en la mediocridad que percibían.  Estas bandas gritaron en nombre de quienes creen que se necesita la discontinuidad para vivir. Le dieron voz a los turbados, visibilidad a los que en su intimidad no estaban bien, a los que elegían guardarse para no hacerle daño a su entornos o a si mismos. Un grupo humano compuesto por soledades. Su canción &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=pkcJEvMcnEg">Lithium</a>&#8221; empezaba:</p>
<h3></h3>
<h3>“I’m so happy ’cause today I found my friends, they’re in my head”</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>Para muchos críticos el año 1994 significó el año en el que un músico se quitó la vida y con esto cerraba el último rock. Desde entonces, dicen, la senda que venía recorriendo esta música se entregó completamente a la facilidad del pop y a la industria y dejó de darle voz a los fantasmas de las edades que sienten que con las luces apagadas todo es menos peligroso.</p>
<p><figure id="attachment_93413" aria-describedby="caption-attachment-93413" style="width: 1200px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93413 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg" alt="" width="1200" height="802" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses.jpg 1200w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-300x201.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-768x513.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/nirvana_taking_punk_to_the_masses-1024x684.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /><figcaption id="caption-attachment-93413" class="wp-caption-text">Concierto de Nirvana, como lo muestran en el  <a href="https://www.mopop.org/exhibitions-plus-events/exhibitions/nirvana-taking-punk-to-the-masses/">Museum for the Pop Culture de Seattle.</a></figcaption></figure></p>
<p>Muchas otras letras de Kurt Cobain hablan desde rincones viscerales y desesperados.  No disimulan su imperfección o su posible incursión en la cursilería del amor o de la desolación. Parecen saberse valiosas porque generan brillo al desplomarse. &#8220;Its better to burn out than fade away&#8221; es una frase de <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LQ123T3zD2k">una canción de Neil Young</a> que Cobain usó en su carta de despedida. Es la voz ronca de quien prefiere extinguirse como un meteoro en vez de apagarse como una vela lenta que se entrega a la pasividad y al aire que no cesa, pero que tampoco avanza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93437</guid>
        <pubDate>Tue, 21 Feb 2023 11:10:17 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Tercera cara al suicidio (3 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Segunda cara al suicidio (2 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>PARTE DOS (viene de la Primera cara al suicidio) Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>PARTE DOS</h2>
<p>(viene de la <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4">Primera cara al suicidio</a>)</p>
<p><span style="font-weight: 400">Todo suicidio tiene algo de tormenta perfecta. Coinciden en un día preciso, en un momento exacto, el pico de una tristeza invencible y una jornada laboral particularmente frustrante; la entrega decidida a su propia muerte y el silencio de una voz que ese día sencillamente no contestó; la desesperanza absoluta y una noticia que resulta detonante para el pesimismo definitivo; el desamor y un puente que nadie salió a vigilar.  Un día, todo puede estar bien; el otro todo puede colapsar. </span>&#8220;¡Qué bella es la salud/ un día antes de la muerte!&#8221;, escribió Cesar Dávila Andrade en un poema titulado Hospital. El poeta ecuatoriano también se quitó la vida el 2 de mayo de 1967.</p>
<p><span style="font-weight: 400">A lo mejor lo que lleva a alguien a suicidarse es la carga de una </span>belleza inconmensurable que no podemos comprender quienes no contemplamos (al menos no aún) este final. Antes de que partiera el mundo llevándosela, así lo cantó Alejandra Pizarnik en su poema &#8220;<em>En un ejemplar de &#8220;Les Chants de Maldoror</em>&#8220;:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres</em><br />
<em>como los niños de la medianoche.</em></p>
<p><em>El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra</em><br />
<em>tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados;</em><br />
<em><br />
triste como sí misma, hermosa como el suicidio; y que me</em><br />
<em>sobrevuela como una dinastía de soles</em>&#8220;.</p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400">Quizás la carga sublime que guarda el suicidio, su naturaleza de constelación terrible, contribuye a que la muerte por mano propia permanezca en la gaveta de los tabús, cuando no estigmatizada por quienes viven de condenar a los otros, por quienes se impiden la comprensión o la mínima solidaridad. Quienes leen en el suicidio la derrota máxima de la vida, también debe reconocérselo como victoria definitiva de la voluntad. Ningún suicida es un arrodillado. Un suicida roza la omnipotencia. </span></p>
<h3>Hay historias de suicidas a los que la muerte persigue hasta arrinconarlos, sin importar los escondrijos que alquilen o las trincheras desesperadas que caven. Por los testimonios escritos que dejaron sabemos que la muerte es su alivio escogido.</h3>
<p>Del filósofo rumano Emil Cioran dicen que recibía a menudo muchas cartas de lectores que lo trataron como un consejero para sus actos finales, pues reflexionó abiertamente sobre el suicidio y lo planteó como una presencia indiscriminada en todos los humanos que se consideran libres. Le preguntaban su opinión sobre éste o aquel método e incluso hubo una mujer que le propuso, sin que él la hubiera visto una vez, que viajaran al Mediterráneo y nadaran en el mar hasta ahogarse juntos.</p>
<p>Cioran consideraba que escribir era una terapia, la única servible. De hecho aseguraba que su primer libro fue su primera aplazamiento de la muerte, la que sucedió tras un largo avance de Alzheimer. Ironía absoluta: había escrito que la vida solo era posible gracias al olvido. Y no se suicidó.</p>
<p>Como muchos otros judíos del siglo XX, el austriaco <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Stefan_Zweig">Stefan Zweig</a> emprendió un tortuoso peregrinaje por un mundo que se derrumbaba sin dejarle lugar para consolarse o para lavar las culpas de sus omisiones. Un mundo que, para alguien tan brillante como complejo, sencillamente resultó asfixiándolo.</p>
<p><a href="https://ww1.habsburger.net/de/personen-objekte-ereignisse/stefan-zweig#:~:text=Stefan%20Zweig%20war%20%E2%80%93%20wie%20viele,kriegsneutrale%20Schweiz%2C%20um%20zu%20exilieren.">Siendo joven, celebró</a> el principio la Primera Guerra Mundial, pero luego escribió una carta a Benito Mussolini en la que suplicaba que <a href="https://it.wikipedia.org/wiki/Giuseppe_Antonio_Borgese">Giusseppe Germanise</a> fuera desterrado y no condenado a muerte. Aunque se sumó a las primeras barricadas contra los gobiernos de ultraderecha de los 1930s, no fue contundente contra al nazismo, hasta que Hitler lo cercó, le arrancó sus amuletos y quemó sus templos.</p>
<blockquote><p>&#8220;No somos sino fantasmas o recuerdos&#8221;, le dijo Stefan Zweig al también escritor Thomas Mann en Nueva York.</p></blockquote>
<p>Con el <a href="https://www.youtube.com/watch?v=sbvjnieZ32k">adiós a Europa</a> inició su larga agonía: al final de su vida había tratado de instalarse en Austria, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, República Dominicana, Uruguay y Brasil (donde finalmente eligió morir). Contempló la idea del suicidio en muchas ocasiones, pues, según un testimonio de su primera esposa Friderike con Winternitz, ya se lo había propuesto en el pasado.</p>
<p>Quizás pronosticándose perseguido, Stefan Zweig se juramentó ciegamente <a href="https://zweig.lernzettel.org/romain-rolland-der-mann-und-das-werk-das-gewissen-europas-das-manifest-der-freiheit-des-geistes/">a la libertad</a>. Nunca dejó de creer que Europa se unificaría. Reclamaba una supranacionalidad, un mundo para todos. Como se anticipó al Humanismo globalizado, hubiera denunciado la aberración sionista contra Palestina: &#8220;Después de regar el mundo con nuestra sangre e ideas durante 2.000 años, ahora no podemos limitarnos a ser una pequeña nación apartada en un rincón”, le dijo a Mark Scherlag.</p>
<p>Suramérica le ofrecía una interlocución vibrante. Una primera visita al continente en 1936, cuando Buenos Aires hospedó la <a href="https://www.academia.edu/40336868/El_congreso_del_PEN_Club_en_Buenos_Aires_1936">Conferencia XIV del Pen Club</a>, presenció cómo las voces de los intelectuales se alzaban en alarma e ilusiones para un mundo que parecía moverse de nuevo en torno a las ideas. Posiciones contrastadas se enfrentaban en paz y lo llenaban de ilusiones. Y ahora la impotencia que sentía en ese momento lo deprimía. la posibilidad de un mundo humanista se desbarataba con el avance de los totalitarismos y las conveniencias solapadas de la guerra.</p>
<p><figure id="attachment_93361" aria-describedby="caption-attachment-93361" style="width: 262px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93361 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg" alt="STEFAN ZWEIG EN LAS ESCALERAS DE LA BIBLIOTECA PUBLICA DE NUEVA YORK " width="262" height="394" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY.jpg 262w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-100x150.jpg 100w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/SZ-en-las-escalaeras-de-la-biblioteca-de-NY-199x300.jpg 199w" sizes="auto, (max-width: 262px) 100vw, 262px" /><figcaption id="caption-attachment-93361" class="wp-caption-text">Stefan Zweig y su exilio imposible en las Biblioteca Pública de Nueva York en 1942. Cortesía: <a href="https://s.wsj.net/public/resources/images/RV-AN473A_BKRV__DV_20140523111202.jpg">Wall Street Journal</a>.</figcaption></figure></p>
<p>Durante sus años finales en Brasil, la poeta chilena Gabriela Mistral fue muy cercana al escritor (en ese entonces de 61 años) y su pareja Lotte Altmann (de 33). Compartía con ellos rutinas de letras y una devoción por la naturaleza que los animaba a dar paseos por bosques y plantaciones. Mistral vivió años de serenidad y alegría con ellos, tal vez porque ellos no dejaban de admirar la exuberancia del trópico. Ambos &#8220;hacían la vida más quieta del mundo, y la más dulce en la apariencia y la más linda de ver&#8221; escribió la Premio Nobel en <a href="http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/bnd/623/w3-article-137390.html">una carta</a> al argentino Eduardo Mallea  el 24 de febrero de 1942, un día después del suicidio de los amantes.</p>
<p>Así describe lo que encontró luego de atreverse a ver la última escena de la pareja:</p>
<blockquote><p>&#8220;<em>En dos pequeños lechos juntos estaba el maestro, con su hermosa cabeza solamente alterada por la palidez. La muerte violenta no le dejó violencia alguna. Dormía sin su eterna sonrisa, pero con una dulzura grande y una serenidad mayor todavía. Parece que él murió antes que ella. Su mujer, que habrá visto ese acabamiento, le retenía la cabeza con el brazo derecho, y toda su cara estaba echada sobre la suya</em>&#8221; .</p></blockquote>
<p>Un cuadro programado. Como el de Zweig, muchos suicidios tienen algo de ritual cuidadoso. Una meticulosidad secreta asegura el paso final de muchos que deciden quitarse la vida.</p>
<p>En un testamento claro y amoroso, los amantes disponen con puntualidad cada cosa de valor que dejaron: los libros deberían ser donados a la <a href="https://casastefanzweig.org.br/?language=en">Biblioteca Pública de Petrópolis;</a> el fox terrier se lo dejaban a la propietaria de su casa, confiados en que lo cuidaría con esmero; algunos de sus manuscritos y archivos los mandó a manos seguras en otros países y quemó los que, según su determinación final, no valía la pena leer; instrucciones para repartir la ropa que dejaban entre los más necesitados de la ciudad; cartas a muchos amigos, ya sellados y listos para ser enviados sin generar sobrecostos a nadie.</p>
<p>En su carta Zweig no dice una palabra sobre su amada, pero cierra la carta con un mensaje directo a la familia que escogió en vida: &#8220;mando saludos a todos mis amigos. Ojalá vivan para ver el amanecer tras esta larga noche. Yo, que soy muy impaciente, me voy antes que ellos&#8221;. Sus últimas líneas no son las de una despedida: es la manera más eficaz de instalarse en el futuro de los que si decidieron esperar el sol.</p>
<p>Stefan y Lotte eligieron dignas prendas de vestir (una corbata impecable, un vestido banco delicadísimo),  un método de morir (barbitúricos) que les garantizara buen aspecto ante los forenses. Incluso adoptaron posturas que aminoraran el impacto visual cuando los encontrasen: el mismo lecho, uno al lado del otro, las manos entrelazadas, acompasados por la placidez definitiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93364" aria-describedby="caption-attachment-93364" style="width: 347px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93364" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg" alt="" width="347" height="480" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig.jpg 347w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-108x150.jpg 108w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/carta-suicidio-stefan-zweig-217x300.jpg 217w" sizes="auto, (max-width: 347px) 100vw, 347px" /><figcaption id="caption-attachment-93364" class="wp-caption-text">&#8220;Declaracao&#8221; es el título de la última carta escrita por el &#8220;impaciente&#8221; Stefan Zweig: un texto tan tierno como contundente, 22 de febrero de 1942.</figcaption></figure></p>
<p>No podemos romantizar ninguna forma de suicidio, ni siquiera ésta, con tanta pinta de vehículo al amor eterno. Los suicidios poéticos son una minoría, incluso dentro de los casos del suicidio. Los suicidias no ven salidas, son presos de la depresión, se ahogan por ansiedad o han perdido cualquier ilusión. De acuerdo al Centro de Control y Prevención de Enfermedades (Center for Disease Control and Prevention) de EEUU la década de 2020 ya registra el mayor número de suicidios desde la Segunda Guerra Mundial y un 33% más alto que los datos recopilados en 1999. El mismo Centro establece que las razones principales para este el incremento son el estrés laboral, la difusión del matoneo y las comparaciones frustrantes a través de las redes sociales, las deudas y el consumo desmedido de opioides y metadonas.</p>
<p>La población suicida está mayormente concentrada entre los hombres de 46 a 65 años: el mismo rango de edad de impacientes del que cupo Zweig.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93436</guid>
        <pubDate>Mon, 13 Feb 2023 13:33:38 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Segunda cara al suicidio (2 de 4)]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Primera cara al suicidio (1 de 4)</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/primera-cara-del-suicidio-1-4/</link>
        <description><![CDATA[<p>Introducción Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. No pude pensar en algo distinto. Ray [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<h2>Introducción</h2>
<p><em>Una noticia me pasma: alguien cercano se quitó la vida. Justo yo preparaba un ensayo sobre los posibles riesgos que enfrenta la salud mental de las generaciones más jóvenes, sobre todo después de la pandemia y en un año tan propicio a las crisis como el 2023. </em></p>
<p><em>No pude pensar en algo distinto. Ray Bradbury decía que escribir es una forma de supervivencia. A lo mejor es eso lo que palpita en las diferentes descripciones de las caras del suicidio que me atrevo a enfrentar: sentir que la muerte me respiraba en la nuca me hizo querer vivir de todas las formas posible.    </em></p>
<p><em>Dudé mucho entre ofrecer esta serie o guardarme mis reflexiones. El suicidio, dicen, tiene poderes contagiosos. Al final lo hago considerando que explorar nuestras sombras puede ser un manera contra su tortura. Cada vez que encaramos a nuestros fantasmas se amansa el frío de sus apariciones. </em></p>
<p><em>Ni una sola de estas partes puede, por ninguna razón, considerarse una apología o un rechazo al suicidio. No soy quien para juzgar personas de dolores o convicciones tan profundas que optan para acortar la distancia entre sus pálpitos y la nada. Tal vez a alguien que tenga mi misma posición pueda servirle también para explorar abismos.</em></p>
<p><em>A lo mejor este texto sirve para comprender, o al menos conocer, más a fondo las turbaciones que pueden llegar a nublar a nuestros jóvenes, que en todo caso son los que más necesitan reflexión y peor les sientan los dogmas. A lo mejor hay cómo transformar para ellos el horror del suicidio en algo que le anteceda y que haga la vida más valiosa para su falta de esperanzas. Si las siguientes caras del suicidio sirven para ello habrá cómo darle gracias a estos insomnios.                   </em></p>
<p>Justo cuando recibió la noticia repasaba <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8110323/">algunos estudios</a> que invitan a reconsiderar la presunción (muy justificable) de que la epidemia había aumentado las tasas de suicidio. Incluso <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0272775711000677">un estudio</a> de Benjamin Hansen de la Universidad de Oregon, Joseph Sabia de la Universidad Estatal de San Diego y Jessamyn Schaller de Claremont McKenna College estableció que la tasa de suicidios entre personas de 12 a 18 años disminuyó durante el cierre de los colegios en Estados Unidos. La escolaridad virtual protegió a los niños y a los jóvenes más vulnerables del bullying, de la presión académica y de los agrestes entornos institucionales. Y esa vida virtual, paradójicamente, les afirmó su esperanza en esta dimensión.</p>
<p>El Centro para el Control de Enfermedades de EEUU (Centres for Disease Control o CDC) <a href="https://www.cdc.gov/suicide/facts/index.html">estableció</a> que un estudiante que ha sido matoneado o ha sufrido de bullying en algún punto de su vida escolar tiene 320% más de posibilidad de suicidarse que uno que ha pasado esta etapa de su vida sin mayores traumas sociales. El regreso a la modalidad presencial disparó el índice de suicidios: un 12% y un 18%, con respecto a los casos anteriores al COVID. Si algo tiene de bueno la posibilidad de armar vidas en pantallas y universos ajenos al trato presencial es que la salvación de muchas tensiones puede estar en un botón de apagado, en un corte de energía que está en sus manos.</p>
<blockquote>
<h3>Durante la pandemia el suicidio dejó de ser la segunda causa de mortandad de personas en edad escolar secundaria.</h3>
</blockquote>
<p>Por otra parte, <a href="https://www.tfah.org/report-details/pain-in-the-nation-2022/">no pocos</a> estudios muestran un dramático incremento de muertes por uso excesivo de drogas (30%) y alcohol (27%), sobre todo desde los primeros meses de la pandemia. Abusar de sustancias también es programarse una cita con la muerte. Que lo digan, entre otros muchísimos escritores, los poetas Georg Trakl, Dylan Thomas o Malcolm Lowry (que &#8220;<a href="https://www.youtube.com/watch?v=SPJk457iVi8">murió tocando el ukelele</a>&#8220;)&#8230;</p>
<p>Los colegios, como siempre, son una fuente de enseñanza para los adultos. Es hora de dejar de creer que el abuso por parte de pares con un status de más jerarquía en nuestros ambientes son males exclusivos de las edades escolares o de las universidades. Sin importar la fecha de nacimiento se vienen años de represión, censura y control. Sea por las medidas contra un nuevo pico del COVID o por la imposición de gobiernos autoritarios o plutocracias que se vienen instalando en todo el planeta. Parece solo una cuestión de para que la invasión a Ucranía desate una guerra de grandes proporciones.  La ansiedad, la incertidumbre parecen sumarse al colapso de los valores que la Democracia y los Derechos Humanos medio habían instalado como pilares para el siglo XX.</p>
<p>Falta tiempo para saber qué consecuencias colectivas concretas dejarán los hitos y los sucesos que nos están marcando como individuos de nuestra época. Pero contamos con herramientas que nos permiten anticipar algunas: la velocidad de la información, la cantidad de estudios que ilustran casos y tendencias o las crecientes manifestaciones artísticas que exhibieron los temas-tabú (el suicidio, los abusos intrafamiliares, los tormentos íntimos, etc.). Ya podemos percibir la dimensión del eco que aún nos aturde.</p>
<blockquote><p>Algo sabemos con certeza: hace años empezó una era que nos exige acciones constantes, compromisos explícitos y sutiles que nos son ineludibles. Vivimos en la era de un presente puro y simplón, en el scroll down perpetuo y monótono que distrae de los oficios y disipa las preocupaciones y las oportunidades. Y eso no resulta cómodo para todos.</p></blockquote>
<p>La muerte de alguien cercano catapulta nuestro pensamiento a lo infinito, al incierto paso por la vida que en realidad compartimos todos. Ya lo han explorado otros que, más allá de soluciones, nos dan compañía y luces para que el miedo no anule la oportunidad de aprender de lo indeseable. Sin endiosarlo ni dejándonos cegar por su terrible llama, el suicidio puede ser, como <a href="https://plato.stanford.edu/entries/camus/">para muchos</a>, la cuestión filosófica definitiva y el arte una manera de abordarla.</p>
<p>No ceder ante la tentación de romantizar una decisión dolorosa e incurable, pero tampoco volvernos verdugo de quien la toma, requiere de serenidad y disposición para superar las cátedras y las ideologías que usamos para sentirnos cómodos. El arte, esa voz que con frecuencia irrumpe de manera estridente y provocadora, sirve para explorar algunas versiones del mismo laberinto al que somos llamados todos o en el transitaremos todos con más o menos complacencia.</p>
<h2>PARTE UNO</h2>
<p>El cuadro &#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de Frida Kahlo narra los tres últimos momentos de la vida de una fabulosa <a href="https://en.wikipedia.org/wiki/Dorothy_Hale"><em>socialité</em></a> que se dejó caer desde el piso 36 de un edificio de Nueva York. Una leyenda, casi a la manera de una carta de lotería mexicana, es la base de todo el cuadro:</p>
<h2 style="text-align: center">“<em>En la ciudad de Nueva York , el 21 de octubre de 1938, a las seis de la mañana, se suicidó la señora Dorothy Hale tirándose desde una ventana muy alta del edificio Hampshire House. En su recuerdo (borradas algunas palabras ) ese retablo, pintándolo Frida </em><i>Kahlo</i>”.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><figure id="attachment_93256" aria-describedby="caption-attachment-93256" style="width: 825px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93256 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg" alt="" width="825" height="1000" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale.jpg 825w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-124x150.jpg 124w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-248x300.jpg 248w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/the-suicide-of-dorothy-hale-768x931.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 825px) 100vw, 825px" /><figcaption id="caption-attachment-93256" class="wp-caption-text">&#8220;El suicidio de Dorothy Hale&#8221; (1938) de <a href="https://www.fridakahlo.org/the-suicide-of-dorothy-hale.jsp">Frida Kahlo</a>. Este retrato fue regalado por la pintora a la madre de Dorothy. Apenas abierto la señora sufrió un ataque de nervios que casi la mata y quiso quemar la pieza.</figcaption></figure></p>
<p>La obra es punzante, dolorosa, incómoda. Seguro hay muchos que no puedan evitar los escalofriantes recuerdos del 9/11 , cuando muchas personas atrapadas entre las llamas, y ante el inminente colapso de las Torres Gemelas, optaron por <a href="https://www.thebraziltimes.com/blogs/ivyjackson/entry/67080">saltar</a> a la amplia lista de los mártires que no tenían por qué serlo.</p>
<p>Un cielo, quizás nacido en un Magritte, es surcado por lo que parecen nubes algodonadas: sus sombras y vuelos despegan de lo que puede ser un broche de rosas amarillas anclado sobre el cuerpo de la muerta ensangrentada. Sus ojos ya no pueden parpadear fuera de los del espectador. Aún es hermosa y delicada.</p>
<p>Más arriba, la misma Dorothy cae de cabeza. Viste de blanco, como soñando desde una pijama cosida para volar. Las nubes son plumas de su faceta de Ícaro en picada. Suavizan el vértigo.</p>
<p>En el tercio superior del cuadro, entre el espejismo de la punta del Hampshire House, una sombra, anónima por la distancia, salta. El cuadro fija los segundos que pasan desde la decisión de acabar con su vida hasta el momento en el que el espectador se enfrenta a la incómoda inmovilidad de su mirada. Es una bitácora del vértigo aniquilador que no termina en la pintura.</p>
<p>Quien mira sufre una hipnosis paradójica: horror y belleza, vuelo y colapso, alguien eligió una muerte anticipada, pero se volvió inmortal en una pintura. Logra vivir en colores, desde el otro lado del tormento. Una mujer nos habla con su cuerpo, a través de los trazos de otra, sobre los tiempos y el universo inclemente de quien salta al vacío.</p>
<p>Antonin Artaud aparece pronto ante quien sigue los senderos en los que la pintura y la literatura se trenzan. Su premiado ensayo &#8220;<a href="https://www.buscalibre.com.co/libro-van-gogh-el-suicidado-por-la-sociedad/9789509282674/p/28071694">Van Gogh, el suicidado por la sociedad</a>&#8221; de 1947 señala cómo el holandés logró impactar la historia del arte por &#8220;deducir el mito de las cosas más pedestres de la vida&#8221;. Por su parte, los psiquiatras (para Artaud nada menos que &#8220;erotómanos&#8221;, &#8220;pedazos de cochinos inmundos&#8221; o &#8220;sanioso y purulento cancerbero&#8221;) son los antihéroes más vergonzosos, los fieles representantes &#8220;de una realidad hostil, de la bajeza, de la mentira, de la hipocresía, de la debilidad del mundo&#8221;. Solo pueden contrarrestar el poder del arte aislando la sensibilidad y la genialidad o quemando cerebros más poderosos con electrochoques y medicamentos.</p>
<p>(Para <a href="https://fortnightlyreview.co.uk/2018/01/van-gogh-gachet/#:~:text=Gachet's%20and%20Van%20Gogh's%20relationship,the%20intercession%20of%20mutual%20friends.">sazonar este cuestionamiento</a>: el psiquiatra que trató a Van Gogh al final de su vida resultó ser, coincidencialmente, uno de sus coleccionistas más apasionados (y un artista menos celebrado que se apodaba Paul Van Ryssel). El Dr. Paul Ferdinand Gachet, que lo &#8220;trató&#8221; los últimos meses de vida, fue criticado por el propio Van Gogh ante su hermano, pero resultó ser el dueño de por lo menos siete pinturas suyas y el agente de muchas otras. Luego esa valiosa colección pasó a manos de sus hijos Marguerite y Paul-Louis, quienes en 1952 vendieron por una cifra astronómica la colección al Estado francés. En esa colección varios cuadros resultaron burdas falsificaciones (o, al menos, muy malas copias) del maestro holandés, de Gaugin y de otros impresionistas).</p>
<p>El mismo <a href="https://www.worldmime.org/en/about-mime/vipersonalities/105-vipersonalities/295-antonin-artaud.html">Artaud</a> pasó más de la mitad de su vida en sanatorios, pero en una etapa más evolucionada de la psiquiatría y de los medicamentos. Aún así declaró que una persona creativa usualmente es &#8220;al que la sociedad se niega a escuchar, y al que quiere impedir que exprese determinadas verdades insoportables&#8221;. Tal vez este aislamiento e incomprensión general pueda llevar a los artistas a tener una inclinación más clara al suicidio.</p>
<p>De acuerdo a <a href="https://ajp.psychiatryonline.org/doi/abs/10.1176/ajp.144.10.1288?journalCode=ajp">un estudio</a> de 1987 de la Doctora Nancy Andreasen de la facultad de psiquiatría de la Universidad de Iowa los cerebros creativos (es decir, un 25% de los humanos) son más propensos a tener trastornos bipolares, depresiones devastadoras, ataques de esquizofrenia o de pánico y otro tipo de anomalías que pueden llevar a la autodestrucción. Dentro de este grupo, a los escritores se le identifica un 30% de riesgo mayor que a los músicos o a los pintores.</p>
<p>Quizás todos los escritores, como escribía la <a href="https://elpais.com/diario/1982/04/14/cultura/387583204_850215.html">primera Pulitzer</a> Silvia Plath, tengan corazón capaces de crear relatos y convertir su dolor en muestras de belleza. Quizás con eso compensan su desequilibrio: &#8220;dos corrientes eléctricas: alegre, positiva y desesperantemente negativa; lo que esté corriendo en este momento domina mi vida, la inunda&#8221;. Pero esa capacidad de manejar descargas excesivas, como cualquier aptitud de una persona, se acaba. Así sucedió para ella a los 30 años, el 8 de febrero de 1963 y terminó suicidándose, a pesar de los métodos que inventaron para tratarla. O gracias a ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2> <a href="https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/suicidio-2-4">(Continúa)</a></h2>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93435</guid>
        <pubDate>Tue, 07 Feb 2023 10:10:02 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Primera cara al suicidio (1 de 4)]]></media:description>
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        <title>La piel que elegimos</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/la-piel-elegimos/</link>
        <description><![CDATA[<p>Desde que mataron o encanaron a sus precursores ya no son tan ostentosos ni hacen tan evidente su afán de protagonismo. Eso se lo dejan a unos mimados con ilusión de jeques que adoptaron nuevas elegancias como megáfono de sus poderes heredados. Los que conservan los brillos empalagosos son recicladores de estéticas. Estos nuevos se [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400">Desde que mataron o encanaron a sus precursores ya no son tan ostentosos ni hacen tan evidente su afán de protagonismo. Eso se lo dejan a unos mimados con ilusión de jeques que adoptaron nuevas elegancias como megáfono de sus poderes heredados. Los que conservan los brillos empalagosos son recicladores de estéticas. Estos nuevos se distanciaron del llamar la atención ridículamente porque la primera generación de traquetos les enseñó que más vale una vida de lujos solapados que una cárcel en Estados Unidos o una bala prematura en cualquier acera.</span></p>
<p><figure id="attachment_93294" aria-describedby="caption-attachment-93294" style="width: 376px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93294 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco.jpg" alt="" width="376" height="375" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco.jpg 376w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco-150x150.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Estrella-hija-de-narco-300x300.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 376px) 100vw, 376px" /><figcaption id="caption-attachment-93294" class="wp-caption-text">Estrella Hermila Ramos creció bajo el yugo y los privilegios de su padre Juan &#8220;Johnny&#8221; Ramos, precursor del Cartel de Sinaloa. Crédito <a href="https://www.instagram.com/shaulschwarz/?hl=en">Shaul Schwarz</a> para la <a href="https://www.marieclaire.com/culture/news/a3279/mexican-drug-cartels/">revista Marie Claire</a></figcaption></figure></p>
<p><span style="font-weight: 400">Una mirada apenas aguda puede <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43835654">reconocerlos</a>: unos más jóvenes que otros, algunos de ellos con títulos y nombres divinamente, ya adoptados por las élites, pero <a href="https://www.infobae.com/america/mexico/2018/08/03/los-nuevos-narco-juniors-mexicanos-quienes-son-y-cual-es-su-sello/">todos con la misma mirada nerviosa</a>, la misma inseguridad de sus rabos de paja. Son cautelosos, pero logran hacer <a href="https://www.elcolombiano.com/colombia/pelea-de-petro-y-el-fiscal-por-cancelar-mesa-tecnica-de-la-sae-BH20144353">maniobras para comprar Fiscalías</a>. Viajan en asientos privilegiados, tratando de disimular operaciones y rellenos, ostentan conocimientos en financias mundiales, posan de empresarios o integrantes de alguna Unidad de Trabajo Lícito (UTL), pero fallan al disimular.</span></p>
<p><figure id="attachment_93283" aria-describedby="caption-attachment-93283" style="width: 767px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93283" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-767x1024.jpeg" alt="Ilustra la posición de la fiscalia frente e los hijos de los mafiosos" width="767" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-767x1024.jpeg 767w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-112x150.jpeg 112w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-225x300.jpeg 225w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19-768x1025.jpeg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/WhatsApp-Image-2023-01-19-at-10.06.19.jpeg 1196w" sizes="auto, (max-width: 767px) 100vw, 767px" /><figcaption id="caption-attachment-93283" class="wp-caption-text">Comunicado oficial para no hacer investigaciones sobre propiedades de la mafia. Los resultados no hablan por la Fiscalía.</figcaption></figure></p>
<p><span style="font-weight: 400">Pero todavía hay <a href="https://www.elcorreo.com/internacional/america-latina/muere-popeye-jefe-20200207214721-nt.html">algunos</a> que conservan huellas de la era estridente de los carteles. Me crucé con uno en algún aeropuerto, en una de esas caravanas parsimoniosas de emigración en las que unos agentes escanean, otros controlan, otros verifican la validez de los pasaportes y otros conducen a los menos afortunados a las salas aisladas de Alerta Aeropuerto. Me generó un asco que no sentía hace años. No tuve la calma para expresarle mi aversión, o asumir la vocería de una generación que creció entre bombas, secuestros y las esperanzas que generaba una gran Constitución.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">El hombre llevaba por lo menos una cabeza de altura, aunque una jiba le empieza a pegar el mentón a un pecho cansado. Tendría unos cincuenta años. Se ocultaba bajo una gorra cualquiera y se había dejado crecer la barba canosa siguiendo la tendencia del que se quiere venderse como leñador. Tenía los brazos descubiertos. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Yo, que algo sé de las imágenes icónicas de Colombia, reconocí en su antebrazo derecho la mirada burlona de Pablo Escobar Gaviria preso en 1976, cuando sonrió para la foto de registro penitenciario, sabiendo que le apretaba el gaznate al país y que su horda de políticos, agentes, sicarios, patrulleros, <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/yohir-akerman/licencias-que-matan/">directores de controladoras aéreas</a>, traficantes y matones impediría que sobre él cayera alguna forma de justicia seria. </span></p>
<p><figure id="attachment_93297" aria-describedby="caption-attachment-93297" style="width: 715px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93297" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-715x1024.jpg" alt="" width="715" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-715x1024.jpg 715w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-105x150.jpg 105w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-209x300.jpg 209w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug-768x1100.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/Pablo_Escobar_Mug.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 715px) 100vw, 715px" /><figcaption id="caption-attachment-93297" class="wp-caption-text">De Colombian National Police &#8211; Colombia National Registry; <a href="https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=49892673">Colombian National Police</a></figcaption></figure></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ya he visto visto camisetas y mugs destinados a turistas pubertos, malinformados y ansiosos por gritarle al mundo que son tan simples como las drogas, el sexo y el reguetón que motiva su vida meimportaculista. Pero una cosa es adoptar estereotipos ramplones en visitas en las cuales gastan poco y delinquen mucho y otra es ofrecer la propia piel como lienzo prostituido por la mafia.</span></p>
<h3><span style="font-weight: 400">El zig zag de la fila volvió a dar sus curvas. Confirmé que el rostro del peor criminal de la historia colombiana no era lo único que el malandrete (que también entraba a mi país de destino) se había tatuado.</span></h3>
<p><span style="font-weight: 400">En el otro brazo estaba lo que también reconocí como patrimonio de mis pesadillas: la estructura de un edificio de por lo menos diez plantas cuyos marcos heridos dejaban ver los pasadizos vaciados por el horror. El tatuador había dibujado con sevicia y precisión la escena desgarradora que generó la bomba contra el DAS el 6 de diciembre de 1989: dos carros en primer plano, uno de ellos un taxi, destruidos por la expansión de más de 500 kilos que los lamesuelas de la cocaína detonaron cobardemente contra la vida de 53 personas, la integridad de otras 600 y la salud mental de un país entero.</span></p>
<p><figure id="attachment_93296" aria-describedby="caption-attachment-93296" style="width: 984px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-93296" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE.jpg" alt="" width="984" height="655" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE.jpg 984w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/A33UPAGFYJG4HBQQ4E7VF43SZE-768x511.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 984px) 100vw, 984px" /><figcaption id="caption-attachment-93296" class="wp-caption-text">Fotos Archivo<a href="https://www.elespectador.com/judicial/la-bomba-contra-la-justicia-article-531711/"> El Espectador</a></figcaption></figure></p>
<p><span style="font-weight: 400">Entre la estupefacción y el asco seguí con la mirada al tipo. Otro tatuaje leí en su nuca: “Plata o plomo”. La caligrafía enrevesada bien podría también anunciar la marca de un lubricante íntimo o el nombre-marca de cualquier reguetonero que canta luchando contra el estreñimiento.</span></p>
<h3><span style="font-weight: 400">Tres marcas se mandó a hacer este pelandrún para venderse como simpatizante de un cartel que asesinó, robó y dañó a través de la cobardía y la bajeza, que incluso traicionó a sus propios integrantes para mantenerse con el negocio y escalar en el poder. </span></h3>
<p><span style="font-weight: 400">El trácala los exhibía sin pena, acaso inconsciente de la vergüenza y la rabia que despierta. Seguía la línea del casquivano, diciéndole a medio mundo que simpatizaba con lo más bajo de la humanidad.  </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Supongo que tipos así se extinguirán poco a poco. Seguirán ostentando sus relaciones (ficticias o reales) con los grupos más asquerosos de la historia, retorciendo cada vez más silenciosos narrativas de salvadores y provocadores para justificar su adoración por el que supo hacer las cosas “a su manera” y “no dejarse de nadie”. Algún día los &#8220;artistas&#8221; dejaran de copiar las ostentosidad  y el mercado volverá a preferir el talento a las ganas baratas de atención. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Mientras tanto no es de extrañar que los hilos de la mafia lo operen taimados de corbatas finas y <a href="https://www.portafolio.co/tendencias/las-empresas-fachada-y-bancos-del-capo-rodriguez-orejuela-566276">empresas fachada</a>. Finalmente los números de producción y consumo de cocaína <a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2022-09-01/world-s-biggest-cocaine-producer-rethinks-the-war-on-drugs-q-a#:~:text=Colombia%2C%20the%20world's%20biggest%20producer,backed%20by%20US%20military%20aid.">siguen en escalada</a>. Qué importa el resto si hay un buen negocio&#8230;  </span></p>
<h5><span style="font-weight: 400"><strong>Ningún moralismo acompasa estas palabras.</strong> </span></h5>
<p><span style="font-weight: 400">Todos los seres vivos son cuadros complejos y se construyen a partir de una variedad de grises. Expreso un sentimiento de lástima por alguien que no se sabe discípulo de lo ruin, apenas un instrumento de quienes nunca aceptaron que tenemos que vivir bajo mínimas reglas para no perdernos ante leyes agresivas de la supervivencia del menos peor.</span></p>
<p>Sigo a un <a href="https://www.huffingtonpost.es/entry/paradoja-de-la-tolerancia-karl-popper-hit-daniel-grao_es_5f69e153c5b655acbc6fce71.html">Popper</a>, a lo mejor trastocado por la rabia al expresar mi absoluta resistencia a aceptar o siquiera tolerar este gesto de crueldad descarada. No tolero lo que no tolera unos mínimos principios por la compasión.</p>
<p><span style="font-weight: 400">Tatuarse es la prueba de presencia en el mundo, en palabras de <a href="https://www.academia.edu/40443400/David_Le_Breton_El_tatuaje">David LeBreton</a>. Intervenir la piel es ir más allá del color que nos diferencia o nos une a los otros. Es el paisaje de nuestra vida, las marcas que elegimos expresar, una seña que se abre a los demás para que nos interpreten. </span></p>
<p><figure id="attachment_93295" aria-describedby="caption-attachment-93295" style="width: 578px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-93295" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-578x1024.jpg" alt="" width="578" height="1024" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-578x1024.jpg 578w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-85x150.jpg 85w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-169x300.jpg 169w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940-768x1360.jpg 768w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/IMG_2940.jpg 1170w" sizes="auto, (max-width: 578px) 100vw, 578px" /><figcaption id="caption-attachment-93295" class="wp-caption-text">Mi propio tatuaje</figcaption></figure></p>
<p><span style="font-weight: 400">Aquel anónimo vocero del crimen canta con nostalgia tribal otra gentuza que arruinó vidas y países y que sigue causando sufrimiento en campos y ciudades. Arma una narrativa de sí mismo basado (al menos en estos tres adefesios) en su simpatía por incontables muertes injustificadas, crueles y feroces.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Las <a href="https://elcomercio.pe/noticias/cartel-jalisco-nueva-generacion/">nuevas generaciones de narcos</a> (que abundan) y terroristas (los de verdad, no los que imponen los dueños de las guerras) son menos ruidosos. Pasan desapercibidos, acaso porque ahora su red de contactos es más sutil y amplia, más silenciosa en la eficiencia de los procesos por estar cada vez más cerca de los poderes. Otro se han quedado con la estética de barrio falseado por el oro y la música fácil, inventándole altura a los oficios ruines. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Ellos, los que controlan el negocio desde <a href="https://www.portafolio.co/tendencias/las-empresas-fachada-y-bancos-del-capo-rodriguez-orejuela-566276">emprendimientos fachada</a> o <a href="https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB131/index.htm">cargos públicos</a>, ya no se dan a sumar muertos porque han entendido que lo espectacular de la guerra sucia está reservado para los pobres. Como parte de la estrategia distractora botan al caldero a unos que se tragan un cargamento menor en <a href="https://www.lanacion.com.ar/seguridad/como-es-el-proceso-por-el-que-pasan-las-mulas-para-expulsar-la-droga-nid1699049/">bolsa de condón</a>. Dotan con armas a unos que tienen hambre, más rabia, poco corazón y sangre barata. A otros les ragalan tatuajes. Seguro se lo celebran. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400">Y sudan sus perfumes discretos cuando ven las filas que hacen los que tienen que hacer inmigración por ventanillas insomnes y no por la que aceptan sus pasaportes diplomáticos o sus <a href="https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/juan-lozano/columna-de-juan-lozano-el-rebajon-733922">torcidos impunes</a>. No se tatúan. No les hace falta. Callan el estigma pestilente en el alma que les tocó. No eligen nada para su piel. Porque no pueden. </span></p>
]]></content:encoded>
        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93278</guid>
        <pubDate>Fri, 20 Jan 2023 16:39:47 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-3.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[La piel que elegimos]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>Llamado a la educación privada</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/actualidad/deloga-brusto/llamado-la-educacion-privada/</link>
        <description><![CDATA[<p>El complejo panorama del año 2023 ofrece la oportunidad de integrar los Colegios privados a posibles curas de hábitos muy perjudiciales  del pasado.  Los colegios privados deben esforzarse más por romper el ciclo vicioso de la inequidad. Generación tras generación se perpetúan las ventajas a una minoría (ya bendecida por los azares del nacimiento) y [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p><em>El complejo panorama del año 2023 ofrece la oportunidad de integrar los Colegios privados a posibles curas de hábitos muy perjudiciales  del pasado. </em></p>
<p>Los colegios privados deben esforzarse más por romper el ciclo vicioso de la inequidad. Generación tras generación se perpetúan las ventajas a una minoría (ya bendecida por los azares del nacimiento) y se arrojan las sobras de la esperanza a la vasta mayoría de siempre. Y la responsabilidad de esta continuidad también de los beneficiados pasivos de siempre.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>En buena parte aquí radica la llama constante de la violencia, la dilación del progreso, la costumbre a vivir de la inestabilidad.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>Colombia celebra, vota y bendice con impunidad a los más pudientes: muchos de ellos son de los <a href="https://cambiocolombia.com/articulo/peso-peso-paso-paso/asi-esta-la-piramide-de-la-educacion">pocos</a> bilingües y trilingües cuyas familias pagaron una fortuna a cambio de educación de talla mundial, esos que logran hablar como nativos en lenguas foráneas, pero que no necesariamente han hecho lo suficiente para dialogar de manera constructiva con otras sociedades del país. Algunos se vuelven <a href="https://forbes.co/2022/07/19/red-forbes/la-educacion-como-fuente-de-desigualdad-en-colombia">expertos de diploma</a> y señalan con reverencia sobreactuada a los culpables; claramente nunca ellos, nunca sus ancestros.</p>
<p>No reclaman la calidad de la educación como garantía básica para mejores oportunidades. Crecen en colegios que, a la mejor manera de clubes sociales, cobran una alta cuota de ingreso (“<a href="https://www.mineducacion.gov.co/1621/article-86982.html">el bono no es obligatorio</a>, pero si obligante”, me dijo alguno meneando la copa). No reconocen su potencial aporte a un cambio.</p>
<p>Conservan a la fuerza un esquema abolengo en el que los colegios y las universidades son meramente unos “senderos de interacción”, una oportunidad para codearse con los indicados. Quizás por esto, porque están enseñados a mantener entre ellos mismos las corazas de la burbuja, hablan desde el miedo a sus contrapartes, no desde el reconocimiento a un contrario como interactor ni desde la oportunidad que tenemos todos para ser fuentes de dialéctica constructiva, sino desde la paranoia que caracteriza a quien se sabe demasiado vulnerable.</p>
<p><figure id="attachment_93210" aria-describedby="caption-attachment-93210" style="width: 300px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-93210" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/white_mans_burden-300x230.jpg" alt="Barry Deutsch" width="300" height="230" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/white_mans_burden-300x230.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/white_mans_burden-150x115.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/white_mans_burden.jpg 745w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /><figcaption id="caption-attachment-93210" class="wp-caption-text">Barry Deutsch</figcaption></figure></p>
<p>Así son buena parte de nuestros líderes: normalizan venir de un sistema en el que más pesa ser amigo de los poderosos (o de los mañosos) que el desempeño académico, técnico o profesional (no hablemos de ética o de, siquiera, valores). De manera reaccionaria se apresuran a nombrar culpables fuera de su círculo de comodidades antes de cuestionar la validez de sus propios pedestales. Bajo esta lógica cualquier crítico del sistema es una amenaza. Como en la <a href="https://www.instagram.com/lavalijadefuego/?hl=en">modernidad líquida</a> de Zigmund Bauman y descrita en <a href="https://www.instagram.com/lavalijadefuego/?hl=en">crónicas</a> por Umberto Eco, muchos de nuestros líderes resultan ser fanáticos individualistas que saben lo que temen, pero no saben lo que quieren.</p>
<p><figure id="attachment_93211" aria-describedby="caption-attachment-93211" style="width: 323px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93211 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/bowling-cartoon1.jpg" alt="" width="323" height="303" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/bowling-cartoon1.jpg 323w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/bowling-cartoon1-150x141.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/bowling-cartoon1-300x281.jpg 300w" sizes="auto, (max-width: 323px) 100vw, 323px" /><figcaption id="caption-attachment-93211" class="wp-caption-text">Los violentos suelen estar más asustados que convencidos. Así lo explicó <a href="https://www.youtube.com/watch?v=SDl-atwBzf0">&#8220;Bowling for Columbine&#8221;</a> (2002), documental de Michael Moore.</figcaption></figure></p>
<p>Y no es que yo esté en contra de la educación privada. Ni cerca. Trabajo todos los días <a href="https://josemaxleon.edu.co/">en uno</a>. Entiendo su valor en Colombia, tan compleja y frágil en su condena, en donde el valor desmedido del poder del Estado y el ceder las responsabilidad a Gobernantes (también los mismos de siempre) impide paradójicamente nuestra entrada a el progreso.</p>
<p>&nbsp;</p>
<blockquote>
<h3>El equilibrio que ofrece la educación privada debe empezar por generar los primeros escépticos ante el despotismo de cualquier poder: el Gobierno, las propias herencias, etc.</h3>
</blockquote>
<p>No basta con que los mejores colegios privados repliquen sus buenas prácticas en los públicos a través de modelos de apadrinamiento. Esto puede resultar benéfico para un número muy reducido de instituciones, pero no soluciona la falta de preocupación hacia el sistema educativo que sigue marcando las nuevas generaciones de estudiantes colombianos que heredan una posibilidad laboral demasiado apretada, a pesar de lo que se ha ensanchado <a href="https://www.las2orillas.co/graduados-de-la-educacion-superior-y-sin-empleo-mejor-uber/">los cupos en universidad en los últimos años</a>.</p>
<p><a href="https://elpais.com/economia/2023-01-10/el-banco-mundial-advierte-del-riesgo-de-recesion-global-ante-la-fragilidad-economica.html">Una recesión global</a>, como la que ya entonan los jinetes del 2023, seguramente favorecerá a la misma minoría cuyo poder o patrimonio no resulta tan golpeado por la depreciación de dinero, el estancamiento de la economía, etc. Incluso pueden ser ellos los favorecidos: pueda que sean capaces de adquirir acciones baratas a cambio de una valorización futura e invertir con la paciencia que permiten las reservas bien abastecidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>Ellos también pueden tomar medidas para demostrar su buena educación y el poder de su visión.</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se repite hasta el cansancio en círculos de preocupación: los millones de excluidos necesitarían <a href="https://www.oecd.org/economy/surveys/Overview_Colombia_ESP.pdf">11 generaciones</a> para superar su condición de pobreza en Colombia. Si la <a href="https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/julian-de-zubiria-samper/por-que-es-tan-baja-la-calidad-de-la-educacion-en-colombia/">tendencia</a> no cambia con el pasar de los años, si los líderes de este país, formados bajo los mejores estándares de calidad educativa del mundo, tampoco habrán resuelto el cáncer de la desigualdad mundial que mantiene esta sociedad en cuidados intensivos ni han sembrado lo que se requiere para empezar a sanarla.</p>
<p>Desliguemos los privilegios al simplismo drástico o la rigidez cognitiva. El <a href="https://www.britannica.com/topic/Manichaeism">maniqueísmo</a> es propio de quien no se cuestiona la contundencia de sus verdades. Y de quien se forma para hacer malabares con argumentos sesgados e información extraída con pinzas de contextos más intrincados, mucho más interesantes. Enseñemos a admitir lo pasajero de muchos pedestales de hielo.</p>
<h3></h3>
<h3>“Les falta mucho”, “viven en negación”. Con frases de cajón señalan a los críticos del continuismo, incluso viviendo en otros países, como si la distancia les diera alguna claridad sobre los problemas externos, pero les impidiera revisar sus propias taras.</h3>
<p>&nbsp;</p>
<p>El privilegio puede <a href="https://www.proquest.com/docview/912504746">corromper</a>. O que lo digan <a href="https://www.nytimes.com/2022/12/19/opinion/columnists/elon-musk-twitter-oligarchs.html">los plutócratas</a> que pasaron de ser “genios del emprendimiento” a celebridades en el mismo torrente de frivolidad de cualquier rimador con micrófono (pero sin idea de cantar), teniendo que vivir de su marca personal, de escándalo en escándalo para <a href="https://www.forbesargentina.com/lifestyle/de-millonarios-mendigos-tres-series-imperdibles-sobre-negocios-brillantes-terminaron-mal-n13610">evitar su cripto- debacle</a>.</p>
<p>Como ellos, muchos vendieron primaveras que no germinaron, iniciativas de cooperación románticas que fueron en sus inicios la base de las redes de conocimiento y del “trabajo en equipo”. Amazaon.com resultó ser <a href="https://medium.com/@adamscrabble/amazon-is-a-country-jeff-bezos-is-its-tyrant-and-we-are-the-useful-idiots-5bf7940cfc89">el reino de un tirano</a> (y nosotros sus borregos); Wikipedia es cada vez menos una enciclopedia colaborativa y cada vez más una <a href="https://www.clarin.com/tecnologia/cara-oculta-wikipedia-denuncian-sigue-pidiendo-donaciones-necesita_0_EGJ_Yv5Qu.html">fundación que no invierte en su causa inicial</a>. Twittter es cada vez menos ese espacio de constante ebullición de la libre expresión (para bien y para mal) y cada vez más la vitrina de caprichos de un multimillonario tan infantil como cínico. Una más. <a href="https://www.businessinsider.es/opina-ciencia-financiacion-startups-1121353">WeWork</a> acaba de pasar el peor mes de su historia financiera (al menos en <a href="https://www.eleconomista.com.mx/mercados/Acciones-de-WeWork-pasan-el-peor-mes-en-su-historia-20221222-0078.html">México</a>), sin importar los salvavidas que le han arrojado a su glóbulo carismático. La promesa de lo colectivo sucumbe ante intereses de individuos más parecidos a déspotas narcisos que a líderes capaces de impulsar el bien de la especie.</p>
<p><figure id="attachment_93213" aria-describedby="caption-attachment-93213" style="width: 800px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-93213 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/932-elon-musk-twitter.jpg" alt="" width="800" height="533" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/932-elon-musk-twitter.jpg 800w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/932-elon-musk-twitter-150x100.jpg 150w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/932-elon-musk-twitter-300x200.jpg 300w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/932-elon-musk-twitter-768x512.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /><figcaption id="caption-attachment-93213" class="wp-caption-text">Así apareció Elon Musk en la revista española <a href="https://ctxt.es/es/20220501/Firmas/39581/Juan-Bordera-tecnofeudalismo-ecofascismo-Elon-Musk-Twitter-escasez.htm">Contexto y Acción el 5.11.2022</a></figcaption></figure></p>
<p>La unión de iguales (y no solamente la sobreposición del más fuerte) <a href="https://ankulegi.hypotheses.org/2405">garantiza la prolongación de una especie</a> y la supervivencia de las buenas prácticas. Pero para nuestros líderes, portadores de la verdad porque ellos si han sido educados en instituciones de primera calidad, usualmente esto no es sino una afirmación de zurdos incoherentes. Deberían tener en cuenta al menos la simbiogénesis, fenómeno descrito desde la década de 1870 por el multifacético y fascinante alemán Anton de Bary. Según esto las bacterias, a las cuales debemos buena parte de nuestra existencia, fueron producto de incorporaciones de dos entes autónomos que generaron nuevas formas de vida, con capacidad de autorregulación y con su propio ecosistema. Las neuronas, <a href="https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC9169541/">entre otras</a>, son producto de esta simbiosis.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-93212 size-full" src="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/origen-de-la-novedad-evolutiva.jpg" alt="" width="600" height="727" srcset="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/origen-de-la-novedad-evolutiva.jpg 600w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/origen-de-la-novedad-evolutiva-124x150.jpg 124w, https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2023/01/origen-de-la-novedad-evolutiva-248x300.jpg 248w" sizes="auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px" /></p>
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        <author>Robert Max Steenkist</author>
                    <category>DELOGA BRUSTO</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=93208</guid>
        <pubDate>Thu, 12 Jan 2023 12:56:55 +0000</pubDate>
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                <media:description type="plain"><![CDATA[Llamado a la educación privada]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Robert Max Steenkist</media:credit>
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