<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
    xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
    xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
    xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
    xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
    xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
    xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
    xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"
    >

<channel>
    <title>Blogs El Espectador</title>
    <link></link>
    <atom:link href="https://blogs.elespectador.com/author/deporte-en-letras/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
    <description>Blogs gratis y diarios en El Espectador</description>
    <lastBuildDate>Sun, 12 Apr 2026 02:41:09 +0000</lastBuildDate>
    <language>es-CO</language>
    <sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
    <sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
    <generator>https://wordpress.org/?v=6.9.4</generator>

<image>
	<url>https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/11163253/cropped-favicon-96-32x32.png</url>
	<title>Iván Gutiérrez, Bloguero de Blogs El Espectador</title>
	<link></link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
        <item>
        <title>Una cita de primavera</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/deporte-en-letras/ultima-vez-que-hable-con-mi-mama/</link>
        <description><![CDATA[<p>La última palabra, la última mirada, el último gesto. Hay finales para los que pocas veces estamos preparados. Suelen ocurrir sin que sepamos que lo son: aquella ruptura definitiva a pie de calle, aquel &#8220;perdón&#8221; que nadie dijo, un &#8220;te amo&#8221; que no se pronunció o un &#8220;te veo mañana&#8221; que nunca llegó. Si hubiese [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[
<p>La última palabra, la última mirada, el último gesto. <strong>Hay finales para los que pocas veces estamos preparados.</strong> Suelen ocurrir sin que sepamos que lo son: aquella ruptura definitiva a pie de calle, aquel &#8220;perdón&#8221; que nadie dijo, un &#8220;te amo&#8221; que no se pronunció o un &#8220;te veo mañana&#8221; que nunca llegó.</p>



<p>Si hubiese sabido que esa era la última llamada, seguramente no habría dicho lo que dije. O habría dicho algo más, quién sabe. Ella, en una cama, y yo, conduciendo por una autopista, acercándome al altavoz del teléfono para tratar de escucharla a miles de kilómetros de distancia. Le pregunté -como era una rutina- qué tal había dormido la noche anterior, si ya había desayunado y le pedí que intentara comer aunque fuera un poquito más. <strong>Esa fue la última vez que hablé con mi mamá. Eso fue todo. Vaya final.</strong></p>



<p>Dos días después murió. Fue un viernes de enero. <strong>Se fue de la misma forma en la que vivió: luchando y tratando de no llamar mucho la atención.</strong> No le interesaba que se fijaran en ella. Me gustaría pensar que es posible heredar esa discreción.</p>



<p>Su funeral fue una ceremonia pequeña. Está grabado en video y almacenado en algún lugar de la nube. Un rincón de Internet que no quiero visitar. ¿Para qué? <strong>Hay dolores tan intensos que su recuerdo sigue lastimando más allá del tiempo.</strong></p>



<p>Han pasado meses y todavía no me salen las palabras para decir que se murió. Sé que ya no está porque no suenan sus mensajes, no marco su número de teléfono. Ya no escucho su voz. Ahora no pienso en qué hora es allá, si estará despierta o habrá podido dormir. <strong>Confirmo que no está porque ya no tengo donde volver. El hogar de mi infancia desapareció.</strong> Bogotá ya no es Bogotá.</p>



<p><strong>Teníamos una cita en Madrid para primavera.</strong> La vida -o la muerte- no nos dejó. Tendré que conformarme con el recuerdo de la última vez que la vi. Un final que ocurrió sin que supiera que lo era.</p>



<p>No estoy seguro de por qué escribo esto. Tal vez se trate de frases que suelto al viento. Lágrimas que cambio por palabras. <strong>Letras para aceptar y no olvidar.</strong></p>



<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="768" height="1024" src="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/06040409/Bogota-en-enero-768x1024.jpg" alt="Paisaje de Bogotá en enero" class="wp-image-105106" srcset="https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/06040409/Bogota-en-enero-768x1023.jpg 768w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/06040409/Bogota-en-enero-225x300.jpg 225w, https://blogsnew.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads/2024/09/06040409/Bogota-en-enero.jpg 800w" sizes="(max-width: 768px) 100vw, 768px" /><figcaption class="wp-element-caption">Bogotá, aquellos días de enero de 2024.</figcaption></figure>
]]></content:encoded>
        <author>Iván Gutiérrez</author>
                    <category>Deporte en letras</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=105026</guid>
        <pubDate>Fri, 06 Sep 2024 09:13:08 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[Una cita de primavera]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Iván Gutiérrez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
        <item>
        <title>El pollo que corría más que James</title>
        <link>https://blogs.elespectador.com/deportes/deporte-en-letras/pollo-corria-mas-james/</link>
        <description><![CDATA[<p>Hablando de fútbol los colombianos nos creemos argentinos. Imaginamos tener un Messi en James. Y la verdad es una muy diferente: ni James es Messi ni nosotros, argentinos… El sábado pasado, mientras esperaba la comida, me puse a ver Everton contra Burnley, en la Liga Premier. En ambos equipos alineaba un tal J. Rodríguez con [&hellip;]</p>
]]></description>
        <content:encoded><![CDATA[<p>Hablando de fútbol <strong>los colombianos nos creemos argentinos.</strong> Imaginamos tener un Messi en James. Y la verdad es una muy diferente: ni James es Messi ni nosotros, argentinos…</p>
<p>El sábado pasado, mientras esperaba la comida, me puse a ver Everton contra Burnley, en la Liga Premier. En ambos equipos alineaba un tal J. Rodríguez con el número 19 en la camiseta. <strong>Uno -el de Everton- era el colombiano James. El otro, el del Burnley, era un inglés de familia española, Jay.</strong> Con ellos en la cancha fue como si cada equipo jugara el partido con 10 futbolistas. Ambos muy flojitos.</p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/deportes/deporte-en-letras/la-disidencia" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Lea también: La disidencia</a></p>
<p>Días antes había leído que Carlo Ancelotti, DT del club donde además de James también juega Yerry Mina, decía sobre el volante cucuteño: “Si le pido que corra los 90 minutos para arriba y para abajo no lo va a hacer”. Pero es que, en ese partido contra Burnley, <strong>no corrió ni para arriba ni para abajo ni para un lado ni para el otro.</strong> Tanto así que en una jugada el rival le quitó la pelota y ni se molestó en tratar de recuperarla…</p>
<p>Los ‘jamecianos’ –si en Argentina hay ‘maradonianos’ acá no podemos ser menos-, dirán, como dice el propio Ancelotti, que James no está para eso de correr por allí y por acá, que esas labores son muy rudimentarias, que son muy comunes y corrientes. <strong>Que los talentosos no necesitan correr. Que, al fin y al cabo, hasta el árbitro corre.</strong></p>
<p>Nuestro Messi está para mejores cosas: “Si le pido tener buena posesión de pelota, meter buenos pases, hacer goles, va a estar disponible para hacerlo”, agregó el bueno de Carlo sobre la misión de James. Pero la verdad vuelve a ser otra: contra Burnley, por ejemplo, ni tuvo la pelota, ni metió buenos pases ni marcó goles. Lo cierto es que <strong>recibía el balón a tres metros y la entregaba a dos, y hasta un par de veces lo mandó fuera de la cancha tratando de hacer un pase de un metro.</strong></p>
<p><a href="https://blogs.elespectador.com/deportes/deporte-en-letras/para-que-sirve-el-futbol" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Lea también: ¿Para qué sirve el fútbol?</a></p>
<p>Finalmente, el juego terminó 1-1. Jay fue sustituido en el minuto 75. James estuvo los 90. Ambos Rodríguez no pasaron de ser una anécdota.</p>
<p>Sobre la comida puedo confirmar que las alitas BBQ estaban como me lo aseguró el cocinero: crocantes por fuera, carnosas por dentro y con la salsa picante al punto. <strong>Estoy casi seguro que, en vida, el pollo corría más que James.</strong></p>
<p><a href="https://twitter.com/ivagut" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Nos leemos en Twitter: @ivagut</a></p>
]]></content:encoded>
        <author>Iván Gutiérrez</author>
                    <category>Deporte en letras</category>
                <guid isPermaLink="false">https://blogs.elespectador.com/?p=81243</guid>
        <pubDate>Tue, 08 Dec 2020 14:37:54 +0000</pubDate>
                                <media:content url="https://blogs.elespectador.com/wp-content/uploads/2024/04/DefaultPostImage-1-1.jpg" type="image/jpeg">
                <media:description type="plain"><![CDATA[El pollo que corría más que James]]></media:description>
                <media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Iván Gutiérrez</media:credit>
            </media:content>
                            </item>
    </channel>
</rss>