Tejiendo Naufragios

Publicado el Diego Niño

Casa-Hotel

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Algunas inquilinas partieron con cautela para irse sin pagar la cuenta. Otras se fueron dando portazos por la propensión a la melancolía o por las cucarachas que corren bajo la cama. Algunas se han ido avergonzadas por dejar el alma enfangada, las ventanas y puertas clausuradas, el futuro equilibrándose en tres patas. Otras se antojan de pasar una noche, pero al final deciden irse para una posada menos incierta. Otra, la permanente, la que siempre está, la que paga el alquiler borrando las huellas de arrendatarias anteriores, reparando las goteras que oxidan los engranajes del tiempo, abriendo ventanas para que vuelva a soplar la esperanza en el alma, es quien lentamente, sin que el dueño lo advierta, cobró deudas pendientes, cerró vacantes, espantó posibles inquilinas que observaban desde la vereda, hasta que transformó este hotel en una casa en la que sólo se necesita que ella encienda su sonrisa para apaciguar la tormenta que baja por la montaña…

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